En la noche del jueves se encontraron dos de los mejores equipos del momento en la NBA. Los Golden State Warriors llegaban al estado de Ohio para su tercero de seis partidos consecutivos en el este, y se encontraron con unos Cleveland Cavaliers que están logrando su mejor nivel basquetbolístico, justo cuando se acerca la recta final de la temporada. El juego comenzó muy nivelado y especialmente fluido, con un ritmo de juego que trajo muchas canastas, algunas mediante rotaciones y otras a través de perdidas. Fue así como el primer cuarto acabó 33-32 para los Warriors, quienes parecían estar ejecutando su tradicional ofensiva y con un buen Stephen Curry, quien anotó 12 puntos en el cuarto inicial.
Pero lentamente, los Cavaliers fueron ajustando piezas. La defensa comenzó a cerrar un poco más en la zona pintada, lograban cubrir algunas secuencias de pick & roll y de a poco fueron forzando errores de los visitantes y también, más rebotes a su favor (acabaron dominando en esa faceta, 51-44). Eso también les generó mejores opciones ofensivas, mezclando jugadas de uno contra uno y otras en las que abrían la cancha, tal como ha insistido su director técnico David Blatt. Los Cavs se fueron al intermedio en ventaja (61-56) y en los primeros minutos del tercer cuarto, marcando un parcial de 12-3 que obligó al coach de los Warriors, Steve Kerr, a pedir tiempo fuera mientras alegaba furibundamente contra los árbitros. Esa ráfaga anotadora de los locales acabó decidiendo el partido, ya que siempre mantuvieron el control de las acciones, llegando a sacar ventaja de hasta 16 puntos.
Lebron James tuvo anoche su mejor partido en el presente curso. Requirió de 36 minutos para convertir 42 puntos (15/25 tiros de cancha, 8/11 tiros libres), encestando camino al aro, con tiros en suspensión y hasta de larga distancia, convirtiendo cuatro triples, además de sumar 11 rebotes y 5 asistencias. Kyrie Irving anotó 24 puntos (6/17 tiros de cancha) y varias de sus canastas fueron en jugadas individuales, aunque con un detalle: ya no absorbe tanto tiempo con el balón en sus manos, una señal que el juego colectivo de los Cavs evoluciona. Timofey Mozgov (10 puntos, 10 rebotes) fue uno de los tres jugadores que llegaron a Cleveland en el traspaso a tres bandas efectuado en enero y está resultando ser una pieza fundamental en el equipo, poniendo cortinas, acompañando el pick & roll e imponiendo su presencia en los rebotes. Un ejemplo estadístico que comprueba su aporte, es el índice de +/- que tuvieron los Cavaliers con el ruso en cancha: anoche, el diferencial fue +17, el mejor de todo el conjunto.
Los Warriors se fueron diluyendo a partir del segundo cuarto, siendo incapaces de superar los 25 puntos por período tras haber marcado 33 en el primero. Curry, quien comenzó muy bien, apenas anotó seis puntos después de los primeros doce minutos y acabó con una discreta producción: 5/17 tiros de cancha y 18 puntos en total. Igual de discreto fue el partido de Klay Thompson, quien nunca pudo entrar en ritmo y nunca pudo encontrar su tiro, encestó apenas 5/13 y 13 puntos en total. El suplente David Lee encabezó las anotaciones de Golden State con 19 unidades (8/11), destacando dentro de una pobre producción colectiva: 42% de conversiones, muy por debajo de su habitual 48%.
Cleveland es uno de los equipos en mejor forma de toda la liga y lo ha demostrado en el presente mes, ganando ocho de sus últimos diez partidos y 17 de los últimos 19 si agregamos los partidos de enero, ubicándose en el tercer lugar del este (37-22) a solo un juego de distancia del segundo, Toronto Raptors, y a nueve del líder Atlanta Hawks. Mientras que Golden State (44-11) continúa en lo más alto del oeste, aunque ha sufrido un pequeño bache en esta serie de partidos como visita, donde han perdido dos de tres. Y aún le quedan tres más, en Toronto; en Boston y en Brooklyn.
viernes, 27 de febrero de 2015
lunes, 23 de febrero de 2015
Outdoor Hockey
Desde el 2008, la NHL ha estado experimentando con la organización de al menos un partido al año jugado al aire libre, preferentemente en época invernal. Cada Winter Classic ha sido un éxito teniendo estadios llenos en lugares como Wrigley Field, Fenway Park, Heinz Field, Michigan Stadium y Nationals Park, como ocurrió el mes pasado. Esos coliseos habituados para la práctica del béisbol y el fútbol americano han visto como el hockey ha generado una alta expectativa, con asistencias superiores a los 70 mil espectadores. Y así fue como la liga decidió expandir esta idea y desde el año pasado comenzó otra serie de partidos en outdoor, bajo el nombre de Stadium Series.
En 2014, Dodger Stadium; Soldier Field y Yankee Stadium (dos veces) tuvieron el honor de recibir partidos protagonizados por equipos como Los Angeles Kings, New York Rangers, Chicago Blackhawks, entre otros. Todos al aire libre, todos con mucho frío y todos con tribunas llenas. Esta nueva tradición continúa en el presente año y en esta oportunidad, la acción tuvo lugar en el Levi's Stadium de Santa Clara, coliseo destinado para la NFL (San Francisco 49ers) que recibió a los San José Sharks y a los Kings de Los Angeles, en la noche del sábado recién pasado y televisado en horario estelar. 70.205 fanáticos se dieron cita en el sur de California para presenciar este duelo entre rivales divisionales.
El encuentro fue particularmente disputado. Los Kings abrieron el marcador antes de los tres minutos de iniciado el juego, gracias a un remate de Jake Muzzin que fue desviado por Kyle Clifford. 1-0 de entrada y los campeones de la última Stanley Cup tomaban control del juego, pero los Sharks (quienes hicieron de local en este partido) lograron igualar poco antes de terminar el primer período, con un gol del defensa Brent Burns quien recibió el pase tras el faceoff ganado por su compañero Tommy Wingels.
