domingo, 23 de junio de 2019

St. Louis Blues: del infierno al cielo (en pocos meses)


por Claudio Jorquera
Twitter: @chonet

El 3 de octubre de 2018 se dio inicio a la centésimo primera temporada de juego de la National Hockey League. El 6 de abril recién pasado terminó la extensa temporada regular de 82 partidos para cada una de las 31 franquicias. Exactamente 186 días. Casi a mitad de camino (92 días), un modesto equipo de la Conferencia Oeste ocupaba el último lugar en exclusivo de su división, de la conferencia, y de toda la NHL: St. Louis Blues.

El equipo de la Fusa estaba en el sótano de la NHL con apenas 34 puntos, un poco más de la mitad de los Super-Tampa Bay Lightning, quienes anticipadamente se quedaron con Presidents' Trophy, que premia al equipo con más puntos en la temporada regular. Además, contaban con un entrenador interno, Craig Berube, un canadiense undrafted ex Flyers y Capitals, quién acumuló más de 3.000 minutos de penalidad en sus 17 años de carrera (top 10 en toda la historia de la NHL). Justamente los Flyers le dieron su primera oportunidad de dirigir un equipo, llegando a los Playoffs en su primera temporada, pero terminando despedido el año siguiente.

Berube estaba trabajando en uno de los equipos afiliados de los Blues, los Chicago Wolves (AHL). En noviembre pasado, cuando la crisis en St. Louis era total, el General Manager Doug Armstrong despidió a Mike Yeo y le entregó el fierro caliente al nativo de Alberta. Luego de un comienzo muy irregular entre noviembre y diciembre, que lo mantuvo en el sótano divisional, logró despegar entre enero y febrero al encadenar una racha de 11 triunfos consecutivos. Remató la temporada regular ganando 8 de los últimos 10, para quedarse con el 3er lugar de la División Central, alcanzando los 99 puntos.

El estilo de Berube es franco y directo. No tenía tiempo para esperar, debía actuar.  Y dejó su marca de inmediato. Sin paciencia. Cuando veía que su arquero Jake Allen hacía agua, no tuvo problemas para sentarlo en la banca y darle la oportunidad a Jordan Binnington, de apenas 25 años. El muchacho de Ontario, que apenas había jugado sólo un partido en 2015-16, se adueñó de la portería y jugó 30 de los últimos 45 partidos, permitiendo menos de dos goles por encuentro y salvando casi el 93% de los lanzamientos a portería.


La expansión del 67

En los años 60, la NHL vivía momentos de incertidumbre, ante la tozuda actitud de no salir de los famosos Original Six, los seis equipos que sentaron las bases de la NHL moderna y que le dieron estabilidad por casi un cuarto de siglo. Los temas asociados a los contratos televisivos, la negativa a adaptar los horarios de comienzo de los partidos, la ausencia de una expansión a la costa Oeste y a otra grandes ciudades del Este , junto con el crecimiento de la Western Hockey League, obligó a los dueños a cambiar de opinión. Esto dio pie a un crecimiento de la liga con 6 equipos nuevos para la temporada 67-68.

Los Blues fueron parte de esta nueva camada de equipos que hizo crecer a la NHL a toda Norteamérica. Y no les fue mal. Consiguieron llegar a la Stanley Cup Final en sus tres primeras temporadas, aunque fueron barridos en todos los partidos, primero ante los Canadiens y luego por partida doble ante los Bruins, con aquel gran equipo de Bobby Orr y Phil Esposito, entre otros.

St. Louis ha sido un permanente animador de los Playoffs de la NHL. Han conseguido llegar a la postemporada en 42 de sus 52 temporadas, más que ningún otro equipo de expansión. Pero, luego de 49 años, han sido el último equipo de aquella expansión en lograr su tan ansiado título (Flyers en 1974, Penguins en 1991, North Stars-Stars-Seals en 1999 y el más reciente, Kings en 2012).

Buscando la Copa

Como tercer sembrado divisional, los Blues debieron enfrentar al segundo lugar de su misma división, los Winnipeg Jets. Un equipo muy competitivo que no tuvo una temporada fabulosa como la anterior, donde terminaron perdiendo por 1-4 las finales de Conferencia ante los nuevos Vegas Golden Knights.

Esta primera ronda fue bastante atípica, ya que los primeros cinco partidos fueron a favor de los visitantes, hecho que no se daba desde 2004. Un hat-trick del alero izquierdo Jaden Schwartz le dio el triunfo a los Blues en una serie, luego de dos temporadas. Cuando todo hacía pensar que sería Nashville el rival en la siguiente ronda, finalmente sería Dallas, un rival archiconocido en Semifinales de Conferencia. Los Stars dieron la sorpresa en la ronda previa, venciendo por 4-2. Los Blues comenzaron fuerte e imponiéndose en casa con dos goles del alero derecho, Vladimir Tarasenko. En el sexto partido, Dallas llegó con la primera opción para avanzar, ya que estaban en casa con ventaja de 3-2 en la serie. Una espectacular actuación del joven Binnington, junto con los aportes goleadores de dos grandes figuras como Perron y Pietrangelo, evitaron la eliminación.

