lunes, 30 de marzo de 2015

El riesgo de las conmociones

Hace un par de semanas, Chris Borland sorprendía a todos al anunciar su retiro de la NFL a sus 24 años de edad y después de haber disputado su primera temporada como profesional. La razón: el miedo a los efectos que pueden causar los reiterados golpes en la cabeza que sufren los jugadores de fútbol americano. Difícil de entender para el común de la gente, que un deportista de alta competencia con mucho potencial y tras una prometedor debut decida alejarse de su actividad y con ello, prescindir de un contrato de cuatro años con un valor superior a los tres millones de dólares. Si intentamos comprender el punto de vista del jugador, podría ser mucho más comprensible esta decisión. El fútbol americano es esencialmente un deporte de colisión que conlleva, entre otros golpes, conmociones cerebrales que a futuro pueden generar síntomas tan delicados como falta de concentración, perdida de memoria, depresión y hasta demencia.

Las conmociones siempre han existido en este juego, aunque la NFL comenzó a tomar cartas en el asunto solo hace algunos años, luego que se revelaran casos de ex jugadores como Ray Easterling, Dave Duerson y Junior Seau quienes tras sus fallecimientos, se diagnosticó que sufrían de encefalopatía traumática crónica, lo que incluso generó una demanda. Resulta curioso, por decir lo menos, que dentro de la liga no haya existido una real conciencia sobre los golpes a la cabeza. Es más, Sidney Rice, campeón del Super Bowl XLVIII con los Seattle Seahawks y retirado hace un año, declaró en su momento: "Desafortunadamente no fui educado lo suficiente sobre lo que generan las conmociones cerebrales. Los estudios médicos serán de gran ayuda y tal vez puedan prevenirlo".

Los estudios a los que aludía Rice, quien se retiró a los 27 años de edad, tienen que ver con el cerebro y como reacciona frente a reiterados golpes en la cabeza. Dentro de las conclusiones que se han sacado, se estima que un jugador de fútbol americano, a través de su carrera, puede sufrir alrededor de 19 conmociones cerebrales. La reciente conciencia que están generando estas lesiones y la calidad de vida después de concluir sus carreras en los emparrillados son razones por las que varios jugadores están cuestionando si realmente vale la pena exponer su físico, como bien comentaba Borland cuando anunció su retiro el pasado 16 de marzo: "Pensé en lo que podía lograr en el fútbol americano, pero cuando lees sobre Webster, Duerson y Easterling, y para ser el tipo de jugador que me gustaría ser creo que tendría aceptar algunos riesgos que como persona no quiero asumirlos".

De parte de la liga, el vicepresidente del departamento de salud y seguridad, Jeff Miller, argumenta que "el fútbol americano nunca ha estado más seguro como ahora". Quizás en cuanto a las reglas que protegen a los jugadores, pero lo concreto es que el riesgo y las consecuencias de estas conmociones aún se están estudiando y todavía no existe plena conciencia sobre el impacto que causa en los jugadores, tal como declaraba Rice y además, no se debe ignorar que en la actualidad los jugadores de la NFL corren a una velocidad sospechosamente alta, lo que da para pensar sobre el consumo de sustancias y si es que existe alguna clase de control sobre las mismas. Estos factores han impulsado a que valiosos jugadores como Borland decidan dar un paso al costado. Y mientras no exista un pleno diagnóstico sobre estas lesiones, es posible que más jóvenes promesas al menos cuestionen el hecho de ejercer una carrera jugando con cascos y hombreras.

lunes, 23 de marzo de 2015

NBA Retro: Phoenix Suns 2004-2007

Hace poco más de una década, en la NBA predominaban los partidos densos, de lento desarrollo, con tendencias defensivas y de baja anotación. En medio de todo eso surgió un equipo que quiso romper con ese molde. Run & Gun, muchas posesiones, pases precisos, cortes rápidos hacia el aro, jugadas de contra ataque. De todo eso se componían los Phoenix Suns quienes causaron una revolución dentro de la liga a mediados de la década pasada, con juego atractivo y sobre todo, muy dinámico. Ese juego puramente ofensivo era lo que buscaba el entrenador Mike D'Antoni y lo logró, imponiendo su esquema y más importante aún, con jugadores idóneos para su ejecución.