El segundo período fue luchado pero con pocas oportunidades de gol, aunque era el equipo de San José el que lograba acercarse con mayor frecuencia al pórtico defendido por Jonathan Quick. Pero esas intenciones de los Tiburones se vinieron abajo en el tercer período, cuando Marian Gaborik robó el puck en el medio de pista, aceleró y sacó un remate inatajable. 2-1, el cual sería el marcador final. Gaborik se convirtió en el héroe de los Kings y de paso, rompió una mala racha personal: antes de este partido, tenía seis juegos consecutivos sin goles y sólo había convertido uno en los últimos trece.
Kings y Sharks quedaron igualados con 68 puntos en la clasificación del oeste, aunque por el momento Los Angeles se aferra a la clasificación a los playoffs, mientras que San José está momentáneamente fuera de los puestos de wild card. Un buen partido, con mucha incertidumbre y con otra gran respuesta del público, algo muy valorable en tiempos donde la NHL parece estar perdiendo popularidad en Estados Unidos. Eventos de esta especie siguen confirmando al hockey sobre hielo como uno de los deportes majors.
jueves, 12 de febrero de 2015
Milenarios y estelares
El lunes pasado, Gregg Popovich llegó a las mil victorias como director técnico en la NBA, siendo apenas el noveno coach en toda la historia que alcanza dicho hito. Sobre esta marca hay ciertos matices que se desprenden: el primero, es que Popovich lo hizo en 1.462 partidos, el tercero más rápido en conseguirlo (los más rápidos: Phil Jackson, 1.423 y Pat Riley, 1.434). El segundo, vinculado al anterior, es que Pop tiene el segundo mejor rendimiento entre esos nueve entrenadores con un 68.4% de partidos ganados, superado únicamente por el 70.4% de Jackson, lo que explica el nivel de excelencia que siempre ha impuesto Popovich en su trayectoria. Y quizás, el detalle más interesante es el siguiente: entre esa selecta lista, Popovich es el único que alcanzó las mil victorias dirigiendo a un solo equipo. San Antonio Spurs ha sido el único conjunto con el que Pop ha ejercido como head coach en la NBA y así ha sido en los últimos 19 años. Los demás ocho entrenadores lograron esa marca dirigiendo, al menos, en dos equipos.
Historia de NBA / Directores técnicos con 1.000 o más victorias
1. Don Nelson, 1.335 (Milwaukee Bucks, New York Knicks, Dallas Mavericks, Golden State Warriors)
2. Lenny Wilkens, 1.332 (Seattle Sonics, Portland Blazers, Cleveland Cavaliers, Atlanta Hawks, Toronto Raptors, New York Knicks)
3. Jerry Sloan, 1.221 (Chicago Bulls, Utah Jazz)
4. Pat Riley, 1.210 (Los Angeles Lakers, New York Knicks, Miami Heat)
5. Phil Jackson, 1.155 (Chicago Bulls, Los Angeles Lakers)
6. George Karl, 1.131 (Cleveland Cavaliers, Golden State Warriors, Seattle Sonics, Milwaukee Bucks, Denver Nuggets)
7. Larry Brown, 1.098 (Denver Nuggets, New Jersey Nets, San Antonio Spurs, Los Angeles Clippers, Indiana Pacers, Philadelphia 76ers, Detroit Pistons, New York Knicks, Charlotte Bobcats)
8. Rick Adelman, 1.042 (Portland Blazers, Golden State Warriors, Sacramento Kings, Houston Rockets, Minnesota Timberwolves)
9. Gregg Popovich, 1.001 (San Antonio Spurs)
La marca en sí y la exclusividad de ser el único que ha llegado a mil victorias dirigiendo en un mismo equipo agrandan aún más el legado que está dejando Popovich, aunque él mismo y muy fiel a su estilo le bajó el perfil al asunto, al finalizar el juego del lunes pasado en Indiana: "No hay mucho que celebrar. He estado aquí por mucho tiempo y he tenido grandes jugadores. Esa es la fórmula. Es difícil entrenar jugadores, pero he tenido la fortuna de tener muy buenos. Tienes que estar ahí por un tiempo. Esto es más un homenaje a los jugadores que a los entrenadores".
Atlanta Hawks llega a la mitad de temporada con la mejor marca del Este, con 43-11. Y en un auténtico reconocimiento al gran trabajo y evolución de este equipo, cuatro jugadores fueron elegidos al Partido de Estrellas, que se celebrará este domingo en el Madison Square Garden de Nueva York. Los elegidos son Al Horford, Paul Millsap (ambos nominados por tercera vez) y los debutantes Jeff Teague y Kyle Korver, este último en reemplazo del lesionado Dwyane Wade. Justicia con Korver, quien a sus 33 años de edad, está viviendo quizás el mejor momento de su carrera, promediando 52% de triples y 91% de tiros libres. Y el hecho de tener a cuatro jugadores de un mismo equipo en el All Star Game no es algo común. Concretamente, es tan solo la séptima vez que ocurre en toda la historia y solo la tercera en lo que llevamos del Siglo XXI.
Historia de NBA / Equipos con cuatro jugadores en un Juego de Estrellas
1962: Boston Celtics / Bill Russell, Tom Heinsohn, Bob Cousy, Sam Jones.
1975: Boston Celtics / John Havlicek, Dave Cowens, Paul Silas, Jo Jo White.
1983: Philadelphia 76ers / Julius Erving, Moses Malone, Maurice Cheeks, Andrew Toney.
1998: Los Angeles Lakers / Shaquille O'Neal, Nick Van Exel, Eddie Jones, Kobe Bryant.
2006: Detroit Pistons / Ben Wallace, Rasheed Wallace, Chauncey Billups, Richard Hamilton.
2011: Boston Celtics / Kevin Garnett, Paul Pierce, Ray Allen, Rajon Rondo.
2015: Atlanta Hawks / Al Horford, Paul Millsap, Jeff Teague, Kyle Korver.