Dos días después, en el Enterprise Center hecho una caldera, los Blues aseguraron su pase a Semifinales en el sexto minuto del segundo overtime, gracias a una anotación de Patrick Maroon, quién tomó el rebote luego de una tapada de Ben Bishop a un lanzamiento de Robert Thomas. Monumental lo de Bishop, quién sufrió un bombardeo de 54 lanzamientos a puerta y épico lo de Maroon, quién es un nativo de St. Louis.

El sueño de la primera Stanley Cup para la ciudad se hizo cada día más posible. El rival, los Sharks, que venían de otra serie a siete partidos frente al Colorado Avalanche. En su último enfrentamiento en Playoffs (2016), San Jose había pasado a la Stanley Cup, que finalmente terminaron perdiendo contra los Penguins de Crosby, Malkin y compañía.

Todo comenzó mal en el SAP Center, porque los locales se llevaron el triunfo por 6-3. Dos días después, sacaron un importante triunfo de visita por 4-2. El partido 3, ya en casa, fue altamente dramático, porque los Blues lograron remontar un 0-2 y un 1-3 en contra, para ponerse en ventaja. por 4-3. Quedando menos de 2 minutos, y los Sharks jugando sin portero, el goleador Jaden Schartz falló en anotar el gol del triunfo estando la portería vacía. Tras cartón, en una confusa jugada, los Sharks lograrían el gol del empate. Overtime, y apareció el veterano Erik Karlsson para dar el triunfo a San Jose, para liderar 2-1 la serie. Gol altamente polémico, porque se reclamó un pase apoyado con la mano en la jugada previa del suizo Timo (y no es broma) Meier.

Al parecer el polémico gol fue el impulso que necesitaban los Blues para ir a buscar la serie. Se llevarían los siguientes 3 partidos, dos por goleada, recibiendo apenas dos goles. 2-1 en casa, luego un 5-0 en el SAP y un 5-1 final en casa. 4 de los 12 goles fueron anotados en power play, un 33% muy superior al 20% de la liga durante la temporada regular.


La Final

Carnaval en St. Louis. Primera final en 49 años.

El Rival: Boston Bruins. Esta final Boston-St. Louis se convertiría en el undécimo enfrentamiento entre ambas ciudades, considerando las cuatro ligas principales. Y claro, es la única pareja de ciudades que han tenido finales en esos cuatro deportes. Los últimos enfrentamientos habían sido en las World Series de 2013, con triunfo de Boston. También los Red Sox consiguieron la victoria en 2004, terminando con su racha de 86 años sin celebrar. El otro enfrentamiento en este siglo, fue en el Super Bowl XXXVI de 2002, donde un tal Tom Brady se quedaba con su primer título de liga con los New England Patriots ante unos St. Louis Rams inmensamente favoritos.

En primera ronda de Playoffs, casi quedaron fuera contra el sufrido equipo de los Maple Leafs. Tuvieron que ir al Scotiabank Arena a ganar el sexto partido, partido de eliminación. Finalmente, remataron a Toronto con un 5-1 contundente, el 23 de Abril.

Luego los Bruins enfrentaron a los Blue Jackets, que clasificaron como segundo comodín, y ¡barrieron en cuatro partidos! a los Campeones de la Temporada Regular Tampa Bay Lightning. Luego de un triunfo en overtime en el primer partido, los de Columbus, se llevaron los dos siguientes partidos, y el fantasma de la eliminación al favorito se aparecía en el TD Garden. Pero Pastrnak, Bergeron, Krejci y el portero Rask se encargaron de borrar al equipo azul e imponerse por 4-2 en la serie.

En las semifinales, enfrentarían a los poderosos los Carolina Hurricanes, quienes habían bajado a los campeones Capitals en 7 partidos. 17 a 5 fue el marcador acumulado en los 4 partidos. Una barrida que no estaba en los cálculos de nadie. 109 salvadas y 4 períodos completos sin recibir gol tuvo el fenomenal Tuuka Rask. Primera final en seis años para los Bruins. Previo al título de 2011, los Bruins habían perdido 5 finales seguidas. Nos tenermos que remontar a 1971-72 para encontrar otra final ganadora para el equipo amarillo.

La final tuvo de todo: siete partidos y muchas goleadas. Los primeros cuatro partidos se repartieron uno tras otro. El primero, en Boston, fue con remontada incluída, un 2-0 de Blues, que olvidaron anotar en 39 minutos y dejaron que los Bruins ganaran con 4 goles consecutivos. En el segundo partido, ambos equipos se olvidaron de anotar en el 2do y 3er período. Fue un 2-2 que se rompió en el amanecer del Overtime con un palazo de Carl Gunnarson, quien anotaría su primer y único gol en estos Playoffs. Este partido, en mi opinión personal, fue la muestra más clara que los Blues realmente iban por la Copa y no serían comparsas. Tenemos la prueba de las 34 salvadas de Rask en ese partido.

Retorno al Entreprise Center, y Boston mostró todas sus armas. Goleada por 7-2, siete anotadores diferentes y la friolera de 4 goles en Powerplay (7 intentos). Berube sacó al joven Binnington e hizo jugar a Jake Allen, quien no ocupaba la portería en casa desde el 7 de enero, con el equipo en plena crisis. Los Bruins entraban al 4to partido con la posibilidad de romper la tendencia, pero se encontraron con un gol de camarín de Ryan O’Reilly. En la mitad final del último período se rompió el 2-2, con un gol del mismo O’Reilly y el final de Schenn con la portería vacía.

