sábado, 11 de julio de 2015

El auge del Small Ball

Tomar el balón, abrir la cancha, pasar rápido entre los compañeros, crear situaciones ideales para
lanzar triples o bien, canastas fáciles en la llave, aprovechando los desmarques. Agilizar el ritmo para tener más posesiones y con ello, tener más opciones para anotar. Ese es el básquetbol que ha irrumpido con fuerza en las dos últimas temporadas de la NBA y cuyo notorio éxito invita a creer que el Small Ball es un estilo que ha llegado para quedarse.

Esta forma ofensiva y alegre parece novedosa, pero no lo es tanto si recordamos a aquellos Phoenix Suns que dieron espectáculo hace una década, dirigidos por Mike D'Antoni y comandados en la pista por Steve Nash, Amare Stoudamire y Shawn Marion. El vértigo que imponían esos Suns los llevó a liderar las tablas anotadoras de la liga entre 2005 y 2008, metiéndose incluso dentro de los cuatro finalistas en dos años consecutivos. Ese juego de correr y disparar fue, en ese momento, un refresco para una competencia que estaba siendo predominada por las defensivas y los partidos de lento desarrollo.

Si tomamos como ejemplo aquel equipo y lo trasladamos a la NBA del 2015, claramente podemos comprobar que esos Suns marcaron un precedente. Desde entonces, han aparecido más equipos con bases rápidos y aleros ágiles, además de tener una predilección colectiva por el triple. Justo las cualidades que requiere un equipo para correr este tipo de ofensivas, tal como está ocurriendo en la actualidad con los Golden State Warriors, quienes terminaron ganando el campeonato jugando con un alero en el puesto de pívot, en la figura de Andre Iguodala quien fue el MVP de las Finales, ejerciendo un rol muy importante en ofensiva, debido a sus cualidades tiradoras que obligaron a sus pesados marcadores a moverse más allá de su espacio habitual.

Además, los Warriors cuentan con bases y aleros idóneos para jugar al Small Ball. El niño que juega de profesional (a.k.a. Stephen Curry) mueve la pelota, tira a la canasta y asiste a sus compañeros con una espontaneidad asombrosa - además de batir el récord de triples convertidos en una temporada en dos ocasiones, con 272 en 2013 y 286 en este año. Klay Thompson complementa muy bien saliendo de cortinas y ubicándose correctamente para lanzar triples, mientras que Draymond Green corre, ataca, lanza, asiste y hasta juega defensiva. Las condiciones necesarias para un alero flexible y ágil. Así fue como los Warriors marcaron la pauta en la temporada recién finalizada, siendo el equipo con el mejor ritmo de juego (98.3 posesiones por juego) y la mejor eficiencia ofensiva en toda la competición (111.6 puntos por cada 100 posesiones).


En términos estadísticos, el ritmo de juego es uno de los parámetros que sirven para comprobar la evolución que ha tenido la NBA en la última década. En 2005, se jugaban 90.9 posesiones por partido, en tanto que en los últimos dos años se han jugado 93.9. Exactamente tres posesiones más a través de diez años. Parecen pocas, pero bien se pueden notar al observar partidos. Se corre mucho más en la competición actual. Los porcentajes y eficiencias no han variado mucho en los últimos diez años. Los equipos más anotadores se mantienen promediando entre 105 a 110 puntos por partido, mientras que los ratings ofensivos han oscilado entre los 104.6 a 107.6 puntos por cada 100 posesiones. Pero existe otro parámetro muy revelador que permite comprobar de igual forma esta evolución ofensiva y tiene relación con la tendencia a lanzar triples. Ojo, no encestar sino que meramente intentar disparos de tres puntos.

Aquellos Phoenix Suns eran reconocidos, entre otras cosas, por lanzar muchos triples, llegando a promediar casi 29% intentos de triples por partido en la temporada 2004/2005, superando largamente a la media de la liga de dicho año (19.6%) y sin tener un sólo equipo que superara el 30% de triples lanzados por juego. ¿Qué ha pasado desde entonces? lentamente comenzaron a incrementarse los tiros detrás de la media luna, siendo el Orlando Magic el primer equipo en superar el 30% de intentos de 3's en la campaña 2008/2009, tendencia que mantuvieron hasta la liga 2011/2012. Ellos y los Knicks eran los únicos en lanzar tal proporción de triples en esos años. Pero en las últimas tres temporadas, comenzó a darse una erupción triplera.

