lunes, 24 de abril de 2017
La pizarra de los Celtics
por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike
Los dos primeros partidos de la serie entre los Boston Celtics y los Chicago Bulls dejaron más allá de las dos victorias para Chicago, una pálida imagen del equipo de Boston. Dominados en los tableros, poca eficiencia al aro y una peligrosa tendencia a la improvisación en la mayoría de sus jugadas. Los Celtics parecían cualquier cosa menos los primeros clasificados del Este. Ante ese complejo escenario, el director técnico Brad Stevens hizo cambios previo al tercer partido.
No fueron cambios mayores, sino más bien cambios sutiles pero que han surtido efecto en todo el conjunto. La principal movida fue sacar de la formación titular a Amir Johnson, un ala-pívot con presencia en la llave pero que suele tomar muy pocos rebotes, y en su lugar incluir a Gerald Green, un alero con algo más de versatilidad, capaz de desplazarse y de tomar tiros a corta y larga distancia. La incorporación de Green desde el comienzo en los juegos 3 y 4 causó una mejoría en cuanto al ritmo y fluidez del juego celta.
Volvió la rotación de balón y volvieron las buenas selecciones de tiro. En los dos partidos jugados en Chicago, hubo tramos en que los Celtics sacaron margen de 20 puntos sobre los Bulls. Eso dice mucho sobre Boston. Si bien los porcentajes no han variado mucho a través de la serie (entre 43% y 48%), se nota que las canastas ahora están llegando en jugadas colectivas, donde se involucra a todo el equipo. Green añadió una opción tiradora que no ofrecía Johnson. En el tercer juego, Gerald convirtió ocho puntos en 20 minutos jugados, pero en el cuarto se notó mucho más su presencia: 18 puntos, 4/9 triples y 7 rebotes en 23 minutos en la pista.
Esta modificación hizo mejorar el modo de juego de los Celtics, pero además hubo una alteración en la distribución de minutos, sobre todo en los suplentes. Green pasó de casi no jugar en los primeros dos partidos a tener más de 20 minutos en los dos siguientes, Johnson, de ser titular pasó a no tener acción en el último juego, Kelly Olynyk pasó de bordear los 25 minutos a no superar los 16 en el cuarto juego, mientras que Jonas Jerebko pasó de estar casi al fondo de la banca a ser parte de la rotación de los Celtics, cuando Stevens pone a jugar a los suplentes.
Todo esto se añade a la producción de Isaiah Thomas, quien ha encabezado las anotaciones de Boston durante todo el año, y de Marcus Smart, quien contribuye en la segunda unidad mediante diversas facetas. A partir de algunas movidas, el juego de Boston cambió para bien y así es como logró llevar la serie de vuelta a su casa igualada a dos triunfos por bando. Los rebotes siguen siendo un problema para ellos, si logran capturar algunos balones más en los tableros, su mejoría colectiva podría ser aún más sustancial.
viernes, 14 de abril de 2017
Russell Westbrook Basketball Club
por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike
Corre a mil por hora en cada partido, conduce la pelota, lanza desde cualquier lugar de la pista, puede habilitar a sus compañeros para que ellos también anoten y tal es su energía que también puede contribuir en defensa. De todo eso es capaz Russell Westbrook, gestor del logro individual más grande en la presente temporada de la NBA, siendo capaz de generar 42 partidos con una triple decena y de promediar una triple decena a través de toda la temporada (31.6 puntos, 10.7 rebotes y 10.4 asistencias), rompiendo las marcas establecidas por Oscar Robertson hace 55 años.
Hay que ver y valorar el contexto bajo el que Westbrook se encuentra inmerso. Quedó como la única estrella del Oklahoma City Thunder, tras la partida de Kevin Durant a los Golden State Warriors. Previo al comienzo del torneo, no eran pocos los que vaticinaban una caída precipitosa del Thunder. Nada de eso, desde los primeros partidos el base de OKC asumió completamente su rol como el principal generador de juego en su equipo, teniendo la pelota mucho más tiempo del que ya lo tenía anteriormente (este año promedia casi 100 toques por partido), por lo que sus registros aumentaron de forma notoria.
Muchos dicen que sus estadísticas están infladas, pero hay que ver el núcleo que rodea a Russell: entre sus compañeros figuran personajes tales como Victor Oladipo, Steven Adams, Andre Roberson, Domantas Sabonis, Enes Kanter, entre otros. Ninguno de esos jugadores mencionados aparece siquiera dentro de los 20 mejores jugadores ya sea de la liga entera o en sus respectivas posiciones. Eso enaltece aún más el logro de Westbrook quien ha cargado al Thunder rumbo a otra temporada con récord ganador y una nueva clasificación a los playoffs, donde enfrentarán a los Houston Rockets en primera ronda.