Los Blues rompieron la tendencia. Llegaron al TD Garden a buscar el triunfo que les podría dar la posibilidad de llevarse la copa en casa. Nuevamente fue Ryan O’Reilly quién abriría la senda para el equipo de la Fusa. Cuando Boston iba con todo en busca del empate, las polémicas. Primero, un no goal de Pastrnak, que intentó meter el puck y a Binnington dentro del arco con su stick y luego, el 2-0 de David Perron fue ensombrecido por un posible foul no cobrado en la jugada previa (un tripping) de Tyler Bozak a Noel Acciari. El gol final de DeBrusk no fue suficiente.

Cuando la fiesta estaba lista en St. Louis para celebrar la copa, Boston nuevamente mostró todo su poderío ofensivo y se llevó el triunfo por 5-1. Cuatro goles en el último período fueron demasiado para los locales.

Nuevo intento de fiesta en Boston, para el séptimo y último partido de la temporada. Pero fue Ryan O’Reilly el que abriría el sendero para la consagración de los Blues, desviando un misil del defensa Jay Bouwmeester. El capitán Alex Pietrangelo anotaría en los últimos 10 segundos del primer período, gracias a una enorme asistencia del zurdo Jaden Schwartz quien, en jugada de contra, hizo una pared contra la pared. Esto no es broma.

Luego de un segundo período sin goles, vendría la lápida de los Blues, con goles de Schenn y de Zach Sanford, otro que anotaría su único gol, habiendo estado apenas 80 minutos en el hielo durante todos los Playoffs. Fue el jugador de campo que menos minutos jugó en toda la fase final de la NHL para los campeones. La jugada previa de David Perron para ese gol final, fue extraordinaria. Eludió a tres rivales y le dejó el puck servido al joven left wing de 24 años nacido en… Massachusetts.

Nuevo campeón en la NHL. Ryan O’Reilly sería premiado con el Conn Smythe Trophy como el jugador más valioso de los Playoffs y Alex Pietrangelo recibió la mítica y eterna Stanley Cup para acreditar su primer título de liga.

¡Nos vemos en la próxima temporada!

Claudio Jorquera es columnista invitado en Gringo Sports. Es uno de los responsables de NFL Chile, siendo uno de los comentaristas en el podcast de aquel sitio. Además, contribuye para Spanish Bowl.

domingo, 16 de junio de 2019

La estampida de los Raptors


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

La temporada 2018-2019 de la NBA pasó a la historia por tener a un inédito campeón: Toronto Raptors se adjudica su primer campeonato en sus 24 años de existencia, siendo además el primer equipo fuera de Estados Unidos que logra ganar esta competencia. El hito de por sí es valorable, más aún si en las recientes Finales vencieron a los Golden State Warriors, quienes aspiraban al tricampeonato. Pero este triunfo ofrece varios enfoques que ayudan a entender más lo hecho por los Raptors. Hubo un proceso, hubo una madurez y también hubo riesgos que los llevaron a lograr el trofeo, que podría impactar a la liga de cara a los próximos años.

Partamos por lo deportivo: los Raptors impusieron su defensiva durante la serie ante los Warriors. Desde el primer partido se notaba que tenían estudiados los movimientos, sobre todo cuando los tiradores de Golden State salen de las cortinas. Si bien Stephen Curry promedió 30.5 puntos a través de la serie, le costó mucho trabajo encontrar sus tiros. En parte, por la marca que le colocaban los Raptors, ya sea cambiando en las cortinas o con coberturas individuales, mediante Danny Green o Fred VanVleet quien lo perseguía por toda la pista. Esa fue una de las claves por las que Toronto comenzó a inclinar el duelo a su favor y un efecto de esa defensa se produjo en el ritmo de juego, un poco más lento de lo que suelen jugar los Warriors - en promedio se jugaron 96.5 posesiones por partido en estas Finales.

En ofensiva, los Raptors ofrecieron varios matices. Algunos, propios de un baloncesto más clásico con muchas jugadas de poste y otros, dignos de su contrapartida, incluyendo cortinas altas y pases rápidos. Impresionó la calma de Pascal Siakam jugando de cara al aro, sorprendió la toma de decisiones de Kyle Lowry y agradó ver la astucia de Fred VanVleet, quien terminó siendo el factor X de este equipo. Pero quien lideró este triunfo canadiense fue Kawhi Leonard, tal como lo hizo en todo este proceso. A veces, algo obsesionado con resolver todo vía Isolations, pero en los momentos claves y cuando todo el equipo fluía, el # 2 de los Raptors aparecía con canastas que marcaban el camino para su escuadra.

Además de sus virtudes defensivas, Kawhi Leonard ha pulido su tiro al grado de ser uno de los encestadores más letales de la liga. Puede volcar la pelota, como también puede anotar de tres puntos. Sus promedios en las Finales lo delatan: en 40.5 minutos jugados, anotó 28.5 puntos y añadió 9.8 rebotes con 4.2 asistencias. Con 27 años, ya es una estrella absoluta y todavía parece que no ha llegado al peak de su carrera. Kawhi ya ha ganado dos premios de MVP en Finales (el anterior fue en 2014 con los Spurs) y bien pudiera ser catalogado como uno de los tres mejores jugadores de la liga. Leonard y los Raptors son tal para cual, porque a la franquicia le faltaba un jugador con perfil ganador y porque Kawhi necesitaba estar en un equipo donde pudiera ser la figura indiscutida, sin depender necesariamente de un esquema.

