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jueves, 8 de noviembre de 2018

Eastern Coast Trip (IV)


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Brooklyn / 1 de noviembre, 2018. Cuarto partido de la gira, tocaba tomar el metro y dirigirse hasta la estación Atlantic Avenue, la cual deja a metros del Barclays Center. Es verdad eso que dicen del metro neoyorquino. Es sucio por dentro, pero funciona bien. Eso sí, hay que hacer los viajes con tiempo. A veces, el metro tardaba en pasar y pueden darse contratiempos. Lo bueno es que las señalizaciones están claras, en cuanto a las estaciones, líneas y colores del metro. Desde 33rd Street me dirigí a Brooklyn, en un recorrido que me habrá tomado una media hora. Apenas salí, caminé un poco en un barrio que en apariencia es mucho más tranquilo que Times Square y al entrar por Atlantic Avenue, encontré un tremendo edificio con una creativa fachada. Era el Barclays Center, el estadio que comparten los Brooklyn Nets y los New York Islanders. Ahí era el destino y el cuento de este día era ver hockey sobre hielo de la NHL, donde los Pittsburgh Penguins visitaban a los Isles.

Antes del estadio, recorrí los alrededores y pasé a comer a un local muy cercano al Barclays. Mucha tranquilidad en el ambiente y mucha música Rythm and Blues y/o Hip Hop. Muy urbano, me gustó ese entorno. Mientras almorzaba veía por las pantallas: en una, un panel de discusión sobre los Nets en Yes Network y en otra, NBA TV repetía el partido de la noche anterior entre los Timberwolves y el Jazz, donde Derrick Rose convirtió 50 puntos. Hasta pegó un lagrimeo el buen Rose después del partido. El cielo estaba nublado y el aire bien fresco, aún había tiempo por lo que me tomé con mucha calma el almuerzo. Porción engañosamente pequeña de fettuccini, no comí más hasta la noche. Pasada las 5 de la tarde comencé a caminar hasta llegar al estadio. Estaban comenzando a llegar algunos fanáticos. Fuera del estadio ya noté que predominaban los visitantes. Muchos Penguins, varios con camisetas del ídolo Sidney Crosby, algunos con camisetas de Evgeni Malkin y los más retro usaban la # 66 de Mario Lemieux. Todo en tonos negro, amarillo y blanco.

Roberto Abramowitz, un neoyorquino puro que tiene varios años de trayectoria como narrador deportivo, me alertó que los Islanders no llenaban su cancha. Tenía razón Robert, aparte de no llenar, los Isles tienen una afición pequeña y algo callada. Las camisetas Islanders se confundían con la gente de Pittsburgh, más algunos extranjeros. Habían personas con camisetas de la selección de Suecia. Algo lógico, el hockey se juega mucho en países nórdicos, los cuales aportan con una buena cantidad de jugadores para la NHL. Se abrieron las puertas a las 6 de la tarde, el acceso fue tan tranquilo como el ambiente de todo el partido. De todos los partidos que asistí, este fue sin duda el de ambiente más calmado. En los pasillos estaba Sparky, la mascota de los Islanders que se tomaba fotos con cuanta persona se acercara. Sus colores naranja y azul le daban una presencia algo curiosa, por decir lo menos. Entré a la cancha y mi primera vista es a la pista, que brillaba con el hielo, el cual lo pulían en zamboni en cada intervalo del partido.

Barclays Center es un estadio inaugurado en 2012 y se nota que es relativamente nuevo. Aparte de su construcción, los accesos son muy amplios por dentro y las butacas son muy cómodas. Encima, como predomina el negro dentro del estadio, ese oscuro detalle le da un toque bien especial. Muy Brooklyn, seguro. Ya se acerca el partido, la presentación fue muy formal. El hockey no tiene mucho show como sí pude ver en la NBA. Los jugadores de los Islanders eran todos aplaudidos por igual, no había predilección por nadie en específico. Pero cuando presentaron a los Penguins, Malkin y sobre todo Crosby, recibieron abucheos masivos. Para bien o para mal, parece que todos fuimos a ver a Sidney Crosby. Antes del faceoff y a propósito de la tragedia que había ocurrido en Pittsburgh casi una semana antes, hubo un momento de silencio en la pista. Silencio, tal cual. Nada de bromas. Mientras tanto, en la pantalla aparecía el lema "Stronger Than Hate". Sensato mensaje.

Hora de jugar. Los Islanders presionaban de entrada y el arquero Matt Murray tuvo que intervenir mucho. Los Pinguinos no atacaban, hasta su primera situación de power play donde abrieron el marcador. Dominik Simon recibió el puck y apuntó de una al arco. Golazo, 1-0. Con poco, los Pens lograban marcar diferencias. Son realmente buenos. El hockey no es un deporte masivo en comparación al fútbol americano o el béisbol, pero ver un partido de la NHL puede ser muy entretenido. Atletas que se desplazan a toda velocidad sobre el hielo, usando casco y protecciones y tratando de impactar el puck con un bastón. Por cierto, este encuentro me sirvió para derribar el mito ese que el puck no se distingue in situ. Falso, el disco se ve muy claro y se oye fuerte cuando un jugador lo impacta. Aparte, se aprecia cuando hacen sustituciones en pleno partido. A veces, los dos equipos cambian al mismo tiempo.