Para tener en cuenta la trascendencia de las triples decenas logradas por Westbrook, un solo dato: 39 de las 46 victorias del equipo de Oklahoma City llegaron cuando el californiano superaba las 10 unidades en puntos, rebotes y asistencias. Así de importante es su aporte y así lo entienden sus compañeros, quienes lo felicitan y reconocen genuinamente como el líder del conjunto. De esos 42 partidos con triple doble, hubo tres en los que Russell superó los 50 puntos. Uno de ellos fue el domingo pasado, cuando logró las dos marcas en el triunfo a domicilio frente a los Denver Nuggets.
En los últimos tres minutos de ese partido, la diferencia era de 10 puntos a favor de los Nuggets. En ese lapso restante, Westbrook convirtió los últimos 13 puntos de su escuadra (totalizando 50) y tomó dos rebotes que fueron claves para completar la remontada. Como si fuera poco, metió la canasta del triunfo cuando el tiempo se consumía y estando dos puntos abajo en el marcador. Un partido estelar para consagrar un año estelar. Russell firmó una campaña que parecía imposible de logar y que tan solo un solo jugador, Oscar Robertson en 1962, había sido capaz de producir en toda la historia de la NBA.
Un hecho que no se puede desprestigiar, aunque se discute si esos son méritos suficientes para que Westbrook sea premiado como el Jugador Más Valioso de este año. Su extraordinario desempeño a través de todo el torneo debiera serlo, pero hay que considerar que el Thunder ganó el 57% de sus partidos y entró a los playoffs en sexta ubicación. Aplicando esa lógica, otros jugadores como Kawhi Leonard de los San Antonio Spurs y James Harden de los Houston Rockets (cuyas cifras finales bordearon la triple decena) debieran tener más méritos. De hecho, en los últimos 25 años el MVP siempre correspondió a alguien cuyo equipo acabó primero o segundo en su conferencia.
Ese es un debate de largo aliento y muy subjetivo, dado a que no existe un parámetro establecido para determinar esa premiación. Pero lo que no se puede cuestionar es el enorme esfuerzo que ha hecho Russell Westbrook durante todo este año. Si logra meter a su equipo a las finales de conferencia (los cuatro mejores equipos de la liga) sería algo tan o más valioso que sus impresionantes registros logrados en temporada regular.
lunes, 27 de marzo de 2017
El club de los 70
por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike
En la noche del pasado viernes, Devin Booker hizo historia. El joven base de los Phoenix Suns se convirtió en tan solo el sexto jugador que logra 70 puntos o más en un partido de la NBA (en su caso, fueron exactamente 70), siendo este el undécimo caso en toda la historia. Mucho más que una racha tiradora, mucho más que un gran partido. Booker, como lo supo hacer alguna vez Kobe o en muchas tantas Chamberlain, terminó apoderandose del espectáculo más allá del resultado. Sus compañeros lo buscaron, los defensores lo encaraban, el público del TD Garden acabó aplaudiendolo a él pese al triunfo de los Boston Celtics. Así de extraordinario fue todo, el ascendente jugador de 20 años de edad se metió a una pequeña pero muy selecta lista.
Historia de la NBA / Jugadores con 70+ puntos en un partido
100 Wilt Chamberlain (Philadelphia Warriors, 2/III/1962)
81 Kobe Bryant (Los Angeles Lakers, 22/I/2006)
78 Wilt Chamberlain (Philadelphia Warriors, 8/XII/1961)
73 Wilt Chamberlain (Philadelphia Warriors, 13/I/1962)
73 Wilt Chamberlain (San Francisco Warriors, 16/XI/1962)
73 David Thompson (Denver Nuggets, 9/IV/1978)
72 Wilt Chamberlain (San Francisco Warriors, 3/XI/1962)
71 Elgin Baylor (Los Angeles Lakers, 15/XI/1960)
71 David Robinson (San Antonio Spurs, 24/IV/1994)
70 Wilt Chamberlain (San Francisco Warriors, 10/III/1963)
70 Devin Booker (Phoenix Suns, 24/III/2017)
Booker es el más joven en llegar a 70 puntos en un juego y se suma una lista en la que figuran históricos como David Robinson, Kobe Bryant y que es dominada notoriamente por Wilt Chamberlain, quien encabezaba todas las anotaciones de la liga en buena parte de los años sesentas. El factor común que une a estos casos es que en todos ellos, los jugadores tomaron por lo menos 38 tiros a la canasta y lanzaron, al menos, 18 tiros libres.
El caso de Devin es así. Tras una primera parte normal, con 19 unidades, y donde los Suns ya perdían ampliamente en casa de los Celtics, explotó en la segunda a tal punto que todas las jugadas ofensivas de su equipo pasaban por sus manos durante el último cuarto de juego. Sus compañeros contribuyeron, cometiendo fouls a sus oponentes para frenar el tiempo y tener más posesiones y luego, entregándole el balón. Y Booker cumplía, encestando tiros de toda especie. Bandejas, a media distancia, de tres puntos y desde la línea de libres. Pese al dominio del equipo de Boston en el juego, era la joven estrella de Phoenix quien estaba llevándose toda la atención.
