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domingo, 23 de junio de 2019

St. Louis Blues: del infierno al cielo (en pocos meses)


por Claudio Jorquera
Twitter: @chonet

El 3 de octubre de 2018 se dio inicio a la centésimo primera temporada de juego de la National Hockey League. El 6 de abril recién pasado terminó la extensa temporada regular de 82 partidos para cada una de las 31 franquicias. Exactamente 186 días. Casi a mitad de camino (92 días), un modesto equipo de la Conferencia Oeste ocupaba el último lugar en exclusivo de su división, de la conferencia, y de toda la NHL: St. Louis Blues.

El equipo de la Fusa estaba en el sótano de la NHL con apenas 34 puntos, un poco más de la mitad de los Super-Tampa Bay Lightning, quienes anticipadamente se quedaron con Presidents' Trophy, que premia al equipo con más puntos en la temporada regular. Además, contaban con un entrenador interno, Craig Berube, un canadiense undrafted ex Flyers y Capitals, quién acumuló más de 3.000 minutos de penalidad en sus 17 años de carrera (top 10 en toda la historia de la NHL). Justamente los Flyers le dieron su primera oportunidad de dirigir un equipo, llegando a los Playoffs en su primera temporada, pero terminando despedido el año siguiente.

Berube estaba trabajando en uno de los equipos afiliados de los Blues, los Chicago Wolves (AHL). En noviembre pasado, cuando la crisis en St. Louis era total, el General Manager Doug Armstrong despidió a Mike Yeo y le entregó el fierro caliente al nativo de Alberta. Luego de un comienzo muy irregular entre noviembre y diciembre, que lo mantuvo en el sótano divisional, logró despegar entre enero y febrero al encadenar una racha de 11 triunfos consecutivos. Remató la temporada regular ganando 8 de los últimos 10, para quedarse con el 3er lugar de la División Central, alcanzando los 99 puntos.

El estilo de Berube es franco y directo. No tenía tiempo para esperar, debía actuar.  Y dejó su marca de inmediato. Sin paciencia. Cuando veía que su arquero Jake Allen hacía agua, no tuvo problemas para sentarlo en la banca y darle la oportunidad a Jordan Binnington, de apenas 25 años. El muchacho de Ontario, que apenas había jugado sólo un partido en 2015-16, se adueñó de la portería y jugó 30 de los últimos 45 partidos, permitiendo menos de dos goles por encuentro y salvando casi el 93% de los lanzamientos a portería.


La expansión del 67

En los años 60, la NHL vivía momentos de incertidumbre, ante la tozuda actitud de no salir de los famosos Original Six, los seis equipos que sentaron las bases de la NHL moderna y que le dieron estabilidad por casi un cuarto de siglo. Los temas asociados a los contratos televisivos, la negativa a adaptar los horarios de comienzo de los partidos, la ausencia de una expansión a la costa Oeste y a otra grandes ciudades del Este , junto con el crecimiento de la Western Hockey League, obligó a los dueños a cambiar de opinión. Esto dio pie a un crecimiento de la liga con 6 equipos nuevos para la temporada 67-68.

Los Blues fueron parte de esta nueva camada de equipos que hizo crecer a la NHL a toda Norteamérica. Y no les fue mal. Consiguieron llegar a la Stanley Cup Final en sus tres primeras temporadas, aunque fueron barridos en todos los partidos, primero ante los Canadiens y luego por partida doble ante los Bruins, con aquel gran equipo de Bobby Orr y Phil Esposito, entre otros.

St. Louis ha sido un permanente animador de los Playoffs de la NHL. Han conseguido llegar a la postemporada en 42 de sus 52 temporadas, más que ningún otro equipo de expansión. Pero, luego de 49 años, han sido el último equipo de aquella expansión en lograr su tan ansiado título (Flyers en 1974, Penguins en 1991, North Stars-Stars-Seals en 1999 y el más reciente, Kings en 2012).

Buscando la Copa

Como tercer sembrado divisional, los Blues debieron enfrentar al segundo lugar de su misma división, los Winnipeg Jets. Un equipo muy competitivo que no tuvo una temporada fabulosa como la anterior, donde terminaron perdiendo por 1-4 las finales de Conferencia ante los nuevos Vegas Golden Knights.

Esta primera ronda fue bastante atípica, ya que los primeros cinco partidos fueron a favor de los visitantes, hecho que no se daba desde 2004. Un hat-trick del alero izquierdo Jaden Schwartz le dio el triunfo a los Blues en una serie, luego de dos temporadas. Cuando todo hacía pensar que sería Nashville el rival en la siguiente ronda, finalmente sería Dallas, un rival archiconocido en Semifinales de Conferencia. Los Stars dieron la sorpresa en la ronda previa, venciendo por 4-2. Los Blues comenzaron fuerte e imponiéndose en casa con dos goles del alero derecho, Vladimir Tarasenko. En el sexto partido, Dallas llegó con la primera opción para avanzar, ya que estaban en casa con ventaja de 3-2 en la serie. Una espectacular actuación del joven Binnington, junto con los aportes goleadores de dos grandes figuras como Perron y Pietrangelo, evitaron la eliminación.

Dos días después, en el Enterprise Center hecho una caldera, los Blues aseguraron su pase a Semifinales en el sexto minuto del segundo overtime, gracias a una anotación de Patrick Maroon, quién tomó el rebote luego de una tapada de Ben Bishop a un lanzamiento de Robert Thomas. Monumental lo de Bishop, quién sufrió un bombardeo de 54 lanzamientos a puerta y épico lo de Maroon, quién es un nativo de St. Louis.

El sueño de la primera Stanley Cup para la ciudad se hizo cada día más posible. El rival, los Sharks, que venían de otra serie a siete partidos frente al Colorado Avalanche. En su último enfrentamiento en Playoffs (2016), San Jose había pasado a la Stanley Cup, que finalmente terminaron perdiendo contra los Penguins de Crosby, Malkin y compañía.

Todo comenzó mal en el SAP Center, porque los locales se llevaron el triunfo por 6-3. Dos días después, sacaron un importante triunfo de visita por 4-2. El partido 3, ya en casa, fue altamente dramático, porque los Blues lograron remontar un 0-2 y un 1-3 en contra, para ponerse en ventaja. por 4-3. Quedando menos de 2 minutos, y los Sharks jugando sin portero, el goleador Jaden Schartz falló en anotar el gol del triunfo estando la portería vacía. Tras cartón, en una confusa jugada, los Sharks lograrían el gol del empate. Overtime, y apareció el veterano Erik Karlsson para dar el triunfo a San Jose, para liderar 2-1 la serie. Gol altamente polémico, porque se reclamó un pase apoyado con la mano en la jugada previa del suizo Timo (y no es broma) Meier.

Al parecer el polémico gol fue el impulso que necesitaban los Blues para ir a buscar la serie. Se llevarían los siguientes 3 partidos, dos por goleada, recibiendo apenas dos goles. 2-1 en casa, luego un 5-0 en el SAP y un 5-1 final en casa. 4 de los 12 goles fueron anotados en power play, un 33% muy superior al 20% de la liga durante la temporada regular.


La Final

Carnaval en St. Louis. Primera final en 49 años.

El Rival: Boston Bruins. Esta final Boston-St. Louis se convertiría en el undécimo enfrentamiento entre ambas ciudades, considerando las cuatro ligas principales. Y claro, es la única pareja de ciudades que han tenido finales en esos cuatro deportes. Los últimos enfrentamientos habían sido en las World Series de 2013, con triunfo de Boston. También los Red Sox consiguieron la victoria en 2004, terminando con su racha de 86 años sin celebrar. El otro enfrentamiento en este siglo, fue en el Super Bowl XXXVI de 2002, donde un tal Tom Brady se quedaba con su primer título de liga con los New England Patriots ante unos St. Louis Rams inmensamente favoritos.

En primera ronda de Playoffs, casi quedaron fuera contra el sufrido equipo de los Maple Leafs. Tuvieron que ir al Scotiabank Arena a ganar el sexto partido, partido de eliminación. Finalmente, remataron a Toronto con un 5-1 contundente, el 23 de Abril.