Entre el 2005 y 2012, el promedio de triples intentados en la liga subió de 19.6 a 22.6, y de ahí los promedios han escalado a 24.3 en 2013, 25.9 en 2014 y 26.8 en este 2015. Esa evidente subida de los últimos tres años condice con una mayor cantidad de equipos que han apostado por bajar la estatura de sus alineaciones y empezar a jugar más rápido y buscar más tiros de larga distancia. Así es como hemos pasado de sólo dos equipos que lanzaban sobre 30% de triples en 2012 a ¡siete! en la temporada recién finalizada. Esos siete equipos en cuestión: Houston Rockets, Cleveland Cavaliers, Los Angeles Clippers, Atlanta Hawks, Philadelphia 76ers, Portland Trail Blazers y Golden State Warriors.

Si nos fijamos en los equipos, son planteles que están armados con jugadores ideales para el Small Ball y encima, los resultados han justificado esa apuesta. Cuatro de esos siete equipos llegaron al tramo final de los playoffs: Hawks, Cavaliers, Clippers y Warriors, siendo estos últimos los campeones. En el 2013, habíamos visto destellos de Small Ball con el Miami Heat, especialmente cuando alineaban a Chris Bosh como un pívot falso. En el 2014, los San Antonio Spurs alinearon a Boris Diaw como pívot para las Finales y tal movida de Gregg Popovich dejó como resultado una lluvia de triples. Ahora en 2015, los Warriors llegaron a disputar el título como un reconocible equipo triplero y de tal manera, lograron adjudicarse el trofeo Larry O'Brien.

Quizás, dentro de un tiempo aparezca otro equipo que imponga un estilo distinto que sea visto como revolucionario, pero por ahora, las alineaciones "chicas" son las predominantes en la liga. Muchas corridas, muchos tiros, muchos puntos y partidos rápidos. Baloncesto ofensivo, colectivo y muy vistoso.

Oficialmente, estamos en la era más triplera de la historia.

sábado, 30 de mayo de 2015

NBA Retro: Steve Kerr, el jugador

A través de sus 15 años de carrera como jugador en la NBA, Steve Kerr nunca se caracterizó por ser alguien estelar. Es más, siempre fue un jugador de banca que entraba y cumplía un rol determinado, llegando a distinguirse por ser un confiable tirador, en especial de triples. Hasta el día de hoy se recuerdan mucho las anécdotas de sus cinco temporadas con los Chicago Bulls, siendo parte de la segunda trilogía de campeonatos ganados en 1996, 1997 y 1998 y donde Kerr acabó encestando el tiro que les dio el segundo de esos títulos, tras recibir una asistencia de Michael Jordan.

Luego del título del '98, Kerr fue transferido a los San Antonio Spurs, un equipo aún en construcción y cuyo aporte fue similar al que tuvo en Chicago, incluso llegando a jugar en proporciones mucho menores. En su primer año con los Spurs, ganó el campeonato y jugó otras dos temporadas más donde no tuvo actuaciones muy sobresalientes. Por lo mismo fue transferido a los Portland Trail Blazers en 2001 y luego de un año ahí, volvió a San Antonio para la temporada 2002-2003, la que terminaría siendo la última en su carrera.

Kerr apenas jugaba algunos minutos y en la rotación aparecía detrás del titular, el joven Tony Parker, y del segundo armador, Speedy Claxton. Pero llegó un momento en que Popovich requirió de las habilidades y en especial, de la experiencia de Steve. Y fue en una situación crucial. Durante la segunda mitad del sexto juego de las finales del Oeste frente a los Dallas Mavericks, los Spurs estaban en problemas. En un momento del tercer cuarto estuvieron abajo por 15 puntos y debido a la improductividad de Parker y Claxton, Kerr entró a la pista y junto con Tim Duncan, Stephen Jackson y el debutante Manu Ginobili armaron una remontada que se veía muy poco probable.

