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viernes, 6 de diciembre de 2019

Eastern Coast Trip (IV)


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

New Jersey / 1 de diciembre, 2019. Ha hecho frío toda la semana, se siente que es otoño casi invierno. El viernes ya había visto gente con ropa verde y amarillo, el sábado vi más gente con atuendos referentes a los Packers. Era obvio, muchos andaban de visita en New York aprovechando que a Green Bay le tocaba jugar en estos lares. El partido iba a tener un condimento especial, el clima. Durante el sábado, en los noticieros locales ya alertaban una inminente nevada que iba a caer en toda el área de New York/New Jersey el domingo y el lunes. Ya me estaba haciendo la impensable idea de ver un partido con nieve y lo difícil que podría ser eso. Para matizar, un poco de humor. Vi el reporte de los Giants en la estación local de ABC y Pat Shurmur salió diciendo que "my players are doing good job in practices", el único detalle como el mismo añadió era que en los partidos no ejecutaban bien. Ese pequeño detalle. Con razón a los Giants les está yendo mal.

Domingo, 8am. Ya estaba despierto, preparándome para mi retorno a Metlife Stadium. Y este retorno era especial, era para presenciar a los Green Bay Packers en directo. ¡Iba a ver jugar a Aaron Rodgers! Aún no tenía mucha conciencia de aquello. Apenas al salir a la calle, ya estaba lloviendo. Y cuando llegué en el bus hasta el estadio, ubicado en Meadowlands, la lluvia era más intensa. La temperatura oscilaba entre 0 y 1 grado, mucho frío. Aunque ya había mucho ambiente a las 11am. Fuera del estadio, mucha gente bebiendo y comiendo asados. Me gustó ver a gente simpatizante de los dos equipos compartiendo entre sí. De todas formas, los hinchas de los Packers eran mayoría. Camisetas verdes y blancas por todos lados. Vi a varios con jerseys de Rodgers, Matthews, Nelson y algunos medios especiales de A.J. Hawk y hasta uno de Blake Martínez (!). En fin, la diversidad. Hacía tanto frío, que adelantaron la apertura de las puertas. Antes de las 11:30 ya estaba adentro, viviendo mi último partido de la gira. Mucha gente dentro, pero nadie en los asientos. Para combatir el frío, café y comida rápida. Sirvió mucho para calentar el cuerpo.

Ya a esa hora reportaba mi presencia en las redes, sobre todo para NFL Chile. Me avisaban que los Giants no contarían con algunos backs defensivos. "Rodgers se forra", pensé. Además, supe después que tampoco iban a contar con Golden Tate y Evan Engram. Casi a las 12:30 decidí finalmente subir a mi ubicación en el estadio, lo primero que escuché fue a alguien gritar "Fire Shurmur!" Qué mal la pasan los hinchas de New York. Cuando salieron a calentar los jugadores de Green Bay, aplaudimos casi todos. Los Packers jugaban de local en New Jersey. Mucho frío y se avecinaba la nieve, como lo dije en un reporte que hice previo al partido. Ya cuando cantaron el himno, estaba nevando y se notaban algunas manchas en la cancha. Se viene el snow football.

Pasada la 1:00, comenzó el football. Packers contra Giants. Green Bay necesitaba ganar, había sufrido una fea caída en San Francisco. Los big blue ya están fuera de todo. Apenas comenzado el partido, me di cuenta que Rodgers por sí solo valía la entrada. En menos de un cuarto de juego comprobé in situ que es un jugador excepcional. Por presencia y por cualidades. Sin perder tiempo, empezó a completar pases desde la primera serie, hasta llegar al touchdown inaugural con Davante Adams. Pude comprobar también que Adams es el receptor con el que mejor se lleva Rodgers. Además del timing, se nota que hay jugadas diseñadas para que Adams atrape el balón. Algo que me impresionó, fue ver como Rodgers siempre mantenía la vista fija en sus receptores, aún cuando tenía que salir del pocket. Los Giants colocaban presión y lo sacaron varias veces del bolsillo, Rodgers nunca perdió la calma.

Los azules al menos le ponían ganas al principio. Empataron el juego con un pase de Daniel Jones con Sterling Shepard. En ese momento, la cancha ya estaba cubierta por la nieve. Sí, esas clásicas escenas televisivas ahora las tenía frente a mí. Es bonito presenciarlo, pero es difícil soportarlo. Jones colocaba pases rápidos y tenía tiempo para lanzar, los Packers no presionaban y los backs quedaban expuestos. Antes del final del primer período, una de mis jugadas favoritas del día: play action, pase con espiral perfecta de Rodgers y touchdown de Allen Lazard. Creación, precisión y perfección. Aaron no necesita mucho tiempo para hallar receptores, así lo demostró en este partido. 14-7 al finalizar el cuarto y si bien, el duelo era parejo, ya comenzaban a patinar los Giants. Confusiones en algunas jugadas y los primeros errores de Jones. Así tiró la primera intercepción, Kevin King aprovechó el regalo. Pese a no correr mucho, los Packers lograban avanzar en la cancha. Solo sacaron un field goal de Mason Crosby para la diferencia de 17-10 rumbo al intermedio. Los NYG insistían y hasta se la jugaban en casi todos los 4th downs, pero de a poco comenzaban a rezagarse.

Estaba bueno el partido, bien dinámico como reportaba por Whatsapp en el intermedio. Por cierto, fui a calentarme las manos durante la pausa. ¡Qué frío que hacía! Y estabamos todos en la misma. Cabe mencionar que el estadio estuvo solo a un 70% de su capacidad. Supongo que el frío y la pobreza de los Giants habrá hecho que mucha gente haya decidido no ir al estadio. Durante las pausas, ofrecían algunos highlights de los partidos que se jugaban en simultáneo. Parece que estaba intenso el duelo en Baltimore y casi me desmayo con esa trick play que sacaron los Dolphins. De vuelta a la acción, el tercer cuarto se fue rápido aunque con solo tres puntos. La diferencia era de cuatro, pero el entusiasmo que aparentaban los hinchas locales se esfumó a pocos minutos de comenzado el último cuarto. Una serie de +7 minutos culminó con un fulminante tiro de Rodgers a Adams, para el 24-13. Hasta canté el touchdown para NFL Chile. Al poco rato después, Jones regaló otra intercepción. Listo, se fueron casi todos los seguidores de los Giants. Y el éxodo continuó con la última anotación, Rodgers a Marcedes Lewis. Aaron se desplazó con comodidad para sacar el pase, fue la sentencia para el noveno triunfo de Green Bay. Esa jugada también fue merecedora de otra nota de audio.

En los minutos finales, uno de mis momentos favoritos: el cántico "Go Pack Go!", coreándose fuerte y claro por todo el estadio. En serio, se sentía fuerte ese cántico. Packers locales y triunfantes esta vez, 31-13. El partido se fue rápido, a las 4:00 ya estaba concluyendo y antes de retirarme, me tomé un tiempo para grabar un breve comentario. Solo para dejar registro que estuve en Metlife Stadium, para ver como los Packers aprovecharon ante unos débiles Giants que sufren otro año perdido. A menos que pase una catastrofe, Green Bay debiera estar en los playoffs. Aunque no se cuanto vayan a durar, viendo que la defensiva está con problemas para presionar mariscales. De todas formas, Za'darius Smith regaló otro de los momentazos, cuando capturó a Jones y acto seguido, se puso a bailar. Za'darius sabe.

Terminó el juego y por increíble que pareciera, terminaba la gira. Mi segunda gira en poco más de un año. Si me hubiesen dicho hace un par de años, que iba a viajar dos veces a NYC e iba a ver nueve partidos en total, no la hubiese creído por ningún motivo. Y creo que aún no lo proceso totalmente. Vi en directo a Aaron Rodgers y vi a los Packers, y el Go Pack Go y todo eso que le gusta a la gente de Green Bay. Había que tomar el bus de vuelta a New York, bajo una interminable lluvia. En el bus, casi puros Packers. Algunos mexicanos, incluso. Para cerrar, entré a un SportsBar de estilo irlandés para comer algo, mientras observaba los partidos del segundo turno. Un domingo neoyorquino cualquiera en temporada de fútbol americano, supongo.

Siento que pasó todo rápido, será porque trato de no hacer mucha expectativa antes o quien sabe. Termino una segunda gira con éxito, aprovechando la experiencia del primer viaje, volviendo a lugares que ya considero como hogar (Boston!!!) y hasta me di gusto de ver en directo a los Packers. Supongo que con los años sabré valorar estas experiencias. Dos viajes, dos giras, dos recorridas por estadios. ¿Habrá tercera? veremos, ni yo lo sé.

Gringo Sports In Situ.

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

Eastern Coast Trip (III)


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

New York City / 29 de noviembre, 2019. Terminado mi fugaz paso por Brooklyn, volví a mi alojamiento por un par de horas. Mientras comentaba y compartía imagenes en las redes, tenía de fondo un partido de College Football: Arkansas - Missouri. De reojo, vi dos golpes en la cabeza y varios errores. Me fijé en los récords, ninguno de esos eran grandes equipos. Y todo eso estaba saliendo a nivel nacional en Estados Unidos. Cosas incomprensibles que a veces deja el deporte norteamericano. Pasadas las 5:30 pm salí rumbo al Madison Square Garden para mi tercer partido de la gira. Qué bien suena y se lee eso, me voy caminando a ver basket al Garden. Me lo tomé con calma, tenía a favor la experiencia del año pasado. Vi que muchas tiendas estaban repletas, era el Black Friday. En medio de todo, por la 31st Street llego a la esquina de 7th Avenue. Mucho tránsito, taxis de lado a lado, hasta que llego a la entrada del Garden. Cuando me acercaba, escuché a un sujeto gritando "Championship". Me detuve por un rato a pensar en eso, alguien gritando Championship en el MSG. Dos conceptos casi incompatibles. Ese personaje debió estar borracho.