Poco a poco, Booker coleccionaba anotaciones y así fue llenando su ficha estadística hasta redondear los 70 puntos, a los que llegó mediante estos registros: 21/40 tiros al aro, 4/11 triples y 24/26 tiros libres en casi 45 minutos dentro de la pista. Impresionan esos 24 puntos en la línea de libres, de hecho completó sus 70 de esa forma e igualmente, sus 40 intentos a la canasta que representaron casi la mitad de los 86 de todos los Suns, algo muy similar a los anteriores casos de jugadores con 70 o más puntos. Sólo para tenerlos de referencia: Chamberlain llegó a 100 puntos con 63 tiros y Bryant requirió de 46 intentos para alcanzar sus 81 unidades.
Pese al extraño contexto, no hay que desvalorizar lo hecho por Devin. Es la figura dentro de un equipo que intenta armarse para el futuro y que no logra ganar muchos partidos, razón por la que el oriundo de Grand Rapids no suele aparecer mucho en resumenes televisivos o en debates de especialistas y/o fanáticos sobre los mejores jugadores de la liga. En la presente temporada había tenido un par de partidos con 39 puntos, que eran su mayor marca (esos dos partidos fueron jugados en Ciudad de México) y otro con 36, hace un par de semanas, donde liquidó el partido en la última jugada con un triple frente a los Dallas Mavericks.
Pero esto supera a todo lo que había cosechado en su naciente carrera que comenzó hace menos de dos años. Una carta de presentación maciza y bien especial. Setenta, una cifra precisa, redonda. Como si con eso nos estuviera sugiriendo la presencia de una futura gran estrella basquetbolística.
lunes, 13 de marzo de 2017
Lluvia de Rockets
Popularmente, los conceptos correr y lanzar triples están asociados exclusivamente con los Golden State Warriors. Hay mucha verdad en eso, pues el equipo de Oakland ha sobresalido en los últimos años por tener alineaciones relativamente chicas, con mucho juego rápido y triples por doquier. Esa fórmula los ha llevado al éxito, el cual varios equipos han intentado replicar. Y uno de esos conjuntos ha tomado esa forma de juego y la ha exagerado aún más, haciendo del triple su modus operandi.
En la presente temporada, los Houston Rockets se han engolosinado con los tiros largos a tal punto que encabezan la NBA con 40.6 intentos de triple por partido y con 14.7 triples convertidos por cada encuentro, además de ser el equipo con la mayor proporción de triples lanzados, con un 46.7% y de tener el mejor rating ofensivo, con 115.5 puntos por cada 100 posesiones. La llegada de Mike D'Antoni (quien se atrevió a correr el Small Ball durante la década pasada) ha influenciado en esta tendencia triplera. Los Rockets juegan muy rápido (99.0 posesiones por partido, el 4° mayor ritmo del torneo) y lanzan de igual manera, pero no se trata solo llegar y tirar al aro.
El cambio que le ha impreso D'Antoni pasa por haber establecido una serie de movimientos, cortinas altas y rotación precisa del balón, que les ha generado muchos tiros cómodos para cualquiera de sus lanzadores, ya sea Ryan Anderson, Ben Gordon, el recién llegado Louis Williams y por supuesto, su estrella James Harden, quien está viviendo su mejor temporada, en cuanto a calidad de juego y en cuanto a números. Si bien persiste con su costumbre de provocar a los contrarios para que le cometan fouls, el barbudo está moviendo el balón de forma mucho más ágil, involucra mucho más a sus compañeros en las jugadas y ha mejorado en su efectividad tiradora.
Así es como Harden se ha convertido en un jugador mucho más decisivo para el bien de su conjunto, que actualmente se sitúa tercero dentro de su conferencia, y también para su causa. Con tan solo un mes por disputar en la temporada regular, el ex reserva del Oklahoma City Thunder está bordeando la triple decena: 29.1 puntos, 11.2 asistencias y 7.9 rebotes en 36.5 minutos en la pista. Esas once asistencias de media por partido son récord personal, superando por cuatro a sus promedios de las dos temporadas anteriores y como si fuera poco, ha registrado 16 triples decenas, la más reciente fue la que marcó en la noche del domingo contra los Cleveland Cavaliers, con 38 puntos, 10 rebotes y 11 asistencias. Hasta se dio el lujo de meterle un tapón a Kyrie Irving. Méritos propios de un posible MVP.
Aunque, hay que estar alerta con su debilidad: la defensiva. Así como son capaces de correr y anotar muchas canastas, también permiten muchas anotaciones a los oponentes, tal como son los equipos dirigidos por D'Antoni. Colectivamente, suelen ser muy lentos y pasivos en las rotaciones. Y si les mueven mucho el balón, pierden las marcas con relativa facilidad facilitando muchos tiros cómodos a los rivales. En este momento, Houston figura en la medianía de la tabla en cuanto a rating defensivo, permitiendo 108.6 puntos por cada cien posesiones, además de aceptar un 46% de tiros convertidos a los rivales, estando dentro de los 12 equipos que permiten ese porcentaje o peor que aquello.