Después de terminar con el segundo peor balance del oeste en la liga 2003-2004 (29 triunfos, 53 derrotas), hubo cambios en el equipo. Traspasaron a Stephon Marbury, un buen base pero que ya no rendía a gran nivel, y tuvieron espacio suficiente en el tope salarial para fichar a Steve Nash, quien había decidido no continuar con los Dallas Mavericks. Nash era el conductor ideal para el tipo de ofensiva que quería correr D'Antoni: ligero, rápido, con una prodigiosa visión de cancha, además de ser un gran tirador. Apenas iniciado el curso 2004-2005, ya se percibía una notoria mejoría en los Suns y sobre todo, ya se veía como este equipo corría y anotaba, corría y anotaba, corría y anotaba y así sucesivamente.

Nash se hizo inmediatamente de la conducción y logró congeniar con Amare Stoudamire y Shawn Marion, jugadores grandes pero muy versátiles a la vez, capaces de jugar al pick & roll, desplazarse más allá de la zona pintada y hasta tomar tiros de tres, en el caso de Marion. Esa versatilidad abría muchas opciones de ataque, generando muchos duelos favorables en cada posesión. El lema 7 seconds or less (7 segundos o menos) identificaba plenamente a este equipo que con mucha facilidad podía anotar más de 100 puntos en cada partido, jugando a un solo pase o moviendo más la pelota. El Small Ball, que tanto se ve en la NBA actual, era ejecutado con maestría por este equipo que por tres años consecutivos logró promediar entre 108 y 110 puntos por partido, alcanzado porcentajes de conversiones entre 47% y 49%.  Más específico todavía: estos Suns lograban jugar 95 posesiones por encuentro y su eficiencia ofensiva fluctuaba entre los 111 y 114 puntos por cada cien posesiones.

Un auténtico espectáculo que además de tener a Nash, quien fue el MVP de la liga en 2005 y 2006, Marion y Stoudamire, contaba con actores de reparto que complementaban muy bien la producción de los tres grandes. Raja Bell, Joe Johnson, Leandro Barbosa, quien fue premiado como suplente del año en 2007, Boris Diaw, entre otros, eran excelentes opciones y podían causar daño a los rivales de diferentes maneras. Ya sea atacando al aro, lanzando desde la esquina o encontrando el pase extra, un arte que Diaw manejaba muy bien. Los Suns corrían mucho, anotaban más y ganaban por doquier. 62 triunfos en 2005, 54 en 2006 y 61 en 2007. Ese exitoso ritmo frenético se prolongó en playoffs aunque para desgracia de todo Phoenix, nunca alcanzó para llegar las Finales. En esas tres campañas siempre se encontraron con equipos equilibrados y con más astucia defensiva (San Antonio Spurs 2005, 2007; Dallas Mavericks 2006) que acabaron con sus aspiraciones de llegar al campeonato.

Si bien este equipo nunca pudo disputar la serie por el título, dejó una huella imborrable. Solo es cosa de ver la NBA actual: equipos jugando hasta con tres bases y a veces sin un pívot clásico, haciendo múltiples rotaciones y probando muchos lanzamientos de tres. Todo eso lo hacían aquellos Phoenix Suns y por eso dieron espectáculo, fueron muy gratos de ver y hacían que valiera la pena trasnochar para ver sus partidos. Bajo la dirección de D'Antoni y la conducción en pista de Nash, quien recientemente anunció su retiro, el baloncesto dinámico y vistoso marcó una época y dejó gratos recuerdos.