Por mi experiencia, puedo comprobar lo que dicen algunos: el Garden se llena con puros turistas. La verdad, es que se mezclan los turistas, los neoyorquinos y en este caso, el numeroso público de Philadelphia que llegaba a este partido. Se enfrentaban los Knicks y los Sixers, dos archirrivales. Equipos con historia y que viven de sus viejas historias. En las filas de espera, vi a algunos con camisetas de Patrick Ewing y Allen Iverson, y en la tienda oficial de los NYK venden camisetas de John Starks y Latrell Sprewell. Nostalgia, nostalgia, nostalgia. Claro, si el presente no les deja mucho. Casi ni se notan las camisetas de Ntilikina y Barrett que se venden ahí mismo. Ya en la entrada, notaba un poco de la amargura que hay en los forofos Knicks. Entendible, tanta derrota y tanto plantel disfuncional termina cansando. En la presentación de los equipos, noté que había mucho público Sixer y además, fui testigo de la mejor interpretación que vi en la semana del himno estadounidense, en un elegante violín. Una extensa ovación se llevó apenas concluída la entonación.

A la distancia, distingo a los comentaristas de la tv local. Mike Breen, a quien había visto también en Boston, muy delgado y Walt Frazier, con un vistoso traje dorado. Hecho este alcance, al partido. ¡Qué bien partieron los Knicks! Estaban jugando defensa, movían la pelota, tomaban buenos tiros y hasta hacían dunks. ¿Qué está pasando acá? pensaba yo. ¿Durarán hasta las 10 de la noche? seguía pensando. Algunas jugadas interesantes de Frank Ntilikina (TI-LI-KI-NA, como exclamaba el louctor del estadio) y R.J. Barrett se combinaban con la astucia de Marcus Morris, un ex celta que se fue a New York solo porque le ofrecían más plata. Este plantel de NYK también cuenta con Julius Randle, uno que nunca prendió en los Lakers, Taj Gibson, un correcto pívot que fue titular hace varios años en los Bulls y saliendo de la banca, Dennis Smith quien cayó de rebote luego del traspaso de Kriztaps Porzingis. Pobre, le arruinaron la carrera. Un alcance con Barrett: es novato y juega decentemente. Suficiente para que los neoyorquinos le prendan velas, tal como lo hacían el año pasado con Allonzo Trier.

Los Knicks mantenían el ritmo y hasta le sacaron distancia de 15 en un momento a los Sixers. Estos últimos se fueron metiendo de a poco al partido, varias secuencias de back door trajeron varios dobles fáciles a Philly. El juego se fue enredando con el roce y los fouls, ya en el segundo cuarto esto se convirtió en un duelo digno del Eastern Conference. Posesiones trabadas y énfasis en la defensa. De a poco, New York comenzaba a fallar en defensa. Llegaron al intervalo en ventaja, pero cuidado que Joel Embiid ya se imponía en los tableros, a pesar del descontrol que en un momento tuvieron los Sixers. Embiid no solo es el jugador más alto de los Sixers, sino que es la pieza clave del equipo. Muchas posesiones giran en torno a él, busca espacio para un pick and roll, se combina con Ben Simmons o bien, sirve de referencia para crear duelos favorables para sus compañeros.

En el tercer cuarto, empezaron los errores de los Knicks. Empezaron a fallar, llegó la inconsistencia. Y los Sixers comenzaron a imponerse como equipo, el parcial de 31-17 lo delataba. Philadelphia jugaba mejor y encontraba mejores tiros, Tobias Harris y James Ennis metieron algunos importantes para la remontada. Había un juego más fluido, a pesar de la imprecisión la cual se manifestaba en su propio entrenador, Brett Brown, quien se ganó una falta técnica por protestar ante los jueces. Brown refleja un poco el estado de los Sixers, equipo con condiciones aunque no tan estable como requiere un supuesto contendiente al título. Brown grita, protesta y hasta se descontrola. Y del otro lado, David Fizdale... bueno, Fizdale... Fizdale estaba clavado en la silla.

El último cuarto fue tenso, el partido se apretó. Si bien los Sixers mantuvieron la ventaja, los Knicks empujaron y hasta llegaron a colocarse a tres puntos en los minutos finales. Esos instantes me dejaron uno de mis momentos favoritos de la semana, cuando todo el estadio coreaba "De-Fense!!!". Juro que el grito se oía fuerte, era un coro que gritaba espontáneamente y creaba presión. En el último minuto, un triple que no tocó el aro y una pérdida de balón colmaron la paciencia de los fanáticos que se habían entusiasmado. Faltaban 30 segundos para el cierre y ya muchos abandonaban sus asientos. 101-95. "Another tough loss", como dijo Breen en su relato y otra noche amarga en Manhattan. Esfuerzo sin consistencia, otra derrota como sentencia. Los Knicks pretenden formar equipos, pretenden agarrar futuras estrellas en el draft, pero no. No tienen equipo, no tienen fórmula y no tienen un coach decente. Una franquicia disfuncional en una urbe colosal.

Del lado vencedor, Embiid se fue con una doble decena (27 puntos, 17 rebotes) y los Sixers se apuntaron el triunfo, aunque por alguna extraña causa no les compro el cuento de ser un equipo contendiente. Quizás sea porque a Embiid siempre lo vi como un jugador frágil, pese a sus condiciones, quizás sea porque en playoffs han sufrido caídas calamitosas. En fin, habrá que ver como sigue su proceso. Se supone que les tocaría el momento de una final de conferencia, como mínimo. A la salida del estadio, vi varios Sixers pero me sorprendió ver gente con ropa verde y amarilla, los colores de los Green Bay Packers. Palpitando las emociones del domingo...

Aprovechando la noche, recorrí un poco Times Square antes de irme a descansar. Terminaba el viernes, el día de la doble función baloncelística. Hubo de todo, pero en especial, hubo baloncesto real. Quedaba solo el último partido. El haber visto gente con ropa auriverde me sirvió para comenzar la antesala. Qué rápido está pasando todo esto...


Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

Eastern Coast Trip (II)


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Brooklyn / 29 de noviembre, 2019. Pasó el feriado de Thanksgiving y se notó que fue feriado, porque había poca gente en las calles. Hubo pavo para la cena y football por televisión, el país entero vio como los Dallas Cowboys hacían el loco en su propia casa. En fin, bochornos aparte, me aguardaba un viernes bien especial. Dos partidos de básquetbol, uno a mediodía y otro de noche. Partido en Brooklyn y velada en el MSG. Panorama ideal para cualquiera que se jacte de ser fanático de la NBA. Tocaba madrugar para llegar a la estación de metro Atlantic Avenue, la cual conduce directamente a la entrada del Barclays Center. Hacía frío, mucho. No más de dos grados, mucha gente tomando café y el frío fue buena razón para adelantar la apertura de puertas. Antes de las 11am ya estaba dentro del estadio. Qué modernidad y qué comodidad. Fue mi impresión el año pasado y vuelve a serlo en esta diurna sesión en Brooklyn. Antes del partido, pasé por la tienda de los Nets. Muchas camisetas de Kevin Durant, aunque ni él ni Kyrie Irving aparezcan en los afiches del equipo. Eso me llamó la atención y eso condice con la realidad que viven los Nets.

Ya en la entrada noté otra cosa: había mucho público de los Celtics, tanto así que en el partido la afición era un 50/50. Da pena que los Nets con toda la movida comercial y urbana que los rodea, tenga tan poca afición. Debieran prender más, no por nada llegaron a los playoffs en la última temporada y ahora, están ganando varios partidos a la espera que se reintegre Irving y que debute (se supone) Durant más adelante. En la previa, se sentía más apoyo bostoniano que se notó incluso en la presentación de los locales. Locales en Brooklyn, tal cual. Aunque en la pista, los jugadores de los Nets hicieron sentir la verdadera localía. El comienzo fue igual que en el partido en Boston, volcada de Jarrett Allen. Las volcadas iban a repetirse desde las 12:10 hasta las 2:25. Desde el comienzo que los Nets sacaron provecho de su ventaja en estatura, además de tirar unos buenos alley oops. Allen la volcó, Joe Harris también y cuando alguno de ellos iba a la banca, aparecía DeAndre Jordan quien regaló varias piruetas. De verdad, impacta ver esos saltos en directo. Sobre todo, por la longitud que alcanzan los jugadores y como algunos hasta se suspenden para saltar y volcar el balón.

Aparte de los dunks, hubo dos elementos de los Nets que se dieron en el partido en Boston y que se repitieron en este: el aporte de Spencer Dinwiddie y la eficiencia colectiva en tiros de tres. Si Allen me llamó la atención por la estatura, Dinwiddie lo fue por su ejecución. Juega bien, hace jugadas para efecto del equipo y hasta se la juega a veces, cuando queda uno contra uno. En este partido la rompió, 32 puntos y 11 rebotes. Metió varios tiros, entre ellos seis triples y sobre todo, impulsó a que todo el equipo de Brooklyn se hiciera con el control del partido desde el primer cuarto. Jugador infravalorado, seguro. En general, los Nets se pasaban mucho el balón y al igual que en Boston, encontraron muchos tiros favorables. En este partido, encestaron 17 triples. Cada tiro era una confirmación del buen juego que hacían los Nets, aceleraban el ritmo lo suficiente para mantener alejados a los Celtics, quienes claramente entraron dormidos al partido.

¿Habrá sido por la hora de comienzo? pero se notó que partieron muy lentos los Celtics. Siempre llegaban tarde en defensa y en ataque, muchas posesiones no resultaban porque los Nets anticipaban las cortinas y con ello, los jugadores de Boston tomaban varios tiros incómodos. Está bueno el ambiente que crean en Brooklyn, la influencia del hip hop ayuda mucho, desde la música que colocan de fondo, pasando por los grupos de baile que se lucen en las pausas -las Brooklynettes y los Team Hype- y hasta en los raperos que asisten a la primera fila del estadio. Bien Brooklyn la cosa, lo único cuestionable sería ese extraño grupo que cubre una tribuna, se hacen llamar The Bk Block. Pretenden ser una hinchada y hasta cantaban "Kyrie better" cuando Kemba Walker lanzaba libres. La verdad, se veían y se oían muy inocentes. Las barras bravas no pegan para nada en los States.

Boston jugó mal, pero aún así llegaron a colocarse a tres puntos cuando faltaba poco más de un minuto para el cierre. Los Nets tenían casi listo el triunfo, pero invadió el susto por un momento. Fortuitos timeouts para organizar y conversiones de libres para asegurar, terminaron sellando el triunfo de Brooklyn que fue por poco margen, 112-107. Aplausos para los locales y sobre todo para Dinwiddie, mientras era entrevistado después de su rendimiento estelar. La salida fue en calma y hasta casi silente, se notaba que habían muchos Celtics en el público. Fue todo muy fugaz, la llegada al estadio, el partido mismo que se fue volando y la salida del estadio. En verdad, no había mucho tiempo que perder. Había que descansar un poco para continuar con la gira, cuyo siguiente episodio ocurría unas pocas horas después. Tocaba volver a 7th Avenue.