Un sistema que, con los jugadores adecuados, está rindiendo frutos ofensivamente, brindando grandes exhibiciones, además de contar con un legitimo candidato al premio de Jugador Más Valioso de la temporada en la figura de Harden. Han demostrado ser capaces de transformar los partidos en auténticos "corre-corre" y así lograr imponer su método, aunque queda por ver que pasaría en unos eventuales playoffs, cuando las defensas cobran mayor relevancia. Por ahora, los Houston Rockets están llenando la vista de sus fanáticos a base de ataque y sobre todo, de una lluvia de disparos.
En la presente temporada, los Houston Rockets se han engolosinado con los tiros largos a tal punto que encabezan la NBA con 40.6 intentos de triple por partido y con 14.7 triples convertidos por cada encuentro, además de ser el equipo con la mayor proporción de triples lanzados, con un 46.7% y de tener el mejor rating ofensivo, con 115.5 puntos por cada 100 posesiones. La llegada de Mike D'Antoni (quien se atrevió a correr el Small Ball durante la década pasada) ha influenciado en esta tendencia triplera. Los Rockets juegan muy rápido (99.0 posesiones por partido, el 4° mayor ritmo del torneo) y lanzan de igual manera, pero no se trata solo llegar y tirar al aro.
El cambio que le ha impreso D'Antoni pasa por haber establecido una serie de movimientos, cortinas altas y rotación precisa del balón, que les ha generado muchos tiros cómodos para cualquiera de sus lanzadores, ya sea Ryan Anderson, Ben Gordon, el recién llegado Louis Williams y por supuesto, su estrella James Harden, quien está viviendo su mejor temporada, en cuanto a calidad de juego y en cuanto a números. Si bien persiste con su costumbre de provocar a los contrarios para que le cometan fouls, el barbudo está moviendo el balón de forma mucho más ágil, involucra mucho más a sus compañeros en las jugadas y ha mejorado en su efectividad tiradora.Así es como Harden se ha convertido en un jugador mucho más decisivo para el bien de su conjunto, que actualmente se sitúa tercero dentro de su conferencia, y también para su causa. Con tan solo un mes por disputar en la temporada regular, el ex reserva del Oklahoma City Thunder está bordeando la triple decena: 29.1 puntos, 11.2 asistencias y 7.9 rebotes en 36.5 minutos en la pista. Esas once asistencias de media por partido son récord personal, superando por cuatro a sus promedios de las dos temporadas anteriores y como si fuera poco, ha registrado 16 triples decenas, la más reciente fue la que marcó en la noche del domingo contra los Cleveland Cavaliers, con 38 puntos, 10 rebotes y 11 asistencias. Hasta se dio el lujo de meterle un tapón a Kyrie Irving. Méritos propios de un posible MVP.
Aunque, hay que estar alerta con su debilidad: la defensiva. Así como son capaces de correr y anotar muchas canastas, también permiten muchas anotaciones a los oponentes, tal como son los equipos dirigidos por D'Antoni. Colectivamente, suelen ser muy lentos y pasivos en las rotaciones. Y si les mueven mucho el balón, pierden las marcas con relativa facilidad facilitando muchos tiros cómodos a los rivales. En este momento, Houston figura en la medianía de la tabla en cuanto a rating defensivo, permitiendo 108.6 puntos por cada cien posesiones, además de aceptar un 46% de tiros convertidos a los rivales, estando dentro de los 12 equipos que permiten ese porcentaje o peor que aquello.
Un sistema que, con los jugadores adecuados, está rindiendo frutos ofensivamente, brindando grandes exhibiciones, además de contar con un legitimo candidato al premio de Jugador Más Valioso de la temporada en la figura de Harden. Han demostrado ser capaces de transformar los partidos en auténticos "corre-corre" y así lograr imponer su método, aunque queda por ver que pasaría en unos eventuales playoffs, cuando las defensas cobran mayor relevancia. Por ahora, los Houston Rockets están llenando la vista de sus fanáticos a base de ataque y sobre todo, de una lluvia de disparos.
lunes, 6 de marzo de 2017
Tantas lunas
Hace cuatro meses escribí por última vez algo relativo a la NBA. En esa nota, mencionaba la llegada de Kevin Durant a los Golden State Warriors con todos los pros y contras que eso conllevaba. Admito que tenía muchas dudas, pero me agrada ver como los Warriors mantienen su esencia colectiva, aún con la adición de otro anotador más. Los Warriors iban a paso galopante, liderando el oeste, encabezando los ratings ofensivos de la liga, hasta que Durant se lesionó la semana pasada. Nuevamente han tenido que ajustarse, Stephen Curry está volviendo o al menos tratando de volver a su original rol de ser la (absoluta) primera opción anotadora. Le fue bien el domingo en New York: convirtió 31 puntos y metió casi la mitad de sus triples, pero le tomó mucho tiempo entrar en ritmo. Es más, estuvo toda la semana anterior con problemas tiradores. La excelencia mal acostumbra a la gente, una pequeña racha negativa y ya habían comentaristas hablando de unos "vulnerables Warriors". Este es un largo camino y seguro que Golden State llegará en buena forma a la postemporada, la duda será ver en qué condiciones retornará Durant, quizás por ahí esté la clave de un posible campeonato.