Tuvo que darse una lesión de Blake Griffin para que Damian Lilard pudiera ser nominado al equipo de estrellas del Oeste, su segunda consecutiva. El base de los Portland Trail Blazers es uno de los más versátiles y prolíficos de toda la competición (21.5 puntos, 6.3 asistencias por partido en esta temporada) y por lo mismo, su presunta ausencia causaba extrañeza, ya que ni siquiera había sido considerado originalmente dentro de los reservas, los cuales son elegidos por los entrenadores de la liga. Pero finalmente Lilard podrá estar en el All Star, aunque haya sido por un hecho poco fortuito.
lunes, 2 de febrero de 2015
Super Four
Tensión y ejecución, triunfo y derrota, gloria y abismo. Por esa delgada línea pasó la definición del Super Bowl XLIX que, por su tremenda cuota emotiva, quedará en la historia como uno de los más grandes. Ya en la antesala se perfilaba como uno histórico, independiente del resultado. Los Seattle Seahawks apuntaban al bicampeonato, algo que no ocurría desde que lo hicieran hace diez años los New England Patriots, sus rivales de anoche que aspiraban a su cuarto título. Muchas jugadas y muchos momentos claves sucedieron antes de la intercepción que selló el triunfo a favor de los Pats.
Brady, la leyenda: en un Super Bowl, es muy posible que cualquier mariscal de campo se derrumbe y acabe jugando mal si lanza dos intercepciones, pero ese no fue el caso con Tom Brady. En su primera ofensiva, lanzó una intercepción en la yarda 10 que estropeó una brillante marcha de 7:40, en la que New England había recorrido 58 yardas. Y más tarde, en el tercer cuarto, Bobby Wagner le anticipó el pase a Brady que costaría eventualmente en siete puntos en contra, dejando a Seattle arriba por 10. El ex Michigan superó esos dos errores y con mucha calma y precisión condujo a su equipo rumbo a la victoria. El mariscal de los Patriots siempre ha sobresalido en momentos de presión y anoche fue otro de esos momentos. En el último cuarto, Brady completó 13 de 15 pases (los últimos ocho consecutivos) y lanzó los dos pases anotadores con los que revirtieron el marcador. Al final, estos fueron sus números: 37/50 pases completos, 328 yardas, 4 touchdowns, 2 intercepciones y 101.1 rating. Si había alguien en la cancha que estaba hambriento por ganar este partido era Brady y con este cuarto triunfo en Super Bowls (igualando a Terry Bradshaw y Joe Montana), junto con su tercer premio como MVP de este clásico, se consagra definitivamente como uno de los mejores de la historia.
Pequeños gigantes: previo al partido se habló mucho del impacto que podría tener Rob Gronkowski debido a su increíble combinación de tamaño, fuerza y manos seguras. En parte, fue factor atrapando seis pases y anotando en el segundo cuarto (24 yardas), pero muchas otras secuencias fue alineado como ala abierta o en el slot solo para arrastrar marcas. Y en esas jugadas, otro jugador de estatura mucho más baja tomaron el protagonismo. Julian Edelman, quien hace unas semanas sorprendió lanzando un pase de touchdown, suele destacar por su velocidad e intuición para atacar espacios que dejan los rivales. Anoche, Brady lo encontró en nueve ocasiones, todas ellas en rutas cortas o medias en las que el receptor aprovechaba el espacio que dejaban los Seahawks para sacar más yardas y sin miedo por si tenía que enfrentar intentos de tackleo. Completó 109 yardas y atrapó el pase que acabó siendo el ganador para los Pats. En su sexto año en la NFL, Edelman tuvo finalmente su noche estelar y quizás tenía tantos méritos como Brady para ser premiado como el más valioso del partido.
El perímetro rindió: si bien permitieron cuatro pases de +20 yardas, los secundarios de los Patriots desarrollaron una buena labor cubriendo las rutas de los receptores de Seattle, ya sea en coberturas personales u ocasionalmente, jugando en zona. De ahí se explica porqué Russell Wilson tenía tanto tiempo en el pocket, porqué terminó con un discreto 12/21 en pases y porqué eligió correr en algunas jugadas. Chris Matthews, quien no había atrapado un solo pase previo a este juego, sorprendió en un momento recibiendo cuatro pases con un touchdown incluído, pero una vez que causó estragos le pusieron a Brandon Browner en marcación personal y ahí murió la sorpresa. Crédito para Bill Belichick y el coordinador Matt Patricia por esos ajustes. Y por supuesto, un merecido reconocimiento para Malcolm Butler, el safety que hace poco más de un año jugaba en un equipo de segunda división universitaria, quien fue clave defendiendo algunos pases y asegurando el triunfo con su intercepción. Mérito suyo, puesto que en esa jugada anticipó el envío de Wilson y la trayectoria que pretendía realizar Ricardo Lockette. Butler llegó primero, se quedó con el ovoide y selló la victoria.
Marshawn bestial: el corredor de los Seahawks es el mejor de toda la liga y anoche lo demostró, corriendo sumando yardas y arrollando rivales. Su fuerza para derribar tackles y seguir moviendo las piernas hacia adelante son sus cualidades distintivas, aún si todo el equipo contrario se amontona para intentar contenerlo. Lynch fue la principal razón por la que Seattle pudo reaccionar ante un lento comienzo y fue el caballito de batalla, como lo ha sido en tantas jornadas. 102 yardas en 24 corridas con un touchdown. Revisando su producción, con mayor razón cabe la duda de porqué Pete Carroll no ordenó una jugada para él cuando los Hawks tenían la chance de ganar el partido en el último minuto, en la yarda uno.
Suma de errores: los Seahawks fueron penalizados en siete ocasiones con 70 yardas, tres de esos castigos otorgaron primeros downs automáticos para New England. Los equipos especiales apenas registraron seis yardas en devoluciones de patadas (kickoffs/despejes) dejando a la ofensiva siempre en posiciones lejanas para comenzar sus series. De hecho, 9 de sus 11 marchas iniciaron dentro de la yarda 20 de su propio territorio. Y para cerrar, luego que Lynch los pusiera en la yarda uno, deciden intentar un pase a un receptor novato, teniendo a Marshawn disponible en la cancha. Acabó en intercepción y derrota para Seattle. El mismo Carroll admitió que fue su error haber mandado esa jugada. Si bien se levantaron y hasta llegaron a tener ventaja de 10 puntos, esa serie de errores además de no poder ante la ejecución de Brady, terminaron con las aspiraciones de un posible back-to-back.