Su aporte y su llegada al equipo responde a una movida arriesgada del manager Masai Ujiri, quien decidió ficharlo pese a que Leonard pasó lesionado casi todo el año pasado y a que será agente libre dentro de unas semanas. Una operación controversial, tanto como el despido del ex técnico Dwane Casey a fines de la temporada pasada, pese a haber logrado la mejor marca de su conferencia y a haber ganado el premio como coach del año, dando paso a Nick Nurse quien se convirtió en el director técnico, pese a no tener experiencia previa como head coach en la NBA. Dos movidas inusuales que se convirtieron en una apuesta de parte de Ujiri. Para completar estas movidas, a mediados del reciente torneo adquirió a Marc Gasol justo antes de la fecha límite para hacer traspasos. Gasol, un jugador con experiencia, ideal para reforzar a un equipo con ganas de campeonar.

Toda esa sucesión de cambios se tradujeron en buenos resultados: 58 triunfos en temporada regular, la segunda mejor marca en el Este y durante los playoffs, triunfos resonantes ante los Sixers y ante los Bucks, a quienes les remontaron un 0-2. Su camino en la conferencia derivó en la última serie, la cual coronaron de visita en Oakland. Un equipo que como tal se fue armando durante este año, cuya defensiva fue su fortaleza y cuya versatilidad se pudo apreciar en el último mes, adecuándose a los desafíos que se les presentaban. Porque para neutralizar a Giannis Antetokounmpo  y luego, para defender a Stephen Curry, hay que tener muchas cualidades y tener muchos recursos. Los jugadores crecieron como colectivo, Nurse les sacó provecho y Ujiri apostó para ganar este año, y triunfó. Un método que no suele darse en la NBA, pero que más de algún dirigente podría considerarlo a partir de ahora.

Un triunfo macizo, certero, redondo, que también puede interpretarse a nivel cultural. Por primera vez, un equipo fuera de Estados Unidos gana el campeonato de la NBA. El hecho de por sí impacta dentro de una liga que a nivel de jugadores se ha globalizado en este siglo y cuya expansión internacional podría ser más notoria a partir de este triunfo de Toronto. Justo cuando el comisionado Adam Silver deslizó la chance de tener más franquicias dentro de los próximos años, este suceso canadiense echa a volar la imaginación de aquí a la próxima década. ¿Más partidos oficiales fuera de US? ¿Otra franquicia en Canadá? ¿Qué tal un equipo en México, donde ya se juegan partidos de temporada regular hace cinco años? Este primer título de los Raptors invita a pensar en seguir ampliando fronteras.

En una época de súper equipos y francotiradores, sorprende y refresca tener un campeón así. Una apuesta distinta, con jugadores de varias latitudes como el camerunés Siakam, el congoleño -de nacimiento- Ibaka y el español Gasol, quien repite el mismo hito de su hermano Pau. Una estrella de bajo perfil como Leonard quien, en principio, estaría solo por esta temporada (está por verse si se queda en Toronto) y con un entrenador desconocido y sin tanta experiencia como Nurse. Arriesgaron y ganaron, con el We The North como grito de guerra, el cual pertenece a Toronto y al que se unió toda una nación. Una historia tan agradable como surreal, la NBA suma a los Toronto Raptors dentro de su historial de campeones. Y en un contexto histórico, parece con justicia: por fin el trofeo Larry O'Brien llega a Canadá, el país donde se inventó el básquetbol.


Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

lunes, 27 de mayo de 2019

The North & The Bay


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Un equipo histórico frente a uno que pretende hacer historia. Las Finales 2019 de la NBA reúnen a los Golden State Warriors y a los Toronto Raptors, dos conjuntos igualmente competitivos como también diferentes en su composición y manera de afrontar los partidos. Los Warriors ya tienen una alineación conocida por todos, pero que ha tenido variables en el último tramo. Los Raptors cuentan con una formación más reciente, una estrella que llegó hace menos de un año y un técnico novato. A priori, es una definición que podría tener diversas características. Entre ellas, una bien especial: por primera vez se jugarán partidos de Finales fuera de Estados Unidos.

Por quinta vez consecutiva, los Warriors alcanzan las Finales – un hito que no se daba desde los tiempos de Bill Russell como referente absoluto de los Boston Celtics. En la persecución de su tercer título seguido, Golden State ha tenido que hacer muchos cambios, casi todos impulsados por la lesión de Kevin Durant, quien no ha jugado en dos semanas y quizás tampoco esté disponible para comenzar la próxima serie. En la reciente definición del Oeste, Steve Kerr tuvo que ampliar su rotación de jugadores. Quinn Cook y Jordan Bell pasaron del olvido a estar relevando a las figuras, Kevon Looney ha tomado un rol más trascendental, Andre Iguodala fue titular en los tres primeros partidos ante los Blazers y quizás lo más trascendental, ha sido ver como los Warriors han rescatado muchos elementos de toda la etapa previa a Durant, con menos Isolations, más movimientos con/sin balón y más sucesiones de pases en cada posesión.