Hasta pronto, Brooooo - kleeeeeeen!


Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

Eastern Coast Trip (I)


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Boston / 27 de noviembre, 2019. Había pasado un año de mi primer viaje a Estados Unidos. Un año y montón de nostalgia, la suficiente como para emprender un segundo viaje cuyo recorrido era el mismo - New York, New Jersey, Brooklyn y Boston. Los mismos sitios, pero diferentes situaciones. Lo comprobé apenas llegué a NYC el día 26, el frío y la víspera del Thanksgiving marcaban la fecha. Al día siguiente, bien temprano, había que tomar el bus rumbo a Boston. Esta vez, la gira iba a comenzar en la casa céltica. Cielos nublados y amenaza de lluvia al llegar a Boston, cuando comencé a recorrer un poco la ciudad, fue como re-encontrarme con un paisaje que había añorado. Una sensación rarísima, siendo que había estado una vez y por apenas un día. Debe ser cuando uno engancha con un ambiente en particular.

Caminando por las calles, pasando por el parque Boston Common y metiéndome por algunas vías llegué a Causeway Street, la calle que conduce al TD Garden. Comienzo a sentir ambiente baloncelístico. Un año después, el regreso. ¡Esto es Boston! Cambian las épocas, cambian los jugadores. Pero ahí está el verde. Y cuando digo que cambian los jugadores, hubo uno que marcó todo el receso previo a esta temporada. Kyrie Irving, idolatrado por varios (incluyéndome) hace poco más de un año, se fue por la puerta de atrás y en malos términos con el equipo. Fue a parar a los Nets, el rival de este día. En los partidos que ha jugado con el equipo dark, ha tenido buenos desempeños pero con resultados dispares. Pero hace unos días se reportaba lesionado y fue declarado ausente por algunos partidos, uno de ellos era este que iba a marcar su vuelta a Boston. Parece que nadie se la compró y nadie le perdona nada. No hubo retorno de Irving, pero el pueblo céltico se la cobra por igual. En los alrededores del Garden, hay carteles con su rostro y el lema 'Coward' (Cobarde). Corta, sin rodeos. Como le gusta a la gente (de bien). Del amor al odio, del respeto al desprecio. Todo en cuestión de un año. Este no iba a ser un partido cualquiera, aún si el aludido evadió el regreso a su antigua casa.

Faltaban poco más de tres horas para el juego, había tiempo para almorzar. Al igual que en aquel día de octubre 2018, entré a Tavern in the Square, un muy buen local ubicado frente al estadio, perfecto para comer, tomar algo y vivir algo de ambiente deportivo. Muchos verdes, por todos lados. Pero ya nadie con la # 11 de Irving. Ahora, muchos cambiaron por la nueva # 8 de Walker, además del # 0 de Tatum, el # 36 de Smart y hasta vi un # 99 de Tacko Fall (!). Mientras almorzaba, veía las pantallas. Los canales de ESPN estaban con sus paneles de lujo, para variar. En otra pantalla, tenían NFL Network que repetía un partido jugado hace unos días y una que me llamó la atención, estaba sintonizada en TNT que pasaba en directo la Champions League. Es verdad, parece que el fútbol está pegando cada vez más en los States. Pantalla para ver el juego del Liverpool. Y el día antes en Times Square había pillado varias pantallas con partidos de la copa europea. Se me pasó volando la hora, hasta que llegó la hora de cruzar la calle y hacer mi entrada o mejor dicho, mi regreso triunfal al Garden. Volver a casa, juro que así me sentía. Poco antes de las seis abrieron las puertas y ya dentro del coloso, definitivamente me sentía en mi habitat. En poco más de un año, mi segunda visita a la casa céltica.

Habría que estar en tiempo de playoffs para notar alguna diferencia, pero la gente se lo toma con calma en este juego de temporada regular. A menos de 20 minutos para el partido, aún habían butacas vacías, pero a la hora del juego ya se completó casi todo el estadio. Poco más de las siete, tiempo de ceremonia. El himno de US, escuchado con atención. Luego, los jugadores. Mientras era presentado el equipo de Brooklyn, los abucheos dieron paso a los "Where is Kyrie!?". Ese fue el cántico que llevó la batuta durante la noche, en el sector en que estaba había mucho público local y poco turista. Bien, estaba en ambiente más puro. Al momento de la presentación de los Celtics, me percaté de algo: las ovaciones que antes eran de Irving, ahora son para Walker. Como si nada, ha cambiado el referente. Aunque como decía antes, en el ambiente las preferencias por los jugadores son muy variadas. Bien por un parte, el equipo importa más que los individuos.

Tip off y a jugar. De entrada, se captaba que iba a ser un partido duro. Volcada de Jarrett Allen para empezar. Solo por su tamaño, Allen le sacaba ventaja a cualquier alero/pívot de Boston. Incluso a Theis, que es grande pero sin la fuerza que demuestra el centro de Brooklyn. A los Celtics les costó meterse al partido, pero unas maniobras de Tatum y Brown pusieron a los C's en la contienda y con ello, el marcador fue cambiando mucho en casi toda la primera mitad. Cuando estuve el año pasado, ya noté que Jayson Tatum tiene muchas cualidades, lo confirmé en esta visita y pienso que podría ser aún mejor, si deja de creerse igualito a Kobe Bryant. En serio, pienso que Tatum quiere hacerle al Kobe. Tiene explosión, salta bien y está desarrollando buenos tiros. Pero seamos serios, Kobe era uno solo. Y a veces, los Iso's que juega Tatum estancan algunos ataques. Aunque en este partido, sus maniobras ayudaron a resolver varios acertijos. Lo mismo en el caso de Jaylen Brown, quien gusta de jugar al uno contra uno. Aunque para mi sorpresa, lo veo mejorado en comparación al año pasado. Sobre todo, más firme cuando driblea el balón.

El juego se volvió parejo, pero habían tramos en que los Nets jugaban mejor. Sobre todo, mejor circulando la pelota y lanzando de tres. ¡Como caían esos triples! Spencer Dinwiddie aprovecha bien sus minutos y hasta hace buenos algunos pick and roll. Garrett Temple también rinde y mientras veo a Brooklyn jugar en colectivo, recuerdo un concepto que se evoca de hace unos semanas: "sin Irving, el equipo anda mejor". Incluso, ese mismo día en el Boston Globe salió un artículo en el que argumentaban porqué Irving podría terminar dañando a los Nets. Pura odiosidad. En fin, la primera mitad terminó 63-57 para los Nets. Pese a los problemas defensivos, había margen para que los Celtics ajustaran. Después del intervalo, que tuvo una muy entretenida perfomance de percusionistas, llegó la reacción bostoniana, la cual se originó desde la defensa.

A falta de tamaño, los jugadores de Boston se enfocan en presionar sobre el balón, sobre todo cuando el rival intenta armar. Lo noté mucho cuando los Nets querían subir el balón, ahí Smart, Brown y hasta Wanamaker apretaban para causar errores y con ello, salidas rápidas. Por cierto, qué garra le pone el pequeño Wanamaker. Corre todo el partido y a veces, hasta decide atacar el aro. "Why you need Irving, when you got some Brad" coreaba alguien furibundamente desde la tribuna. Wanamaker se llevó una de las grandes ovaciones, durante el cuarto período. A propósito de gritos tribuneros, hubo varios cobros que hicieron enojar a varios en la segunda mitad. Faltas dudosas, por decir lo menos. Los enojos cambiaron cuando Brad Stevens retó un cobro, el cual fue revertido y con ello, un grito que parecía el de una canasta convertida.

La defensa mejoró, hubo más rebotes y así, los Celtics comenzaron a inclinar el juego a su favor. Apareció Kemba, quien había tenido problemas al comienzo. Metió un crossover, metió varias fintas, se atrevió a tirar triples. Es bueno Walker y tiene esa actitud que le encanta a la gente en Boston. Y a medida que acumulaba puntos, los C's sacaban distancia en el marcador. El partido comenzaba a tomar un tono verde en el último cuarto. Ya en los últimos cinco minutos, iba a llegar la diferencia que iba a terminar en la definitiva de 121-110. Kemba completó su faena con seis triples y salió de la cancha a menos de dos minutos para el final, salió para los aplausos. Mejor dicho, ovación cerrada de todo el estadio. Luego, sacaron a Smart cuya última acción fue sacar con un palo el balón que se había atascado cerca del reloj de juego, arriba del tablero. Estoy seguro que para varios, Marcus es el auténtico MVP de estos Celtics.

Noto que Boston ha recuperado el sentido colectivo que se había perdido en la temporada anterior, hay buena rotación de pelota y no hay tantas jugadas forzadas, aún con todos los Iso's que puedan hacer algunos. No tienen un plantel top dentro de la NBA, pero le sobra garra. Eso sí, creo que el plantel es corto. Los titulares son buenos, pero los suplentes no tanto. Wanamaker intenta crecer, lo mismo que Ojeleye. Escribo esto y recuerdo una contorsión que intentó sin éxito. "What are you doing, Ojeleye!?", se escuchaba clarito desde un rincón. No me gusta Kanter, para nada. Lo encuentro torpe y quizás salva porque toma algunos rebotes. Del resto, Robert Williams es muy novato y Carsen Edwards usaba zapatos rosados, nada más. De juego, poco y nada.

Ahora mismo, los Celtics figuran dentro de los mejores desempeños de la liga y pelean la cima del Este con los Bucks. Si bien Walker llegó para ocupar el lugar de Irving, no se ve que haya un jugador por cual gire todo el equipo. El protagonismo es compartido y el balón también es compartido, lo mostraron en varios tramos de la segunda mitad. Satisfacción por un nuevo triunfo céltico y en mi caso también, por mi segunda visita al TD Garden. Luego de comer en un Dunkin Donuts (está lleno en Boston), a dormir algunas horas y al día siguiente, muy temprano, tocaba la vuelta a New York.

Insisto, no es cualquier escenario y no es solo basket...

¡Esto es Boston!


Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Eastern Coast Trip (V)


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Brooklyn / 2 de noviembre, 2018. Apenas desperté, me puse a revisar StubHub, el mismo sitio donde había comprado las entradas para los partidos que había asistido. Tal como supuse la noche anterior, habían bajado un poco los precios de las entradas para el Nets vs Rockets que iba a jugarse más tarde. Rebaja suficiente como para considerar seriamente comprar una entrada a última hora. Después de pasar por Central Park y haber ido a NFL Experience -altamente recomendable-, tomé la decisión y poco después de las 4 de la tarde, ya tenía entradas para el basket. Un partido más, el quinto, el extra, el broche de oro para la gira, que de por sí estaba resultando buena.

En la crónica anterior mencionaba que hay que tomarse el tiempo para viajar en el subway neoyorquino. Bueno, aquí tuve que aguantar largas detenciones en algunas estaciones, por lo que el viaje de 42nd Street a Atlantic Avenue duró casi 1 hora, cuando a priori no debiera superar los 35-40 minutos. Llegué directo al Barclays Center, poco antes de las 6 de la tarde, y al contrario de lo que pasó con el hockey 24 horas antes, acá habían largas filas esperando la apertura de las puertas. Ya en la previa pude captar lo masivo que es el basket, dado que había mucho publico internacional tal como ocurrió en Boston y en New York. Hasta divisé algunos argentinos con camisetas futboleras -Boca, River y Racing. Bien variados-. Algo que tuve claro desde que me puse en la fila, era que iba a ser otro partido con mucho público visitante. Montones de camisetas Rockets, hasta había alguien con la clásica camiseta azul de principios de la década pasada.

Apertura de puertas y acceso al estadio en orden, como fue en todas las jornadas. Un sujeto, asiático en apariencia, fue la excepción ya que andaba con comida en su mochila, lo cual no está permitido. Hasta donde yo vi, estaba haciendo escándalo porque no le dejaban entrar la comida. Esas cosas uno las sabe de antes, es cosa de averiguar y organizarse. Ya dentro de la cancha, llegué a mi ubicación y con mucha satisfacción, al estar cerrando con éxito una gira de partidos que estaba superando cualquier imaginación previa. ¡Qué distinto lucía el Barclays en una noche de basket! Se nota que es un estadio pensado en principio para el basket. Toda la pista con decoraciones negras, de fondo mucha música urbana y desde la tribuna se podía captar la barba de James Harden, quien con audifonos puestos, estuvo hasta el último segundo del calentamiento practicando tiros al aro. Metió la mayoría. Y esa fue la aparición de Harden, dado que ya estaba confirmada su ausencia del partido.


La verdad, no me importó mucho. Estaba Chris Paul, un buen jugador para ver en vivo y el equipo de Brooklyn, pese a no ganar muchos partidos, tiene jugadores interesantes para seguir. En la presentación de los jugadores se ratificó la "localía" de los Rockets en las tribunas. El público de los Nets era minoritario, aunque mucho más numeroso que el público de los Islanders que estuvo en la noche anterior. Por cierto, el estadio casi se llenó y muchos compraron tickets a última hora, igual que yo. Antes del tip-off, la mejor interpretación del himno que vi y escuche, en versión violín. Una maravilla, el violinista se llevó una ovación de todo el estadio.

Comienza el juego, a todo ritmo. De entrada, Paul andaba metiendo fintas y sobre todo una, que se repitió mucho después por tv: en una esquina se puso a driblear frente a Jared Allen, le metió dos fintas y en la segunda, Allen se mareó tanto que perdió la marca de Paul. El triple no cayó, pero el asombro fue tremendo. CP3 podrá gustar o no, pero es muy habiloso con la pelota en las manos. Brooklyn tiene una conformación de plantel, por decir lo menos, curiosa. Cuenta con D'Angelo Russell como uno de sus referentes, después de su frustrado comienzo de carrera con los Lakers. Al igual que Russell, hay otros que también están en los Nets después de ser traspasados como Jared Dudley y Shabazz Napier, junto con ellos está también Caris Levert, un prometedor escolta que lleva dos años en la liga y fue seleccionado por en primera ronda del draft. Claramente, tienen problemas defensivos e inconsistencia, pero al menos se ve que compiten y con buenas armas. En la primera mitad, me entretuve mucho viendo la rotación rápida de pelota que hacían los Nets con muchos ataques al aro y otros que terminaban en triples.

Me di cuenta de inmediato que D'Angelo es uno de los favoritos en Brooooo-kleeeeen -como coreaba la afición en algunos tramos- y lo bueno del caso es que el # 1 de los Nets asume su rol protagónico. En el primer cuarto, se jugó unos isolations que terminaron con lujosos dobles. Varios aplaudimos, igual que con los tiros de Levert, quien acabó liderando las anotaciones de los Nets con 29. Brooklyn jugaba bien y hasta tirando lujos en la primera mitad, estaba viendo un inusitado show baloncelístico. Los Nets llegaron a sacar ventaja superior a los 10 puntos en un momento. Pero así como pichanguean con harto estilo, también tienen inconsistencias propias de un equipo que aún no sabe ganar partidos. Su falta de defensiva les pesó de a poco, así fue como los Rockets lentamente se metieron en el partido. A falta de Harden, era Chris Paul quien conducía toda la ofensiva y todo el flujo del equipo pasaba por él.

Casi sin darme cuenta, en menos de dos cuartos Paul ya tenía siete asistencias. La verdad, es que conduce muy bien el balón, a pesar que a veces se queda mucho tiempo con la naranja. A propósito, Chris tiene cosas propias de Streetball, en especial cuando empieza a botar el balón y a jugar isolation. Pero lo suyo viene siendo un Streetball más pro, más sofisticado. Y en este caso, impulsó a que los Rockets revirtieran el margen en contra. Antes de cerrar el segundo cuarto, en plena carrera metió un triple que colocó el partido con diferencia de cinco puntos. Los Nets aún ganaban, pero los Rockets ya acechaban.


Houston es un equipo que juega rápido y juega derechamente a lanzar triples, da igual si ponen cortinas o dan muchos pases. En algunos tramos, tocaban el balón dos veces y lanzaban. Shoot, shoot and shoot. De a poco caían esos tiros. Carmelo Anthony salió de la banca y se dedicó a lo suyo: lanzar y nada más. En esta le fue bien, metió varios triples que ayudaron a la remontada y hasta puso una tapa en el tercer cuarto. Cuando vi a Carmelo haciendo esa gesta defensiva, hasta me asusté. Repito, Carmelo ayudó en defensa. No se ve todos los días.

Los Rockets dieron vuelta el juego previo al último cuarto, gracias a las canastas de Paul, quien metió un buzzer beater para cerrar el tercer período, así como también gracias a los tiros de Anthony, Eric Gordon y también gracias a Clint Capela, quien ganaba mucho solo por altura. Hizo un par de volcadas con cierta prepotencia, como queriendo pasar por arriba de los rivales. Jugando con autoridad, dirían algunos. Así como Capela aportaba, también dejó dos momentos jocosos: en una secuencia, tenía el balón a la altura de la línea de libres y buscaba a quién pasar. Carmelo estaba desmarcado en una esquina, pidiendo el balón desesperadamente con los brazos. Todos lo vimos, menos Capela. Y la otra, fue un tiro libre que ni siquiera tocó el aro. Varios nos echamos a reír, mientras el DJ del estadio tiraba la clásica fanfarria de fail. Comedia pura.

En el último cuarto, los Nets hicieron el intento por revertir el marcador, pero nunca tuvieron la defensa suficiente como para detener los tiros de Houston. Entre Joe Harris y Caris Levert quisieron llevar el comando ofensivo, pero del otro lado la conducción de Paul fue excelente y los Rockets convirtieron casi todos sus tiros para liquidar el partido, terminando con otra producción acorde a su estilo: 119 puntos contra 111 de Brooklyn. Terminé viendo un muy buen partido, jugado a gran ritmo y con algunos momentos de alta fluidez. Me quedé con los dribles de CP3, los Iso's de D'Angelo y el movimiento de balón de los Nets en la primera parte del juego. Pese a que los locales perdieron, todos en el estadio aplaudimos al final del partido. Hay que tener en cuenta que mucha gente va a los estadios en Norteamérica a ver un espectáculo. Este partido tuvo cosas propias de un show, encima fue en noche de viernes y en un ambiente hiphopero. De hecho, habían varios raperos locales en la primera fila, todos vitoreados apenas aparecían en la pantalla gigante.

Fue el cierre preciso para mi gira. A eso fui a Estados Unidos, a ver el show. Y vi el show, en su plenitud. El juego, los jugadores, el ambiente, el público, los fanáticos, la música, la diversión. El deporte norteamericano no es solo el partido y nada más. Hay todo un circo alrededor que le da el colorido necesario para que estos deportes luzcan espectaculares ya sea en la cancha o por televisión. Encima, con toda la tecnología y modernidad, ayuda a tener eventos que alcanzan la excelencia. Eso vale el viaje y la experiencia de asistir a los estadios a ver estos partidos. El panorama de viernes, ir a Brooklyn a ver un partido de la NBA. En ese momento, no podía pedir mucho más. Y para agregar, de regreso a New York fui a un local a cenar, mientras veía por tv el partido entre los Warriors y los Timberwolves. Para cualquiera que sea fanático de los deportes norteamericanos, debiera ser un panorama ideal. Así fueron mis días durante una semana. En plena gira, pensé por un momento si mi trabajo fuera cubrir deportes como basket o fútbol americano en los estadios... cosas que uno piensa, cuando se está de viaje. Una semana pasando por el área de New York y entre medio, un día por Boston. Un éxito, así de simple. En menos de 24 horas, tocaba viajar de vuelta a Chile.

Tres deportes, cuatro estadios, cinco partidos.
Eso fue el Eastern Coast Trip.
Eso es Gringo Sports.


Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

Eastern Coast Trip (IV)


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Brooklyn / 1 de noviembre, 2018. Cuarto partido de la gira, tocaba tomar el metro y dirigirse hasta la estación Atlantic Avenue, la cual deja a metros del Barclays Center. Es verdad eso que dicen del metro neoyorquino. Es sucio por dentro, pero funciona bien. Eso sí, hay que hacer los viajes con tiempo. A veces, el metro tardaba en pasar y pueden darse contratiempos. Lo bueno es que las señalizaciones están claras, en cuanto a las estaciones, líneas y colores del metro. Desde 33rd Street me dirigí a Brooklyn, en un recorrido que me habrá tomado una media hora. Apenas salí, caminé un poco en un barrio que en apariencia es mucho más tranquilo que Times Square y al entrar por Atlantic Avenue, encontré un tremendo edificio con una creativa fachada. Era el Barclays Center, el estadio que comparten los Brooklyn Nets y los New York Islanders. Ahí era el destino y el cuento de este día era ver hockey sobre hielo de la NHL, donde los Pittsburgh Penguins visitaban a los Isles.