El partido en si, fue bien disputado y de rápido desarrollo, algo que se agradece en tiempos en que comienzan a abundar partidos tediosos como pasó con varios de temporada regular. Y el último cuarto fue un claro ejemplo que muestra porqué el Super Bowl es la fiesta por excelencia del deporte norteamericano y uno de los mayores eventos deportivos a nivel mundial. Primero, por lo brillantes que fueron Brady y los Patriots para nunca perder la calma y ser capaces de remontar un déficit de 10 puntos. Y después, con toda la emoción que tuvo la última ofensiva de los Seahawks. La recepción en el piso de Doug Baldwin, por el contexto, recordó a muchos a aquella jugada de David Tyree hecha hace siete años en el mismo University of Phoenix Stadium. Y luego, en el último minuto, el tiempo corría, ninguno de los coaches pidió tiempo fuera (algo curioso, por decir lo menos) y la jugada que decidió el encuentro. Un duelo que cumplió con la expectativa y que sin duda fue uno de los mejores de los últimos años.
Seattle falla en su intento por repetir como campeón y ahora tendrán un reto igualmente complejo, puesto que les tocará renovar contratos de jugadores claves como Russell Wilson y Bobby Wagner, además de Marshawn Lynch a quien ya le estarían ofreciendo una extensión. Por su parte, New England termina con una espera que se estaba haciendo larga. Tuvieron que pasar 10 años para conseguir el cuarto trofeo Lombardi y por las reacciones post-partido de Brady, Belichick y el dueño Robert Kraft, este título tiene un valor muy especial, quizás mucho más que cualquiera de los tres ganados a principios de la década pasada. Los Patriots igualan la línea de los Green Bay Packers y los New York Giants con cuatro victorias en el Super Bowl, siendo superados por los Pittsburgh Steelers con seis y por los Dallas Cowboys y los San Francisco 49ers, con cinco cada uno.
Brady tiene su cuarto anillo de campeón y además, acaba esta serie de playoffs con 21 triunfos en rondas finales, el mejor de toda la historia entre quarterbacks. Belichick suma cuatro campeonatos ganados como entrenador, igualando lo hecho por Chuck Noll y Hank Stram y la franquicia de New England pasa a ser la que más títulos ha ganado en lo que llevamos de Siglo 21, además de tener el mejor rendimiento de toda la NFL en los últimos años, con un 73% de partidos ganados. El título que parecía esquivo finalmente llegó, los Patriots tienen su cuarto trofeo acallando todas las críticas por el conflicto de los balones desinflados. De la forma que sea, demostraron ser los mejores en un Super Bowl que hizo honor a su nombre, por el partido y el ganador del mismo. Un súper campeón.
Brady, la leyenda: en un Super Bowl, es muy posible que cualquier mariscal de campo se derrumbe y acabe jugando mal si lanza dos intercepciones, pero ese no fue el caso con Tom Brady. En su primera ofensiva, lanzó una intercepción en la yarda 10 que estropeó una brillante marcha de 7:40, en la que New England había recorrido 58 yardas. Y más tarde, en el tercer cuarto, Bobby Wagner le anticipó el pase a Brady que costaría eventualmente en siete puntos en contra, dejando a Seattle arriba por 10. El ex Michigan superó esos dos errores y con mucha calma y precisión condujo a su equipo rumbo a la victoria. El mariscal de los Patriots siempre ha sobresalido en momentos de presión y anoche fue otro de esos momentos. En el último cuarto, Brady completó 13 de 15 pases (los últimos ocho consecutivos) y lanzó los dos pases anotadores con los que revirtieron el marcador. Al final, estos fueron sus números: 37/50 pases completos, 328 yardas, 4 touchdowns, 2 intercepciones y 101.1 rating. Si había alguien en la cancha que estaba hambriento por ganar este partido era Brady y con este cuarto triunfo en Super Bowls (igualando a Terry Bradshaw y Joe Montana), junto con su tercer premio como MVP de este clásico, se consagra definitivamente como uno de los mejores de la historia.Pequeños gigantes: previo al partido se habló mucho del impacto que podría tener Rob Gronkowski debido a su increíble combinación de tamaño, fuerza y manos seguras. En parte, fue factor atrapando seis pases y anotando en el segundo cuarto (24 yardas), pero muchas otras secuencias fue alineado como ala abierta o en el slot solo para arrastrar marcas. Y en esas jugadas, otro jugador de estatura mucho más baja tomaron el protagonismo. Julian Edelman, quien hace unas semanas sorprendió lanzando un pase de touchdown, suele destacar por su velocidad e intuición para atacar espacios que dejan los rivales. Anoche, Brady lo encontró en nueve ocasiones, todas ellas en rutas cortas o medias en las que el receptor aprovechaba el espacio que dejaban los Seahawks para sacar más yardas y sin miedo por si tenía que enfrentar intentos de tackleo. Completó 109 yardas y atrapó el pase que acabó siendo el ganador para los Pats. En su sexto año en la NFL, Edelman tuvo finalmente su noche estelar y quizás tenía tantos méritos como Brady para ser premiado como el más valioso del partido.
El perímetro rindió: si bien permitieron cuatro pases de +20 yardas, los secundarios de los Patriots desarrollaron una buena labor cubriendo las rutas de los receptores de Seattle, ya sea en coberturas personales u ocasionalmente, jugando en zona. De ahí se explica porqué Russell Wilson tenía tanto tiempo en el pocket, porqué terminó con un discreto 12/21 en pases y porqué eligió correr en algunas jugadas. Chris Matthews, quien no había atrapado un solo pase previo a este juego, sorprendió en un momento recibiendo cuatro pases con un touchdown incluído, pero una vez que causó estragos le pusieron a Brandon Browner en marcación personal y ahí murió la sorpresa. Crédito para Bill Belichick y el coordinador Matt Patricia por esos ajustes. Y por supuesto, un merecido reconocimiento para Malcolm Butler, el safety que hace poco más de un año jugaba en un equipo de segunda división universitaria, quien fue clave defendiendo algunos pases y asegurando el triunfo con su intercepción. Mérito suyo, puesto que en esa jugada anticipó el envío de Wilson y la trayectoria que pretendía realizar Ricardo Lockette. Butler llegó primero, se quedó con el ovoide y selló la victoria.