Volvamos al partido. Segundo período, los Penguins tenían todo controlado hasta que Josh Bailey quedó mano a mano con Murray y definió con mucha calma. Por fin hubo gritos locales, era gol para los Islanders. 1-1 y el partido se ponía bien interesante. En una esquina, se veían bien inocentes unos fanáticos Islanders que metían ruido y tocaban tambores, tratando de animar. Nunca lograron su cometido. Los Penguins gritaban mucho al principio, pero poco a poco se fueron silenciando. Un par de amagos de pelea en la pista subieron un poco los ánimos, pero no fueron más que insinuaciones. En verdad, el juego era bastante limpio. Con los años, la NHL ha limitado mucho la violencia en los partidos. No sé si personajes como Scott Stevens o Rob Blake tendrían cabida en el juego actual.

Último período y en cuestión de tres minutos, se movió el marcador dos veces. Hubo éxtasis cuando los Isles tomaron la ventaja, con gol de Anders Lee tras una sucesión de varios pases. Apenas pudieron disfrutar ese 2-1 parcial, ya que los Penguins aprovecharon otro power play para anotar. Gol de Malkin y volvieron a gritar los fanáticos Pens, quienes creían que podían llevarse el juego. De hecho, Pittsburgh jugaba mejor a esa altura. Hasta hubo tiros en los palos durante el tercer período. Pero el empate no se rompió y los 60 minutos reglamentarios acabaron 2-2. Había que jugar cinco minutos más y de acuerdo a las reglas del overtime en temporada regular, había que jugar tres contra tres. Pista abierta para la definición.

El tiempo adicional se resume en una jugada: contra ataque de los Penguins, Crosby se lleva el puck desde su propia zona y se va solo hasta a enfrentar a Thomas Greiss. Todos de pie presenciamos como Greiss se la jugó tirandose al hielo y en el acto, estiró su bastón para sacarle el disco a Crosby cuando buscaba amagar para sacar el tiro. Jugadón del arquero Islander, se llevó una ovación cerrada. Luego, casi en el final de la prórroga, Reiss se lució otra vez con una Glove Save. Se había convertido en figura, salvó el empate y el ganador tenía que definirse por penales o como bien se dice en la NHL, Shootout.

En la definición fallaron todos, Crosby incluido, con excepción de Bailey quien convirtió el último tiro de New York y fue suficiente para ganar el partido. Triunfo de los Islanders y su escasa afición sonreía respetuosamente, sin nada de burlas a la masa Penguin. Ya habían vencido a domicilio hace un par de días y ahora, volvían a hacerlo en su pista. Triunfos importantes, ya que estos equipos disputan el primer lugar de su división. Debo decirlo, fui a ver a Crosby pero terminé aplaudiendo a Greiss, quien fue premiado al final como el First Star del partido. Sus atajadas, aparte de útiles fueron espectaculares. Una experiencia muy agradable, viendo en acción a dos de los buenos equipos de la NHL disputarse un partido que llegó hasta la última instancia.

Debido a la prolongación del juego, todo acabó después de las 10 de la noche. Todo en orden y en calma, mucha gente al igual que yo tomando el metro de regreso a New York. Más tarde, pasé a comer a un local en Madison Avenue, que tenía varios partidos sintonizados. Me puse a ver NBA, Blazers contra Pelicans. Antes de la mitad, los Blazers ya tenían 70 puntos. Al sujeto que estaba sentado al lado mío parece que no le gustaba mucho partido ."There's no defense right now in the NBA", exclamaba con molestia antes de seguir hablando con el bartender sobre como y por quién apostar en los partidos de fútbol americano. En otra pantalla, había NFL: un chiste de partido, donde los 49ers se pasearon a los Raiders con un tal Nick Mullens jugando de mariscal en San Francisco. Un poco más lejos, había otro partido de hockey: los Rangers derrotando a los Ducks por penales, tal como en el partido que había presenciado hace poco.

Volví a engancharme con el basket. Mientras los Blazers llegaban a 132 puntos, en la parte baja de la pantalla pasaban noticias. Una de esas: "James Harden, doubtful for friday vs Nets". Me detuve en ese momento. Sabia que al día siguiente había basket en Brooklyn y al ver esa noticia pensé, si Harden no juega quizás haya gente que deje sus entradas o tal vez bajen un poco los precios. Supuestamente, el hockey iba a ser mi último partido. De pronto, me entró el apetito por un quinto partido. El jueves anduvo bien con el hockey en vivo, pero el viernes podría estar mejor. Se abrió la chance de un partido más en la gira.


Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

domingo, 18 de junio de 2017

El bicampeonato de los Penguins


por Claudio Jorquera
Twitter: @chonet

Y ya tenemos campeón de la final de la Stanley Cup 2017. Los Pittsburgh Penguins se convirtieron en el primer equipo de la NHL en el presente siglo que logra defender con éxito su título, luego de derrotar en seis partidos a los Nashville Predators. El equipo dirigido por Mike Sullivan logró hacer historia, duplicando su título por primera vez desde el bicampeonato de los Detroit Red Wings a finales de los años 90, equipo que ya reseñamos en la crónica previa a las finales.

La serie comenzó con dos partidos en Pittsburgh, que dejaron un contundente botín de 2-0 en el bolsillo de los campeones, pero que no fueron paseos en el campo. En el primer partido, un 5-3 muy mentiroso, ya que los Predators mostraron un juego muy sólido y contundente, limitando a los Penguins a lanzar apenas 12 tiros a puerta, ninguno en el segundo período. El comienzo del enfrentamiento estuvo lleno de polémica debido a un gol anulado por offside vía replay que pudo haber cambiado todo. Terminando el primer período, los Penguins se inspiraron y marcaron 3 goles en casi 4 minutos. El primero, un fierrazo en Powerplay de Geno Malkin, el segundo un pase de Chris Kunitz mirando a la tribuna que distrajo a Pekka Rinne, que permitió la anotación de Conor Sheary, quien estaba completamente solo. La tercera conquista, llegaría por un disparo de Nick Bonino que no iba dirigido al arco, pero se encontró con la rodilla del sueco Mattias Ekholm, quien venía patinando muy rápido luego de un cambio de líneas.

La enorme ventaja de los locales fue finiquitada a mitad del último período, con dos goles en ventaja numérica, situación que se volvería a repetir en el partido tres. Fueron 3 goles bajo Powerplay en este partido, algo que no se repetiría jamás. Ryan Ellis anotaría el primer descuento con un disparo lejano facilitado por un pase del polémico P.K. Subban. El segundo descuento, también logrado en Powerplay y en pleno tercer período, llegó gracias a un lanzamiento a media distancia de Roman Josi que rebotó en la parte interna de la rodilla del excelente Colton Sissons. Tres minutos después, un trabajo enorme de Austin Watson batallando por el puck junto a la pared y contra dos defensores, lo dejó libre para dar un certero pase a Frederick Gaudreau, quién apareció como una exhalación desde atrás para anotar su primer gol en estos playoffs y así empatar el juego.

Los Predators, por juego y momentum, iban directo a la victoria, pero casi al final, el desaparecido novato (venía de 8 partidos seguidos sin anotar gol) Jake Guentzel marcó el gol clave con un disparo que se coló arriba de la portería de Pekka Rinne. Al final, se concretaría  la dupleta de Nick Bonino, con un gol en portería vacía.

Dos días después, en el mismo PPG Paints Arena, el segundo duelo. De seguro, no se repetiría una secuencia de tres goles rápidos para los locales. Pero para sorpresa de muchos, se volvió a dar. En el primer período, por fin Nashville pudo ponerse en ventaja, con un golazo de Pontus Aberg, quién en un esfuerzo solitario, venció la débil marca de Olli Maata y con un rápido movimiento derrotó a Matt Murray. El empate llegó luego de un pobre PP de los Penguins, gracias a un jugador que, ahora, estaba en estado de gracia, Jake Guentzel.

En el comienzo del tercer período, la avalancha pinguina. Luego del pitazo inicial, una rápida contra de los locales via Bryan Rust. El oriundo de Pontiac lanzó un potente disparo, y el rebote dejado por Rinne queda a merced del talentoso novato Guentzel, para poner el 2-1. Los otros dos goles, llegaron tres minutos después, y en un lapso de 15 (si, quince!!!!) segundos. El primero vendría de la mano de Scott Wilson, quién le dio un insignificante toque al puck  luego de un pase de un muy irrelevante Phil Kessel, que permitió el rebote en el patín de Fiddler. El disco entró por un espacio también insignificante, para decretar el 3-1. 

Al rato después, la velocidad impresionante de Malkin le permitió sacar una enorme ventaja a Roman Josi y sacó un bombazo que se metió arriba de la portería de Rinne. Un Pekka Rinne que recibió 9 goles en 37 tiros al arco, que lo condenó a salir por el resto del partido, para dar paso al finés Juuse Saros. El reserva salió invicto gracias a un gol anulado por el mismo mecanismo del partido anterior. Un offside visto en el replay. 2-0 en la serie y los Predators tenían que preparar la batalla de los partidos tres y cuatrp en un verdadero volcán en ebullición, el Bridgestone Arena. 