En ausencia de Durant, estamos presenciando el mejor momento de Stephen Curry en toda la temporada. Llegará a las Finales promediando 27.3 puntos en los playoffs, pero en los cuatro partidos ante Portland sus anotaciones se elevaron a 36.5 unidades por partido, además de registrar 8.3 rebotes y 7.3 asistencias. Curry continúa encestando a su propio ritmo y lo más interesante ha sido ver cómo ha tomado la iniciativa en el clutch, con algunos tiros que han sido claves en varias victorias de los Warriors. Klay Thompson bordea los 20.0 puntos en esta postemporada y su sobriedad para jugar ofensiva y defensiva encaja perfectamente dentro de este equipo. Draymond Green no solo es el mejor defensor, sino que es el organizador en la cancha. Cubre a las mayores amenazas rivales y al mismo tiempo, ordena a sus compañeros cuando tienen que seguir sus asignaciones defensivas. Sus promedios son una prueba de su versatilidad: 13.6 puntos, 9.9 rebotes y 8.2 asistencias en los playoffs.

Así como Green es el referente defensivo de los Warriors, Kawhi Leonard cumple con esa misma faceta en los Raptors. La diferencia, es que Kawhi es la máxima estrella de la franquicia canadiense. En su primer año con este conjunto, The Claw ha justificado la apuesta que hizo la dirigencia por él, al ficharlo pese a que será agente libre luego de esta temporada. Leonard siempre se destacó por defender, tal como lo hizo contra LeBron James cuando ganó el campeonato 2014 con los Spurs, y con los años ha trabajado en su tiro, al grado de ser uno de los jugadores más completos de la liga. Su desempeño en estos playoffs ha sido excepcional: 31.2 puntos, 50.7% de efectividad y 8.8 rebotes. Venía de liquidar la llave frente a los Sixers y en la reciente serie ante los Bucks, apareció en las más difíciles. Convirtió 35 puntos en el quinto juego de visita y en el sexto, marcó una doble decena (27 puntos, 17 rebotes) para encabezar la primera llegada de los Raptors a las Finales, en su historia.

El apoyo a Leonard ha sido más sustancial en las últimas semanas. Pascal Siakam (18.7 puntos, 7.0 rebotes en los playoffs) se convirtió en una pieza muy confiable, siendo una opción en los pick and rolls, jugando bien en el poste y con más presencia en defensa, tal como lo hacen Serge Ibaka y Marc Gasol, cuya experiencia ha sido fundamental en el alza de todo el equipo. Un factor sorpresa: Fred VanVleet. Rompió el molde en los últimos dos partidos, encestó 11 de 14 triples y su confianza se percibe en la decisión con la que toma esos tiros, algunos saliendo de cortinas y en otros jugando uno contra uno, como si fuera un armador estrella. Toronto necesita siempre de esos aportes, para matizar la fortaleza defensiva que ha construido Nick Nurse, la cual se hizo aún mayor contra Milwaukee, con Kawhi como defensor prioritario frente a Giannis Antetokounmpo y con una excelente rotación colectiva para cerrar los tiros de tres puntos.

Defender y bajar el ritmo parecen ser las consignas de los Raptors, si pretenden vencer a los Warriors. En la definición del Este, la clave pasaba por el juego interno. Ahora, la exigencia será cubrir todo el ancho de la pista. Una prueba defensiva aún mayor para Toronto. Para los Dubs, los desafíos son otros. Comenzar esta serie de visita es algo nuevo para ellos y seguir jugando sin Durant será difícil, aún si está comprobado que en ciertos aspectos su ausencia ha beneficiado a todo el conjunto de Golden State. Un equipo cuya metodología marca el básquetbol actual contra otro que está venciendo sus propios estigmas. Warriors frente a Raptors, estas Finales son distintas. Por el escenario, por las características y en especial, por el nivel de dificultad que enfrentarán ambos equipos.

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

lunes, 13 de mayo de 2019

Los campeones y los pretendientes


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Pase lo que pase en las venideras finales de conferencia, tenemos un hecho concreto: sin importar quienes sean los vencedores en el Este y Oeste, habrá una definición inédita en la historia de la NBA. Nunca antes se ha dado una final de liga que enfrente a Golden State Warriors, Portland Trail Blazers, Milwaukee Bucks y Toronto Raptors. Estos son los cuatro equipos que superaron las semifinales, que nos dejaron un duelo de alta intensidad entre Warriors y Rockets, una serie de corta duración entre Bucks y Celtics, un triunfo visitante en un séptimo juego de parte de los Blazers frente a los Nuggets y otro partido 7 definido con el tiempo en cero, gracias a la canasta de Kawhi Leonard que significó la victoria para los Raptors frente a los Sixers.

Los Warriors siguen en carrera rumbo al tricampeonato. Pasaron apuros en diferentes tramos frente a los Rockets, su famosa formación Hampton's Five pasó más tiempo del esperado en la cancha, Kevin Durant se perdió partido y medio por una lesión, pero aún así lograron superar la llave. La lesión de Durant en el quinto juego significó un punto de inflexión. Golden State debió emplear elementos propios de toda su etapa previa a KD. Los Splash Brothers reaparecieron, con Curry y Thompson siendo letales en los partidos 5 y 6, y quizás lo más interesante fue ver como Steve Kerr volvió a confiar en sus suplentes de cara al sexto partido. Bogut -quien fue titular el viernes pasado-, Looney, Livingston, Bell y Cook tuvieron minutos importantes y todos contribuyeron en mayor o menor grado para superar a un equipo de Houston que malogró todas sus chances disponibles para liquidar la serie. Mientras Curry definía el sexto juego con 23 de sus 33 puntos en el cuarto período, esta gesta colectiva sirvió para recordar porqué los Warriors son el equipo más versátil y dominante de la liga.