Marshawn bestial: el corredor de los Seahawks es el mejor de toda la liga y anoche lo demostró, corriendo sumando yardas y arrollando rivales. Su fuerza para derribar tackles y seguir moviendo las piernas hacia adelante son sus cualidades distintivas, aún si todo el equipo contrario se amontona para intentar contenerlo. Lynch fue la principal razón por la que Seattle pudo reaccionar ante un lento comienzo y fue el caballito de batalla, como lo ha sido en tantas jornadas. 102 yardas en 24 corridas con un touchdown. Revisando su producción, con mayor razón cabe la duda de porqué Pete Carroll no ordenó una jugada para él cuando los Hawks tenían la chance de ganar el partido en el último minuto, en la yarda uno.
Suma de errores: los Seahawks fueron penalizados en siete ocasiones con 70 yardas, tres de esos castigos otorgaron primeros downs automáticos para New England. Los equipos especiales apenas registraron seis yardas en devoluciones de patadas (kickoffs/despejes) dejando a la ofensiva siempre en posiciones lejanas para comenzar sus series. De hecho, 9 de sus 11 marchas iniciaron dentro de la yarda 20 de su propio territorio. Y para cerrar, luego que Lynch los pusiera en la yarda uno, deciden intentar un pase a un receptor novato, teniendo a Marshawn disponible en la cancha. Acabó en intercepción y derrota para Seattle. El mismo Carroll admitió que fue su error haber mandado esa jugada. Si bien se levantaron y hasta llegaron a tener ventaja de 10 puntos, esa serie de errores además de no poder ante la ejecución de Brady, terminaron con las aspiraciones de un posible back-to-back.El partido en si, fue bien disputado y de rápido desarrollo, algo que se agradece en tiempos en que comienzan a abundar partidos tediosos como pasó con varios de temporada regular. Y el último cuarto fue un claro ejemplo que muestra porqué el Super Bowl es la fiesta por excelencia del deporte norteamericano y uno de los mayores eventos deportivos a nivel mundial. Primero, por lo brillantes que fueron Brady y los Patriots para nunca perder la calma y ser capaces de remontar un déficit de 10 puntos. Y después, con toda la emoción que tuvo la última ofensiva de los Seahawks. La recepción en el piso de Doug Baldwin, por el contexto, recordó a muchos a aquella jugada de David Tyree hecha hace siete años en el mismo University of Phoenix Stadium. Y luego, en el último minuto, el tiempo corría, ninguno de los coaches pidió tiempo fuera (algo curioso, por decir lo menos) y la jugada que decidió el encuentro. Un duelo que cumplió con la expectativa y que sin duda fue uno de los mejores de los últimos años.
Seattle falla en su intento por repetir como campeón y ahora tendrán un reto igualmente complejo, puesto que les tocará renovar contratos de jugadores claves como Russell Wilson y Bobby Wagner, además de Marshawn Lynch a quien ya le estarían ofreciendo una extensión. Por su parte, New England termina con una espera que se estaba haciendo larga. Tuvieron que pasar 10 años para conseguir el cuarto trofeo Lombardi y por las reacciones post-partido de Brady, Belichick y el dueño Robert Kraft, este título tiene un valor muy especial, quizás mucho más que cualquiera de los tres ganados a principios de la década pasada. Los Patriots igualan la línea de los Green Bay Packers y los New York Giants con cuatro victorias en el Super Bowl, siendo superados por los Pittsburgh Steelers con seis y por los Dallas Cowboys y los San Francisco 49ers, con cinco cada uno.
Brady tiene su cuarto anillo de campeón y además, acaba esta serie de playoffs con 21 triunfos en rondas finales, el mejor de toda la historia entre quarterbacks. Belichick suma cuatro campeonatos ganados como entrenador, igualando lo hecho por Chuck Noll y Hank Stram y la franquicia de New England pasa a ser la que más títulos ha ganado en lo que llevamos de Siglo 21, además de tener el mejor rendimiento de toda la NFL en los últimos años, con un 73% de partidos ganados. El título que parecía esquivo finalmente llegó, los Patriots tienen su cuarto trofeo acallando todas las críticas por el conflicto de los balones desinflados. De la forma que sea, demostraron ser los mejores en un Super Bowl que hizo honor a su nombre, por el partido y el ganador del mismo. Un súper campeón.
lunes, 26 de enero de 2015
Rumbo a Arizona (IV)
Mucho antes de Bill Belichick, mucho antes de Tom Brady, mucho antes de los tres títulos en cuatro años, hubo un personaje que trató de imponer su estilo en los New England Patriots a fines de los 90s y que no dio resultados. Con apenas un año de experiencia previa en la NFL, Pete Carroll había sido nombrado como entrenador en jefe de los Pats en febrero de 1997, pocos días después que el equipo perdiera en su segunda aparición en el Super Bowl con Bill Parcells como head coach. Carroll siempre buscó mantener todo lo bueno que ya tenían los Patriots, pero con su estilo más relajado, más libre, más alegre. Algo totalmente opuesto a lo que era Parcells, quien siempre se distinguió por ser un entrenador de perfil mucho más rígido.Tal vez, ese cambio radical de perfil fue el que acabó jugando en contra de Carroll, quien llevó a los Patriots a los playoffs en la primera temporada, pero se quedó fuera en las dos siguientes, siendo despedido al final del curso 1999. Esa teoría la confirmaba Drew Bledsoe, quien dijo que el contexto fue muy duro para Carroll y tal vez por eso no haya tenido más continuidad en Foxboro. Aunque por otra parte, esos tres años sirvieron para que emergieran jovenes figuras defensivas, quienes iban a sobresalir años más tarde, como pasó con Tedy Bruschi; Willie McGinest y Lawyer Milloy, a quienes Carroll siempre los motivó para que dieran el salto de buenos jugadores a líderes de equipo.