Es muy buena la evolución orgánica que viven los Boston Celtics. El actual plantel se ha ido construyendo paulatinamente con varias selecciones del draft más oportunos traspasos y/o fichajes de agencia libre, como ocurrió en su momento con Isaiah Thomas. Poco a poco se ha construido el equipo, se definió una línea de juego, se fortaleció la defensa y también ha visto como Thomas pasó de ser un decente anotador a una estrella de la liga. Ofensivamente el equipo se ha transformado y de forma sorpresiva siguió el actual patrón de juego en la competencia y así es como los Celtics promedian 12 triples convertidos por partido (3° en la liga) además de tener la séptima mejor eficiencia ofensiva (111.4 puntos por cada cien posesiones, 7° en la liga). Aún están en pleno ascenso, aún tienen matices que trabajar y deficiencias que corregir (¡cómo le cuesta anotar a los reservas!), pero ya están ganando muchos partidos y ya son capaces de darle pelea a los grandes, como ocurrió en el partido del miércoles pasado frente a los Cleveland Cavaliers. Un palo-a-palo que supo resolver Boston, aplicando mucho criterio en las jugadas ejecutadas en los últimos dos minutos.
Se suponía que Lebron James iba a jugar menos este año, que iba a reservar energías para el tramo más importante. Pero resulta que Lebron está jugando 37.6 minutos por partido, dos más de los que jugaba el año pasado y ya se ha ausentado de algunos encuentros, para poder descansar. Lo bueno, para causa suya y de los Cavs, es que James está bordeando la triple decena en cuanto a sus promedios: 25.9 puntos, 8.1 rebotes y 8.9 asistencias. Lebron sigue siendo el jugador más determinante de Cleveland, pero se sabe que necesita más compañía de la que ya tiene. Las adiciones de Kyle Korver, Derrick Williams y el recién llegado Deron Williams indican una mayor variedad en cuanto a cualidades de juego y mayor amplitud para el plantel. Ahora, los Cavaliers quedaron prácticamente con dos jugadores por cada posición. A ver si con eso no sobrecargan de trabajo a James, quien por mucho que sea el MVP de las últimas Finales, en algún momento podría desgastarse.
Anthony Davis, un gran jugador en un equipo pobre. Para desgracia suya, los New Orleans Pelicans figuran antepenúltimos en su conferencia, aunque igualmente están a solo cuatro juegos de distancia respecto del último puesto clasificatorio. Una pena que así sea, pues el uniceja mete la mitad de sus tiros, promedia una doble decena (28.3 puntos, 11.8 rebotes), y aún así su equipo apenas ha ganado un poco más de un tercio de sus partidos. Dos causas para comprender porqué a los Pellies les va mal pese al desempeño de Davis: el equipo tiene la cuarta peor eficiencia ofensiva de la liga (103.8 puntos por cada cien posesiones) y convierten tan solo el 44.4% de sus tiros al aro, el noveno peor porcentaje del torneo. Encima, hace un par de semanas llevaron a Demarcus Cousins, un alero/pívot con muchas condiciones pero muy dado a la indisciplina dentro de la cancha. Un ejemplo: tres faltas cometidas en menos de tres minutos, el viernes pasado frente a los San Antonio Spurs. Así es muy difícil para Davis y su conjunto.
Es muy buena la evolución orgánica que viven los Boston Celtics. El actual plantel se ha ido construyendo paulatinamente con varias selecciones del draft más oportunos traspasos y/o fichajes de agencia libre, como ocurrió en su momento con Isaiah Thomas. Poco a poco se ha construido el equipo, se definió una línea de juego, se fortaleció la defensa y también ha visto como Thomas pasó de ser un decente anotador a una estrella de la liga. Ofensivamente el equipo se ha transformado y de forma sorpresiva siguió el actual patrón de juego en la competencia y así es como los Celtics promedian 12 triples convertidos por partido (3° en la liga) además de tener la séptima mejor eficiencia ofensiva (111.4 puntos por cada cien posesiones, 7° en la liga). Aún están en pleno ascenso, aún tienen matices que trabajar y deficiencias que corregir (¡cómo le cuesta anotar a los reservas!), pero ya están ganando muchos partidos y ya son capaces de darle pelea a los grandes, como ocurrió en el partido del miércoles pasado frente a los Cleveland Cavaliers. Un palo-a-palo que supo resolver Boston, aplicando mucho criterio en las jugadas ejecutadas en los últimos dos minutos.