En la final del Oeste tendrán de rivales a los Blazers, quienes lograron revertir un déficit de 17 puntos en la primera mitad para terminar venciendo en Denver, en una serie que tuvo partidos cerrados, algunas palizas, una definición con cuatro tiempos adicionales y triunfos forasteros. Elementos que definen una buena serie de playoffs. Lo llamativo de esto fue ver como C.J. McCollum lideró el ataque de Portland (37 puntos) y fue él quien tomó los tiros decisivos, en vez de Damian Lillard. McCollum encabezó las anotaciones de Portland en los últimos dos partidos, pero el triunfo se entiende también a partir de la defensa, que en cierta medida cerró la llave y obligó a los Nuggets a tomar malos tiros (el 2/19 en triples dice mucho). Además, jugadores de rol secundario como Enes Kanter y Evan Turner fueron aporte con rebotes y canastas en determinados momentos, agregando esos detalles que construyeron la victoria que significó la primera llegada de esta franquicia a las finales de conferencia en 19 años, cuando por entonces jugaban Scottie Pippen, Arvydas Sabonis y Rasheed Wallace.

Kawhi Leonard es la cara del éxito en los Toronto Raptors. Lo demostró en todo el año y lo siguió haciendo en la llave frente a los Philadelphia 76ers. A través de la serie promedió 34.7 puntos en 39.7 minutos en la pista, muchos ataques pasan por él y suele tomar más de 20 tiros por partido. En el comienzo y en el final de la serie marcó la diferencia. Convirtió 45 puntos en el primer juego y en el séptimo, anotó 41 y los dos últimos significaron la clasificación a la final del Este, pasando a la historia como el primer buzzer beater ocurrido en un Juego 7. La verdad es que en este momento, los Raptors son Leonard y poco más. Otros jugadores como Pascal Siakam, Marc Gasol y Serge Ibaka contribuyen pero de forma discontinua y sin mucha consistencia. Así como Kawhi es el jugador clave, en el otro lado Kyle Lowry sigue dando problemas para su propio equipo, sobre todo cuando toma tiros sin drible y sin pase previo. El técnico Nick Nurse sigue buscando fórmulas para hacer rendir a Lowry y al armador reserva Fred VanVleet. Ahora mismo, con Kawhi pueden competir contra cualquiera, pero bien les valdría una mayor solidez colectiva.

Una solidez que sí han mostrado los Milwaukee Bucks. Después de perder el primer partido ante los Boston Celtics, ajustaron y terminaron arrasando con cuatro victorias consecutivas. Giannis Antetokounmpo es la figura, pero a su vez es parte de un sistema que funciona armónicamente con un juego ágil y mucho movimiento de balón. Giannis promedió 28.4 frente a Boston y tuvo muy buena compañía con Khris Middleton, Eric Bledsoe y George Hill, este último saliendo de la banca. Con el griego tienen mucha presencia cerca del aro y en jugadas de Isolation, y al mismo tiempo su presencia ayuda a todo el equipo. Los triples suelen caer de movimientos espontáneos que derivan en esos tiros. El ritmo de los Bucks es la antítesis al baloncesto estancado que juegan los Raptors. Y en cuanto a estrellas, Giannis y Kawhi es un excelente duelo para una final de conferencia. Destrezas de todo tipo y cualidades para tomar tiros. A priori, ese uno a uno puede ser la principal clave en la definición del Este y ese duelo puede ayudar a marcar la tendencia que se puede imponer a través de esa eliminatoria.

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

domingo, 28 de abril de 2019

Warriors x Rockets: más allá de los triples


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Por segundo año consecutivo, los Golden State Warriors y los Houston Rockets se encuentran en los playoffs de la NBA. Y al cabo del primer partido de este domingo, el cual ganó Golden State 104 x 100, se pueden desprender distintos matices que podrían marcar el desarrollo de esta llave que dada su paridad, bien pudiera llegar al máximo de siete partidos. Todos identifican a estos conjuntos a partir de sus ofensivas, pero son aspectos tácticos y defensivos los que podrían terminar definiendo al vencedor. Además, no se pueden obviar los fouls que obligarían a extremar recursos desde la banca a ambos equipos como se pudo ver en el juego inaugural, donde Stephen Curry jugó casi todo el cuarto período con cinco faltas y Chris Paul fue expulsado por doble técnica.

Pero veamos los detalles técnicos. De entrada, los Warriors introdujeron un cambio en su quinteto. Tal como lo hicieron en el sexto juego ante los Clippers, acá Steve Kerr abrió el partido sin un pívot definido, colocando a Andre Iguodala desde el comienzo. Alineación relativamente baja para abrir la cancha y crear duelos favorables, ya fuera por técnica o tamaño. El movimiento era rápido, con y sin balón. Los triples tardaron en caer, pero los ataques al aro eran precisos y no daban chance de reacción a los Rockets. El primer cuarto terminó 29 x 18, pero la diferencia podría haber sido mayor de no haber sido por los errores de los propios Warriors, quienes ya tenían casi 10 perdidas en la primera mitad.