jueves, 12 de marzo de 2015

Pitcheo inmortal


El Salón de la Fama del béisbol profesional tendrá este año a tres lanzadores que fueron muy destacados durante los años 90 y parte de la década pasada. Tres jugadores que fueron dominantes en el montículo, que integraron equipos ganadores y que a partir de ahora serán oficialmente legendarios. Uno de ellos es Randy Johnson. Conocido popularmente como The Big Unit y cuyo aspecto era realmente de un jugador de alguna época antigua, fue reconocido por tener un fastball que superaba los 160 kilómetros por hora, con el que ponchó a 4.875 bateadores y ganó en 303 aperturas, situándose dentro de los cinco mejores de toda la historia en esas categorías. Estuvo nueve años como abridor en los Seattle Mariners, pero su mejor etapa la tuvo posteriormente con los Arizona Diamondbacks, en especial durante el período 2001-2003 donde ganó en el 77% de sus aperturas y fue pieza fundamental en el triunfo de los D'Backs en la Serie Mundial del 2001 frente a los New York Yankees. De hecho, en esa titulación Johnson compartió el premio de Jugador Más Valioso con Curt Schilling, el otro gran pitcher de Arizona en esos días.

Pedro Martínez fue un ícono durante sus siete años en los Boston Red Sox (1998-2004). Sus lanzamientos tenían la tendencia de ir hacia afuera, creando confusión en sus oponentes. El dominicano tuvo múltiples partidos con una carrera permitida o ninguna, vivió los años en que Boston se quedaba corto en sus aspiraciones, mientras sus archirrivales Yankees celebraban campeonatos de forma consecutiva y fue parte del histórico triunfo en la Serie Mundial del 2004, donde los Red Sox acabaron con la maldición de 85 años. Martínez jugó el sexto partido de la memorable serie frente a New York y el tercero de la serie por el título ante los St. Louis Cardinals, donde retiró a 14 bateadores consecutivos. Era tal su nivel de dominio que lideró todas las Ligas Mayores en carreras limpias permitidas y eficiencia de strikeouts en cinco ocasiones.

El otro gran lanzador es John Smoltz. Permaneció dos décadas completas con los Atlanta Braves (1988-2008) siendo parte de la época exitosa del equipo a mediados de los 90s, junto con otros grandes pitchers como Tom Glavine y Gregg Maddux. Su fastball tenía cuatro variables, alcanzando velocidad superior a los 100 kilómetros por hora. Hasta 1999 brilló como abridor, llegando a tener temporadas con +200 strikeouts. Luego de una lesión que lo marginó por todo el 2000, Smoltz comenzó un nuevo rol como cerrador y fue igualmente brillante, llegando a imponer un récord de partidos salvados con 55 en la temporada 2002. En las dos siguientes campañas mantuvo su gran nivel, sumando 45 y 44 salvados respectivamente. Tiene un logro que nadie más tiene: es el único pitcher en la historia de Grandes Ligas con al menos 200 triunfos como abridor (213) y 150 juegos salvados (154).

viernes, 27 de febrero de 2015

Resumen: Warriors 99, Cavaliers 110

En la noche del jueves se encontraron dos de los mejores equipos del momento en la NBA. Los Golden State Warriors llegaban al estado de Ohio para su tercero de seis partidos consecutivos en el este, y se encontraron con unos Cleveland Cavaliers que están logrando su mejor nivel basquetbolístico, justo cuando se acerca la recta final de la temporada. El juego comenzó muy nivelado y especialmente fluido, con un ritmo de juego que trajo muchas canastas, algunas mediante rotaciones y otras a través de perdidas. Fue así como el primer cuarto acabó 33-32 para los Warriors, quienes parecían estar ejecutando su tradicional ofensiva y con un buen Stephen Curry, quien anotó 12 puntos en el cuarto inicial.

Pero lentamente, los Cavaliers fueron ajustando piezas. La defensa comenzó a cerrar un poco más en la zona pintada, lograban cubrir algunas secuencias de pick & roll y de a poco fueron forzando errores de los visitantes y también, más rebotes a su favor (acabaron dominando en esa faceta, 51-44). Eso también les generó mejores opciones ofensivas, mezclando jugadas de uno contra uno y otras en las que abrían la cancha, tal como ha insistido su director técnico David Blatt. Los Cavs se fueron al intermedio en ventaja (61-56) y en los primeros minutos del tercer cuarto, marcando un parcial de 12-3 que obligó al coach de los Warriors, Steve Kerr, a pedir tiempo fuera mientras alegaba furibundamente contra los árbitros. Esa ráfaga anotadora de los locales acabó decidiendo el partido, ya que siempre mantuvieron el control de las acciones, llegando a sacar ventaja de hasta 16 puntos.