Jackson metió cinco de siete triples y encabezó las anotaciones de los Spurs esa noche con 24 puntos, Timmy D hizo doble decena (18 puntos, 11 rebotes), Ginobili volvía locos a los Mavs con sus ataques al aro, pero lo que terminó desnivelando el juego a favor de San Antonio fue la sangre fría que mostró Kerr en esa remontada. Lanzó cuatro tiros al aro, los cuatro de triples y los cuatro entraron, completando 12 puntos... ¡en 13 minutos! De hecho, Kerr puso arriba a los Spurs en el último cuarto con uno de esos triples, poniendo a vibrar a sus compañeros que festejaban en la banca y convirtiendo el estadio de Dallas en un funeral.

Así de súbito y así de letal fue el impacto de Kerr, quien decidió aquel partido y le dio el pase a las finales de liga a los Spurs. Dos semanas más tarde, estaba celebrando el campeonato -segundo con San Antonio, quinto de su carrera- luego de vencer en seis juegos a los New Jersey Nets. Broche de oro para una carrera en la que fue titular en apenas 30 partidos -sobre 1.038 disputados-, pero en la que igualmente encestó 45.4% de sus triples intentados, siendo uno de los tiradores más certeros de la historia.

Desde entonces, Steve ha sido comentarista televisivo, manager de los Phoenix Suns y desde hace menos de un año, ha probado suerte como director técnico. Y hasta acá, con mucho éxito. El ahora coach estará disputando las finales con los Golden State Warriors en menos de una semana y con un estilo que bien pudiera asemejarse con la imagen de Kerr como jugador: saliendo de cortinas, buscando tiros y encestando triples. Tal como lo hizo en sus años vistiendo de corto y tal como en aquella noche de mayo de 2003, en Dallas.

martes, 12 de mayo de 2015

En pocas palabras

- La serie entre Cleveland Cavaliers y Chicago Bulls refleja el clásico juego de los equipos del este: agresivo, físico y muy defensivo, dejando como resultado partidos muy tensos en los que cuesta mucho anotar, aunque hemos visto dos canastas agónicas en partidos consecutivos (Derrick Rose liquidando el tercer juego y Lebron James haciendo lo propio en el cuarto). Si bien, James y Rose son fundamentales en sus escuadras, estos han tenido que luchar como todos los demás para convertir. Así han ido en los cuatro partidos disputados:

Juego 1 - James 19 puntos (9-22 canastas), Rose 25 puntos (11-26 canastas)
Juego 2 - James 33 puntos (13-29 canastas), Rose 14 puntos (6-20 canastas)
Juego 3 - James 25 puntos (10-30 canastas), Rose 31 puntos (11-23 canastas)
Juego 4 - James 25 puntos (10-30 canastas), Rose 31 puntos (11-23 canastas)

- La experiencia al servicio de un equipo en ascenso y bajo ese rol se está moviendo Paul Pierce en los Washington Wizards. Fue factor en tres de los cuatro triunfos en la primera serie ante los Toronto Raptors, y en la presente contienda con los Atlanta Hawks ha sido clave en los dos triunfos del equipo capitalino. En la serie promedia 50% de acierto y 17.3 puntos por juego, pero más importante aún, está pidiendo la pelota en los momentos decisivos y fue así como liquidó el tercer partido a favor de los Wizards. Un buen momento para sacar a relucir todo su pasado Celtic.

- Si existe un equipo pesado para enfrentar en toda la NBA deben ser los Memphis Grizzlies. Siempre incomodando, siempre sacando de quicio a sus rivales de turnos y siempre intentando llevar los partidos a su ritmo lento y sobre todo, muy 'a lo bruto'. Zach Randolph es feliz bajo ese contexto, mientras que Marc Gasol impone su presencia en la llave además de aprovechar su recurso como tirador. Así es como van 2-2 contra los Golden State Warriors quienes lucieron muy bien en sus dos victorias, superando los 100 puntos y muy deficientes en sus dos caídas, en donde no superaron las 90 unidades.