Luego los Bruins enfrentaron a los Blue Jackets, que clasificaron como segundo comodín, y ¡barrieron en cuatro partidos! a los Campeones de la Temporada Regular Tampa Bay Lightning. Luego de un triunfo en overtime en el primer partido, los de Columbus, se llevaron los dos siguientes partidos, y el fantasma de la eliminación al favorito se aparecía en el TD Garden. Pero Pastrnak, Bergeron, Krejci y el portero Rask se encargaron de borrar al equipo azul e imponerse por 4-2 en la serie.

En las semifinales, enfrentarían a los poderosos los Carolina Hurricanes, quienes habían bajado a los campeones Capitals en 7 partidos. 17 a 5 fue el marcador acumulado en los 4 partidos. Una barrida que no estaba en los cálculos de nadie. 109 salvadas y 4 períodos completos sin recibir gol tuvo el fenomenal Tuuka Rask. Primera final en seis años para los Bruins. Previo al título de 2011, los Bruins habían perdido 5 finales seguidas. Nos tenermos que remontar a 1971-72 para encontrar otra final ganadora para el equipo amarillo.

La final tuvo de todo: siete partidos y muchas goleadas. Los primeros cuatro partidos se repartieron uno tras otro. El primero, en Boston, fue con remontada incluída, un 2-0 de Blues, que olvidaron anotar en 39 minutos y dejaron que los Bruins ganaran con 4 goles consecutivos. En el segundo partido, ambos equipos se olvidaron de anotar en el 2do y 3er período. Fue un 2-2 que se rompió en el amanecer del Overtime con un palazo de Carl Gunnarson, quien anotaría su primer y único gol en estos Playoffs. Este partido, en mi opinión personal, fue la muestra más clara que los Blues realmente iban por la Copa y no serían comparsas. Tenemos la prueba de las 34 salvadas de Rask en ese partido.

Retorno al Entreprise Center, y Boston mostró todas sus armas. Goleada por 7-2, siete anotadores diferentes y la friolera de 4 goles en Powerplay (7 intentos). Berube sacó al joven Binnington e hizo jugar a Jake Allen, quien no ocupaba la portería en casa desde el 7 de enero, con el equipo en plena crisis. Los Bruins entraban al 4to partido con la posibilidad de romper la tendencia, pero se encontraron con un gol de camarín de Ryan O’Reilly. En la mitad final del último período se rompió el 2-2, con un gol del mismo O’Reilly y el final de Schenn con la portería vacía.

Los Blues rompieron la tendencia. Llegaron al TD Garden a buscar el triunfo que les podría dar la posibilidad de llevarse la copa en casa. Nuevamente fue Ryan O’Reilly quién abriría la senda para el equipo de la Fusa. Cuando Boston iba con todo en busca del empate, las polémicas. Primero, un no goal de Pastrnak, que intentó meter el puck y a Binnington dentro del arco con su stick y luego, el 2-0 de David Perron fue ensombrecido por un posible foul no cobrado en la jugada previa (un tripping) de Tyler Bozak a Noel Acciari. El gol final de DeBrusk no fue suficiente.

Cuando la fiesta estaba lista en St. Louis para celebrar la copa, Boston nuevamente mostró todo su poderío ofensivo y se llevó el triunfo por 5-1. Cuatro goles en el último período fueron demasiado para los locales.

Nuevo intento de fiesta en Boston, para el séptimo y último partido de la temporada. Pero fue Ryan O’Reilly el que abriría el sendero para la consagración de los Blues, desviando un misil del defensa Jay Bouwmeester. El capitán Alex Pietrangelo anotaría en los últimos 10 segundos del primer período, gracias a una enorme asistencia del zurdo Jaden Schwartz quien, en jugada de contra, hizo una pared contra la pared. Esto no es broma.

Luego de un segundo período sin goles, vendría la lápida de los Blues, con goles de Schenn y de Zach Sanford, otro que anotaría su único gol, habiendo estado apenas 80 minutos en el hielo durante todos los Playoffs. Fue el jugador de campo que menos minutos jugó en toda la fase final de la NHL para los campeones. La jugada previa de David Perron para ese gol final, fue extraordinaria. Eludió a tres rivales y le dejó el puck servido al joven left wing de 24 años nacido en… Massachusetts.

Nuevo campeón en la NHL. Ryan O’Reilly sería premiado con el Conn Smythe Trophy como el jugador más valioso de los Playoffs y Alex Pietrangelo recibió la mítica y eterna Stanley Cup para acreditar su primer título de liga.

¡Nos vemos en la próxima temporada!

Claudio Jorquera es columnista invitado en Gringo Sports. Es uno de los responsables de NFL Chile, siendo uno de los comentaristas en el podcast de aquel sitio. Además, contribuye para Spanish Bowl.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Eastern Coast Trip (IV)


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Brooklyn / 1 de noviembre, 2018. Cuarto partido de la gira, tocaba tomar el metro y dirigirse hasta la estación Atlantic Avenue, la cual deja a metros del Barclays Center. Es verdad eso que dicen del metro neoyorquino. Es sucio por dentro, pero funciona bien. Eso sí, hay que hacer los viajes con tiempo. A veces, el metro tardaba en pasar y pueden darse contratiempos. Lo bueno es que las señalizaciones están claras, en cuanto a las estaciones, líneas y colores del metro. Desde 33rd Street me dirigí a Brooklyn, en un recorrido que me habrá tomado una media hora. Apenas salí, caminé un poco en un barrio que en apariencia es mucho más tranquilo que Times Square y al entrar por Atlantic Avenue, encontré un tremendo edificio con una creativa fachada. Era el Barclays Center, el estadio que comparten los Brooklyn Nets y los New York Islanders. Ahí era el destino y el cuento de este día era ver hockey sobre hielo de la NHL, donde los Pittsburgh Penguins visitaban a los Isles.

Antes del estadio, recorrí los alrededores y pasé a comer a un local muy cercano al Barclays. Mucha tranquilidad en el ambiente y mucha música Rythm and Blues y/o Hip Hop. Muy urbano, me gustó ese entorno. Mientras almorzaba veía por las pantallas: en una, un panel de discusión sobre los Nets en Yes Network y en otra, NBA TV repetía el partido de la noche anterior entre los Timberwolves y el Jazz, donde Derrick Rose convirtió 50 puntos. Hasta pegó un lagrimeo el buen Rose después del partido. El cielo estaba nublado y el aire bien fresco, aún había tiempo por lo que me tomé con mucha calma el almuerzo. Porción engañosamente pequeña de fettuccini, no comí más hasta la noche. Pasada las 5 de la tarde comencé a caminar hasta llegar al estadio. Estaban comenzando a llegar algunos fanáticos. Fuera del estadio ya noté que predominaban los visitantes. Muchos Penguins, varios con camisetas del ídolo Sidney Crosby, algunos con camisetas de Evgeni Malkin y los más retro usaban la # 66 de Mario Lemieux. Todo en tonos negro, amarillo y blanco.

Roberto Abramowitz, un neoyorquino puro que tiene varios años de trayectoria como narrador deportivo, me alertó que los Islanders no llenaban su cancha. Tenía razón Robert, aparte de no llenar, los Isles tienen una afición pequeña y algo callada. Las camisetas Islanders se confundían con la gente de Pittsburgh, más algunos extranjeros. Habían personas con camisetas de la selección de Suecia. Algo lógico, el hockey se juega mucho en países nórdicos, los cuales aportan con una buena cantidad de jugadores para la NHL. Se abrieron las puertas a las 6 de la tarde, el acceso fue tan tranquilo como el ambiente de todo el partido. De todos los partidos que asistí, este fue sin duda el de ambiente más calmado. En los pasillos estaba Sparky, la mascota de los Islanders que se tomaba fotos con cuanta persona se acercara. Sus colores naranja y azul le daban una presencia algo curiosa, por decir lo menos. Entré a la cancha y mi primera vista es a la pista, que brillaba con el hielo, el cual lo pulían en zamboni en cada intervalo del partido.