Para bien o para mal, los triples definen a los Rockets. Cuando entran, lucen como un equipo imparable, pero cuando no entran, quedan como un equipo torpe e ineficiente. De hecho, este primer juego terminaron con un dudoso 14/47 en tiros de tres puntos. Muchas jugadas de ataque fueron bien marcadas por Draymond Green y Klay Thompson, quienes al momento de cubrir a James Harden no le daban espacio para sus maniobras en las que busca ganarse los tiros libres. De todas formas, Harden; Chris Paul y Eric Gordon se las ingeniaron para meter al equipo de Houston dentro del partido y fueron responsables de 79 de los 100 puntos de los Rockets. Y mientras igualaban la contienda, esta se volvía más física y la defensa se volvió más trascendental.

El flujo del partido se cortó por la cantidad de fouls y errores con el balón y en medio de todo ese ambiente espeso, Kevin Durant se hizo cargo de la ofensiva de Golden State. Prácticamente en cada intervención suya, tenía un Isolation que resolvía con tiros a media distancia o ataques que terminaban en volcadas. Tal como fue en el cierre de la serie anterior, acá terminó encabezando las anotaciones de los Warriors (35 puntos) y fue la solución para muchas de las complejidades que presentaba el partido. Stephen Curry convirtió un triple que acercó al triunfo de su conjunto, pero debió pasar mucho tiempo en la banca, por su acumulación de faltas. Esto fue un problema, para Curry y también para Iguodala y Thompson en los Dubs, y P.J. Tucker en caso de los Rockets, quienes se cargaron de fouls. Mucha atención si esta tendencia se mantiene, los suplentes podrían tener minutos importantes.

Los Rockets, al perder el primer juego y al fallar muchos triples, deberán ajustar. Pero los Warriors también necesitan corregir aspectos propios, ya que apenas convirtieron 7/22 triples y terminaron el duelo de este domingo con 20 balones perdidos, contra 14 de Houston. El cuidado del balón y la selección de tiro pueden ser materias a trabajar para los próximos partidos. Se notó que ambos equipos tenían estudiados los movimientos y las cortinas que suelen aplicar para buscar los lanzamientos. Y quien sabe si Mike D'Antoni decide algún cambio en su rotación de jugadores, tal como ya lo hizo Steve Kerr. Así como los partidos los liquidan las estrellas, también pueden definirlos los entrenadores. Muchas veces, los ajustes ayudan a definir series de playoffs.

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

domingo, 21 de abril de 2019

El despertar céltico


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Después de una turbulenta temporada regular, con marcados altibajos, era difícil creer que los Boston Celtics fueran a barrer en la primera serie de playoffs. Ahora, los C's están clasificados a las semifinales de conferencia después de haber barrido a los Indiana Pacers, en una serie dura pero en la que siempre encontraron fórmulas de liquidar los partidos, mostrándose como un equipo preparado para este momento de la temporada y donde las estrellas del equipo están jugando como tal.

La intensidad y compromiso defensivo, que mostraron solo por tramos durante todo el año, fue incrementando en el transcurrir de la serie frente a los Pacers. Los ajustes han llevado a mejorar las rotaciones y los cambios de marca en las cortinas, forzando malos tiros de Indiana. Por ahí se explica que en los cuatro partidos, Boston nunca permitió una efectividad superior al 45.0% y además, en los primeros tres juegos, el equipo de Indy siempre tuvo un cuarto en que convirtieron 12 o menos puntos. Causa y efecto de la defensa verde.

Lo más interesante se vio en ataque. Más movimiento, más pases. Menos jugadas forzadas, a diferencia de la etapa regular. Y sobre todo, mejores decisiones ofensivas. Con ello, mejor efectividad al aro y un mejor desempeño de todo el conjunto. Lógicamente, todo puede marchar mejor con Kyrie Irving, quien siempre es confiable en el clutch, además de ser quien lleva todo el flujo del ataque bostoniano. En el segundo partido fue letal, convirtiendo 37 puntos y seis triples, algunos de ellos claves en la remontada celta en el cuarto período.

En cuanto a combinaciones, es interesante ver a Al Horford y Aron Baynes juntos en la pista. Si bien no coinciden mucho tiempo, le dan una buena presencia en la llave y le da algo más de libertad a Horford, quien es mejor jugador ofensivo. La lesión de Marcus Smart y la reducción de plantel para los playoffs, ha llevado a Brad Stevens a definir roles, en especial con los suplentes cuando ingresan a la cancha. Gordon Hayward ya encontró su espacio como primer relevo y por momentos, es una gran alternativa como anotador. De hecho, en el cuarto partido de este domingo encabezó las anotaciones con 20 puntos.

Marcus Morris y Terry Rozier juegan muchos minutos, igual como ocurrió en los playoffs del año pasado. Rozier bien pudiera ser el armador reserva, cuando Irving va a la banca, pero claramente el rendimiento de Boston decae cuando esto ocurre, un asunto que deberá trabajarse puesto que la próxima ronda será más difícil. Por su parte, Morris tiene potencial de ser gran aporte -al nivel de Smart- pero su inconsistencia llega a asustar. Después de los 20 puntos y 7 rebotes en el primer juego, falló sus ocho tiros en el segundo juego - causando su salida a la banca en la definición. En los partidos de visita, su aporte fue mejor (11 + 7 el viernes, 18 + 8 el domingo). Pero ese 0 del miércoles es algo que no debiera pasar.