- El duelo entre Houston Rockets y Los Angeles Clippers ha sido de muchos puntos, pero con un desarrollo insoportablemente cortado. Quizás la mayor referencia sea la siguiente: en el segundo encuentro se lanzaron 96 tiros libres (64 Rockets, 32 Clippers) y en el cuarto, 93 (30 Rockets, 63 Clippers). La táctica del 'Hack-a-Jordan' ha sido inútil para Houston, ya que el pívot de Los Angeles ha encestado 47% de sus intentos en la serie. No es un porcentaje sobresaliente, pero es mejor que el paupérrimo 38% que metió Deandre en la serie contra San Antonio Spurs. Encima, la fluidez colectiva de los Clippers y la flojera defensiva de los Rockets (James Harden ilustra muy bien ese concepto) ha dejado de manifiesto una enorme diferencia entre ambos bandos. De hecho, da para pensar cómo un equipo con defectos tan notorios llegó a clasificar a la postemporada con la segunda mejor marca del oeste. A veces, hay sucesos que desafían a la lógica.

domingo, 3 de mayo de 2015

Resumen: Spurs 109, Clippers 111


La mejor serie de la primera ronda de playoffs en la NBA se decidió en un séptimo partido cuyo nivel de drama e intensidad era propio de una final de campeonato que de un duelo entre el tercer clasificado (Clippers) y el sexto (Spurs). Acción y reacción, ajustes de toda especie y una estrecha diferencia en el marcador que se prolongó desde el salto inicial hasta la última jugada. Sólo para tener una idea: nunca existió una diferencia superior a 10 puntos en todo el encuentro de anoche, disputado en Los Angeles.

Al comienzo, eran los Spurs quienes imponían su ritmo, jugando con más aplomo y rotando más la pelota, algo que insistió su entrenador Gregg Popovich y que el equipo de San Antonio no pudo desarrollar a plenitud en casi toda la serie, algo que se debió en buena parte a las rotaciones defensivas de los jugadores de los Clippers, quienes siempre buscaban tapar las opciones de pase, llevando a los Spurs a ejecutar jugadas de poste o bien, obligando al armador de turno (Tony Parker o Manu Ginóbili) a quedarse con el balón por más segundos de los necesarios. San Antonio tenía ventaja de 30-28 al finalizar el primer cuarto, pero llegó la reacción de los Clippers, quienes lograron correr, pasar y encestar gracias a sublimes actuaciones de Chris Paul y Blake Griffin, y los aportes no menos importantes de Deandre Jordan, J.J. Redick y Jamal Crawford.

Paul, quien debió jugar gran parte del partido con una evidente lesión en el muslo, dio una de las mejores exhibiciones de su carrera en postemporada. Atacando, asistiendo a sus compañeros, encestando de todas partes y por sobre todo, jugando con mucha personalidad. 27 puntos, 6 asistencias, 9/13 conversiones, 5/6 triples y lo más importante: la canasta del triunfo, con :01 por jugar, ante la marca inicial de Danny Green y la posterior ayuda de Tim Duncan cerca del aro. CP3 ganó ante esa dura adversidad y convirtió el tiro que acabó siendo la diferencia para el conjunto de Los Angeles. Griffin, por su parte, no solo jugó bien la serie, sino que lo hizo mostrando un carácter muy distinto al de años anteriores. En apariencia, ahora juega mucho más centrado y parece leer mucho mejor las jugadas, siendo capaz de tomar tiros de media distancia y romper defensivas con pases sorpresivos. Así fue como anoche el otrora saltador de autos (?) registró una triple decena: 24 puntos, 13 rebotes y 10 asistencias.

Crawford y Redick fueron valiosos para mantener a los Clippers metidos en el partido, en momentos en los que San Antonio tomaba las riendas del mismo. Jamal corriendo y lanzando apenas tuviera espacio, mientras que J.J. siempre buscaba salir de cortinas, desmarcarse y aprovechar la doble marca que ejercían los Spurs sobre las estrellas de L.A. Encestaron 6 de los 14 triples convertidos por Clippers y anotaron 30 puntos combinados (16 y 14, respectivamente).