Antes del estadio, recorrí los alrededores y pasé a comer a un local muy cercano al Barclays. Mucha tranquilidad en el ambiente y mucha música Rythm and Blues y/o Hip Hop. Muy urbano, me gustó ese entorno. Mientras almorzaba veía por las pantallas: en una, un panel de discusión sobre los Nets en Yes Network y en otra, NBA TV repetía el partido de la noche anterior entre los Timberwolves y el Jazz, donde Derrick Rose convirtió 50 puntos. Hasta pegó un lagrimeo el buen Rose después del partido. El cielo estaba nublado y el aire bien fresco, aún había tiempo por lo que me tomé con mucha calma el almuerzo. Porción engañosamente pequeña de fettuccini, no comí más hasta la noche. Pasada las 5 de la tarde comencé a caminar hasta llegar al estadio. Estaban comenzando a llegar algunos fanáticos. Fuera del estadio ya noté que predominaban los visitantes. Muchos Penguins, varios con camisetas del ídolo Sidney Crosby, algunos con camisetas de Evgeni Malkin y los más retro usaban la # 66 de Mario Lemieux. Todo en tonos negro, amarillo y blanco.

Roberto Abramowitz, un neoyorquino puro que tiene varios años de trayectoria como narrador deportivo, me alertó que los Islanders no llenaban su cancha. Tenía razón Robert, aparte de no llenar, los Isles tienen una afición pequeña y algo callada. Las camisetas Islanders se confundían con la gente de Pittsburgh, más algunos extranjeros. Habían personas con camisetas de la selección de Suecia. Algo lógico, el hockey se juega mucho en países nórdicos, los cuales aportan con una buena cantidad de jugadores para la NHL. Se abrieron las puertas a las 6 de la tarde, el acceso fue tan tranquilo como el ambiente de todo el partido. De todos los partidos que asistí, este fue sin duda el de ambiente más calmado. En los pasillos estaba Sparky, la mascota de los Islanders que se tomaba fotos con cuanta persona se acercara. Sus colores naranja y azul le daban una presencia algo curiosa, por decir lo menos. Entré a la cancha y mi primera vista es a la pista, que brillaba con el hielo, el cual lo pulían en zamboni en cada intervalo del partido.

Barclays Center es un estadio inaugurado en 2012 y se nota que es relativamente nuevo. Aparte de su construcción, los accesos son muy amplios por dentro y las butacas son muy cómodas. Encima, como predomina el negro dentro del estadio, ese oscuro detalle le da un toque bien especial. Muy Brooklyn, seguro. Ya se acerca el partido, la presentación fue muy formal. El hockey no tiene mucho show como sí pude ver en la NBA. Los jugadores de los Islanders eran todos aplaudidos por igual, no había predilección por nadie en específico. Pero cuando presentaron a los Penguins, Malkin y sobre todo Crosby, recibieron abucheos masivos. Para bien o para mal, parece que todos fuimos a ver a Sidney Crosby. Antes del faceoff y a propósito de la tragedia que había ocurrido en Pittsburgh casi una semana antes, hubo un momento de silencio en la pista. Silencio, tal cual. Nada de bromas. Mientras tanto, en la pantalla aparecía el lema "Stronger Than Hate". Sensato mensaje.

Hora de jugar. Los Islanders presionaban de entrada y el arquero Matt Murray tuvo que intervenir mucho. Los Pinguinos no atacaban, hasta su primera situación de power play donde abrieron el marcador. Dominik Simon recibió el puck y apuntó de una al arco. Golazo, 1-0. Con poco, los Pens lograban marcar diferencias. Son realmente buenos. El hockey no es un deporte masivo en comparación al fútbol americano o el béisbol, pero ver un partido de la NHL puede ser muy entretenido. Atletas que se desplazan a toda velocidad sobre el hielo, usando casco y protecciones y tratando de impactar el puck con un bastón. Por cierto, este encuentro me sirvió para derribar el mito ese que el puck no se distingue in situ. Falso, el disco se ve muy claro y se oye fuerte cuando un jugador lo impacta. Aparte, se aprecia cuando hacen sustituciones en pleno partido. A veces, los dos equipos cambian al mismo tiempo.

Volvamos al partido. Segundo período, los Penguins tenían todo controlado hasta que Josh Bailey quedó mano a mano con Murray y definió con mucha calma. Por fin hubo gritos locales, era gol para los Islanders. 1-1 y el partido se ponía bien interesante. En una esquina, se veían bien inocentes unos fanáticos Islanders que metían ruido y tocaban tambores, tratando de animar. Nunca lograron su cometido. Los Penguins gritaban mucho al principio, pero poco a poco se fueron silenciando. Un par de amagos de pelea en la pista subieron un poco los ánimos, pero no fueron más que insinuaciones. En verdad, el juego era bastante limpio. Con los años, la NHL ha limitado mucho la violencia en los partidos. No sé si personajes como Scott Stevens o Rob Blake tendrían cabida en el juego actual.

Último período y en cuestión de tres minutos, se movió el marcador dos veces. Hubo éxtasis cuando los Isles tomaron la ventaja, con gol de Anders Lee tras una sucesión de varios pases. Apenas pudieron disfrutar ese 2-1 parcial, ya que los Penguins aprovecharon otro power play para anotar. Gol de Malkin y volvieron a gritar los fanáticos Pens, quienes creían que podían llevarse el juego. De hecho, Pittsburgh jugaba mejor a esa altura. Hasta hubo tiros en los palos durante el tercer período. Pero el empate no se rompió y los 60 minutos reglamentarios acabaron 2-2. Había que jugar cinco minutos más y de acuerdo a las reglas del overtime en temporada regular, había que jugar tres contra tres. Pista abierta para la definición.

El tiempo adicional se resume en una jugada: contra ataque de los Penguins, Crosby se lleva el puck desde su propia zona y se va solo hasta a enfrentar a Thomas Greiss. Todos de pie presenciamos como Greiss se la jugó tirandose al hielo y en el acto, estiró su bastón para sacarle el disco a Crosby cuando buscaba amagar para sacar el tiro. Jugadón del arquero Islander, se llevó una ovación cerrada. Luego, casi en el final de la prórroga, Reiss se lució otra vez con una Glove Save. Se había convertido en figura, salvó el empate y el ganador tenía que definirse por penales o como bien se dice en la NHL, Shootout.

En la definición fallaron todos, Crosby incluido, con excepción de Bailey quien convirtió el último tiro de New York y fue suficiente para ganar el partido. Triunfo de los Islanders y su escasa afición sonreía respetuosamente, sin nada de burlas a la masa Penguin. Ya habían vencido a domicilio hace un par de días y ahora, volvían a hacerlo en su pista. Triunfos importantes, ya que estos equipos disputan el primer lugar de su división. Debo decirlo, fui a ver a Crosby pero terminé aplaudiendo a Greiss, quien fue premiado al final como el First Star del partido. Sus atajadas, aparte de útiles fueron espectaculares. Una experiencia muy agradable, viendo en acción a dos de los buenos equipos de la NHL disputarse un partido que llegó hasta la última instancia.

Debido a la prolongación del juego, todo acabó después de las 10 de la noche. Todo en orden y en calma, mucha gente al igual que yo tomando el metro de regreso a New York. Más tarde, pasé a comer a un local en Madison Avenue, que tenía varios partidos sintonizados. Me puse a ver NBA, Blazers contra Pelicans. Antes de la mitad, los Blazers ya tenían 70 puntos. Al sujeto que estaba sentado al lado mío parece que no le gustaba mucho partido ."There's no defense right now in the NBA", exclamaba con molestia antes de seguir hablando con el bartender sobre como y por quién apostar en los partidos de fútbol americano. En otra pantalla, había NFL: un chiste de partido, donde los 49ers se pasearon a los Raiders con un tal Nick Mullens jugando de mariscal en San Francisco. Un poco más lejos, había otro partido de hockey: los Rangers derrotando a los Ducks por penales, tal como en el partido que había presenciado hace poco.

Volví a engancharme con el basket. Mientras los Blazers llegaban a 132 puntos, en la parte baja de la pantalla pasaban noticias. Una de esas: "James Harden, doubtful for friday vs Nets". Me detuve en ese momento. Sabia que al día siguiente había basket en Brooklyn y al ver esa noticia pensé, si Harden no juega quizás haya gente que deje sus entradas o tal vez bajen un poco los precios. Supuestamente, el hockey iba a ser mi último partido. De pronto, me entró el apetito por un quinto partido. El jueves anduvo bien con el hockey en vivo, pero el viernes podría estar mejor. Se abrió la chance de un partido más en la gira.


Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Eastern Coast Trip (III)


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

New York / 31 de octubre, 2018. De regreso, luego del paso por Boston. Día de Halloween y se nota, porque en Times Square y alrededores anda mucha gente disfrazada a las 3 de la tarde. Después de imprimir mi entrada para el juego que iba a ver, pasé por NBA Store. Una enorme tienda de tres pisos en la que uno puede encontrar lo que se imagine, camisetas actuales y old school, zapatillas, balones, figuras en miniatura de los jugadores y varias cosas más. Es adictivo meterse a una tienda así. Hecha esa visita, era hora de caminar rumbo a 33rd Street esquina 7th Avenue, en el mismo centro de New York. Mucho ruido y mucho tumulto al ser un día hábil. Y en medio de todo eso, un edificio enorme que abarcaba toda una cuadra. En las fachadas se podía advertir, había llegado al Madison Square Garden, al famoso coloso neoyorquino para ver el juego entre los New York Knicks y los Indiana Pacers.

Apenas llegué al MSG pude notar que es un estadio con historia y un encanto particular. En las paredes, hay recuadros con citas y recuerdos de diferentes eventos y personajes que han pasado por ese lugar, hasta Roger Federer alguna vez jugó en el Garden. El ruido que había en las calles era tanto como el ruido que empezó a generarse, ya cuando abrieron las puertas para ingresar. Los Knicks son populares y tienen mucho apoyo, independiente cual sea su momento y sus resultados. La afición local se mezcla con toda la presencia foránea que parece ser muy numerosa, incluyendome. Muchos turistas europeos y se notaba que muchos iban solo por darse la experiencia de ver un partido en el MSG. En las tiendas oficiales del equipo, las camisetas más vendidas son las de Tim Hardaway Jr y Kristaps Porzingins, quien a pesar de estar fuera por lesión es muy un jugador popular en el ambiente Knickerbocker.