Lebron James tuvo anoche su mejor partido en el presente curso. Requirió de 36 minutos para convertir 42 puntos (15/25 tiros de cancha, 8/11 tiros libres), encestando camino al aro, con tiros en suspensión y hasta de larga distancia, convirtiendo cuatro triples, además de sumar 11 rebotes y 5 asistencias. Kyrie Irving anotó 24 puntos (6/17 tiros de cancha) y varias de sus canastas fueron en jugadas individuales, aunque con un detalle: ya no absorbe tanto tiempo con el balón en sus manos, una señal que el juego colectivo de los Cavs evoluciona. Timofey Mozgov (10 puntos, 10 rebotes) fue uno de los tres jugadores que llegaron a Cleveland en el traspaso a tres bandas efectuado en enero y está resultando ser una pieza fundamental en el equipo, poniendo cortinas, acompañando el pick & roll e imponiendo su presencia en los rebotes. Un ejemplo estadístico que comprueba su aporte, es el índice de +/- que tuvieron los Cavaliers con el ruso en cancha: anoche, el diferencial fue +17, el mejor de todo el conjunto.

Los Warriors se fueron diluyendo a partir del segundo cuarto, siendo incapaces de superar los 25 puntos por período tras haber marcado 33 en el primero. Curry, quien comenzó muy bien, apenas anotó seis puntos después de los primeros doce minutos y acabó con una discreta producción: 5/17 tiros de cancha y 18 puntos en total. Igual de discreto fue el partido de Klay Thompson, quien nunca pudo entrar en ritmo y nunca pudo encontrar su tiro, encestó apenas 5/13 y 13 puntos en total. El suplente David Lee encabezó las anotaciones de Golden State con 19 unidades (8/11), destacando dentro de una pobre producción colectiva: 42% de conversiones, muy por debajo de su habitual 48%.

Cleveland es uno de los equipos en mejor forma de toda la liga y lo ha demostrado en el presente mes, ganando ocho de sus últimos diez partidos y 17 de los últimos 19 si agregamos los partidos de enero, ubicándose en el tercer lugar del este (37-22) a solo un juego de distancia del segundo, Toronto Raptors, y a nueve del líder Atlanta Hawks. Mientras que Golden State (44-11) continúa en lo más alto del oeste, aunque ha sufrido un pequeño bache en esta serie de partidos como visita, donde han perdido dos de tres. Y aún le quedan tres más, en Toronto; en Boston y en Brooklyn.

lunes, 23 de febrero de 2015

Outdoor Hockey


Desde el 2008, la NHL ha estado experimentando con la organización de al menos un partido al año jugado al aire libre, preferentemente en época invernal. Cada Winter Classic ha sido un éxito teniendo estadios llenos en lugares como Wrigley Field, Fenway Park, Heinz Field, Michigan Stadium y Nationals Park, como ocurrió el mes pasado. Esos coliseos habituados para la práctica del béisbol y el fútbol americano han visto como el hockey ha generado una alta expectativa, con asistencias superiores a los 70 mil espectadores. Y así fue como la liga decidió expandir esta idea y desde el año pasado comenzó otra serie de partidos en outdoor, bajo el nombre de Stadium Series.

En 2014, Dodger Stadium; Soldier Field y Yankee Stadium (dos veces) tuvieron el honor de recibir partidos protagonizados por equipos como Los Angeles Kings, New York Rangers, Chicago Blackhawks, entre otros. Todos al aire libre, todos con mucho frío y todos con tribunas llenas. Esta nueva tradición continúa en el presente año y en esta oportunidad, la acción tuvo lugar en el Levi's Stadium de Santa Clara, coliseo destinado para la NFL (San Francisco 49ers) que recibió a los San José Sharks y a los Kings de Los Angeles, en la noche del sábado recién pasado y televisado en horario estelar. 70.205 fanáticos se dieron cita en el sur de California para presenciar este duelo entre rivales divisionales.