Los Spurs batallaron a lo largo de la serie y estuvieron en posición de ganarla, pero acabaron siendo presas de su propia irregularidad. Así como Duncan, Diaw, Leonard y Mills (si... ¡Patty Mills!) encabezaron al equipo en distintas facetas del juego, la baja producción de Parker y Ginóbili acabó conspirando en contra de sus aspiraciones. Mientras el francés estuvo fallando tiros relativamente cómodos en toda la serie (acabó encestando apenas 36%), el argentino jugaba de manera muy dubitativa, de manera tal que Popovich acabó sacándolo de la rotación en los momentos claves, como por ejemplo en los cinco minutos finales de anoche. Manu apenas promedió 8.0 puntos en toda la serie, siendo que hasta el año pasado su promedio histórico en playoffs era de 18.0.

Sin dudas, Tim Duncan fue el mejor jugador de San Antonio, siendo capaz de jugar y rendir a un máximo nivel por 35 minutos a sus 39 años de edad. Ya casi ni puede correr, pero la calidad y la inteligencia siguen tremendamente intactas. Anoche completó su cuarta doble decena en la serie con 27 puntos y 11 rebotes, recordando mucho al Duncan de principios de la década anterior. Y tuvo que ser así debido a la mencionada inconsistencia de algunos de sus jugadores, que obligó a que jugadores como Duncan o Leonard tuvieran que permanecer en la pista hasta 40 minutos, como ocurrió en algún momento de esta eliminatoria.

Al final, se registraron cuatro triunfos visitantes y apenas tres locales en esta serie, aunque dos de ellos fueron de los Clippers, quienes necesitaban un triunfo de esta categoría que les permitiera dar un salto cualitativo. El esfuerzo, el sufrimiento y las lágrimas de Paul al final del juego de anoche así lo reflejaban. Quizás la victoria más grande en la historia de los Clippers, quienes ya han superado dos 'Game 7' bajo la dirección técnica de Doc Rivers y ahora se preparan para disputar la semifinal de conferencia frente a los Houston Rockets, mientras que los Spurs se despiden en primera ronda, con lo que oficialmente habrá un nuevo campeón este año. Aunque en el caso de estos últimos no es solo una eliminación, la edad de Duncan y Ginóbili y sus situaciones contractuales invitan a especular que podría llegar el final de un ciclo. Veremos si eso ocurre o dicho núcleo se mantiene al menos un año más.

viernes, 17 de abril de 2015

Apuntes de NBA (Previo a los Playoffs)

En vísperas del comienzo de la postemporada, una serie de consideraciones sobre los equipos clasificados a las eliminatorias por el título y algunas cosas que dejó el cierre de la fase regular.

Comencemos por los mejores clasificados. En el Oeste, los Golden State Warriors instauraron una marca de franquicia con sus 67 victorias -mejor balance de toda la liga- además de firmar un impresionante 39-2 jugando en su pabellón. Anotaron como ningún otro equipo en la liga (110 puntos por partido), encestaron y seguirán encestando triples a mansalva (39.8% de efectividad, 1° en la liga), su máxima estrella Stephen Curry batió su propio récord de triples convertidos en una temporada con 286, una de tantas razones para ser considerado como MVP de la temporada, al mismo tiempo en que comparte el balón con Klay Thompson, Draymond Green, Harrison Barnes y el resto del equipo. Divertirse con la naranja parece ser la consigna, así al menos se refleja en la alegría que inspiran al rotar la pelota hasta encontrar el tiro más cómodo posible. Todo muy fluido, todo muy estético y todo muy bien hasta acá. ¿Qué podría hacer dudar de los Warriors como contendientes al título? quizás la tremenda expectativa que pueda generar la ventaja de localía o bien las decisiones de Steve Kerr que, por muy bien que vaya, es un coach novato. Y la novatez podría ser factor en algún momento, ya sea para bien o para mal.