Llegó el momento de entrar a la cancha. Ver el techo que tanto caracteriza a este lugar fue quizás lo más impresionante de entrada, además de ver el video-marcador mientras los jugadores comenzaban con sus ejercicios de calentamiento. En los preparativos, podía percibir a los comentaristas televisivos. Mike Breen se veía tan delgado como sale siempre en pantalla, esta vez trabajando para el canal local de NY junto con Walt Frazier. A pocos metros, Jeff Van Gundy con su inconfundible calva junto con Mark Jones, llevando la transmisión de ESPN. Cuando se acercaba el comienzo, estaban hablando frente a la cámara. Seguro que estaban abriendo la transmisión. Sigo observando. Arriba, casi escondidos, se veían los títulos de los Knicks que están muy añejos. Dos campeonatos ganados en los 70s, más otro par de títulos de conferencia. El más reciente, fue un título divisional de 2013. Glorias pasadas, claramente. En la actualidad, los Knicks son muy disfuncionales y vienen de campañas muy complicadas. El público a pesar de su apoyo, es consciente de aquello. Hardaway Jr, quien ni siquiera debe estar dentro de los mejores 10 bases de la liga, es el jugador más aplaudido en el Garden, como se pudo comprobar en la presentación de los jugadores.

A Timmy le gusta tener mucho el balón y hacer dribles de toda especie, pero casi no pasa el balón. Un ballstopper o un pichanguero, en jerga chilena. Y ese es el mejor jugador de los actuales Knicks. Al comenzar el partido, Timmy metió un par de canastas y NY insinuaba, pero los Pacers imponían orden defensivo y posesiones largas. Darren Collison rinde como armador y repartía el balón de entrada, Myles Turner impuso algo de terror con un par de volcadas y el factor sorpresa apareció después con Domantas Sabonis, quien ganaba con altura y buenos movimientos de poste. Ritmo pausado y ataques bien urdidos, es una buena fórmula sobre todo para un equipo del este. Los Pacers tienen materia prima para competir a buen nivel. No por nada en la liga pasada llegaron a los playoffs y forzaron siete partidos a LeBron James y su ex equipo, Cleveland Cavaliers. En otra época, con esa forma de jugar los Pacers habrían sido catalogados como contendientes y quizás puedan serlo en la eventualidad, pero ahora el basket se juega a mil por hora y quizás por eso cuesta tomarse realmente en serio a este equipo.

Había mucha voz de apoyo y mucho grito en las tribunas del MSG. Para desgracia de los locales, todo eso no condice con el desorden que transmiten los Knicks en la cancha. En ofensiva, muchas veces parecen remar cada uno por su cuenta, jugando posesiones de pocos pases y casi nulas cortinas y en defensa, mucha desatención en los rebotes y también para hacer cambios de marcas. En varias secuencias, los Pacers lograban meterse al aro haciendo pick and roll. Aún con toda esa inestabilidad, que también se manifestaba en la expresión de su coach David Fizdale, los Knicks combatían y se mantenían cerca en el marcador, suficiente para que el público se mantuviera expectante. De hecho, la primera mitad terminó favorable a NY por dos puntos de margen. Decía antes que los Knicks viven de glorias pasadas y durante un timeout se notó mucho más: por la pantalla, mencionaron a Jeff Van Gundy, el director técnico del equipo finalista de 1999. Razón suficiente para que los fanáticos Knicks aplaudieran furiosamente. Poco más y lo pedían de vuelta en la banca, junto con Latrell Sprewell, Allan Houston y Patrick Ewing.

Las animaciones y la música que suena en el Garden durante el juego tiene mucho toque retro. La cortina de "D-Fense" viene de un músico que toca el órgano en una esquina del estadio, que incluso fue presentado en un momento para tocar una cortina alusiva a Halloween. Música en vivo, lo que siempre estará bien. También habían juegos en los que se podía participar utilizando una aplicación en celular. A mi alrededor, varios se entretuvieron así. Y también, el grupo de animadores lanzaban poleras a las tribunas. Una pasó cerca mío, habían muchos de pie esperando ansiosamente alguno de esos regalos. En fin, volvamos al basket. Decía antes que Hardaway Jr es el jugador más aplaudido de los Knicks, otro aplaudido es Allonzo Trier, un novato que se integró al equipo después de brillar en las ligas veraniegas. Lanza bien al aro, razón suficiente para que la gente se entusiasme con él. Al parecer, en NY están vitoreando a cualquiera que juegue medianamente bien. En la banca de los Pacers, estaba Kyle O'Quinn un jugador normal que había pasado por los Knicks hace un tiempo. Fue tratado casi como un prócer patrio.

La segunda mitad tuvo un tono similar a la primera, partido relativamente luchado con momentos marcados para cada equipo, pero con mucha imprecisión en ataque. Sabonis seguía destacándose, de hecho iba a terminar la noche perfecto en sus lanzamientos al punto de llegar a las 30 unidades. Brillaba, mientras Victor Oladipo seguía escondido. Mientras miraba el partido, pensaba: los Pacers, poniendo un poco de orden, pueden ganar. Y así fue, en el cuarto período, Indiana apretó mucho más las marcas y de a poco se fue haciendo del control del juego. New York buscaba, pero sin una fórmula clara. Sujetos como Damiean Dotson y Noah Vonleh contribuyen, pero no como para darle solidez a su equipo. Sabonis había llegado a los 30 puntos, pero fue descalificado por cometer seis fouls. Se prendió el público, por fin. Pero ante la baja de Domantas, apareció Oladipo para liquidar el partido, metiendo canastas de contra ataque y un triple a menos de 30 segundos para el final. Ahí, los Pacers sacaban ventaja de cinco y mucha gente no quiso ver más y se levantó de sus asientos antes del final. Otra vez, la fiel hinchada abandonando. Hasta en New York ocurre.

107-101, Indiana terminó ganando de visita, mientras los Knicks volvían a perder en su casa. Oladipo justificó su rol de estrella cuando más contaba, Sabonis sorprendió convirtiendo sus 12 tiros y los Pacers mostraron orden con la dirección de Nate McMillan. "Go back to Seattle!", le gritaba alguien desde la tribuna. Hardaway Jr convirtió 37 puntos, pero juega solo para él. No conduce ni menos reparte el balón. En highlights puede ser que se vea bien, pero en directo se ve como alguien que juega de forma contraproducente para su equipo. Una lástima que dentro de un estadio con tanta historia y para un público que grita mucho, el actual equipo de los Knicks sea tan disfuncional. No tiene forma definida y Fizdale tampoco transmite mucha seguridad, algo que podía percibir desde mi ubicación a varios metros de la cancha.

Faltaba poco para las 11 de la noche. Hora de salir del Garden. Dentro de todo, una buena visita a un estadio histórico, aunque la experiencia no fue plena debido al juego desabrido de los locales. Era noche de Halloween, por lo que había que recorrer las calles y sobre todo, captar el ambiente de esa celebración. En New York se toman en serio los disfraces y se creen el cuento, no hay vergüenza. Ojalá Timmy Jr fuera igual de serio para jugar, le haría bien a su equipo y su propia causa. Pasó una segunda noche de NBA, queda más. Y sobre todo, queda más por conocer. Brooklyn, a la vista.


Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

martes, 6 de noviembre de 2018

Eastern Coast Trip (II)


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Boston / 30 de octubre, 2018. Después de mi experiencia NFL, llegó un día para hacer turismo. Paseo en ferry, Estatua de la Libertad y caminar por el Brooklyn Bridge. Y por la noche, un poco de NFL en tv con el triunfo de los Patriots sobre los Bills, y en el local en que me encontraba, pasaban por otra pantalla la victoria de los Knicks sobre los Nets. En verdad, fue un lunes turístico y para el martes, un día que iba a superar cualquier expectativa: viaje a Boston por un día. El propósito, ver mi primer partido de la NBA. Desde adentro.

El viaje como tal fue muy tranquilo. Poco más de cuatro horas desde New York hasta Boston. Mientras pasaba por Connecticut, pude notar una de las postales más yankees de toda la semana, cuando aprecié las típicas casas con diseño clásico norteamericano, sin rejas y con mucho verde. Tal como uno siempre lo vio por tv. Apenas llegando al estado de Massachussets, habían carteles felicitando a los Red Sox por su reciente coronación en la Serie Mundial y cuando llegué al terminal de buses, solo veía portadas de diarios destacando a los Sox. Recorriendo un poco la ciudad, además del impresionante orden en las calles, pude notar a mucha gente con camisetas rojas de los Sox que se mezclaban con camisetas verdes de los Celtics. Estaban todos con el pecho inflado y tenían derecho para estarlo, el béisbol les dio una nueva alegría para la ciudad, que tiene 11 campeonatos deportivos ganados en este siglo, más que cualquier otra ciudad en Estados Unidos.

Entrando por Causeway Street, pude apreciar una instalación gigante, al recorrer por el costado que daba hacía la carretera, lo pude confirmar: era el TD Garden, ¡el coloso de los Celtics! La razón por la que había ido. Mi reacción fue inmediata: "¡Esto es Boston!". Faltaban más de tres horas para el partido, por lo que fui a almorzar a un local ubicado frente al estadio. Una pizza, que se veía pequeña pero era muy contundente. En general, se come y bastante bien en Estados Unidos. Las porciones se ven muy engañosas, la verdad. Mientras almorzaba, veía por las pantallas pura programación deportiva. En una, había un especial de Sportscenter en vivo con la última hora de traspasos de jugadores en la NFL. Y hartos cambios que hubo en ese rato. Panel de lujo con John Fox y Bill Polian, quién mejor que Polian para hablar de trade deadline. En otra pantalla, estaba The Jump, un programa de comentarios y análisis de NBA con Rachel Nichols, Paul Pierce y Tracy McGrady. Los temas, LeBron James, los 14 triples de Klay Thompson y el rendimiento de Kyrie Irving, quien había metido apenas 3 puntos en el último partido de Boston. Y en la otra pantalla, repetían por la televisión local el partido del equipo de football de Boston College.