Barclays Center es un estadio inaugurado en 2012 y se nota que es relativamente nuevo. Aparte de su construcción, los accesos son muy amplios por dentro y las butacas son muy cómodas. Encima, como predomina el negro dentro del estadio, ese oscuro detalle le da un toque bien especial. Muy Brooklyn, seguro. Ya se acerca el partido, la presentación fue muy formal. El hockey no tiene mucho show como sí pude ver en la NBA. Los jugadores de los Islanders eran todos aplaudidos por igual, no había predilección por nadie en específico. Pero cuando presentaron a los Penguins, Malkin y sobre todo Crosby, recibieron abucheos masivos. Para bien o para mal, parece que todos fuimos a ver a Sidney Crosby. Antes del faceoff y a propósito de la tragedia que había ocurrido en Pittsburgh casi una semana antes, hubo un momento de silencio en la pista. Silencio, tal cual. Nada de bromas. Mientras tanto, en la pantalla aparecía el lema "Stronger Than Hate". Sensato mensaje.

Hora de jugar. Los Islanders presionaban de entrada y el arquero Matt Murray tuvo que intervenir mucho. Los Pinguinos no atacaban, hasta su primera situación de power play donde abrieron el marcador. Dominik Simon recibió el puck y apuntó de una al arco. Golazo, 1-0. Con poco, los Pens lograban marcar diferencias. Son realmente buenos. El hockey no es un deporte masivo en comparación al fútbol americano o el béisbol, pero ver un partido de la NHL puede ser muy entretenido. Atletas que se desplazan a toda velocidad sobre el hielo, usando casco y protecciones y tratando de impactar el puck con un bastón. Por cierto, este encuentro me sirvió para derribar el mito ese que el puck no se distingue in situ. Falso, el disco se ve muy claro y se oye fuerte cuando un jugador lo impacta. Aparte, se aprecia cuando hacen sustituciones en pleno partido. A veces, los dos equipos cambian al mismo tiempo.

Volvamos al partido. Segundo período, los Penguins tenían todo controlado hasta que Josh Bailey quedó mano a mano con Murray y definió con mucha calma. Por fin hubo gritos locales, era gol para los Islanders. 1-1 y el partido se ponía bien interesante. En una esquina, se veían bien inocentes unos fanáticos Islanders que metían ruido y tocaban tambores, tratando de animar. Nunca lograron su cometido. Los Penguins gritaban mucho al principio, pero poco a poco se fueron silenciando. Un par de amagos de pelea en la pista subieron un poco los ánimos, pero no fueron más que insinuaciones. En verdad, el juego era bastante limpio. Con los años, la NHL ha limitado mucho la violencia en los partidos. No sé si personajes como Scott Stevens o Rob Blake tendrían cabida en el juego actual.

Último período y en cuestión de tres minutos, se movió el marcador dos veces. Hubo éxtasis cuando los Isles tomaron la ventaja, con gol de Anders Lee tras una sucesión de varios pases. Apenas pudieron disfrutar ese 2-1 parcial, ya que los Penguins aprovecharon otro power play para anotar. Gol de Malkin y volvieron a gritar los fanáticos Pens, quienes creían que podían llevarse el juego. De hecho, Pittsburgh jugaba mejor a esa altura. Hasta hubo tiros en los palos durante el tercer período. Pero el empate no se rompió y los 60 minutos reglamentarios acabaron 2-2. Había que jugar cinco minutos más y de acuerdo a las reglas del overtime en temporada regular, había que jugar tres contra tres. Pista abierta para la definición.

El tiempo adicional se resume en una jugada: contra ataque de los Penguins, Crosby se lleva el puck desde su propia zona y se va solo hasta a enfrentar a Thomas Greiss. Todos de pie presenciamos como Greiss se la jugó tirandose al hielo y en el acto, estiró su bastón para sacarle el disco a Crosby cuando buscaba amagar para sacar el tiro. Jugadón del arquero Islander, se llevó una ovación cerrada. Luego, casi en el final de la prórroga, Reiss se lució otra vez con una Glove Save. Se había convertido en figura, salvó el empate y el ganador tenía que definirse por penales o como bien se dice en la NHL, Shootout.

En la definición fallaron todos, Crosby incluido, con excepción de Bailey quien convirtió el último tiro de New York y fue suficiente para ganar el partido. Triunfo de los Islanders y su escasa afición sonreía respetuosamente, sin nada de burlas a la masa Penguin. Ya habían vencido a domicilio hace un par de días y ahora, volvían a hacerlo en su pista. Triunfos importantes, ya que estos equipos disputan el primer lugar de su división. Debo decirlo, fui a ver a Crosby pero terminé aplaudiendo a Greiss, quien fue premiado al final como el First Star del partido. Sus atajadas, aparte de útiles fueron espectaculares. Una experiencia muy agradable, viendo en acción a dos de los buenos equipos de la NHL disputarse un partido que llegó hasta la última instancia.

Debido a la prolongación del juego, todo acabó después de las 10 de la noche. Todo en orden y en calma, mucha gente al igual que yo tomando el metro de regreso a New York. Más tarde, pasé a comer a un local en Madison Avenue, que tenía varios partidos sintonizados. Me puse a ver NBA, Blazers contra Pelicans. Antes de la mitad, los Blazers ya tenían 70 puntos. Al sujeto que estaba sentado al lado mío parece que no le gustaba mucho partido ."There's no defense right now in the NBA", exclamaba con molestia antes de seguir hablando con el bartender sobre como y por quién apostar en los partidos de fútbol americano. En otra pantalla, había NFL: un chiste de partido, donde los 49ers se pasearon a los Raiders con un tal Nick Mullens jugando de mariscal en San Francisco. Un poco más lejos, había otro partido de hockey: los Rangers derrotando a los Ducks por penales, tal como en el partido que había presenciado hace poco.

Volví a engancharme con el basket. Mientras los Blazers llegaban a 132 puntos, en la parte baja de la pantalla pasaban noticias. Una de esas: "James Harden, doubtful for friday vs Nets". Me detuve en ese momento. Sabia que al día siguiente había basket en Brooklyn y al ver esa noticia pensé, si Harden no juega quizás haya gente que deje sus entradas o tal vez bajen un poco los precios. Supuestamente, el hockey iba a ser mi último partido. De pronto, me entró el apetito por un quinto partido. El jueves anduvo bien con el hockey en vivo, pero el viernes podría estar mejor. Se abrió la chance de un partido más en la gira.


Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

lunes, 11 de junio de 2018

El momento de gloria para Ovechkin y los Capitals


por Claudio Jorquera
Twitter: @chonet

Reanudando la tradición “quebrada” el año pasado por los Pittsburgh Penguins, los Washington Capitals reiniciaron la alternancia de equipos campeones en la National Hockey League (NHL), al alzarse con su primera Stanley Cup, al imponerse al equipo de expansión de Las Vegas, los Golden Knights, por cuatro partidos contra uno.

La historia de los Capitals

La franquicia capitalina, inició sus actividades en la temporada 1974-75, junto con los Kansas City Scouts (los ahora New Jersey Devils). Tuvieron que pasar nueve temporadas para conseguir su primera clasificación en la antigua División Patrick y 24 para acercarse por primera vez al título, final que perdieron frente a los DetroIt Red Wings, aquel mítico equipo de finales de los ‘90s, comandado desde la banca por el ilustre Scotty Bowman y desde la cancha por históricos como Sergei Fedorov, Steve Yzerman, Nicklas Lidstrom y el portero Chris Osgood. Fueron los últimos bicampeones antes de los Penguins 2016-17.

4-0 fue el resultado en aquella final. Luego de esa barrida, Washington siguió siendo permanente animador de los Playoffs, pero sin una figura que fuera el referente y sea capaz de llevar a la franquicia a una nueva dimensión. El cambio que empezó a cimentar el logro de 2018 se produciría en 2004, cuando seleccionaron al Left Wing Alexander Ovechkin con el número uno en el Draft, que se llevó a cabo en Raleigh, Carolina del Norte. El ruso, proveniente del Dínamo de Moscú era, sin lugar a dudas, el mejor prospecto de esa generación y ya en su momento suponía ser un jugador diferente, que marcaría una época.


Comienza la era Ovi

Pero no fue fácil el comienzo de The Great Eight. La temporada 2004-2005 fue cancelada por un paro de jugadores, por lo que la estrella rusa debutaría en 2005-2006, que también vería comenzar su periplo a otro de los jugadores que han marcado una época en la NHL, el canadiense Sidney Crosby, tres veces campeón de liga con los Pittsburgh Penguins.