Pero para desgracia de Pete, su tercer año en New England acabó con récord 8-8. Y eso, significó su salida del equipo. Luego, llegó Belichick, tiempo después empezó a jugar Brady y llegaron los campeonatos para los Patriots. Algo que no pudo vivir Carroll, pero quien a su vez vivía su propio legado como entrenador de USC, consolidándose como uno de los mejores en la competición universitaria, ganando 83 de 102 partidos dirigidos, siendo campeón nacional en 2004.
Después de una década completa en el sur de California, llegó una nueva oportunidad para el oriundo de San Francisco, al hacerse cargo de los Seattle Seahawks a partir del 2010. Un equipo joven pero inestable, el cual ha ido reforzando a través de los años bajo una notoria influencia de Carroll, consiguiendo mediante traspasos a jugadores claves como Marshawn Lynch y encontrando en la tercera ronda del draft a Russell Wilson, quien ingresó a la liga con mucho menos ruido que otros mariscales de su generación.
Se cumplirán cinco temporadas de Carroll como head coach de Seattle y con la excepción del 2011, cada una de ellas acabó como mínimo en la postemporada. Y este domingo, Pete y sus Hawks estarán intentando revalidar su título del Super Bowl ganado hace un año, buscando ser el primer bicampeón de la NFL en exactamente una década, logro que fue conseguido por última vez por los Patriots, el equipo que dirigió el californiano hace ya 15 años y con el que se reencontrará el próximo domingo en Arizona. Muchas coincidencias e historias cruzadas para el coach de 63 años, que seguramente vivirá este partido de forma muy especial.
sábado, 24 de enero de 2015
NHL al día
La liga de hockey sobre hielo ha llegado a su punto medio del presente curso, con la realización del All Star Weekend en Columbus. Al finalizar la primera parte de la temporada regular, nos encontramos con dos equipos del oeste con los mejores puntajes: Anaheim Ducks (68) y Nashville Predators (65). El caso de los Ducks no sorprende mucho, siendo que fueron uno de los protagonistas durante el año pasado, a pesar de haberse quedado en la segunda ronda de los playoffs. Su diferencia de goles es apenas +15, muy por debajo de otros equipos, pero saben mantener ventajas y saben anotar cuando hay que hacerlo. Ofensivamente, sobresale su centro titular Ryan Getzlaf, el séptimo mejor en puntos con 50 (15 goles + 35 asistencias), mientras que su portero Frederik Andersen acumula 26 victorias, siendo superado únicamente por las 29 de Pekka Rinne de los Predators, siendo la pieza clave de este equipo. El finlandés, además, es solo uno de tres arqueros en toda la liga que tiene un porcentaje de atajadas superior al 93% (93.1 en su caso). La mala noticia para Pekka y todo Nashville es que estará un mes de baja debido a una lesión. Será el momento en que Carter Hutton, el goalie reserva, demuestre ser confiable, ya que de los nueve partidos que ha jugado, los Preds apenas ganaron uno.
Mucha atención también con St. Louis Blues y Chicago Blackhawks, ambos con 62 puntos y ambos con 148 goles convertidos, figurando dentro de los cinco mejores conjuntos en toda la competición. De parte de Chicago, Patrick Kane y Jonathan Toews continúan rindiendo como una de las duplas más sólidas, sumando 93 puntos entre ambos (Kane: 22 goles, 29 asistencias / Toews: 14 goles, 28 asistencias). ¿Y qué pasa con los Kings de Los Angeles? los vigentes campeones han tenido problemas de toda especie y es así como llegan a esta pausa con cuatro derrotas consecutivas y la quinta peor marca de toda la liga, con 52 puntos.
La Conferencia Este presenta a los dos equipos más goleadores del torneo, ambos siendo poseedores de los mejores registros: Tampa Bay Lightning, con 64 puntos y 156 goles anotados, y New York Islanders, con 63 puntos y 153 goles anotados. Ambos equipos suelen atacar y disparar mucho a la portería rival en los partidos. De ahí, su abundante producción ofensiva. Los Bolts tienen a Steven Stamkos como principal referente, siendo el cuarto máximo goleador de la liga con 26 goles, mientras que los Isles cuentan con John Tavares como figura principal, encabezando a su equipo con 21 goles y 25 asistencias. Aparte, el conjunto de Long Island cerró de gran manera la primera parte de la temporada, venciendo a sus rivales divisionales Pittsburgh Penguins y New York Rangers, estos últimos en Madison Square Garden.
Muy cerca de esos dos conjuntos aparecen los Detroit Red Wings, con 63 unidades. El otrora protagonista del oeste ha sobrevivido a la lesión de Jimmy Howard, pero cuentan con un plantel muy profundo, mezclando juventud y experiencia con jugadores de la talla de Henrik Zetterberg (44 puntos), Pavel Datsyuk y Danny DeKesyer. Montreal Canadiens saca la cara por los canadienses, valga la redundancia. Suman 61 unidades y como ha sido característico en el último tiempo, Carey Price ha sido prenda de garantía en el pórtico, figurando dentro de los cinco mejores de la NHL en tiros atajados (92.9%), goles en contra (2.15) y partidos ganados (24). ¿Toronto Maple Leafs? ¿Ottawa Senators? ambos registran 47 puntos y por el momento, están muy lejos de los puestos de clasificación.
lunes, 19 de enero de 2015
Rumbo a Arizona (III)
El fútbol americano suele dejar lecciones, no solo deportivas, sino que también para nuestro diario vivir. En la NFL, los equipos siempre juegan para ganar y cuando comienzan a especular o evitando el error, en la mayoría de los casos acaban perdiendo. Este último concepto ilustra el derrumbe que sufrieron los Green Bay Packers, quienes desperdiciaron una ventaja de 16 puntos para terminar perdiendo en la prórroga ante los Seattle Seahawks. Por alrededor de 57 minutos, los Packers estaban en control y tenían el partido a disposición para liquidarlo. Una serie de decisiones conservadoras y costosos errores se fueron sumando hasta llegar a la catástrofe. Apenas seis puntos sacados en dos ofensivas que llegaron a la yarda 1, la actitud relativamente cautelosa de Aaron Rodgers en algunos de sus pases (aún así tiró dos intercepciones), la pasividad de los defensivos originada por jugadas en formación preventiva, el balón que no pudo cubrir Brandon Bostick en la patada corta y la selección de jugadas ofensivas en el último cuarto. Así fue como un equipo que ejecutaba muy bien su estrategia le dio vida a su adversario que estaba sin ritmo y casi sin chances siquiera de meterse en la pelea.