El encuentro fue particularmente disputado. Los Kings abrieron el marcador antes de los tres minutos de iniciado el juego, gracias a un remate de Jake Muzzin que fue desviado por Kyle Clifford. 1-0 de entrada y los campeones de la última Stanley Cup tomaban control del juego, pero los Sharks (quienes hicieron de local en este partido) lograron igualar poco antes de terminar el primer período, con un gol del defensa Brent Burns quien recibió el pase tras el faceoff ganado por su compañero Tommy Wingels.

El segundo período fue luchado pero con pocas oportunidades de gol, aunque era el equipo de San José el que lograba acercarse con mayor frecuencia al pórtico defendido por Jonathan Quick. Pero esas intenciones de los Tiburones se vinieron abajo en el tercer período, cuando Marian Gaborik robó el puck en el medio de pista, aceleró y sacó un remate inatajable. 2-1, el cual sería el marcador final. Gaborik se convirtió en el héroe de los Kings y de paso, rompió una mala racha personal: antes de este partido, tenía seis juegos consecutivos sin goles y sólo había convertido uno en los últimos trece.

Kings y Sharks quedaron igualados con 68 puntos en la clasificación del oeste, aunque por el momento Los Angeles se aferra a la clasificación a los playoffs, mientras que San José está momentáneamente fuera de los puestos de wild card. Un buen partido, con mucha incertidumbre y con otra gran respuesta del público, algo muy valorable en tiempos donde la NHL parece estar perdiendo popularidad en Estados Unidos. Eventos de esta especie siguen confirmando al hockey sobre hielo como uno de los deportes majors.

jueves, 12 de febrero de 2015

Milenarios y estelares


El lunes pasado, Gregg Popovich llegó a las mil victorias como director técnico en la NBA, siendo apenas el noveno coach en toda la historia que alcanza dicho hito. Sobre esta marca hay ciertos matices que se desprenden: el primero, es que Popovich lo hizo en 1.462 partidos, el tercero más rápido en conseguirlo (los más rápidos: Phil Jackson, 1.423 y Pat Riley, 1.434). El segundo, vinculado al anterior, es que Pop tiene el segundo mejor rendimiento entre esos nueve entrenadores con un 68.4% de partidos ganados, superado únicamente por el 70.4% de Jackson, lo que explica el nivel de excelencia que siempre ha impuesto Popovich en su trayectoria. Y quizás, el detalle más interesante es el siguiente: entre esa selecta lista, Popovich es el único que alcanzó las mil victorias dirigiendo a un solo equipo. San Antonio Spurs ha sido el único conjunto con el que Pop ha ejercido como head coach en la NBA y así ha sido en los últimos 19 años. Los demás ocho entrenadores lograron esa marca dirigiendo, al menos, en dos equipos.

Historia de NBA / Directores técnicos con 1.000 o más victorias

1. Don Nelson, 1.335 (Milwaukee Bucks, New York Knicks, Dallas Mavericks, Golden State Warriors)
2. Lenny Wilkens, 1.332 (Seattle Sonics, Portland Blazers, Cleveland Cavaliers, Atlanta Hawks, Toronto Raptors, New York Knicks)
3. Jerry Sloan, 1.221 (Chicago Bulls, Utah Jazz)
4. Pat Riley, 1.210 (Los Angeles Lakers, New York Knicks, Miami Heat)
5. Phil Jackson, 1.155 (Chicago Bulls, Los Angeles Lakers)
6. George Karl, 1.131 (Cleveland Cavaliers, Golden State Warriors, Seattle Sonics, Milwaukee Bucks, Denver Nuggets)
7. Larry Brown, 1.098 (Denver Nuggets, New Jersey Nets, San Antonio Spurs, Los Angeles Clippers, Indiana Pacers, Philadelphia 76ers, Detroit Pistons, New York Knicks, Charlotte Bobcats)
8. Rick Adelman, 1.042 (Portland Blazers, Golden State Warriors, Sacramento Kings, Houston Rockets, Minnesota Timberwolves)
9. Gregg Popovich, 1.001 (San Antonio Spurs)