Noté mucho ambiente deportivo, en especial porque había mucha gente con camisetas de los equipos locales. Aparte de C's y Sox, se divisaban también algunos Patriots y Bruins. De parte de los Celtics, Irving y Tatum eran las camisetas más repetidas. Dentro del local, el ambiente se estaba poniendo mejor casi llegando a las 5 de la tarde, pero era hora de ir al estadio y esperar la apertura de las puertas. Poco después de las 6, se abrieron los accesos. Eso sí, antes de meterme a la cancha quise entrar a una de las tiendas, donde compré un par de poleras de los Celtics además de un puck conmemorativo del próximo NHL Winter Classic, en el que jugarán los Boston Bruins en la cancha de Notre Dame. Son adictivas esas tiendas, dan ganas de comprarse todo.

Faltaba poco menos de una hora para el comienzo del basket, cuando finalmente fui a mi ubicación dentro del estadio. Llegar ahí, ver la pista, el verde en los bordes y el duende en el centro. Y cerca de los aros, jugadores haciendo el calentamiento. De nuevo, ¡Esto es Boston!. De a poco se fue poblando el estadio, muchos fanáticos locales, pero también muchos foráneos como yo. En la pantalla gigante, mostraban a un sujeto con la bandera uruguaya que sostenía de forma invertida y junto a mí, habían asiáticos con camisetas verdes y unos franceses que al parecer, no entendían nada. Como si fuera poco, en la fila de atrás había alguien con una camiseta noventera de los Pistons, de los tiempos de Grant Hill. Dentro del verde bostoniano, había algo de variedad.

Eran casi las 7:30. Eddie Paladino, la voz del estadio, nos daba la bienvenida al duelo entre los Boston Celtics y los Detroit Pistons. En el comienzo, Eddie mencionaba el reciente triunfo de los Red Sox. Ovación cerrada de todo el estadio. Luego, la ceremonia. Ahora sí pude presenciar todo el momento previo, con el himno estadounidense incluido. Y cuando suena el himno, todos se ponen de pie. Presentación de los jugadores. En verdad, todos los integrantes del actual plantel céltico son aplaudidos, pero quienes se llevaron la mayor ovación fueron Kyrie Irving y Jayson Tatum. Los más determinantes y talentosos de todo el equipo, cosa que iban a demostrar después en la pista.

Hora de jugar. De entrada, Irving tiró un par de crossovers y metió un par de triples. Como si fuera poco, Tatum hizo un par de movidas llenas de elegancia. El cuento partió con todo y el ambiente estaba bien arriba. Este equipo de los Celtics causa buena impresión y tiene potencial para grandes cosas, y todos lo saben. Regresaron Irving y Hayward después de sus lesiones de la temporada pasada y el equipo está íntegro. Desde el comienzo, pude captar lo bien armados que están en defensa y también, lo bien que lucen en ataque cuando se mueven todos en la pista, colocando picks altos y moviendo el balón sostenidamente. Irving es la figura máxima y es quien marca el ritmo del juego. Con su presencia, todos los Celtics fluyen y parecen estar en paz, sabiendo que todo andará bien con el # 11 en la cancha.

Boston comenzó con todo, pero Detroit tenía lo suyo. De hecho, sorprendieron los Pistons. Andre Drummond y Blake Griffin sacaban ventaja en un momento por su estatura. Drummond es pura altura, pero Griffin lo combina con más habilidades con el balón y capacidad para jugar uno contra uno. Por cierto, desesperaba ver a Griffin usando repetidamente los hombros cuando se acercaba al aro. Los Celtics tuvieron problemas marcándolo. Terry Rozier lo marcó en un principio y lo pasó, luego pasó a marcarlo Jayson Tatum y fue lo mismo. Con algo de doble marca y con Irving provocandolo a cometer fouls ofensivos, pudieron sacarlo un poco de ritmo. Pero quedó claro que Griffin es un muy buen jugador y difícil de neutralizar.

Con esos dos grandes y algo de sus bases como Reggie Jackson, quien era aplaudido solo por ser de Boston College, los Pistons lograron meterse al partido y hasta tuvieron el comando del marcador en algunos momentos. De hecho, al llegar a la mitad el marcador era 58-56 a favor de Detroit. El tercer cuarto de los Celtics fue espectacular y fue ahí donde se gestó mi secuencia favorita del partido: tres triples consecutivos de Irving para darle ventaja de 12 a Boston. Tres tiros y los tres lanzados sin drible previo ni nada parecido. En el segundo, hubo reacción eufórica y en el tercero, donde Kyrie lanzó casi de media cancha, reventó el TD Garden. El ídolo máximo estaba en llamas y tenía a los Celtics en control absoluto, y con todo el estadio coreando "MVP! MVP!". Aparte que el partido estaba bueno y los C's jugaban bien, no había tiempo para descansos ni menos para aburrirse. Durante los timeouts, habían espectáculos con las cheerleaders y el grupo de dancers oficiales de los Celtics. ¡El sujeto vestido de duende hasta se tiraba unos break dance! El show estaba completito.

Quedaba el último cuarto. Algunos jugadores de Boston se llenaban de fouls y de a poco, los Pistons volvían a acercarse. Los suplentes de Detroit también aportaban, incluyendo Zaza Pachulia quien era por margen kilométrico el jugador más abucheado de todos. Zaza es una ofensa al basket y es una ofensa que todavía siga jugando en la NBA. Volvió Irving después de un descanso y la ofensiva de los Celtics volvió a ser estable, metió canastas que fueron decisivas y se combinó bien con sus compañeros. Un crack total. A propósito de jugadores que saben rendir, Al Horford me causó la misma impresión que me genera al verlo por tv: es inteligente y juega muy bien, pero juega tan para el equipo que pasa inadvertido a veces. Para destacar, una volcada que hizo en la segunda mitad. Varios nos levantamos a aplaudir.

En los minutos finales, los Pistons se enracharon y empezaron a embocar triples. Llegaron a ponerse un punto abajo en el marcador. Había un poco de susto, hasta que Marcus Smart hizo de las suyas al tirarse al suelo para robarle la pelota a Ish Smith después del saque, en la disputa el balón le cayó a Irving quien luego metió dos tiros libres para asegurar el triunfo de los Celtics que fue por apenas tres puntos de margen, 108-105. Tatum también se hizo notar en el final con algunos tiros libres que fueron claves. Mi primera experiencia de NBA en vivo no podía ser mejor, fue en Boston y viendo a los Celtics, que ganaron en casa. Irving es el ídolo en Boston, el mismo que se aburrió de jugar con LeBron James y quiso vestirse de verde para ayudar a un equipo con pretensiones de campeonato.

Se nota el esfuerzo y la energía en defensa, que creció aún más en la segunda mitad cuando agilizaron las rotaciones y los cambios de marca. No por nada, los ataques de Griffin perdieron eficacia a partir del tercer cuarto. Están Irving y Tatum como los dos principales jugadores de ataque en Boston, luego viene Horford, por ahí aparece Hayward quien de a poco tendría que encontrar su forma. Y después jugadores que derrochan energía como Jaylen Brown, Marcus Morris, Terry Rozier -habían camisetas con su imagen y el lema Scary Terry-, Marcus Smart y Aaron Baynes, quien fue muy aplaudido en general, sobre todo con su intervención en el primer cuarto.

Ya tienen la defensa. El día en que los Celtics sean más consistentes en ataque, podrían ser tan imparables como los Warriors. No creo que sea una exageración. En este mismo partido, tuvieron varios tramos con mucha fluidez y ritmo ofensivo, pero hubo otros donde caían en lagunas debido a la innecesaria tendencia de jugar isolations, sobre todo de parte de Brown quien parecía que se iba a desarmar cuando quería atacar el aro. Este es un equipo que ha llegado a finales de conferencia en las últimas dos temporadas y han hecho las movidas precisas como para apuntar más alto. La sensación positiva que hay en los fanáticos de los Celtics condice totalmente con el momento del equipo.

La salida del estadio fue tranquila y con mucha satisfacción, al ver a los Celtics jugando en su cancha y en medio de un ambiente 100% basket. Fue todo tranquilo, salvo por un par de mujeres que se insultaban entre sí. Seguro que tuvieron un problema. Lo que sí era claro era la vehemencia con la que se gritaban "bitch!" de manera mutua y con decisión. Caminando por las calles, paso por fuera de varios locales y todos tenían sintonizado el post partido de los Celtics. En algunos televisores, algo de hockey porque los Bruins también habían ganado y en las calles, la gente caminando con mucha seguridad después de ver un triunfo de sus C's. Un paso más rumbo al gran objetivo. Y los festejos no paraban en Boston, para el día siguiente tenían anunciado el desfile de celebración de los Red Sox. Habría sido bueno haber presenciado aquello, pero era momento de volver a New York porque en menos de 24 horas tocaba otra visita.

Pasó Boston y la pasé increíble. Primer partido de la NBA, fue con los Celtics y vi a Irving en modo MVP. Día redondo en el TD Garden, para coleccionarlo. Y por si no quedó claro...

¡Esto es Boston!

 

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Eastern Coast Trip (I)


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

New Jersey / 28 de octubre, 2018. Tengo 18 años viendo deportes norteamericanos por tv. Hasta este año, ni siquiera había considerado la idea de viajar a Estados Unidos, básicamente por un asunto de costos (es caro hacerse un viaje a EE.UU). Pero hace unos meses se dio el caso que mi hermana mayor planificó un viaje a New York para las fechas de Halloween, junto con su familia, para el que me propuso también ir con ellos. Conciente de los costos, acepté y quise ir. Era la oportunidad de viajar por fin a EE.UU y con ello, por fin estaba la chance de asistir a ver in situ esos partidos que toda la vida he visto por tv, por tantos años y a miles de kilómetros de distancia.

Las reservas ya estaban hechas de hace varias semanas. Previo al viaje, no tenía grandes expectativas ni imaginaba tantas cosas. Quizás sean los años y los tropiezos, pero al parecer ya no me hago tantas ilusiones antes que ocurra algo. Y parece que es la mejor opción, pero ese es otro tema. Llegamos a NYC el día 27, después de un viaje que duró toda la noche. Y al día siguiente, era el momento de ir al Metlife Stadium en East Rutherford, porque se iban a enfrentar los New York Giants con los Washington Redskins. Mi primer partido en Estados Unidos era uno de NFL, el show deportivo norteamericano por excelencia.