Mike McCarthy siempre se ha caracterizado por ser un buen estratega ofensivo y en especial, por diseñar planes de juego muy inteligentes. Normalmente, los Packers suelen ganar cuando establecen su estrategia desde el comienzo y esta la ejecutan a lo largo de todo el juego. Incluso, en situaciones similares a las de ayer, siempre confía en Rodgers para lanzar el balón y conseguir lo necesario para asegurar el triunfo. Ayer, simplemente se olvidó del jugador que posiblemente sea elegido como el MVP de la temporada y en un momento del 4° cuarto, mandó cinco corridas en seis jugadas, dejando tiempo para que Seattle reviviera. El mismo Rodgers manifestó que esta fue una derrota muy difícil de digerir y como quizás nunca había ocurrido durante el ciclo de McCarthy en Green Bay, que ya cumplió nueve temporadas, comienzan a haber dudas sobre su gestión. No se trata de su capacidad como entrenador en jefe, sino que de algunas de sus decisiones en momentos críticos, esas que pueden definir partidos.
Dicen que para tener suerte, hay que buscarla. A juzgar por lo ocurrido en el estadio Centurylink, esa fue la actitud de los Seahawks y lograron remontar, insistiendo con su caballo de fuerza Marshawn Lynch, pero especialmente con jugadas de alto riesgo y teóricamente muy poco probables de convertir. La finta de gol de campo, que acabó en un pase del despejador Jon Ryan al liniero Garry Gilliam y el pase de Russell Wilson a Luke Willson en la conversión de dos puntos, donde el quartberback de Seattle prácticamente rifó el ovoide, son jugadas que ilustran esta histórica remontada y que pusieron a vibrar a su 12th Man, silente por gran parte de la fría tarde en Seattle. Y para coronar esa cadena de hechos improbables: en la prórroga, Wilson completó un pase de 35 yardas con Jermaine Kearse que resultó en el touchdown de la victoria. Esto no impresionaría tanto si es que no consignamos el siguiente hecho: en el tiempo reglamentario, Wilson buscó a Kearse en cuatro oportunidades y en las cuatro, el balón fue interceptado por defensivos Packers. A veces, el ímpetu puede imponerse a la lógica y así es como jugando muy mal por casi cuatro cuartos, se puede terminar ganando de todas formas. Persistiendo, creando y aprovechando. Así lo vivieron Pete Carroll y sus dirigidos quienes a pesar de cometer cinco pérdidas de balón, viajarán a Arizona con la chance de defender exitosamente el título obtenido hace un año.
La montaña rusa de emociones vivida en Seattle contrastó tremendamente con lo ocurrido en Foxboro. Desde el kickoff, los New England Patriots fueron muy superiores a los Indianapolis Colts, venciéndolos por 45-7, la paliza más grande que ha tenido la final de la Conferencia Americana desde 1991, cuando los Buffalo Bills derrotaron por 51-3 a los Raiders de Los Angeles (sí, niños: en una época los Raiders jugaban en L.A.). Esa diferencia de 38 puntos demuestra la evidente diferencia entre un equipo que se ha mantenido en la elite de la liga por más de una década con un equipo que, siendo bueno, todavía se encuentra en fase ascendente y derrotas como las de anoche son parte de su aprendizaje, suponiendo que los Colts sigan mejorando en la próxima temporada.
Es obvio que mientras Tom Brady siga vigente y tengan a otros jugadores sobresalientes como Rob Gronkowski, los Patriots seguirán siendo competitivos. Pero ante todo, se trata de un equipo muy bien preparado con jugadores que quizás no sean los más talentosos del mundo, pero es tal el rendimiento que les saca Bill Belichick y su grupo de asistentes, que actúan como si fueran estelares. Así es como en un encuentro crucial, Legarrette Blount se convierte en protagonista (al igual que en el duelo de playoffs del año pasado) arrollando por tierra y sumando 148 yardas en 30 acarreos con 3 touchdowns y termina generando el balance necesario para la ofensiva que puede moverse con total comodidad y sabiendo que pueden ganar pasando o corriendo, anotando de forma abundante y dominando en el tiempo de posesión (anoche - 37:49 de posesión).
Y como si fuera poco, Belichick y su coordinador ofensivo Josh McDaniels se dan el lujo de crear jugadas especiales y ponerlas en práctica en momentos claves de los partidos, causando un impacto muy positivo para su causa. La semana pasada fue el pase de Julian Edelman a Danny Amendola y en esta, fue un envío de Brady a Nate Solder, un tackle ofensivo de 145 kilos que se reportó como receptor elegible para esa jugada, que fue capaz de atrapar el balón y llevarlo hasta las diagonales para un touchdown de 16 yardas. Creatividad absoluta, explorando habilidades ocultas en jugadores que acostumbran a ejecutar otros roles, todo por el bien colectivo y para sorpresa del rival. Jugadas así definen en parte la imagen de un equipo con hambre de victoria.
Por segundo año consecutivo, el Super Bowl tendrá como competidores a los primeros clasificados de cada conferencia. Mientras los Patriots regresan luego de tres años y buscan ganar su cuatro trofeo Lombardi, los Seahawks tienen la chance de ser el primer bicampeón de la NFL en diez años. El último equipo que repitió como campeón, coincidencia o no: los Patriots (Super Bowl XXXVIII - XXXIX). El equipo de Seattle jugará esta final en la casa de un rival divisional, mientras que New England vuelve al lugar donde perdió su único partido en el curso 2007, probablemente la derrota más dolorosa que hayan sufrido los Pats en los siete Super Bowls que han jugado. Historias, coincidencias, diferencias y otros detalles que darán forma a la 49° edición de este clásico que se jugará el próximo 1 de febrero en Glendale. La historia en proceso y el legado en juego.