La marca en sí y la exclusividad de ser el único que ha llegado a mil victorias dirigiendo en un mismo equipo agrandan aún más el legado que está dejando Popovich, aunque él mismo y muy fiel a su estilo le bajó el perfil al asunto, al finalizar el juego del lunes pasado en Indiana: "No hay mucho que celebrar. He estado aquí por mucho tiempo y he tenido grandes jugadores. Esa es la fórmula. Es difícil entrenar jugadores, pero he tenido la fortuna de tener muy buenos. Tienes que estar ahí por un tiempo. Esto es más un homenaje a los jugadores que a los entrenadores".


Atlanta Hawks llega a la mitad de temporada con la mejor marca del Este, con 43-11. Y en un auténtico reconocimiento al gran trabajo y evolución de este equipo, cuatro jugadores fueron elegidos al Partido de Estrellas, que se celebrará este domingo en el Madison Square Garden de Nueva York. Los elegidos son Al Horford, Paul Millsap (ambos nominados por tercera vez) y los debutantes Jeff Teague y Kyle Korver, este último en reemplazo del lesionado Dwyane Wade. Justicia con Korver, quien a sus 33 años de edad, está viviendo quizás el mejor momento de su carrera, promediando 52% de triples y 91% de tiros libres. Y el hecho de tener a cuatro jugadores de un mismo equipo en el All Star Game no es algo común. Concretamente, es tan solo la séptima vez que ocurre en toda la historia y solo la tercera en lo que llevamos del Siglo XXI.

Historia de NBA / Equipos con cuatro jugadores en un Juego de Estrellas

1962: Boston Celtics / Bill Russell, Tom Heinsohn, Bob Cousy, Sam Jones.
1975: Boston Celtics / John Havlicek, Dave Cowens, Paul Silas, Jo Jo White.
1983: Philadelphia 76ers / Julius Erving, Moses Malone, Maurice Cheeks, Andrew Toney.
1998: Los Angeles Lakers / Shaquille O'Neal, Nick Van Exel, Eddie Jones, Kobe Bryant.
2006: Detroit Pistons / Ben Wallace, Rasheed Wallace, Chauncey Billups, Richard Hamilton.
2011: Boston Celtics / Kevin Garnett, Paul Pierce, Ray Allen, Rajon Rondo.
2015: Atlanta Hawks / Al Horford, Paul Millsap, Jeff Teague, Kyle Korver.

Tuvo que darse una lesión de Blake Griffin para que Damian Lilard pudiera ser nominado al equipo de estrellas del Oeste, su segunda consecutiva. El base de los Portland Trail Blazers es uno de los más versátiles y prolíficos de toda la competición (21.5 puntos, 6.3 asistencias por partido en esta temporada) y por lo mismo, su presunta ausencia causaba extrañeza, ya que ni siquiera había sido considerado originalmente dentro de los reservas, los cuales son elegidos por los entrenadores de la liga. Pero finalmente Lilard podrá estar en el All Star, aunque haya sido por un hecho poco fortuito.

lunes, 2 de febrero de 2015

Super Four

Tensión y ejecución, triunfo y derrota, gloria y abismo. Por esa delgada línea pasó la definición del Super Bowl XLIX que, por su tremenda cuota emotiva, quedará en la historia como uno de los más grandes. Ya en la antesala se perfilaba como uno histórico, independiente del resultado. Los Seattle Seahawks apuntaban al bicampeonato, algo que no ocurría desde que lo hicieran hace diez años los New England Patriots, sus rivales de anoche que aspiraban a su cuarto título. Muchas jugadas y muchos momentos claves sucedieron antes de la intercepción que selló el triunfo a favor de los Pats.