Igualmente de colectiva es la filosofía por la que se mueven los Atlanta Hawks, quienes con 60 victorias aseguraron el primer lugar en el Este. Ganaron 22 partidos más respecto al año pasado, un signo de enorme progreso del conjunto dirigido por Mike Budenholzer. Y es aún más interesante si consideramos que este equipo apenas cambió a cinco jugadores respecto del plantel de la liga pasada. Es tal la influencia 'Spur' de su coach que tiene a seis jugadores promediando 10 o más puntos por partido, aunque igualmente hay elementos sobresalientes. Al Horford se consagra como uno de los mejores jugadores internos en toda la competición, Jeff Teague juega con mucho más criterio y Kyle Korver vive quizás la mejor etapa en toda su trayectoria en la NBA. Encima, han crecido como equipo defensivo situándose dentro de los siete mejores en puntos permitidos y porcentaje de aciertos a los contrarios (97.1 y 43.9% respectivamente). Veremos si el contexto de jugar en playoffs, siendo un equipo protagonista -y no sorpresa, como el año pasado- teniendo la ventaja de jugar primero en casa genera algún cambio en la conducta de este equipo que luce muy bien trabajado.

Hablemos de equipos enrachados. Cleveland Cavaliers y San Antonio Spurs entran a los playoffs en muy buena forma, teniendo a todos sus jugadores saludables, rindiendo muy bien en cada una de sus rotaciones lo que ha derivado en provechosas victorias. Los Cavs cerraron la etapa regular ganando 15 de 20 puntos, permitiendoles tener la segunda mejor marca en el Este. Lebron James (25.3 puntos, 6.0 rebotes, 7.4 asistencias) ya tiene las riendas del equipo en la pista, Kyrie Irving ya no absorbe tanto la pelota como en los primeros dos meses de competición, Kevin Love ha encontrado su lugar lentamente, mientras que los jugadores que llegaron en enero mediante traspasos encajaron perfectamente. Mozgov es toda una garantía bajo el aro y J.R. Smith genera un impacto positivo en cada intervención suya. La curva ascendente de este equipo es clara y esa curva intentarán sostener en su intención de poder pelear por el campeonato.

Los Spurs cerraron igual de bien que Cleveland, ganando 14 de 16 partidos pero acabaron siendo víctimas del loco y salvaje Oeste, y fue así como la derrota en la última jornada en casa de New Orleans Pelicans les costó caer del segundo al sexto puesto en la clasificación. La tropa comandada por Gregg Popovich encontró su ritmo en el momento adecuado, su nivel se asemeja a aquel baloncesto sublime expresado en junio de 2014, pero el hecho de comenzar como visitantes su serie frente a los Clippers de Los Angeles podría ser un factor perjudicial en sus aspiraciones al bicampeonato. No porque no tengan capacidad, sino porque la localía suele ser crucial en estas series de postemporada. Sólo para tener una referencia: el último equipo que logró ser campeón tras haber clasificado bajo el cuarto puesto fueron los Houston Rockets de 1995, quienes entraron sextos a esos playoffs. Ya pasaron casi 20 años de aquel hito.

San Antonio perdió en la noche del miércoles frente a los Pelicans y estos a su vez lograron adjudicarse el último puesto de clasificación en el Oeste, superando en el desempate al Oklahoma City Thunder con quienes compartían la misma marca (45-37). Un hecho que vincula a ambos equipos y que tuvo mucho que ver con este desenlace se remonta al pasado 6 de febrero, cuando se enfrentaron en Oklahoma. Un inusual triple de Anthony Davis en la última jugada del partido terminó sellando ese duelo a favor de los Pellies y ese triunfo a domicilio de New Orleans terminó inclinando la balanza a su favor en este desempate, haciendo inútil el descomunal esfuerzo de Russell Westbrook con sus 11 triples decenas y 10 partidos de 40 ó más puntos. Finalmente, no alcanzó para jugar la postemporada y Russell, quien finalizó la liga con el mejor promedio de puntos (28.1) deberá mirar el resto del torneo por televisión. Tanto nadar para morir en la orilla y tanta gesta heroica para terminar sin recompensa. Ningún premio individual podrá consolar a Westbrook, como él mismo manifestó al conocer la eliminación de su equipo.