Y fueron muy contundentes. Un global de 9-2 se llevaron los Penguins de vuelta a casa. En el tercer partido, Pittsburgh se puso en ventaja, nuevamente de la mano de Guentzel, y terminó el primer período arriba en el marcador. Pero el segundo período fue la fiesta de Roman Josi. El fenomenal suizo anotó el empate con un balazo y luego dio asistencias a Gaudreau y James Neal, éste último aprovechando un rebote y pase de Viktor Arvidsson, para cerrar el período con un sólido 3-1. En el tercer período, los Penguins literalmente desaparecieron. Smith con un disparo frente a Miller y Ekholm, con un fuerte y angulado disparo cerraron la goleada 5-1. La sensación posterior era que unos Predators más disciplinados estarían tranquilamente en ventaja de 3-0.



La serie se empató 48 horas después. Los Penguins solo anotarían en el primer período, con el empate parcial de Sidney Crosby, luego de la oportuna acción de Calle Jarnkrok para abrir la cuenta. Luego del primer intermedio, Gaudreau anotaría su tercer gol de la serie para romper el empate, en una rápida movida detrás de la portería, que tuvo que ser confirmada luego de revisar el video. Los Penguins tuvieron grandes oportunidades para empatar, pero una gran tapada luego de un violento lanzamiento de Crosby y, tras cartón, otra salvada imperial de Rinne impidió el 2-2. En una contra, Arvidsson anotaría el casi definitivo 3-1, el cual fue confirmado con un Empty Net Goal de larga distancia, cortesía de Filip Forsberg. Sería el último gol de los playoffs para los Predators.

Como sucede habitualmente, el quinto partido sería clave. Podía dejar match point a los Predators, quienes podrían finiquitar su primer título en casa. Pero justo se les ocurrió jugar el peor partido de la serie. Y los Penguins, jugaron el mejor. En menos de 7 minutos ya los Penguins estaban 2-0, con sendos goles de Justin Schultz y Bryan Rust. En la agonía del período inicial, los locales se ponían 3-0 con una combinación extraordinaria de Phil Kessel y Evgeni Malkin. El primero, controlando con maestría el disco, esperando con paciencia la llegada del ruso, quien con un bombazo de primera, derrotó a Rinne. Nuevamente sería sacado del partido.

El segundo período también fue muy contundente. Connor Sheary le dio rápidamente la bienvenida a Juuse Saros, luego de un genial pase de Crosby. Luego, Kessel firmó su oportuna reaparición, con un disparo solo a media distancia. Al terminar el período, una esforzada salida desde propio campo del defensor Ron Hainsey le permitió llegar al gol luego de una nueva combinación de Kessel y Malkin. Se repetía la misma fórmula, pero en orden distinto, al 3-0 del primer tiempo. Partido más que finiquitado. El período final estuvo de más, aunque se destacó por sus 14 penalidades, 9 de ellas por peleas, mala conducta y actitud antideportiva. Aunque lo más violento había sucedido en el primer período, donde en una acción que pasará a la historia, un violento Sidney Crosby -quién ya sufrió conmociones cerebrales en el pasado - golpeó repetidamente contra el hielo la cabeza de P.K. Subban, situación lamentablemente ignorada por los jueces. Algo que no va a ayudar a la imagen de jugador sucio que tiene la superestrella de los Penguins.

El partido 6 suponía el regreso a la caldera de Nashville y la oportunidad de los locales de salvar el match point que tenían en contra, el primero de todos los playoffs. Hubo oportunidades para ambos equipos, generando un partido muy dinámico y muy entretenido. Rinne y Murray fueron figuras durante todo el encuentro.

Los errores arbitrales fueron muy comentados. En el segundo período, un disparo a quemarropa de Filip Forsberg es contenido de forma parcial por Matt Murray. Pero en un costoso error, el referee Kevin Pollock firmó su sentencia de muerte en el estado de Tennessee y pitó apresuradamente el fin de la jugada, pensando que el portero había detenido completamente el puck. Pero no fue así, el disco se deslizó por debajo de joven guardameta y quedó a merced de Colton Sissons, quien anotaría. Luego del replay, el equipo arbitral confirmó la anulación del gol. Error costoso que cambió en parte el destino de la serie.

Los Predators no pudieron concretar. Sissons, Arvidsson y Josi fallaron grandes oportunidades de gol. Contaron con 4 powerplays, incluyendo un 5 contra 3 por algunos segundos. Pero no llegó el gol de la ventaja. El tercer período se llenó de tensión y parecía que el que anotara, se llevaría la victoria. Y llegó a los 58 minutos de juego, con un gol que valió una copa. 