Ya que veo los partidos y sigo la actualidad de la liga, sabía que no iba a ver a los mejores equipos del mundo. Los Redskins andan relativamente bien este año, pero los Giants no dan pie con bola y han ganado solo un partido. Consciente de aquello, mi enfoque era vivir la experiencia de un partido de NFL en el estadio. El cuento no partió tan bien, ya que debido a contratiempos, se atrasó el bus y llegué al estadio con el partido encima. De hecho, estaba en la fila cuando ya estaban cantando el himno. Por lo tanto, no pude captar el ambiente previo y llegué directamente al partido. De una y sin preámbulos, a la acción.

Se nota que en Estados Unidos tienen todo muy planificado. El Metlife Stadium queda ubicado en un suburbio, un territorio dedicado exclusivamente para este enorme y moderno recinto, junto con sus estacionamientos que son muy amplios. Por dentro, los accesos son muy claros y expeditos. Todo señalizado y si estás perdido, siempre habrá alguien que te ayude a encontrar tu ubicación. Tenía ubicación en la bandeja más alta y mi primer golpe de vista, al entrar a la cancha fue ver algo parecido a una mesa de billar. La cancha y con el logo de NFL en el centro se veía pulcra y muy bien hecha. No parecía ser algo real o lo que uno entendería como real. Mejor que en tv, claramente.

Pese a los resultados, el público neoyorquino acompaña y apoya mucho a sus equipos. Se nota que los Giants son el equipo popular de fútbol americano, en comparación a los Jets. El estadio era casi totalmente azul, tal como los uniformes de los Giants que estaban sobre la cancha. La gente apoya, pese a todo y pese a la lentitud de Eli Manning. Pero vamos de a poco. Primer cuarto, los Giants insinuaban. Un pase largo de Eli en tercer down fue atrapado por Odell Beckham Jr, quien pese a ser sujetado logró quedarse con el balón. Fue el primer estallido de la tarde en la cancha. Pero después, ese avance no lo pudieron concretar. Una tónica que se iba a extender por todo el juego.

Los Redskins en ofensiva, son buenos más no extraordinarios. Ejecutan bien sus jugadas y saben mover el balón correctamente (escribo esto y me acuerdo del "Move The Chains" que salía por las pantallas, cada vez que los Giants obtenían un primer down). La línea está bien armada, Alex Smith sabe desenvolverse bajo presión, pero el jugador Redskin que más me llamó la atención en vivo fue Adrian Peterson. Siendo un treintón de tomo y lomo, se nota que Peterson ha sabido conservar su físico para mantenerse vigente. Aparte de correr y tener buenas movidas para esquivar rivales, aguanta golpes de manera suficiente para resistir un partido completo.

De hecho, fue Peterson quien anotó el primer touchdown de la tarde. Casi en el final del primer cuarto, pase corto de Smith y Adrian supo correr las yardas necesarias. Washington de a poco jugaba mejor y la impaciencia comenzaba lentamente a apoderarse del ambiente en el Metlife. 7-0 fue la diferencia con la que llegaron los Redskins al intermedio, dada la incapacidad de New York para concretar sus oportunidades. Beckham Jr, quien sin dudas es el jugador ofensivo más talentoso de los Giants, hizo su parte. No por nada, superó las 100 yardas. El problema estuvo con Saquon Barkley, quien nunca pudo entrar en ritmo y por ende, nunca fue factor. Se notaba que los Redskins estaban preparados para frenar a Barkley. Anticiparon muchos de los acarreos de Barkley, quien al moverse lateralmente era perseguido siempre por al menos tres defensivos. Eso condicionó a que los Giants lanzaron muchos pases desde temprano.


Recordaba haber comentado el año pasado, en el podcast de NFL Chile, que Eli Manning está robando con sus glorias pasadas. Al verlo en vivo, pude confirmar esa impresión. Aparte de tener bien ganado el apodo Elinterception, está muy lento para moverse dentro del pocket y en varias secuencias, tardaba mucho tiempo para lanzar el balón. En más de alguna ocasión, Sterling Shepard o el propio Odell Beckham Jr levantaban sus manos advirtiendo que estaban libres para atrapar el balón, pero Eli siempre tuvo la vista en cualquier otra parte. Hasta el público que ya perdía la paciencia antes del intermedio, intentaba alertar a Eli de esas chances. Pero no, Eli está lento y su lentitud afecta a todos los Giants, que tienen buenos jugadores ofensivos pero que podrían andar mejor con un pasador mucho más fresco.

Final de la primera mitad y con ello, el descanso. Aparecieron unos niños vestidos con cascos y hombreras, al parecer competían entre ellos. Hubo par de buenas atrapadas que animaron al público local que se entusiasmaba más con eso que con sus Giants. Mientras, en las pantallas mostraban datos del partido y highlights de los partidos que se jugaban de forma simultánea. Otro buen detalle para comprender la experiencia NFL, si uno se levanta del asiento para ir a comer algo o para ir al baño, por todas partes hay pantallas que muestran el partido y hasta hay una radio instalada en el baño, que lógicamente tenía la narración del partido. Ah, y habían algunas pantallas que mostraban otros partidos y en una de esas, tenían sintonizado el show de Scott Hanson (a.k.a. NFL RedZone). Una maravilla.

De regreso al partido. Los Redskins seguían dominando sin hacer nada del otro mundo, con un par de goles de campo lograban mantener su ventaja, mientras que la línea ofensiva de los Giants colapsaba de forma grosera. La desazón era mayor con cada captura que sufría Eli y cuando había una chance de anotar, los mismos Giants la echaban a perder, a pesar de los esfuerzos de su defensa que hasta le robó un balón a Peterson que los dejó en posición favorable. "Eli, just throw the fucking damn ball", se escuchaba clarito un par de filas detrás de donde estaba. "Kickoffs are a joke", exclamó otro después de un patada que no tuvo devolución. Razón no le faltaba a esa persona. Pero el comentario tribunero que me quedó grabado por todo el viaje, fue de una niña que gritaba a todo pulmón "Run the ball!!!", en un momento que los Giants estaban dentro de las últimas 10 yardas. Corrieron en primera, pero en las siguientes dos jugadas, Manning (quien a esa altura ya había regalado dos intercepciones) tiró dos pases horrendos y en cuarto down, fueron por un field goal. El festival de "booooooooos" que ya caía, tipo 3 de la tarde, era de cuidado.

Al comenzar el cuarto período, mucha gente ya había dejado sus asientos, luego de ver esa secuencia de errores (¿u horrores?). Demasiada jugada mal hecha, seguro. La defensa de los Redskins seguía haciendose un festín colapsando el pocket, al punto de capturar 8 veces a Eli. La mejor jugada del partido llegó casi al final, cuando Peterson, quien era uno de los jugadores más viejos que estaban en la cancha, siguió un bloqueo, se cargó a su banda derecha y no paró más. 64 yardas hasta el endzone. Desde la tribuna se podía captar la fuerza y velocidad de Adrian para correr de esa forma con el balón. Pilló el espacio y se escapó, una jugada que valió por todo el partido. Y para los Redskins, fue la jugada con la que casi liquidaron el partido y así lo sintieron casi todos en el estadio, quienes abandonaron apenas Peterson convirtió el touchdown. La fiel hinchada abandonando, parece que esa mala costumbre se da en todas partes, sin importar los colores.

El otro highlight lo dejó Beckham Jr, quien minutos más tarde, atrapó un pase en el aire y a una sola mano. El grito a coro de "Whoaaaa!" se sintió en todo el estadio. Los pocos que nos quedamos disfrutamos de una tremenda atrapada que resume las condiciones de OBJ como receptor, quien además de correr y atrapar el balón, sabe como ejecutar sus rutas. Me llevé una impresión muy grata del # 13 de los Giants, es muy talentoso. Y sin dudas, merece jugar con un mejor mariscal. Con menos de 20 segundos, los Giants por fin llegaron a las diagonales. Pase corto de Eli a Evan Engram, para el 13-20. Pero era demasiado tarde, apenas algunos festejaron esa anotación. Luego, patada corta recuperada por los Redskins, formación victoria y Game Over.

Final del juego que tuvo sus cosas interesantes. En directo, se pueden captar muchos detalles, se aprecian en plenitud las formaciones y los sidelines se ven claros. De hecho, desde mi ubicación se podía notar nítidamente el cabello amarillo (!) de OBJ, mientras él descansaba. Al ser un juego tan complejo, a veces cuesta centrarse ya que ocurren muchas cosas aparte del balón. A veces, me ponía a ver como estaban alineados los receptores o la ubicación de los safeties previo al snap. Esas movidas pueden marcar el desarrollo de las jugadas y con ello, el tono del partido. Y otra cosa más: cuando el referee principal, que en este caso fue Bill Vinovich, prende el micrófono para dar a conocer la infracción, se escucha tan bien como por tv.

4:15 de la tarde. El juego se acabó y era hora de salir del estadio. Los pocos fanáticos Giants que quedaban, salían con clara sensación de molestia. "Embarrasing football", se escuchaba en un pasillo. Por la radio local, estaban con un programa post partido con Amani Toomer y otros personajes integrando el panel de lujo. No puse mucha atención a eso, pero supuse que el tema de debate era que se tenían que ir todos y que no quede ni uno solo (?). En los estacionamientos, había gente que pese a la séptima derrota en ocho partidos de los Giants, igual se puso a tomar cerveza, a hacer asados y a pichanguear con el balón. Sí, queridos turistas: el famoso tailgate es real y hasta lo hacen después de un partido. Hay que entender este es el panorama de domingo para muchos, en Estados Unidos.

Insisto con que los Giants serían mejores con otro quarterback y que ahora mismo, podrían dedicarse al tanking. Estoy seguro que les iría mejor. Los Redskins son un equipo correcto, pero no extraordinario. Y eso lo pude confirmar horas después, al ver jugar a los Rams y a los Saints por tv. Las palomas caen en masa sobre los estacionamientos, para arrasar con todos los restos de comida y por mi parte, era hora de tomar el bus de vuelta a New York. Partido regular tirando a bueno por momentos, pero la experiencia de ver NFL in situ fue excelente. Un espectáculo deportivo en un estadio moderno y muy cómodo, donde se puede presenciar el show con todos los detalles, sin importar la ubicación. Fue ideal haber comenzado la gira con un partido de fútbol americano. Y lo mejor era eso, que mi visita al Metlife Stadium era tan solo el comienzo de la gira.


Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.