Dos campañas regulares sin playoffs no fueron impedimento para que Ovi demostrara todas sus virtudes. Casi 100 goles y 100 asistencias en 163 partidos fueron suficientes para posicionarlo como uno de los mejores jugadores del mundo.

Los playoffs llegaron en la temporada siguiente y se repetirían por otras cinco más. Ganaron cinco veces su división Southeast en seis años y, en 2009-10  obtuvieron por primera vez el Presidents’ Trophy, galardón que es entregado a los equipos que obtienen la mayor cantidad de puntos en la temporada regular de la NHL. Repetirían en 2015-16 y 2016-17. En todos esos años perderían en playoffs, la primera vez contra los Canadiens y las últimas dos, con los finalmente campeones, y clásicos rivales con el paso del tiempo, Pittsburgh Penguins. 

Perdiendo la esperanza

Ya estábamos en la mitad de la década de 2010, y todos veían pasar los mejores años de la Ovechkin Era en Washington sin premio alguno. Los medios criticaban sin piedad a todo lo relacionado a la franquicia y los fans perdían la ilusión de lograr algo grande. Los Capitals perdieron varias series de playoffs llevando la ventaja, sufriendo incluso una penosa eliminación en 2010, tras llevar una ventaja de 3-1 frente a los Montreal Canadiens, un equipo que tuvo 33 puntos menos en la temporada regular y siendo último sembrado en la Conferencia Este.

Seguían contando con el constante aporte goleador de Ovechkin (quién se quedó con tres trofeos Hart, que son entregados al MVP de cada temporada regular) y el sueco Nicklas Backstrom, el Center, quién se convertía en líder histórico en asistencias de la franquicia. Si observan los líderes en goles y asistencias de los Caps desde 2007, verán a la dupla ruso-sueca en lo más alto. Solo el arribo de otro grande de Europa, Evgeni Kuznetsov, opacaría en cierta forma al enorme Backstrom.


MacLellan y Trotz

Luego de fallar en la clasificación a los Playoffs, en 2014, se darían cambios importantes en el equipo del DC. El dueño Ted Leonosis designaría como General Manager a un conocido como Brian MacLellan (fue el GM asistente de George McPhee, quien estuvo por 17 años en la franquicia). Asimismo, se contrataría a Barry Trotz para hacerse cargo del equipo. El gordo Trotz nunca jugó en la NHL, pero estructuró una carrera como Coach desde la AHL (ganando en una oportunidad la Calder Cup) y formando parte del staff que se encargaría del equipo de expansión de Nashville, a quienes dirigió desde su primera temporada (1998-99), hasta la 2013-14. Consiguió llegar a Playoffs en 7 de sus 15 años en la franquicia de Tennessee, sin nunca alcanzar siquiera la final de Conferencia. La década y media en los Predators dotó a Trotz de un imagen de mucho respeto entre sus colegas.

Trotz generó un cambio de cultura en la franquicia, reconstruyendo completamente el sistema defensivo, con un John Carlson líder detrás de la línea azul. Convirtió a Ovechkin en un jugador destacado, nuevamente. Backstrom no solo sería el líder de asistencias del equipo, si no que de toda la NHL. Le dio la confianza al joven Braden Holtby en la portería y a Kuznetsov como líder de la segunda línea de ataque.

Fueron tres derrotas seguidas en segunda ronda de playoffs. Y Trotz, a pesar de todo, no lograba superar el listón que dejó en Nashville.

El camino a la final

En la Temporada 2017-18, nuevamente se quedarían con su División, y serían los sembrados # 1 de la parte baja del cuadro del Este. En primera ronda, pareció que todo se venía abajo, porque fueron sorprendidos dos veces por los Columbus Blue Jackets en el Capital One Arena. El equipo de Ohio logró clasificar, y apenas pudo aguantar el embate de los capitalinos, quienes ganaron los cuatro partidos siguientes.

En Semifinales de Conferencia, un viejo conocido. Los Penguins y las siete derrotas seguidas. Amigo lector, no estoy diciendo que los Penguins le ganaron los últimos siete partidos a los Capitals. Estoy diciendo que los Penguins ganaron las últimas siete SERIES de playoffs. Fue una batalla memorable, donde los capitalinos no se dejaron nada guardado, estaban decididos a romper la historia.

Y comenzó todo mal para los Caps, porque dejaron ir una ventaja de dos goles en el primer partido. Mejoraron mucho y mostraron completa superioridad en los siguientes dos, en particular en el juego tres, donde dieron una muestra de garra anotando en las postrimerías del partido. Luego de quedar 2-2, ganarían la serie con dos triunfos consecutivos, ambos con goles al final y en el tiempo suplementario. Fin a la mufa. Ya se hacían habituales las tomas de la NBC a la cara de Ovechkin celebrando y mirando al cielo. Se venían Stamkos y compañía, los Tampa Bay Lightning.

Al contrario de las series anteriores, en la Final de Conferencia comenzaron ganando con facilidad los dos primeros partidos en el Amalie Arena, de Tampa. Pero los Bolts respondieron con dos victorias fuera de casa, a la que sumaron una tercera seguida en el quinto partido. Pero los Caps tenían una sola meta en su mente. Llegar a la final. Terminaron anotando los últimos nueve goles, para quedarse con la serie y el título de la conferencia con dos blanqueadas. A esta altura de la post-temporada, la figura del portero Braden Holtby se hacía gigante. 53 salvadas en esos dos partidos lo elevaron a la categoría de héroe. Prince of Wales Trophy para el equipo rojiblanco.


En el Oeste también pasaban cosas sorprendentes

Las Vegas Golden Knights dieron el golpe a la cátedra durante toda la temporada terminando con sobresalientes 109 puntos, ganando la Pacific Division con relativa comodidad. Enorme trabajo de la Gerencia comandada por George McPhee (si, el mismo ex de los Capitals) y el entrenador Gerard Galliant, quienes consiguieron el concurso de muy buenas figuras en el Draft de Expansión, como el multicampeón ex golero de los Penguins, Marc-André Fleury, William Karlsson, Jonathan Marchessault y James Neal, otro ex Penguins y subcampeón en 2017 con los Predators. 50 triunfos en Regular Season y una blanqueada en primera ronda ante Los Angeles Kings empezaron a ilusionar a los fanáticos de la Ciudad del Pecado.

En la siguiente ronda, parecía que todo seguiría igual, porque comenzaron destrozando a los San Jose Sharks en el T-Mobile Arena. Un 7-0 que hacía presagiar una nueva blanqueada. Pero el equipo tecnológico demostró por qué no estaba allí de suerte. Ya habían hecho añicos a los Anaheim Ducks, que apenas anotaron cuatro goles en toda la serie previa. Tras dos sufridos partidos terminados en Overtime, los Golden Knights salieron muy dañados y permitieron que la serie se pusiera a dos partidos por lado. Un esfuerzo final les permitió ganar los últimos dos partidos de la serie, incluyendo una blanqueada en el partido final. Marc-André Fleury, el portero, también se hacía figura.

Solo los sorprendentes Winnipeg Jets eran la barrera en el camino de los Knights para llegar a la final de la Copa Stanley en su primera temporada. Y la cosa comenzó muy bien para el último equipo canadiense en competencia. Un cómodo 4-2 encendió las alarmas en el desierto. La aparición estelar del Center Jonathan Marchessault devolvió la ilusión a los amigos de los Casinos, con cuatro goles entre los partidos dos y tres para dar vuelta la serie. Y en los partidos cuatro y cinco, siempre miraron hacia atrás. Dos victorias por un gol de diferencia sentenciaron a los canadienses (que no ven desde los Canucks del 2011 un finalista, y desde los Canadiens del '93 un campeón) y nos invitaban a presenciar lo inaudito, un equipo de Las Vegas, y de Expansión, se llevaba el Campbell Bowl, trofeo que es el ticket del Oeste para luchar por la Stanley Cup.