En una inocente jugada cerca de la pared del lado de Nashville, el defensa Ryan Ellis hizo rebotar el puck contra el muro. El Center Calle Jarnkrok, algo perdido en terreno defensivo, no fue capaz de enviar lejos el disco. Chris Kunitz lo tomó en terreno contrario y buscó a Justin Schultz, quién intentó un fuerte disparo a la derecha del portero. Luego del rebote en la pared y la parte posterior del arco, apareció un desaparecido Patrik Hornqvist, quién en un rápido movimiento, se desplazó del frente del área celeste, se puso a la izquierda de Rinne, hizo rebotar el puck en el codo izquierdo del portero, quién desesperado, no pudo dar con el disco y le dio un golpe en la cara al que inició la jugada, Ryan Ellis.




Luego de la revisión por posible interferencia sobre el portero, se confirmó el gol, y en las postrimerías del partido, un gol con la portería vacía de Carl Hagelin sentenció la serie, la Copa y el bicampeonato para la franquicia de Pittsburgh. Quinto título en seis finales, y todas logradas fuera de casa. Los jugadores felicitaban con todo al joven Matt Murray, quien sacó dos blanqueadas en los partidos 5 y 6 de la serie. Mientras tanto en Pittsburgh, una multitud pagó 10 dólares para ver el partido en la pantalla del PPG Paints Arena. 19.000 fanáticos lloraron de alegría con el nuevo éxito de los Penguins.

Sidney Crosby se llevó por segundo año seguido el Conn Smythe Trophy, que premia al mejor jugador de todos los Playoffs. 27 jugadores (incluyendo tres lesionados, como el destacado defensa Kris Letang) y 26 entrenadores, administrativos y miembros del Front Office -incluyendo a la leyenda y dueño Mario Lemieux- se ganaron el derecho de ver sus nombres grabados en la legendaria Stanley Cup.

Los Penguins se convirtieron, junto a los Edmonton Oilers, en los equipos con más campeonatos de la Stanley Cup dentro de las franquicias que no formaron parte del Original Six, superando a un rival clásico, los New York Rangers, aunque aún quedaron muy lejos de los 24 títulos de Montreal Canadiens, los 13 de Toronto Maple Leafs y los 11 de Detroit Red Wings. Eso sí, han quedado apenas a un título de Boston Bruins y Chicago Blackhawks, por el cuarto lugar en el historial de campeones.

Para Nashville, queda el consuelo de llegar como underdog en todas la series en las que jugaron y sacar adelante unos playoffs extraordinarios, con un juego contundente, vistoso y contar con el apoyo de una fanaticada de lujo. Ahora tienen el desafío de dar profundidad a sus líneas de ataque, renovar varios agentes libres importantes y resolver el problema de la portería. Peter Laviolette ha logrado notables avances en estos tres años a cargo del equipo, clasificando a playoffs en todas las temporadas, aunque los puntajes en temporada regular han ido bajando.

Nos veremos en una próxima oportunidad.

Claudio Jorquera es columnista invitado en Gringo Sports. Es uno de los responsables de NFL Chile, siendo columnista y conductor del podcast de aquel sitio. Además, contribuye para Spanish Bowl.

lunes, 29 de mayo de 2017

Rumbo a la Stanley Cup 2017


por Claudio Jorquera
Twitter: @chonet

Este lunes 29, a las 20 horas de Chile, comienza la disputa de uno de los torneos más antiguos que tenga el deporte de Norteamérica, la Copa Stanley. La final de la liga de hockey sobre hielo, la NHL, comenzó a disputarse en Canadá en la última década del siglo XIX, gracias al ímpetu del Gobernador de Canadá en ese entonces, Frederick Stanley. El objetivo, entregar el trofeo al mejor equipo amateur de Canadá, el cual debía grabar su nombre en la Copa, la cual nunca es propiedad del ganador, sino que debe ser entregada año a año al nuevo monarca. En la Copa se van registrando los jugadores y técnicos campeones, por lo que el trofeo ha ido aumentando su tamaño con el paso del tiempo. Pero eso no podía continuar. Actualmente, cada piso de la Copa permite ingresar 13 campeones. Para mantener el tamaño, el agregado de un nuevo piso obliga a eliminar el más antiguo. Esos pisos desechados por el paso del tiempo, son almacenados en el Salón de la Fama del Hockey.

Stanley nunca pudo entregar la Copa, ya que debió regresar a Inglaterra debido al final de su mandato en América. Año a año, un equipo debía desafiar al campeón. Si bien la copa está plenamente relacionada con la NHL en la actualidad, durante sus primeros años fue repartida entre diferentes ligas amateurs y semiprofesionales de Canada. En 1917 fue fundada la NHL, que reemplazó a la suspendida NHA y comenzó a disputar el campeonato del mejor del mundo contra la Pacific Coast Hockey Association, la cual ya estaba incorporando equipos de Estados Unidos, como Portland y Seattle.

Incluso, en 1922 el torneo se disputó entre 3 ligas, dada la incorporación de la WCHL (Western Canada Hockey League). En 1924 desapareció la PCHA y en 1926, la rebautizada WHL sufrió la misma suerte, por lo que en 1927 la Stanley Cup pasó a disputarse entre los equipos de la NHL, que en ese momento contaba con 10 conjuntos, cuatro de Canadá, siendo los Ottawa Senators los primeros campeones en este formato. Unos Senators que son una franquicia diferente a la actual.