Brady, la leyenda: en un Super Bowl, es muy posible que cualquier mariscal de campo se derrumbe y acabe jugando mal si lanza dos intercepciones, pero ese no fue el caso con Tom Brady. En su primera ofensiva, lanzó una intercepción en la yarda 10 que estropeó una brillante marcha de 7:40, en la que New England había recorrido 58 yardas. Y más tarde, en el tercer cuarto, Bobby Wagner le anticipó el pase a Brady que costaría eventualmente en siete puntos en contra, dejando a Seattle arriba por 10. El ex Michigan superó esos dos errores y con mucha calma y precisión condujo a su equipo rumbo a la victoria. El mariscal de los Patriots siempre ha sobresalido en momentos de presión y anoche fue otro de esos momentos. En el último cuarto, Brady completó 13 de 15 pases (los últimos ocho consecutivos) y lanzó los dos pases anotadores con los que revirtieron el marcador. Al final, estos fueron sus números: 37/50 pases completos, 328 yardas, 4 touchdowns, 2 intercepciones y 101.1 rating. Si había alguien en la cancha que estaba hambriento por ganar este partido era Brady y con este cuarto triunfo en Super Bowls (igualando a Terry Bradshaw y Joe Montana), junto con su tercer premio como MVP de este clásico, se consagra definitivamente como uno de los mejores de la historia.

Pequeños gigantes: previo al partido se habló mucho del impacto que podría tener Rob Gronkowski debido a su increíble combinación de tamaño, fuerza y manos seguras. En parte, fue factor atrapando seis pases y anotando en el segundo cuarto (24 yardas), pero muchas otras secuencias fue alineado como ala abierta o en el slot solo para arrastrar marcas. Y en esas jugadas, otro jugador de estatura mucho más baja tomaron el protagonismo. Julian Edelman, quien hace unas semanas sorprendió lanzando un pase de touchdown, suele destacar por su velocidad e intuición para atacar espacios que dejan los rivales. Anoche, Brady lo encontró en nueve ocasiones, todas ellas en rutas cortas o medias en las que el receptor aprovechaba el espacio que dejaban los Seahawks para sacar más yardas y sin miedo por si tenía que enfrentar intentos de tackleo. Completó 109 yardas y atrapó el pase que acabó siendo el ganador para los Pats. En su sexto año en la NFL, Edelman tuvo finalmente su noche estelar y quizás tenía tantos méritos como Brady para ser premiado como el más valioso del partido.

El perímetro rindió: si bien permitieron cuatro pases de +20 yardas, los secundarios de los Patriots desarrollaron una buena labor cubriendo las rutas de los receptores de Seattle, ya sea en coberturas personales u ocasionalmente, jugando en zona. De ahí se explica porqué Russell Wilson tenía tanto tiempo en el pocket, porqué terminó con un discreto 12/21 en pases y porqué eligió correr en algunas jugadas. Chris Matthews, quien no había atrapado un solo pase previo a este juego, sorprendió en un momento recibiendo cuatro pases con un touchdown incluído, pero una vez que causó estragos le pusieron a Brandon Browner en marcación personal y ahí murió la sorpresa. Crédito para Bill Belichick y el coordinador Matt Patricia por esos ajustes. Y por supuesto, un merecido reconocimiento para Malcolm Butler, el safety que hace poco más de un año jugaba en un equipo de segunda división universitaria, quien fue clave defendiendo algunos pases y asegurando el triunfo con su intercepción. Mérito suyo, puesto que en esa jugada anticipó el envío de Wilson y la trayectoria que pretendía realizar Ricardo Lockette. Butler llegó primero, se quedó con el ovoide y selló la victoria.