La contundencia de los Capitals en la Final

Luego de una década dominada por los Kings, luego los Chicago Blackhawks y los Penguins, finalmente la NHL contaría con un nuevo campeón. Y la serie, comenzaría a toda orquesta. La artística y grandilocuente presentación inicial de los jugadores de los Knights se traspasó al blanco rink del T-Mobile. Un partido con 10 goles y cinco cambios de ventaja. Los dos goles finales del checo Tomas Nosek le darían la ventaja al equipo del estado de Nevada.

Pero el juego vertiginoso de los equipos del Oeste fue ferozmente anulado por el sistema defensivo de Trotz, quién estaba en su último año de contrato. Literalmente se estaba jugando el futuro. Su modelo, que busca instalar la presión en todos los sectores de la pista buscando el error del rival, se olvida de la estética y prioriza la actitud, con un Ovechkin líder dentro y fuera de la cancha. Fue tan notorio el liderazgo del ruso, que cuando habían goles de otros compañeros de equipo, los miembros de la banca siempre iban a saludar a Ovi. Eso fue algo muy notorio en todas las transmisiones de la NBC.

Los cuatro partidos siguientes fueron jugados al ritmo de Washington. Nunca se vio al Vegas de las series anteriores. El gol de James Neal, al principio del segundo partido, fue la última ventaja que tuvo Las Vegas en toda la serie. No solo se vio el trabajo de conjunto, si no que las individualidades alcanzaron su mejor nivel en el momento oportuno. Fueron 11 los jugadores diferentes que anotaron goles en los cuatro partidos finales. Opkin, Eller, Ovechkin, Kuznetsov, Smith-Pelly, Oshie, Wilson, Carlson, Kempny, Connolly y Vrana aportaron para la causa. Holtby sumó la friolera de 114 salvadas en esos partidos.

Los Capitals devolvieron la derrota inicial con un 3-2 en Las Vegas. Regresaron a casa y se quedaron con el tercer partido con un poco de sufrimiento al final, pero fueron avasalladores en el cuarto, donde se pusieron 4-0 en el placar, terminado 6-2.

El último partido estuvo lleno de emociones, porque los Knights no querían que la Copa se entregara en su casa. Entraron al último período con una exigua ventaja gracias a un gol de Reilly Smith, pero Devante Smith-Pelly, un criticado jugador que deambuló por varios equipos de la liga y llegó esta temporada a los Capitals, quería irse con la Copa a como fuera lugar. En la mitad del tercer período, fue a pelear el puck en la zona rival, buscando forzar el error, y dio un golpe legal a su rival contra la pared. El disco fue recuperado en el borde de la línea azul por Brooks Orpik, quién lo devolvió al arco de Fleury, siendo interceptado por el mismo Smith-Pelly quién, casi cayéndose, consiguió el empate parcial.

Con menos de ocho minutos en el reloj, sucedió lo impensado. Un disparo rápido de Brett Connolly golpeó el cuerpo del Marc-André Fleury. El portero no se dio cuenta que el disco pasó entre sus piernas, quedando a merced de Lars Eller, quién metió su stick justo en el borde del área chica. Eller se convirtió en el primer nacido en Dinamarca en ganar la Stanley Cup. El danés inició la racha de cuatro victorias con el primer gol de los Caps en el segundo partido y remató la serie anotando el gol decisivo. Los jugadores de Vegas fueron incapaces de dar vuelta la situación y vieron cómo se esfumaba su ilusión.

Después de 44 temporadas, 3.701 partidos jugados y 28 apariciones en playoffs, los Washington Capitals se convirtieron en campeones de la Stanley Cup. El Washington Post señaló que ha sido la mayor cantidad de tiempo que ha requerido un equipo de las cuatro grandes ligas de Estados Unidos (NFL, NBA, NHL y MLB) para conseguir su primer campeonato. En ese mismo contexto, es el primer título de liga para la ciudad en el siglo y desde 1992, cuando los Redskins de Joe Gibbs ganaron el Super Bowl XXVI en Minneapolis.

Alex Ovechkin por fin conseguía el premio que deseaba, que consolidará su legado y pavimentará su camino al Hall of Fame. Se quedó con el Conn Smythe Trophy, que se otorga al MVP de los Playoffs. Fue el el mejor en goles, con 15 y dio 12 asistencias. Evgeny Kuznetsov, fue el líder en asistencias y puntos (20 y 32, respectivamente). Los Capitals aprovecharon muy bien los powerplays (ventaja numérica por penalidad). T.J. Oshie y Alex Ovechkin anotaron seis goles cada uno en esa condición. Nicklas Backstrom dio ¡13! asistencias en powerplay. Braden Holtby fue el líder de los porteros, con apenas 2.14 goles en contra y fue el líder en minutos jugados en todos los playoffs.

Así, los miembros del roster de los Capitals, y el staff técnico y administrativo verán tallados sus nombres en una de las bases de la gloriosa Stanley Cup.

¡Nos vemos en la próxima temporada!

Claudio Jorquera es columnista invitado en Gringo Sports. Es uno de los responsables de NFL Chile, siendo uno de los comentaristas en el podcast de aquel sitio. Además, contribuye para Spanish Bowl.

domingo, 18 de junio de 2017

El bicampeonato de los Penguins


por Claudio Jorquera
Twitter: @chonet

Y ya tenemos campeón de la final de la Stanley Cup 2017. Los Pittsburgh Penguins se convirtieron en el primer equipo de la NHL en el presente siglo que logra defender con éxito su título, luego de derrotar en seis partidos a los Nashville Predators. El equipo dirigido por Mike Sullivan logró hacer historia, duplicando su título por primera vez desde el bicampeonato de los Detroit Red Wings a finales de los años 90, equipo que ya reseñamos en la crónica previa a las finales.

La serie comenzó con dos partidos en Pittsburgh, que dejaron un contundente botín de 2-0 en el bolsillo de los campeones, pero que no fueron paseos en el campo. En el primer partido, un 5-3 muy mentiroso, ya que los Predators mostraron un juego muy sólido y contundente, limitando a los Penguins a lanzar apenas 12 tiros a puerta, ninguno en el segundo período. El comienzo del enfrentamiento estuvo lleno de polémica debido a un gol anulado por offside vía replay que pudo haber cambiado todo. Terminando el primer período, los Penguins se inspiraron y marcaron 3 goles en casi 4 minutos. El primero, un fierrazo en Powerplay de Geno Malkin, el segundo un pase de Chris Kunitz mirando a la tribuna que distrajo a Pekka Rinne, que permitió la anotación de Conor Sheary, quien estaba completamente solo. La tercera conquista, llegaría por un disparo de Nick Bonino que no iba dirigido al arco, pero se encontró con la rodilla del sueco Mattias Ekholm, quien venía patinando muy rápido luego de un cambio de líneas.

La enorme ventaja de los locales fue finiquitada a mitad del último período, con dos goles en ventaja numérica, situación que se volvería a repetir en el partido tres. Fueron 3 goles bajo Powerplay en este partido, algo que no se repetiría jamás. Ryan Ellis anotaría el primer descuento con un disparo lejano facilitado por un pase del polémico P.K. Subban. El segundo descuento, también logrado en Powerplay y en pleno tercer período, llegó gracias a un lanzamiento a media distancia de Roman Josi que rebotó en la parte interna de la rodilla del excelente Colton Sissons. Tres minutos después, un trabajo enorme de Austin Watson batallando por el puck junto a la pared y contra dos defensores, lo dejó libre para dar un certero pase a Frederick Gaudreau, quién apareció como una exhalación desde atrás para anotar su primer gol en estos playoffs y así empatar el juego.

Los Predators, por juego y momentum, iban directo a la victoria, pero casi al final, el desaparecido novato (venía de 8 partidos seguidos sin anotar gol) Jake Guentzel marcó el gol clave con un disparo que se coló arriba de la portería de Pekka Rinne. Al final, se concretaría  la dupleta de Nick Bonino, con un gol en portería vacía.

Dos días después, en el mismo PPG Paints Arena, el segundo duelo. De seguro, no se repetiría una secuencia de tres goles rápidos para los locales. Pero para sorpresa de muchos, se volvió a dar. En el primer período, por fin Nashville pudo ponerse en ventaja, con un golazo de Pontus Aberg, quién en un esfuerzo solitario, venció la débil marca de Olli Maata y con un rápido movimiento derrotó a Matt Murray. El empate llegó luego de un pobre PP de los Penguins, gracias a un jugador que, ahora, estaba en estado de gracia, Jake Guentzel.