La NHL contó con un máximo de 10 equipos hasta 1942, donde se redujo a seis, los cuales eran conocidos como The Original Six. Los seis originales eran los Detroit Red Wings, Toronto Maple Leafs, Boston Bruins, Montreal Canadiens, Chicago Blackhawks y los New York Rangers, quienes se repartieron los títulos de la Stanley Cup hasta la temporada 1967-68, cuando se produjo la primera oleada de expansión, subiendo de 6 a 12 equipos.

Ahora la NHL cuenta con 31 franquicias (sumando la participación de Las Vegas Golden Knights, que debutarán en la próxima temporada) y son los Montreal Canadiens los máximos ganadores, con 24 títulos (22 como miembro de la NHL), secundado por los Toronto Maple Leafs con 13 y los Detroit Red Wings, con 11 conquistas.


En 2017, la final contará con un debutante absoluto en esta instancia, los Nashville Predators. Y como sorpresa absoluta. El equipo del estado de Tennessee fue el último clasificado a Playoffs, representando a la Conferencia Oeste con 94 puntos, a quince de los primeros sembrados, Chicago Blackhawks. Y el equipo de la ciudad del viento fue el primero en sufrir los embates del conjunto sureño en la postemporada, inclinándose rápidamente por un resultado final de 0-4. Una barrida que empezó con dos partidos con el arco en cero. Chicago demoró 141 minutos en anotar el primer gol a los Predators, en el segundo período del tercer partido, que terminaría perdiendo en overtime. En el cuarto partido, los Hawks fueron barridos en el tercer período, perdiendo finalmente por 4-1. 10 goles de ventaja obtuvo Nashville en la serie, con un global de 13-3.

En la segunda ronda, Nashville debía enfrentar a los St. Louis Blues, quienes habían obtenido el tercer lugar en la División Central. Una serie muy cerrada en los marcadores (cuatro de los seis partidos se definieron por un gol), pero que siempre tuvo el control de Nashville, que iba aumentando su confianza, gracias a la gran eficiencia del portero finés Pekka Rinne y su contundente primera línea ofensiva, conformada por Filip Forsberg, Ryan Johansen y Viktor Arvidsson, quienes acumulan 13 goles y 25 asistencias en los Playoffs. 4-2 fue el resultado final de la serie a favor del equipo amarillo y blanco.

En la final de conferencia, los rivales fueron los campeones de la División Pacífico, Anaheim Ducks, permanentes animadores de los playoffs en esta década. Estos equipos ya tenían un historial previo en 2016, donde los Predators se quedaron con la serie de primera ronda. Difícil enfrentamiento en el papel, ya que los Ducks tenían la mejor defensa de la conferencia, aunque no se había visto tan bien en la postemporada. Los Ducks, al igual que los Predators, barrieron a sus rivales en primera ronda (los Calgary Flames), pero llegaron al máximo de siete partidos frente a los Edmonton Oilers, uno de los cuales remontó de forma épica, con tres goles en 181 segundos en el último período para forzar el overtime y ganarlo. La serie Predators - Ducks fue golpe a golpe hasta el cuarto partido. En el quinto juego vino el quiebre, perdían 0-1 a la mitad del tercer período, pero tres goles seguidos les permitieron quedarse con el partido. La serie se acabó en el Bridgestone Arena, Luego de un 2-0 en el primer período, los Ducks batallaron para ponerse 3-3 casi en la mitad del último período. Colton Sissons casi finiquitó el partido con el 4-3, a seis minutos del final. La necesidad obligó a los Ducks a dejar su portería vacía para intentar remontar, pero dos goles postreros cerraron una goleada de 6-3 para los locales, que celebraban su primer viaje a la Stanley Cup.


Por el lado de la Conferencia Este, los campeones vigentes, Pittsburgh Penguins, buscan lograr una hazaña que no se consigue desde 1998, cuando el gran coach Scotty Bowman (quien también logró una Stanley para los Penguins en 1992) logró un bicampeonato para los Detroit Red Wings, aquel fabuloso equipo con el Russian Five, compuesto por los atacantes Igor Larionov, Vyacheslav Kozlov y Sergei Fedorov. mientras que en defensa, las estrellas eran Vladimir Konstantinov and Viacheslav Fetisov, cerrando la formación de ese dominante equipo, que también tenía en su plantel a otras grandes estrellas como el fantástico defensor sueco Nicklas Lidstrom y el eficiente portero canadiense Chris Osgood.

Los Penguins cuentan con el mejor jugador de la liga, el canadiense Sidney Crosby y un plantel lleno de estrellas que han formado gracias a la agencia libre, pero fundamentalmente a la buena gestión de sus prospectos en sus equipos de divisiones menores, en particular a los que han jugado en su filial de AHL, los Wilkes-Barre/Scranton Penguins, un equipo de una pequeña ciudad del estado de Pennsylvania. Evidentemente, son los grandes favoritos para alzarse con la Copa.