Marshawn bestial: el corredor de los Seahawks es el mejor de toda la liga y anoche lo demostró, corriendo sumando yardas y arrollando rivales. Su fuerza para derribar tackles y seguir moviendo las piernas hacia adelante son sus cualidades distintivas, aún si todo el equipo contrario se amontona para intentar contenerlo. Lynch fue la principal razón por la que Seattle pudo reaccionar ante un lento comienzo y fue el caballito de batalla, como lo ha sido en tantas jornadas. 102 yardas en 24 corridas con un touchdown. Revisando su producción, con mayor razón cabe la duda de porqué Pete Carroll no ordenó una jugada para él cuando los Hawks tenían la chance de ganar el partido en el último minuto, en la yarda uno.

Suma de errores: los Seahawks fueron penalizados en siete ocasiones con 70 yardas, tres de esos castigos otorgaron primeros downs automáticos para New England. Los equipos especiales apenas registraron seis yardas en devoluciones de patadas (kickoffs/despejes) dejando a la ofensiva siempre en posiciones lejanas para comenzar sus series. De hecho, 9 de sus 11 marchas iniciaron dentro de la yarda 20 de su propio territorio. Y para cerrar, luego que Lynch los pusiera en la yarda uno, deciden intentar un pase a un receptor novato, teniendo a Marshawn disponible en la cancha. Acabó en intercepción y derrota para Seattle. El mismo Carroll admitió que fue su error haber mandado esa jugada. Si bien se levantaron y hasta llegaron a tener ventaja de 10 puntos, esa serie de errores además de no poder ante la ejecución de Brady, terminaron con las aspiraciones de un posible back-to-back.

El partido en si, fue bien disputado y de rápido desarrollo, algo que se agradece en tiempos en que comienzan a abundar partidos tediosos como pasó con varios de temporada regular. Y el último cuarto fue un claro ejemplo que muestra porqué el Super Bowl es la fiesta por excelencia del deporte norteamericano y uno de los mayores eventos deportivos a nivel mundial. Primero, por lo brillantes que fueron Brady y los Patriots para nunca perder la calma y ser capaces de remontar un déficit de 10 puntos. Y después, con toda la emoción que tuvo la última ofensiva de los Seahawks. La recepción en el piso de Doug Baldwin, por el contexto, recordó a muchos a aquella jugada de David Tyree hecha hace siete años en el mismo University of Phoenix Stadium. Y luego, en el último minuto, el tiempo corría, ninguno de los coaches pidió tiempo fuera (algo curioso, por decir lo menos) y la jugada que decidió el encuentro. Un duelo que cumplió con la expectativa y que sin duda fue uno de los mejores de los últimos años.

Seattle falla en su intento por repetir como campeón y ahora tendrán un reto igualmente complejo, puesto que les tocará renovar contratos de jugadores claves como Russell Wilson y Bobby Wagner, además de Marshawn Lynch a quien ya le estarían ofreciendo una extensión. Por su parte, New England termina con una espera que se estaba haciendo larga. Tuvieron que pasar 10 años para conseguir el cuarto trofeo Lombardi y por las reacciones post-partido de Brady, Belichick y el dueño Robert Kraft, este título tiene un valor muy especial, quizás mucho más que cualquiera de los tres ganados a principios de la década pasada. Los Patriots igualan la línea de los Green Bay Packers y los New York Giants con cuatro victorias en el Super Bowl, siendo superados por los Pittsburgh Steelers con seis y por los Dallas Cowboys y los San Francisco 49ers, con cinco cada uno.

Brady tiene su cuarto anillo de campeón y además, acaba esta serie de playoffs con 21 triunfos en rondas finales, el mejor de toda la historia entre quarterbacks. Belichick suma cuatro campeonatos ganados como entrenador, igualando lo hecho por Chuck Noll y Hank Stram y la franquicia de New England pasa a ser la que más títulos ha ganado en lo que llevamos de Siglo 21, además de tener el mejor rendimiento de toda la NFL en los últimos años, con un 73% de partidos ganados. El título que parecía esquivo finalmente llegó, los Patriots tienen su cuarto trofeo acallando todas las críticas por el conflicto de los balones desinflados. De la forma que sea, demostraron ser los mejores en un Super Bowl que hizo honor a su nombre, por el partido y el ganador del mismo. Un súper campeón.