En el comienzo del tercer período, la avalancha pinguina. Luego del pitazo inicial, una rápida contra de los locales via Bryan Rust. El oriundo de Pontiac lanzó un potente disparo, y el rebote dejado por Rinne queda a merced del talentoso novato Guentzel, para poner el 2-1. Los otros dos goles, llegaron tres minutos después, y en un lapso de 15 (si, quince!!!!) segundos. El primero vendría de la mano de Scott Wilson, quién le dio un insignificante toque al puck  luego de un pase de un muy irrelevante Phil Kessel, que permitió el rebote en el patín de Fiddler. El disco entró por un espacio también insignificante, para decretar el 3-1. 

Al rato después, la velocidad impresionante de Malkin le permitió sacar una enorme ventaja a Roman Josi y sacó un bombazo que se metió arriba de la portería de Rinne. Un Pekka Rinne que recibió 9 goles en 37 tiros al arco, que lo condenó a salir por el resto del partido, para dar paso al finés Juuse Saros. El reserva salió invicto gracias a un gol anulado por el mismo mecanismo del partido anterior. Un offside visto en el replay. 2-0 en la serie y los Predators tenían que preparar la batalla de los partidos tres y cuatrp en un verdadero volcán en ebullición, el Bridgestone Arena. 

Y fueron muy contundentes. Un global de 9-2 se llevaron los Penguins de vuelta a casa. En el tercer partido, Pittsburgh se puso en ventaja, nuevamente de la mano de Guentzel, y terminó el primer período arriba en el marcador. Pero el segundo período fue la fiesta de Roman Josi. El fenomenal suizo anotó el empate con un balazo y luego dio asistencias a Gaudreau y James Neal, éste último aprovechando un rebote y pase de Viktor Arvidsson, para cerrar el período con un sólido 3-1. En el tercer período, los Penguins literalmente desaparecieron. Smith con un disparo frente a Miller y Ekholm, con un fuerte y angulado disparo cerraron la goleada 5-1. La sensación posterior era que unos Predators más disciplinados estarían tranquilamente en ventaja de 3-0.



La serie se empató 48 horas después. Los Penguins solo anotarían en el primer período, con el empate parcial de Sidney Crosby, luego de la oportuna acción de Calle Jarnkrok para abrir la cuenta. Luego del primer intermedio, Gaudreau anotaría su tercer gol de la serie para romper el empate, en una rápida movida detrás de la portería, que tuvo que ser confirmada luego de revisar el video. Los Penguins tuvieron grandes oportunidades para empatar, pero una gran tapada luego de un violento lanzamiento de Crosby y, tras cartón, otra salvada imperial de Rinne impidió el 2-2. En una contra, Arvidsson anotaría el casi definitivo 3-1, el cual fue confirmado con un Empty Net Goal de larga distancia, cortesía de Filip Forsberg. Sería el último gol de los playoffs para los Predators.

Como sucede habitualmente, el quinto partido sería clave. Podía dejar match point a los Predators, quienes podrían finiquitar su primer título en casa. Pero justo se les ocurrió jugar el peor partido de la serie. Y los Penguins, jugaron el mejor. En menos de 7 minutos ya los Penguins estaban 2-0, con sendos goles de Justin Schultz y Bryan Rust. En la agonía del período inicial, los locales se ponían 3-0 con una combinación extraordinaria de Phil Kessel y Evgeni Malkin. El primero, controlando con maestría el disco, esperando con paciencia la llegada del ruso, quien con un bombazo de primera, derrotó a Rinne. Nuevamente sería sacado del partido.

El segundo período también fue muy contundente. Connor Sheary le dio rápidamente la bienvenida a Juuse Saros, luego de un genial pase de Crosby. Luego, Kessel firmó su oportuna reaparición, con un disparo solo a media distancia. Al terminar el período, una esforzada salida desde propio campo del defensor Ron Hainsey le permitió llegar al gol luego de una nueva combinación de Kessel y Malkin. Se repetía la misma fórmula, pero en orden distinto, al 3-0 del primer tiempo. Partido más que finiquitado. El período final estuvo de más, aunque se destacó por sus 14 penalidades, 9 de ellas por peleas, mala conducta y actitud antideportiva. Aunque lo más violento había sucedido en el primer período, donde en una acción que pasará a la historia, un violento Sidney Crosby -quién ya sufrió conmociones cerebrales en el pasado - golpeó repetidamente contra el hielo la cabeza de P.K. Subban, situación lamentablemente ignorada por los jueces. Algo que no va a ayudar a la imagen de jugador sucio que tiene la superestrella de los Penguins.

El partido 6 suponía el regreso a la caldera de Nashville y la oportunidad de los locales de salvar el match point que tenían en contra, el primero de todos los playoffs. Hubo oportunidades para ambos equipos, generando un partido muy dinámico y muy entretenido. Rinne y Murray fueron figuras durante todo el encuentro.

Los errores arbitrales fueron muy comentados. En el segundo período, un disparo a quemarropa de Filip Forsberg es contenido de forma parcial por Matt Murray. Pero en un costoso error, el referee Kevin Pollock firmó su sentencia de muerte en el estado de Tennessee y pitó apresuradamente el fin de la jugada, pensando que el portero había detenido completamente el puck. Pero no fue así, el disco se deslizó por debajo de joven guardameta y quedó a merced de Colton Sissons, quien anotaría. Luego del replay, el equipo arbitral confirmó la anulación del gol. Error costoso que cambió en parte el destino de la serie.

Los Predators no pudieron concretar. Sissons, Arvidsson y Josi fallaron grandes oportunidades de gol. Contaron con 4 powerplays, incluyendo un 5 contra 3 por algunos segundos. Pero no llegó el gol de la ventaja. El tercer período se llenó de tensión y parecía que el que anotara, se llevaría la victoria. Y llegó a los 58 minutos de juego, con un gol que valió una copa. 

En una inocente jugada cerca de la pared del lado de Nashville, el defensa Ryan Ellis hizo rebotar el puck contra el muro. El Center Calle Jarnkrok, algo perdido en terreno defensivo, no fue capaz de enviar lejos el disco. Chris Kunitz lo tomó en terreno contrario y buscó a Justin Schultz, quién intentó un fuerte disparo a la derecha del portero. Luego del rebote en la pared y la parte posterior del arco, apareció un desaparecido Patrik Hornqvist, quién en un rápido movimiento, se desplazó del frente del área celeste, se puso a la izquierda de Rinne, hizo rebotar el puck en el codo izquierdo del portero, quién desesperado, no pudo dar con el disco y le dio un golpe en la cara al que inició la jugada, Ryan Ellis.




Luego de la revisión por posible interferencia sobre el portero, se confirmó el gol, y en las postrimerías del partido, un gol con la portería vacía de Carl Hagelin sentenció la serie, la Copa y el bicampeonato para la franquicia de Pittsburgh. Quinto título en seis finales, y todas logradas fuera de casa. Los jugadores felicitaban con todo al joven Matt Murray, quien sacó dos blanqueadas en los partidos 5 y 6 de la serie. Mientras tanto en Pittsburgh, una multitud pagó 10 dólares para ver el partido en la pantalla del PPG Paints Arena. 19.000 fanáticos lloraron de alegría con el nuevo éxito de los Penguins.

Sidney Crosby se llevó por segundo año seguido el Conn Smythe Trophy, que premia al mejor jugador de todos los Playoffs. 27 jugadores (incluyendo tres lesionados, como el destacado defensa Kris Letang) y 26 entrenadores, administrativos y miembros del Front Office -incluyendo a la leyenda y dueño Mario Lemieux- se ganaron el derecho de ver sus nombres grabados en la legendaria Stanley Cup.

Los Penguins se convirtieron, junto a los Edmonton Oilers, en los equipos con más campeonatos de la Stanley Cup dentro de las franquicias que no formaron parte del Original Six, superando a un rival clásico, los New York Rangers, aunque aún quedaron muy lejos de los 24 títulos de Montreal Canadiens, los 13 de Toronto Maple Leafs y los 11 de Detroit Red Wings. Eso sí, han quedado apenas a un título de Boston Bruins y Chicago Blackhawks, por el cuarto lugar en el historial de campeones.