Jayson Tatum fue mejorando después de los escuálidos dos puntos del primer partido. En el segundo convirtió 26 y lo mejor fue verlo atacando en el momento crítico de ese juego. En las visitas a Indy, la cosa fue similar, tomando buenos tiros y resolviendo bien sus maniobras individuales. Sobre todo, creando espacio para el tiro y sin forzar la marcha, como solía hacerlo en muchos pasajes de la etapa regular. En el tercer partido anotó 18 puntos y en el cuarto, repitió ese registro. Hasta dejó unas volcadas que se repitieron mucho en los posteriores highlights.

En la previa, este duelo ante los Pacers se anticipaba como uno difícil, dado el nivel defensivo que impone el equipo de Nate McMillan. En la práctica, fueron cuatro partidos complejos pero la calidad individual de los Celtics terminó marcando la diferencia y sobre todo, el oficio que tienen varios jugadores de Boston en playoffs y que demostraron en esta serie. Son esas cualidades en las que deberán sostenerse los Celtics para más adelante, tomando en cuenta una eventual llave contra la banda de Giannis Antetokounmpo (a.k.a. Milwaukee Bucks). Un equipo mucho más completo y que puede presentar un acertijo bien complicado, partiendo por las destrezas físicas del griego.

Viendo los tramos de solidez y la resolución en los partidos de la primera serie, cabe la duda si este conjunto de Boston se guardó para este momento de la competencia y la temporada regular fue solo para calentar motores, pese a haber caído al cuarto lugar en la clasificación. No sería descabellado pensar en eso, considerando el potencial que tienen estos Celtics. Veremos si ese oficio y esa astucia seguirán siendo factores en los próximos partidos, cuando la dificultad sea aún mayor.

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

lunes, 25 de marzo de 2019

El basket según Harden


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Apariencia lenta, decisiones rápidas y con una versión propia del Euro Step que ya es inconfundible. El presente curso de la NBA está siendo testigo de la versión más imparable de James Harden, capaz de dominar la escena y anotar en cantidades inigualables, como lo ha hecho en gran parte de sus actuaciones con los Houston Rockets. En las tres campañas anteriores, había bordeado los 30 puntos de promedio, pero en esta ha superado notoriamente esa barrera y ya suma 27 partidos con 40+ puntos y de esa lista, ocho son desempeños superiores a los 50.

El pasado 23 de enero había logrado su récord personal, anotando 61 frente a los Knicks en el Madison Square Garden y la semana anterior volvió a tener esos registros escandalosos, primero con 57 en la casa de los Grizzlies y luego, igualando su marca de 61 frente a los Spurs, partido en el que Harden encestó 9/13 triples y convirtió 13 puntos consecutivos dentro de los cinco minutos finales. Resolvió en el clutch, lo hizo el viernes frente a un amenazante conjunto de San Antonio y como lo ha hecho en otras jornadas. Memorable aquel triple ganador frente a los Warriors, el 3 de enero, totalizando 44 unidades.

El barbón no solo anota porque sí. Cuando toca definir un partido, suele pedir la pelota y resolver con un ataque al aro o con un tiro lejano, precedido de su típico step back. Siempre le ha gustado jugar al Isolation, con el tiempo volvió ese recurso en uno más eficiente para su equipo y así es como Harden tiene a sus Rockets ya clasificados para los playoffs y todavía con opciones de adquirir el primer lugar dentro de su conferencia. Está viviendo su año más prolífico y se refleja en sus 36.4 puntos de media por partido. Un promedio histórico, comparable a los 37.1 que marcó Michael Jordan en 1987 o los 35.4 de Kobe Bryant en 2016, aunque bien lejanos de los 50.4 de Wilt Chamberlain en 1962.

Harden es el MVP vigente de la liga y con sus actuaciones podría revalidar tranquilamente ese premio, al finalizar esta temporada. Lo interesante del caso es que James parece ser consciente de aquello. El viernes, después del triunfo contra los Spurs declaró: “tengo la oportunidad de convertirme en uno de los mejores jugadores de la historia”. Desde sus tiempos como suplente en el Thunder, siempre se distinguió por tener siempre el balón, una faceta que explotó aún más en Houston, equipo al cual llegó en 2012 porque quería ser titular (además de un mejor salario).

En momentos críticos, su equipo descansa en él, lo cual puede ser bueno y malo a la vez. Harden ha demostrado que puede resolver partidos con sus habilidades en el uno contra uno, pero al tener mucho tiempo el balón, por momentos todos los Rockets se estancan y los partidos se vuelven una especie de Harden-against-everyone. Aunque para bien del # 13 y todos sus compañeros, esa fórmula les ha traído buenos resultados. De hecho, cuando Harden ha superado los 40 puntos, Houston ha ganado 20 de 27 partidos.

Y por lo visto, este será el camino que seguirán los Rockets en su búsqueda del título, el cual ha sido esquivo para Harden. En el mejor año de su carrera, buscará seguir batiendo récords anotadores. La prueba será en los playoffs, donde se verá si sus Isolations serán suficientes para vencer a los Warriors o cualquier rival que tengan. Por ahora, James produce y disfruta de sus mayores proezas tiradoras.

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.