Se suponía que Lebron James iba a jugar menos este año, que iba a reservar energías para el tramo más importante. Pero resulta que Lebron está jugando 37.6 minutos por partido, dos más de los que jugaba el año pasado y ya se ha ausentado de algunos encuentros, para poder descansar. Lo bueno, para causa suya y de los Cavs, es que James está bordeando la triple decena en cuanto a sus promedios: 25.9 puntos, 8.1 rebotes y 8.9 asistencias. Lebron sigue siendo el jugador más determinante de Cleveland, pero se sabe que necesita más compañía de la que ya tiene. Las adiciones de Kyle Korver, Derrick Williams y el recién llegado Deron Williams indican una mayor variedad en cuanto a cualidades de juego y mayor amplitud para el plantel. Ahora, los Cavaliers quedaron prácticamente con dos jugadores por cada posición. A ver si con eso no sobrecargan de trabajo a James, quien por mucho que sea el MVP de las últimas Finales, en algún momento podría desgastarse.
Anthony Davis, un gran jugador en un equipo pobre. Para desgracia suya, los New Orleans Pelicans figuran antepenúltimos en su conferencia, aunque igualmente están a solo cuatro juegos de distancia respecto del último puesto clasificatorio. Una pena que así sea, pues el uniceja mete la mitad de sus tiros, promedia una doble decena (28.3 puntos, 11.8 rebotes), y aún así su equipo apenas ha ganado un poco más de un tercio de sus partidos. Dos causas para comprender porqué a los Pellies les va mal pese al desempeño de Davis: el equipo tiene la cuarta peor eficiencia ofensiva de la liga (103.8 puntos por cada cien posesiones) y convierten tan solo el 44.4% de sus tiros al aro, el noveno peor porcentaje del torneo. Encima, hace un par de semanas llevaron a Demarcus Cousins, un alero/pívot con muchas condiciones pero muy dado a la indisciplina dentro de la cancha. Un ejemplo: tres faltas cometidas en menos de tres minutos, el viernes pasado frente a los San Antonio Spurs. Así es muy difícil para Davis y su conjunto.
jueves, 9 de febrero de 2017
El Imperio Patriota
por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike
Habían transcurrido apenas cinco minutos del tercer cuarto y los Atlanta Falcons aventajaban a los New England Patriots por 28-3. Los Halcones no solo ganaban: dominaban, asfixiaban, aplastaban a su oponente. El título del Super Bowl LI parecía inminente para el equipo rojo. Jugaban a placer, ejecutando magistralmente, mezclando sus jugadas ofensivas, los defensivos se lanzaban como saetas sobre el primer Patriota que veían para tumbarlo al suelo. Era un recital del equipo inexperto frente a unos Pats que lucían confundidos, descoordinados y hasta cabizbajos.
Cualquiera que haya visto el partido creyó que el asunto estaba resuelto. El desarrollo del juego invitaba a creer ciegamente en ello, aparte que a los Patriots no les resultaba nada. Ninguna cosa. Tom Brady erraba pases y regaló un pick six (algo que nunca ocurre), los receptores soltaban balones como malos de la cabeza, los defensivos se comían casi todas las fintas que les metía Matt Ryan y compañía. Los jugadores de New England parecían inmutables, seguían jugando pero al mismo ritmo con el que habían estado en todo el partido. Movían el balón con dificultades y avanzando pocas yardas, mientras el tiempo corría. Anotaron casi al final del tercer cuarto pero fallaron el punto extra. Hasta eso les salía mal.
Pero en ese momento y casi sin que nadie se diera cuenta, comenzaba a gestarse la remontada más grande en la historia del Super Bowl. El muerto revivía, comenzaba a hilvanar jugadas. Poco a poco, paso a paso. Aún se veía lejana la diferencia en el marcador, pero Brady estaba apareciendo en modo legendario, como en tantas otras noches. Y también estaba apareciendo la defensiva. De ser burlados, pasaron a ser ellos quienes empezaban a presionar a los Falcons. Comenzaron a tacklear mejor, empezaron a presionar a Ryan. Capturas en 3° downs, forzando despejes y hasta un balón. La epopeya parecía aún imposible, pero la inercia estaba cambiando de forma casi inconciente.
New England entró en ritmo, los jugadores comenzaron a asentarse en la cancha, estaban en su universo. Y del otro lado, un impecable equipo de Atlanta comenzaba a desdibujarse. Penalidades que signifcaron primeros downs automáticos para los Pats, algunos pases malos y algunas decisiones tácticas cuestionables, sobre todo en su última ofensiva (¿cuánto tuvo que ver Kyle Shanahan en todo eso?). A los Falcons se les estaban cortando sus alas y los Patriots revivían, siempre apegados a su método, aplicando sus jugadas. Otra vez anotaban y la remontada era cada vez más probable. Y así como tienen una fórmula ganadora, también cuentan con unas agallas tremendas. Porque para jugarse una Statue of Liberty Fake en una conversión de dos puntos hay que ser muy arriesgado y creer mucho en sus propias cualidades. Y como si fuera poco, minutos más tarde Julian Edelman completó una recepción casi imposible en medio de tres Falcons y luego de dos rebotes. Todo el ímpetu era de ellos.