Para Nashville, queda el consuelo de llegar como underdog en todas la series en las que jugaron y sacar adelante unos playoffs extraordinarios, con un juego contundente, vistoso y contar con el apoyo de una fanaticada de lujo. Ahora tienen el desafío de dar profundidad a sus líneas de ataque, renovar varios agentes libres importantes y resolver el problema de la portería. Peter Laviolette ha logrado notables avances en estos tres años a cargo del equipo, clasificando a playoffs en todas las temporadas, aunque los puntajes en temporada regular han ido bajando.

Nos veremos en una próxima oportunidad.

Claudio Jorquera es columnista invitado en Gringo Sports. Es uno de los responsables de NFL Chile, siendo columnista y conductor del podcast de aquel sitio. Además, contribuye para Spanish Bowl.

lunes, 29 de mayo de 2017

Rumbo a la Stanley Cup 2017


por Claudio Jorquera
Twitter: @chonet

Este lunes 29, a las 20 horas de Chile, comienza la disputa de uno de los torneos más antiguos que tenga el deporte de Norteamérica, la Copa Stanley. La final de la liga de hockey sobre hielo, la NHL, comenzó a disputarse en Canadá en la última década del siglo XIX, gracias al ímpetu del Gobernador de Canadá en ese entonces, Frederick Stanley. El objetivo, entregar el trofeo al mejor equipo amateur de Canadá, el cual debía grabar su nombre en la Copa, la cual nunca es propiedad del ganador, sino que debe ser entregada año a año al nuevo monarca. En la Copa se van registrando los jugadores y técnicos campeones, por lo que el trofeo ha ido aumentando su tamaño con el paso del tiempo. Pero eso no podía continuar. Actualmente, cada piso de la Copa permite ingresar 13 campeones. Para mantener el tamaño, el agregado de un nuevo piso obliga a eliminar el más antiguo. Esos pisos desechados por el paso del tiempo, son almacenados en el Salón de la Fama del Hockey.

Stanley nunca pudo entregar la Copa, ya que debió regresar a Inglaterra debido al final de su mandato en América. Año a año, un equipo debía desafiar al campeón. Si bien la copa está plenamente relacionada con la NHL en la actualidad, durante sus primeros años fue repartida entre diferentes ligas amateurs y semiprofesionales de Canada. En 1917 fue fundada la NHL, que reemplazó a la suspendida NHA y comenzó a disputar el campeonato del mejor del mundo contra la Pacific Coast Hockey Association, la cual ya estaba incorporando equipos de Estados Unidos, como Portland y Seattle.

Incluso, en 1922 el torneo se disputó entre 3 ligas, dada la incorporación de la WCHL (Western Canada Hockey League). En 1924 desapareció la PCHA y en 1926, la rebautizada WHL sufrió la misma suerte, por lo que en 1927 la Stanley Cup pasó a disputarse entre los equipos de la NHL, que en ese momento contaba con 10 conjuntos, cuatro de Canadá, siendo los Ottawa Senators los primeros campeones en este formato. Unos Senators que son una franquicia diferente a la actual.

La NHL contó con un máximo de 10 equipos hasta 1942, donde se redujo a seis, los cuales eran conocidos como The Original Six. Los seis originales eran los Detroit Red Wings, Toronto Maple Leafs, Boston Bruins, Montreal Canadiens, Chicago Blackhawks y los New York Rangers, quienes se repartieron los títulos de la Stanley Cup hasta la temporada 1967-68, cuando se produjo la primera oleada de expansión, subiendo de 6 a 12 equipos.

Ahora la NHL cuenta con 31 franquicias (sumando la participación de Las Vegas Golden Knights, que debutarán en la próxima temporada) y son los Montreal Canadiens los máximos ganadores, con 24 títulos (22 como miembro de la NHL), secundado por los Toronto Maple Leafs con 13 y los Detroit Red Wings, con 11 conquistas.


En 2017, la final contará con un debutante absoluto en esta instancia, los Nashville Predators. Y como sorpresa absoluta. El equipo del estado de Tennessee fue el último clasificado a Playoffs, representando a la Conferencia Oeste con 94 puntos, a quince de los primeros sembrados, Chicago Blackhawks. Y el equipo de la ciudad del viento fue el primero en sufrir los embates del conjunto sureño en la postemporada, inclinándose rápidamente por un resultado final de 0-4. Una barrida que empezó con dos partidos con el arco en cero. Chicago demoró 141 minutos en anotar el primer gol a los Predators, en el segundo período del tercer partido, que terminaría perdiendo en overtime. En el cuarto partido, los Hawks fueron barridos en el tercer período, perdiendo finalmente por 4-1. 10 goles de ventaja obtuvo Nashville en la serie, con un global de 13-3.

En la segunda ronda, Nashville debía enfrentar a los St. Louis Blues, quienes habían obtenido el tercer lugar en la División Central. Una serie muy cerrada en los marcadores (cuatro de los seis partidos se definieron por un gol), pero que siempre tuvo el control de Nashville, que iba aumentando su confianza, gracias a la gran eficiencia del portero finés Pekka Rinne y su contundente primera línea ofensiva, conformada por Filip Forsberg, Ryan Johansen y Viktor Arvidsson, quienes acumulan 13 goles y 25 asistencias en los Playoffs. 4-2 fue el resultado final de la serie a favor del equipo amarillo y blanco.

En la final de conferencia, los rivales fueron los campeones de la División Pacífico, Anaheim Ducks, permanentes animadores de los playoffs en esta década. Estos equipos ya tenían un historial previo en 2016, donde los Predators se quedaron con la serie de primera ronda. Difícil enfrentamiento en el papel, ya que los Ducks tenían la mejor defensa de la conferencia, aunque no se había visto tan bien en la postemporada. Los Ducks, al igual que los Predators, barrieron a sus rivales en primera ronda (los Calgary Flames), pero llegaron al máximo de siete partidos frente a los Edmonton Oilers, uno de los cuales remontó de forma épica, con tres goles en 181 segundos en el último período para forzar el overtime y ganarlo. La serie Predators - Ducks fue golpe a golpe hasta el cuarto partido. En el quinto juego vino el quiebre, perdían 0-1 a la mitad del tercer período, pero tres goles seguidos les permitieron quedarse con el partido. La serie se acabó en el Bridgestone Arena, Luego de un 2-0 en el primer período, los Ducks batallaron para ponerse 3-3 casi en la mitad del último período. Colton Sissons casi finiquitó el partido con el 4-3, a seis minutos del final. La necesidad obligó a los Ducks a dejar su portería vacía para intentar remontar, pero dos goles postreros cerraron una goleada de 6-3 para los locales, que celebraban su primer viaje a la Stanley Cup.


Por el lado de la Conferencia Este, los campeones vigentes, Pittsburgh Penguins, buscan lograr una hazaña que no se consigue desde 1998, cuando el gran coach Scotty Bowman (quien también logró una Stanley para los Penguins en 1992) logró un bicampeonato para los Detroit Red Wings, aquel fabuloso equipo con el Russian Five, compuesto por los atacantes Igor Larionov, Vyacheslav Kozlov y Sergei Fedorov. mientras que en defensa, las estrellas eran Vladimir Konstantinov and Viacheslav Fetisov, cerrando la formación de ese dominante equipo, que también tenía en su plantel a otras grandes estrellas como el fantástico defensor sueco Nicklas Lidstrom y el eficiente portero canadiense Chris Osgood.

Los Penguins cuentan con el mejor jugador de la liga, el canadiense Sidney Crosby y un plantel lleno de estrellas que han formado gracias a la agencia libre, pero fundamentalmente a la buena gestión de sus prospectos en sus equipos de divisiones menores, en particular a los que han jugado en su filial de AHL, los Wilkes-Barre/Scranton Penguins, un equipo de una pequeña ciudad del estado de Pennsylvania. Evidentemente, son los grandes favoritos para alzarse con la Copa.