Pero el camino no ha sido fácil para Pittsburgh. Hace 18 meses el equipo estaba viviendo una fuerte crisis deportiva. Un equipo fuera de zona de playoffs, con refuerzos que no funcionaban, terminaron con la salida del coach Mike Johnston, quién fue reemplazado por Mike Sullivan, un ex jugador de la NHL que solo tenía dos años de experiencia como entrenador en jefe, con los Boston Bruins hace 10 años. El cambio fue un bálsamo de alivio para la franquicia. Una racha impresionante de partidos, un cambio de arquero clave y el rescate de las grandes estrellas le permitió quedarse con la Copa Stanley de 2016. Es curiosa la historia de los Penguins en playoffs. tres de sus cuatro títulos vinieron luego de cambios de entrenador durante la temporada y las cuatro copas conseguidas, fueron ganadas en partidos fuera de casa.

En esta temporada, los Penguins obtuvieron el segundo mejor récord de la liga con 111 puntos, siete menos que los campeones del Este en temporada regular, los Washington Capitals. En primera ronda, se enfrentaron a los Columbus Blue Jackets, un complicado equipo que sólo quedó a tres puntos de los Pens. A pesar lo contundente que se ve un 3-0 en la serie, los partidos fueron bastante parejos en el trámite. El renacido portero Marc-André Fleury fue la gran figura, acumulando 103 salvadas de gol en esos tres primeros duelos. A pesar de la derrota en Columbus, el equipo de Pittsburgh cerró la serie en casa con un triunfo de 5-2, con el delantero Bryan Rust como gran figura, anotando dos goles. Fleury estuvo nuevamente soberbio, salvando 49 de los 50 tiros al arco que recibió en ese partido.

En semifinales, un viejo conocido. Un equipo ávido por ganar la Copa, los Washington Capitals, comandados por su gran figura Alexander Ovechkin, drafteado en 2004 (un año antes que Sidney Crosby). Los Penguins se impusieron de forma muy clara en los dos primeros duelos en condición de visitante y parecía que la serie se acabaría muy rápidamente. Pero el punto de inflexión se produjo en el tercer partido. El referente Crosby saldría por lesión durante el desarrollo del primer período, partido que terminarían perdiendo en overtime, luego de un notable esfuerzo de Malkin y Schultz en los últimos dos minutos del tercer período. Crosby se ausentó en el cuarto partido, pero eso no impidió que la serie se pusiera 3-1 para los Pens. Sería el último partido de gran nivel para este equipo hasta la serie final. El retorno de Crosby no fue fácil y Washington igualó la serie 3-3. En el séptimo duelo, un partido perfecto de Fleury permitió la blanqueada por 2-0.

En la final de conferencia, un equipo de perfil totalmente diferente, los Ottawa Senators. El equipo de la capital de Canadá se destaca por un juego defensivo, muchas veces criticado por lo aburrido. Pero allí estaba, luego de despachar por 4-2 a sus rivales previos, Boston Bruins y New York Rangers. Y los Penguins, que ya venían en baja, lograron apenas ganar uno de los tres primeros partidos de la serie, marcando apenas tres goles en total y siendo totalmente vapuleados en el tercer duelo. El 0-4 de Ottawa en los primeros 13 minutos del primer período significó la otra vuelta de tuerca de Mike Sullivan, con la salida de Marc-André Fleury por el muy joven Matt Murray. El talentoso portero cerró el arco al rival y fue muy importante para el éxito final en la serie. Después de la catástrofe, el juego cuatro fue totalmente opuesto. Un 3-0 inicial para los Penguins fue maquillado por dos goles finales de los Senators. El quinto, una verdadera paliza. Un 7-0 para los Penguins que hizo delirar al a veces muy frío PPG Paints Arena y que parecía hundir definitivamente al equipo canadiense. Pero luego de un 0-1 inicial, Ottawa se quedó con el sexto duelo, que forzaba a un todo o nada en Pittsburgh.

El séptimo juego fue dramático. Los Penguins esutvieron arriba en todo momento, por juego y marcador. Pero los Senators se las arreglaban para empatar. El partido tuvo que extenderse hasta un segundo overtime, gracias a la actuación colosal del portero Craig Anderson, el mismo que fue vapuleado 7-0 en el día de su cumpleaños, pero que en el partido decisivo salvó un verdadero bombardeo de los locales. Finalmente, la gloriosa defensa de Ottawa cayó con un formidable tiro a media distancia de Chris Kunitz, a pase de Crosby. 85 minutos se necesitaron para cerrar la serie.