De 3-28 a 28-28. Lo improbable se volvía real. El tiempo reglamentario había finalizado en empate y los Patriots debían completar su remontada en la prórroga, la primera prórroga en Super Bowl's. Más coincidente e histórico ya no podía ser. Al igual que en sus triunfos anteriores, los Patriots requirieron de un excelso Brady, pero también tuvieron a un héroe inesperado. El indicado en esta ocasión fue James White. Desconocido para muchos, pero no para Tom. Siempre lo buscó, en todo el partido. Mientras los demás receptores sufrían para atrapar un mísero pase, White rendía en cada toque de balón. Cada jugada suya generaba algo importante, ya cuando los Pats habían igualado el marcador en el último minuto, su actuación era estelar, digna de MVP (en mi opinión, White tenía tantos méritos como Brady para haber sido premiado como el Jugador Más Valioso del partido). Los trofeos son ganados por grandes jugadores y James se convirtió en uno de esos en el partido más difícil de todos. Talento y actitud, como bien lo destacó el #12 después del partido.
Y fue White quien cerró la histórica gesta, recibiendo el balón, llevándolo a su derecha y entre medio de un trío de Falcons logró cruzar la línea de touchdown. Apenas, de forma estrecha como acabó siendo la diferencia de seis puntos al final del juego. Se completaba la remontada, la más grande en Super Bowl's. Los Patriots obtenían el quinto, el legado se hacía aún más grande. Si habían dudas sobre Brady y Belichick, estas ya tienen que haberse disipado totalmente con este milagroso triunfo. Nunca bajaron los brazos, nunca perdieron la calma, nunca dejaron de jugar. Un equipo grande con todas sus letras, el equipo de este siglo en el fútbol americano.
Muchos no pudimos ver la dinastía de los 49ers de los ochentas con Joe Montana y Bill Walsh, tampoco el reinado de los Steelers en los setentas con Chuck Noll, Terry Bradshaw y toda la cortina de acero, ni mucho menos a los Packers de los sesentas dirigidos por Vince Lombardi, cuyo nombre honra al trofeo del Super Bowl. Pero sí hemos tenido el lujo de ver 15 años de triunfos Patriotas. Han pasado jugadores por montones, pero siempre se mantuvieron Brady y Belichick. Siempre arriba y siempre peleando por ser los mejores. Brady es el quarterback con más títulos y Belichick es el entrenador con más títulos. Bien se les puede denominar como la dupla QB/Coach más gloriosa en la historia de la NFL.
Por todo el carrusel de emociones que tuvo este partido, puede ser considerado como un auténtico clásico. Y también es clásico, a esta altura, ver a los Patriots en el Super Bowl. Y si están ahí, también es clásico ver finales llenos de drama. Como en todas las ediciones que disputaron en este siglo, pero en este lo fue mucho más. A quince años de su sorpresivo primer título y a dos de su cuarto, llegó el quinto. Este triunfo fue especial, sufrido, histórico, dulce... o mejor dicho: "el más dulce de todos", como exclamó el dueño del equipo Robert Kraft, en la presentación del trofeo.
Estamos viviendo la época dorada de los New England Patriots y somos todos testigos.
jueves, 2 de febrero de 2017
Misión Houston (V)
Cómo llegan: los New England Patriots llevan nueve triunfos consecutivos y en sus últimos cinco partidos dominaron a sus rivales por al menos 13 puntos de diferencia. En los playoffs, casi no tuvieron complicaciones para eliminar a los Houston Texans (34-16) y los Pittsburgh Steelers (36-17). Por su parte, los Atlanta Falcons ganaron sus últimos seis partidos y en cinco de ellos, el margen fue de +16 puntos. En los playoffs, barrieron con los Seattle Seahawks (36-20) y los Green Bay Packers (44-21).El experto y el debutante: Tom Brady jugará su séptimo Super Bowl (ganó cuatro de seis) mientras que Matt Ryan llega por primera vez a este encuentro (su récord en playoffs es 3-4). Brady tuvo una extraordinaria temporada regular, pese a perderse el primer mes. Luego, en la postemporada, pasó algunos aprietos con los Texans, pero estuvo implacable contra los Steelers. Su balance en esos dos juegos: 62.5% de pases completos, 671 yardas, 5 touchdowns y 2 intercepciones. Ryan, por su parte, está jugando la mejor temporada de su carrera. En la fase regular, tuvo el mejor rating con 117.1 además de haber lanzado 38 touchdowns, mientras que los playoffs han sido aún mejores: 70.7% de pases completos, 730 yardas, 7 touchdowns y 0 intercepciones.