Mike McCarthy siempre se ha caracterizado por ser un buen estratega ofensivo y en especial, por diseñar planes de juego muy inteligentes. Normalmente, los Packers suelen ganar cuando establecen su estrategia desde el comienzo y esta la ejecutan a lo largo de todo el juego. Incluso, en situaciones similares a las de ayer, siempre confía en Rodgers para lanzar el balón y conseguir lo necesario para asegurar el triunfo. Ayer, simplemente se olvidó del jugador que posiblemente sea elegido como el MVP de la temporada y en un momento del 4° cuarto, mandó cinco corridas en seis jugadas, dejando tiempo para que Seattle reviviera. El mismo Rodgers manifestó que esta fue una derrota muy difícil de digerir y como quizás nunca había ocurrido durante el ciclo de McCarthy en Green Bay, que ya cumplió nueve temporadas, comienzan a haber dudas sobre su gestión. No se trata de su capacidad como entrenador en jefe, sino que de algunas de sus decisiones en momentos críticos, esas que pueden definir partidos.
Dicen que para tener suerte, hay que buscarla. A juzgar por lo ocurrido en el estadio Centurylink, esa fue la actitud de los Seahawks y lograron remontar, insistiendo con su caballo de fuerza Marshawn Lynch, pero especialmente con jugadas de alto riesgo y teóricamente muy poco probables de convertir. La finta de gol de campo, que acabó en un pase del despejador Jon Ryan al liniero Garry Gilliam y el pase de Russell Wilson a Luke Willson en la conversión de dos puntos, donde el quartberback de Seattle prácticamente rifó el ovoide, son jugadas que ilustran esta histórica remontada y que pusieron a vibrar a su 12th Man, silente por gran parte de la fría tarde en Seattle. Y para coronar esa cadena de hechos improbables: en la prórroga, Wilson completó un pase de 35 yardas con Jermaine Kearse que resultó en el touchdown de la victoria. Esto no impresionaría tanto si es que no consignamos el siguiente hecho: en el tiempo reglamentario, Wilson buscó a Kearse en cuatro oportunidades y en las cuatro, el balón fue interceptado por defensivos Packers. A veces, el ímpetu puede imponerse a la lógica y así es como jugando muy mal por casi cuatro cuartos, se puede terminar ganando de todas formas. Persistiendo, creando y aprovechando. Así lo vivieron Pete Carroll y sus dirigidos quienes a pesar de cometer cinco pérdidas de balón, viajarán a Arizona con la chance de defender exitosamente el título obtenido hace un año.
La montaña rusa de emociones vivida en Seattle contrastó tremendamente con lo ocurrido en Foxboro. Desde el kickoff, los New England Patriots fueron muy superiores a los Indianapolis Colts, venciéndolos por 45-7, la paliza más grande que ha tenido la final de la Conferencia Americana desde 1991, cuando los Buffalo Bills derrotaron por 51-3 a los Raiders de Los Angeles (sí, niños: en una época los Raiders jugaban en L.A.). Esa diferencia de 38 puntos demuestra la evidente diferencia entre un equipo que se ha mantenido en la elite de la liga por más de una década con un equipo que, siendo bueno, todavía se encuentra en fase ascendente y derrotas como las de anoche son parte de su aprendizaje, suponiendo que los Colts sigan mejorando en la próxima temporada.
Es obvio que mientras Tom Brady siga vigente y tengan a otros jugadores sobresalientes como Rob Gronkowski, los Patriots seguirán siendo competitivos. Pero ante todo, se trata de un equipo muy bien preparado con jugadores que quizás no sean los más talentosos del mundo, pero es tal el rendimiento que les saca Bill Belichick y su grupo de asistentes, que actúan como si fueran estelares. Así es como en un encuentro crucial, Legarrette Blount se convierte en protagonista (al igual que en el duelo de playoffs del año pasado) arrollando por tierra y sumando 148 yardas en 30 acarreos con 3 touchdowns y termina generando el balance necesario para la ofensiva que puede moverse con total comodidad y sabiendo que pueden ganar pasando o corriendo, anotando de forma abundante y dominando en el tiempo de posesión (anoche - 37:49 de posesión).Y como si fuera poco, Belichick y su coordinador ofensivo Josh McDaniels se dan el lujo de crear jugadas especiales y ponerlas en práctica en momentos claves de los partidos, causando un impacto muy positivo para su causa. La semana pasada fue el pase de Julian Edelman a Danny Amendola y en esta, fue un envío de Brady a Nate Solder, un tackle ofensivo de 145 kilos que se reportó como receptor elegible para esa jugada, que fue capaz de atrapar el balón y llevarlo hasta las diagonales para un touchdown de 16 yardas. Creatividad absoluta, explorando habilidades ocultas en jugadores que acostumbran a ejecutar otros roles, todo por el bien colectivo y para sorpresa del rival. Jugadas así definen en parte la imagen de un equipo con hambre de victoria.
Por segundo año consecutivo, el Super Bowl tendrá como competidores a los primeros clasificados de cada conferencia. Mientras los Patriots regresan luego de tres años y buscan ganar su cuatro trofeo Lombardi, los Seahawks tienen la chance de ser el primer bicampeón de la NFL en diez años. El último equipo que repitió como campeón, coincidencia o no: los Patriots (Super Bowl XXXVIII - XXXIX). El equipo de Seattle jugará esta final en la casa de un rival divisional, mientras que New England vuelve al lugar donde perdió su único partido en el curso 2007, probablemente la derrota más dolorosa que hayan sufrido los Pats en los siete Super Bowls que han jugado. Historias, coincidencias, diferencias y otros detalles que darán forma a la 49° edición de este clásico que se jugará el próximo 1 de febrero en Glendale. La historia en proceso y el legado en juego.
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