Pero el camino no ha sido fácil para Pittsburgh. Hace 18 meses el equipo estaba viviendo una fuerte crisis deportiva. Un equipo fuera de zona de playoffs, con refuerzos que no funcionaban, terminaron con la salida del coach Mike Johnston, quién fue reemplazado por Mike Sullivan, un ex jugador de la NHL que solo tenía dos años de experiencia como entrenador en jefe, con los Boston Bruins hace 10 años. El cambio fue un bálsamo de alivio para la franquicia. Una racha impresionante de partidos, un cambio de arquero clave y el rescate de las grandes estrellas le permitió quedarse con la Copa Stanley de 2016. Es curiosa la historia de los Penguins en playoffs. tres de sus cuatro títulos vinieron luego de cambios de entrenador durante la temporada y las cuatro copas conseguidas, fueron ganadas en partidos fuera de casa.

En esta temporada, los Penguins obtuvieron el segundo mejor récord de la liga con 111 puntos, siete menos que los campeones del Este en temporada regular, los Washington Capitals. En primera ronda, se enfrentaron a los Columbus Blue Jackets, un complicado equipo que sólo quedó a tres puntos de los Pens. A pesar lo contundente que se ve un 3-0 en la serie, los partidos fueron bastante parejos en el trámite. El renacido portero Marc-André Fleury fue la gran figura, acumulando 103 salvadas de gol en esos tres primeros duelos. A pesar de la derrota en Columbus, el equipo de Pittsburgh cerró la serie en casa con un triunfo de 5-2, con el delantero Bryan Rust como gran figura, anotando dos goles. Fleury estuvo nuevamente soberbio, salvando 49 de los 50 tiros al arco que recibió en ese partido.

En semifinales, un viejo conocido. Un equipo ávido por ganar la Copa, los Washington Capitals, comandados por su gran figura Alexander Ovechkin, drafteado en 2004 (un año antes que Sidney Crosby). Los Penguins se impusieron de forma muy clara en los dos primeros duelos en condición de visitante y parecía que la serie se acabaría muy rápidamente. Pero el punto de inflexión se produjo en el tercer partido. El referente Crosby saldría por lesión durante el desarrollo del primer período, partido que terminarían perdiendo en overtime, luego de un notable esfuerzo de Malkin y Schultz en los últimos dos minutos del tercer período. Crosby se ausentó en el cuarto partido, pero eso no impidió que la serie se pusiera 3-1 para los Pens. Sería el último partido de gran nivel para este equipo hasta la serie final. El retorno de Crosby no fue fácil y Washington igualó la serie 3-3. En el séptimo duelo, un partido perfecto de Fleury permitió la blanqueada por 2-0.

En la final de conferencia, un equipo de perfil totalmente diferente, los Ottawa Senators. El equipo de la capital de Canadá se destaca por un juego defensivo, muchas veces criticado por lo aburrido. Pero allí estaba, luego de despachar por 4-2 a sus rivales previos, Boston Bruins y New York Rangers. Y los Penguins, que ya venían en baja, lograron apenas ganar uno de los tres primeros partidos de la serie, marcando apenas tres goles en total y siendo totalmente vapuleados en el tercer duelo. El 0-4 de Ottawa en los primeros 13 minutos del primer período significó la otra vuelta de tuerca de Mike Sullivan, con la salida de Marc-André Fleury por el muy joven Matt Murray. El talentoso portero cerró el arco al rival y fue muy importante para el éxito final en la serie. Después de la catástrofe, el juego cuatro fue totalmente opuesto. Un 3-0 inicial para los Penguins fue maquillado por dos goles finales de los Senators. El quinto, una verdadera paliza. Un 7-0 para los Penguins que hizo delirar al a veces muy frío PPG Paints Arena y que parecía hundir definitivamente al equipo canadiense. Pero luego de un 0-1 inicial, Ottawa se quedó con el sexto duelo, que forzaba a un todo o nada en Pittsburgh.

El séptimo juego fue dramático. Los Penguins esutvieron arriba en todo momento, por juego y marcador. Pero los Senators se las arreglaban para empatar. El partido tuvo que extenderse hasta un segundo overtime, gracias a la actuación colosal del portero Craig Anderson, el mismo que fue vapuleado 7-0 en el día de su cumpleaños, pero que en el partido decisivo salvó un verdadero bombardeo de los locales. Finalmente, la gloriosa defensa de Ottawa cayó con un formidable tiro a media distancia de Chris Kunitz, a pase de Crosby. 85 minutos se necesitaron para cerrar la serie.

Pittsburgh vs Nashville. Han pasado casi 19 años, la NHL ha visto pasar 17 temporadas (debemos recordar que la temporada 2004-05 no tuvo campeón debido a una huelga de jugadores) y no hemos tenido campeones seguidos. 11 de los 30 equipos de la liga se han repartido los campeonatos en ese lapso, siendo Chicago el máximo ganador con tres Copas Stanley, obtenidas en 2010, 2013 y 2015. ¿Logrará Pittsburgh un bicampeonato histórico para este siglo? ¿Tendremos una nueva cenicienta en los deportes?

Lo sabremos en el mes de junio.

Claudio Jorquera es columnista invitado en Gringo Sports. Es uno de los responsables de NFL Chile, siendo columnista y conductor del podcast de aquel sitio. Además, contribuye para Spanish Bowl.

domingo, 6 de julio de 2014

El 'brasilero' que juega hockey

En un deporte como el hockey sobre hielo, siempre asociado con los climas gélidos y los orígenes ajenos a América Latina, cuesta creer que puedan existir jugadores que tengan ancestros relacionados con esta parte del mundo. Y por insólito que parezca, en la NHL hay jugadores que han nacido en esta parte del mundo, como es el caso de Robyn Regehr. Sus padres son canadienses y él es canadiense, pero nació en Recife, Brasil, en abril de 1980. No vivió mucho tiempo allí, puesto que sus padres se fueron con él a Indonesia antes que cumpliera un año de vida y él mismo ha declarado que no conoce el idioma portugués. Pero, igualmente, confiesa que a pesar de no recordar nada de su lugar de origen, siente que lleva una parte de Brasil consigo.

Tal vez, esa parte brasilera que dice tener haya influido en sus características como jugador de hockey. Aguerrido, sacrificado y muy físico. De hecho, a lo largo de sus 15 años de trayectoria en la NHL ha tenido cierta fama de peleador, además de haber pasado por un complicado período de adaptación y superación en sus primeras temporadas con los Calgary Flames, donde tuvo su mejor momento en el curso 2003/2004, siendo nombrado como uno de los capitanes alternativos del equipo. En esa campaña, anotó cuatro goles y totalizó 18 puntos, siendo esa una marca personal por entonces, y acabó siendo pieza clave en el camino de los Flames rumbo a las finales de la Stanley Cup, donde perdieron en siete juegos frente al Tampa Bay Lightning.

Regehr permaneció en Calgary hasta la temporada 2010/2011, llegando a disputar 840 partidos oficiales con el equipo, convirtiéndose así en el defensor con más presencias en la historia de la franquicia. Después de 11 años en el oeste de Canadá, Robyn cambió de aires. Estuvo dos años con los Buffalo Sabres, donde siguió repartiendo leña. Pero después del segundo año, el equipo de Buffalo decidió no renovar su contrato y fue así como este nativo del norte brasilero pasó a ser integrante de Los Angeles Kings, donde iba a conseguir su premio mayor.

El pasado 1 de febrero, Robyn logró la impresionante marca de 1.000 partidos jugados en su carrera y ya se encontraba establecido dentro de la alineación de los Kings, quienes clasificaron a los playoffs del Oeste. En la primera serie, los Kings revirtieron un 0-3 para ganar cuatro partidos consecutivos y así, eliminar a los San José Sharks. Pero para desgracia de Regehr, no pudo seguir disputando la postemporada debido a una lesión en la rodilla, por lo que no pudo estar en la pista en los triunfos frente a Anaheim Ducks, Chicago Blackhawks y en la definición por la Copa, frente a New York Rangers.

Pero igualmente, su presencia y su aporte fue valorado por su equipo. Una vez que el trofeo fue entregado a los Kings, el capitán Dustin Brown decidió entregarlo a Regehr, reconociendo su trayectoria en la NHL. Su vínculo con Brasil y América Latina es pequeño, pero suficiente como para considerar que un oriundo de tierras latinas formó parte de los recientes campeones de la Stanley Cup.