Los entrenadores: Bill Belichick estará en el décimo Super Bowl de su carrera como entrenador, considerando los tres que estuvo como coordinador defensivo. En total, ha ganado seis - cuatro de ellos como el jefe de New England y sus dos primeros al mando de la defensa de los New York Giants. En tanto que Dan Quinn llega a la gran final en su segundo año como entrenador en jefe, aunque ya tuvo experiencia como coordinador en los dos tazones consecutivos a los que fue con los Seattle Seahawks. De hecho, Quinn dirigía a esa defensa que enfrentó a los Pats hace un par de años. No son los mismos jugadores, pero hay matices defensivos de esos Seahawks que se ven en estos Falcons.
Mejor ofensiva vs mejor defensiva: por sexta vez en la historia, el Super Bowl enfrentará al equipo con más puntos anotados con el conjunto con menos puntos permitidos. En este caso, son los Falcons quienes han explotado la liga con su ataque, el cual promedió 33.8 puntos por partido en la etapa regular y en los playoffs, ese promedio subió a 40.0. Los Patriots encabezaron la liga con 15.6 puntos permitidos en la etapa regular, una media que apenas cambió a 16.5 en las eliminatorias. De las cinco veces anteriores que se dio este particular duelo, cuatro fueron ganados por el equipo con mejor defensiva. Los últimos fueron los Seattle Seahawks en la edición XLVIII, hace tres años.
Jugador a seguir de New England: Legarrette Blount. El corredor puede ser una importante clave para los Patriots, en caso que el partido esté igualado en la parte final. Su tamaño (1.85 metros, 111 kilogramos) puede causar problemas a la defensa de los Falcons, si logra atacar los espacios que intente abrir su línea ofensiva. Blount marcó un récord personal en temporada regular con 18 touchdowns, aunque en los playoffs no ha sido tan fundamental, igual anotó ante los Steelers.Jugador a seguir de Atlanta: Julio Jones. Para muchos, el mejor receptor de la liga. Talentoso y muy sobrio, como alguna vez se mencionó en este espacio, tuvo un juego de 300 yardas el pasado 2 de octubre y en ocho ocasiones, superó las 100 yardas. Capaz de correr toda clase de rutas, puede hacer jugadas decisivas. Será importante ver, primero, qué tipo de marcación le pondrán los Pats (¿personal o doble?) y si puede desarrollar rutas largas. Si logra superar a su adversario, que posiblemente sea Malcolm Butler, podría causar enormes estragos.
Clave colectiva (I): ¿Cuáles Patriots veremos en el comienzo? ¿Soltarán el brazo de Brady de entrada o intentarán dominar el tiempo de posesión con acarreos? Mucho ojo si Brady logra conectar pases rápidos, pueden ayudar a que New England marque el ritmo de juego y de paso, mantenga en la banca a su contraparte. También será interesante ver si presentan alguna formación distinta o algún cambio en el mismo huddle, como supieron hacerlo en la final de conferencia.
Clave colectiva (II): los Falcons necesitan involucrar a sus corredores desde el comienzo, ya sea acarreando el ovoide y también como opciones de pase, ya que en principio toda la atención estará con Jones y en menor medida, con Mohamed Sanu. Devonta Freeman y Tevin Coleman pueden ser decisivos, en la medida que sumen yardas para su escuadra. Atlanta suele hacer ofensivas largas, pero en un partido como este, requieren dar más variedad a las jugadas.
Clave colectiva (III): ¿Veremos más jugadas de blitz o le darán importancia a neutralizar receptores? ambas defensivas pueden presionar, pero no suelen usar muchos esquemas de cinco o más jugadores para llegar al mariscal de campo. Brady puede pasar problemas si es que sus linieros colapsan con la presión, Ryan siempre fue un pasador de pocket pero este año ha empezado a desplazarse más para lanzar.
¿Sabías Qué?
- Tom Brady tiene los récords históricos del Super Bowl en cuanto a pases completos (164), yardas (1.605) y touchdowns (13). Además, será el quartberback de segunda mayor edad en jugar este partido, con 39 años y 186 días.
- Matt Ryan lleva 7 touchdowns y 0 intercepciones en estos playoffs, Podría ser el séptimo quarterback que gane un campeonato sin lanzar una intercepción a través de toda una postemporada. El último: Joe Flacco, en 2012 con los Baltimore Ravens (11 TDs, 0 INTs).
- Los New England Patriots nunca anotaron en primeros cuartos de los seis Super Bowl's jugados con Brady/Belichick. Eso sí, este año convirtieron 130 puntos en primeros cuartos de la temporada regular, solo los Falcons anotaron más que ellos (139) en los 15' iniciales.
- Los Atlanta Falcons suman ocho partidos consecutivos anotando un touchdown en su primera ofensiva. En los últimos 15 años, ningún otro equipo logró hilvanar más de cinco.
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