Pittsburgh vs Nashville. Han pasado casi 19 años, la NHL ha visto pasar 17 temporadas (debemos recordar que la temporada 2004-05 no tuvo campeón debido a una huelga de jugadores) y no hemos tenido campeones seguidos. 11 de los 30 equipos de la liga se han repartido los campeonatos en ese lapso, siendo Chicago el máximo ganador con tres Copas Stanley, obtenidas en 2010, 2013 y 2015. ¿Logrará Pittsburgh un bicampeonato histórico para este siglo? ¿Tendremos una nueva cenicienta en los deportes?

Lo sabremos en el mes de junio.

Claudio Jorquera es columnista invitado en Gringo Sports. Es uno de los responsables de NFL Chile, siendo columnista y conductor del podcast de aquel sitio. Además, contribuye para Spanish Bowl.

jueves, 12 de enero de 2017

Misión Houston (II)


Cada año se repiten las voces que claman por más partidos de temporada regular y más cupos de playoffs y asimismo, cada año la realidad demuestra que nada de eso es necesario. Bajo el actual formato de 16 partidos regulares por cada equipo y 12 plazas de postemporada, está comprobado que la competición de la NFL es saludable y nivelada, aún si hace más de una década se están dando casos de equipos en playoffs con rendimientos de 50% o peores.

¿Qué ocurrió en la reciente ronda de Wild Card? los cuatro partidos ya estaban decididos antes de llegar al último cuarto y la media de puntos de margen fue de 19.0, la más alta desde que se agregó esta instancia en 1990 y la mayor en cualquier etapa de playoffs desde 1981. Una tendencia que se repite cada año es ver a un equipo que pierde por amplio margen. En esta ocasión, se dieron dos casos así: los Detroit Lions perdieron por 20 puntos (6-26) en su visita a los Seattle Seahawks, cerrando su temporada con cuatro derrotas consecutivas, mientras que los Miami Dolphins cayeron por 18 (12-30) en la casa de los Pittsburgh Steelers.

Los Lions terminaron sintiendo la lesión de Matthew Stafford, quien bajó su productividad en las últimas semanas y con ello, decayó toda la unidad ofensiva. En tres de los últimos cuatro partidos, Stafford no lanzó un solo pase de touchdown. Eso explica mucho. El caso de los Dolphins es diferente, pues ya tenían algunas semanas jugando con su mariscal suplente Matt Moore. Encima, temprano cayeron en desventaja la cual nunca pudieron revertir y para peor, Jay Ajayi no fue factor (33 yardas en 16 acarreos). Habría que agregar también a los Oakland Raiders, cuya temporada prácticamente murió hace casi tres semanas, cuando se lesionó Derek Carr. Muy poco tiempo para encontrar un plan alternativo y eso se notó. Su ofensiva, muy potente a través del año, fue más bien inofensiva ante los Houston Texans quienes los dominaron con su defensa.

Entre lo destacado del fin de semana pasado, se encuentran los Green Bay Packers quienes sumaron su séptima victoria consecutiva, 38-13 ante los New York Giants y llegarán con todo el ímpetu a su favor para enfrentar a los Dallas Cowboys, el próximo domingo. Aaron Rodgers puede sufrir capturas en cada partido, pero siempre se las ingenia para evadir rivales y buscar la mejor opción posible. Completó el 62.5% de sus pases, sumó 362 yardas y cuatro touchdowns, uno de ellos al finalizar el segundo cuarto, donde se jugó con un Hail Mary que cayó directo en las manos de Randall Cobb. Desde el 3 de diciembre de 2015 hasta la fecha, Rodgers ha logrado tres pases de esa especie... ¡Tres en poco más de un año! algo sin precedentes en la historia de la liga.

Un factor común en los triunfos de los Seattle Seahawks y los Pittsburgh Steelers fue la alta dosis terrestre que aplicaron ambos equipos. Thomas Rawls corrió 27 veces (su mayor cantidad en un partido de esta temporada), sumó 161 yardas y anotó en una ocasión, ayudó sustancialmente a que su equipo controlara el tiempo de juego y con ello el partido, que fue dominado por el equipo de Seattle. En total, corrieron 38 veces y lanzaron 30. Pensando en su venidera visita a los Atlanta Falcons, esta receta podría ser muy recomendable, primero para establecer su ritmo de juego y también, en teoría, para mantener fuera de la cancha a la ofensiva de los Falcons, una de las más prolíficas de este año.

En caso de los Steelers se notó aún más la producción por tierra. Leveon Bell corrió 29 veces, totalizando 167 yardas y un par de touchdowns. Considerando la lesión de Ben Roethlisberger, una alta y eficiente producción de su corredor podría ser clave para su próximo partido frente a los Kansas City Chiefs, cuya defensiva permitió 121.1 yardas corridas por partido, el séptimo peor promedio de la competición. Por cierto, en el duelo de temporada regular, jugado el pasado 2 de octubre, Bell corrió 144 yardas frente a los Chiefs. Una fórmula clásica pero muy útil en el tramo más complejo de la temporada.