Para tener claro quien jugará contra quién y no perder detalle alguno, estos serán los duelos de playoffs en primera ronda.

Conferencia Este
Atlanta Hawks vs Brooklyn Nets (ATL 4-0 en temporada regular)
Cleveland Cavaliers vs Boston Celtics (2-2 en temporada regular)
Chicago Bulls vs Milwaukee Bucks (CHI 3-1 en temporada regular)
Toronto Raptors vs Washington Wizards (TOR 3-0 en temporada regular)

Conferencia Oeste
Golden State Warriors vs New Orleans Pelicans (GS 3-1 en temporada regular)
Houston Rockets vs Dallas Mavericks (HOU 3-1 en temporada regular)
Los Angeles Clippers vs San Antonio Spurs (2-2 en temporada regular)
Portland Trail Blazers vs Memphis Grizzlies (MEM 4-0 en temporada regular)

lunes, 13 de abril de 2015

Reyes sin corona


El jueves pasado ocurrió en hecho poco común en la NHL. En aquel día, los Kings de Los Angeles perdieron por 3-1 frente a los Calgary Flames, quedando eliminados de la postemporada y sin derecho de defender la Stanley Cup ganada el año pasado. Campeón defensor eliminado en la etapa regular, algo que sucedió por apenas quinta ocasión en los últimos 50 años, aunque tres de ellos han sido dentro de los últimos 20. Antes de estos Kings, los equipos que ocuparon ese dudoso honor fueron: Toronto Maple Leafs en 1968, Montreal Canadiens en 1970, New Jersey Devils en 1996 y Carolina Hurricanes en 2007.

Esto es algo muy poco visto, usualmente los campeones son equipos que logran hilvanar varias campañas positivas con sucesivas clasificaciones a los playoffs, algo que bien pudiera haber ocurrido con los Kings, quienes casi no hicieron cambios en su plantilla respecto a la temporada pasada. Pero la irregularidad fue algo que los caracterizó desde el primer mes de liga, sin tener consistencia alguna y pasando por varios ciclos negativos. Fue así como no alcanzaron el 50% de victorias (40 de 82), terminando la competición con un registro de 40 triunfos, 27 derrotas y 15 caídas en tiempo extra, totalizando 95 puntos los cuales fueron insuficientes para la clasificación. Ni siquiera en la recta final pudieron establecer una buena racha. Al contrario, acabaron perdiendo cuatro de sus últimos siete encuentros.

Lo peor del caso es que a partir de ahora, los Kings deberán enfrentar complejas situaciones contractuales de varios miembros de su plantel. Justin Williams, otrora ganador del trofeo Conn Smythe, finaliza su contrato al igual que Jarrett Stoll y la joven promesa Tyler Toffoli. Además, uno de sus principales elementos, Anze Kopitar, quedará como agente libre dentro de un año, por lo que bien podría explorar otros horizontes. Dura realidad y difícil de entender en Los Angeles. En menos de un año, pasaron de ser campeones a quedar fuera de la postemporada y con una tremenda incertidumbre respecto a su futuro.

Playoffs: Ducks y Rangers parten como favoritos

Este miércoles 15 comenzarán las eliminatorias por el título de la Stanley Cup. Cuatro rondas, al mejor de siete juegos cada una, para determinar al nuevo monarca del hockey sobre hielo, manteniendo el formato establecido el año pasado, enfrentando a rivales divisionales en las primeras dos fases, para luego derivar en las finales de conferencia y en la serie por la copa. En el Este, New York Rangers (113 puntos) y Montreal Canadiens (110 puntos) clasificaron en primer lugar de sus respectivas zonas, mientras que en el Oeste, Anaheim Ducks y St. Louis Blues (109 puntos cada uno) se adjudicaron el primer lugar en sus divisiones. Los duelos correspondientes a la primera etapa serán los siguientes:

Conferencia Este
New York Rangers vs Pittsburgh Penguins (NYR 3-1 en temporada regular)
Montreal Canadiens vs Ottawa Senators (OTT 3-0 en temporada regular)
Tampa Bay Lightning vs Detroit Red Wings (TB 3-1 en temporada regular)
Washington Capitals vs New York Islanders (2-2 en temporada regular)

Conferencia Oeste
Anaheim Ducks vs Winnipeg Jets (ANA 3-0 en temporada regular)
St. Louis Blues vs Minnesota Wild (2-2 en temporada regular)
Vancouver Canucks vs Calgary Flames (2-2 en temporada regular)
Nashville Predators vs Chicago Blackhawks (CHI 3-1 en temporada regular)

lunes, 30 de marzo de 2015

El riesgo de las conmociones

Hace un par de semanas, Chris Borland sorprendía a todos al anunciar su retiro de la NFL a sus 24 años de edad y después de haber disputado su primera temporada como profesional. La razón: el miedo a los efectos que pueden causar los reiterados golpes en la cabeza que sufren los jugadores de fútbol americano. Difícil de entender para el común de la gente, que un deportista de alta competencia con mucho potencial y tras una prometedor debut decida alejarse de su actividad y con ello, prescindir de un contrato de cuatro años con un valor superior a los tres millones de dólares. Si intentamos comprender el punto de vista del jugador, podría ser mucho más comprensible esta decisión. El fútbol americano es esencialmente un deporte de colisión que conlleva, entre otros golpes, conmociones cerebrales que a futuro pueden generar síntomas tan delicados como falta de concentración, perdida de memoria, depresión y hasta demencia.

Las conmociones siempre han existido en este juego, aunque la NFL comenzó a tomar cartas en el asunto solo hace algunos años, luego que se revelaran casos de ex jugadores como Ray Easterling, Dave Duerson y Junior Seau quienes tras sus fallecimientos, se diagnosticó que sufrían de encefalopatía traumática crónica, lo que incluso generó una demanda. Resulta curioso, por decir lo menos, que dentro de la liga no haya existido una real conciencia sobre los golpes a la cabeza. Es más, Sidney Rice, campeón del Super Bowl XLVIII con los Seattle Seahawks y retirado hace un año, declaró en su momento: "Desafortunadamente no fui educado lo suficiente sobre lo que generan las conmociones cerebrales. Los estudios médicos serán de gran ayuda y tal vez puedan prevenirlo".

Los estudios a los que aludía Rice, quien se retiró a los 27 años de edad, tienen que ver con el cerebro y como reacciona frente a reiterados golpes en la cabeza. Dentro de las conclusiones que se han sacado, se estima que un jugador de fútbol americano, a través de su carrera, puede sufrir alrededor de 19 conmociones cerebrales. La reciente conciencia que están generando estas lesiones y la calidad de vida después de concluir sus carreras en los emparrillados son razones por las que varios jugadores están cuestionando si realmente vale la pena exponer su físico, como bien comentaba Borland cuando anunció su retiro el pasado 16 de marzo: "Pensé en lo que podía lograr en el fútbol americano, pero cuando lees sobre Webster, Duerson y Easterling, y para ser el tipo de jugador que me gustaría ser creo que tendría aceptar algunos riesgos que como persona no quiero asumirlos".

De parte de la liga, el vicepresidente del departamento de salud y seguridad, Jeff Miller, argumenta que "el fútbol americano nunca ha estado más seguro como ahora". Quizás en cuanto a las reglas que protegen a los jugadores, pero lo concreto es que el riesgo y las consecuencias de estas conmociones aún se están estudiando y todavía no existe plena conciencia sobre el impacto que causa en los jugadores, tal como declaraba Rice y además, no se debe ignorar que en la actualidad los jugadores de la NFL corren a una velocidad sospechosamente alta, lo que da para pensar sobre el consumo de sustancias y si es que existe alguna clase de control sobre las mismas. Estos factores han impulsado a que valiosos jugadores como Borland decidan dar un paso al costado. Y mientras no exista un pleno diagnóstico sobre estas lesiones, es posible que más jóvenes promesas al menos cuestionen el hecho de ejercer una carrera jugando con cascos y hombreras.