jueves, 31 de julio de 2014

NFL Retro: Derrick Brooks


Cuando los Tampa Bay Buccaneers vivieron sus años gloriosos (1999-2003), siempre tuvieron a la defensiva como la unidad clave. Con un esquema determinado, un perfil claro, jugadores con técnica y sobre todo, deseos de ser los mejores en sus especialidades. Una defensiva intimidante que tackleaba, presionaba mariscales, permitía pocos puntos y encima, robaba balones y los convertía en touchdowns. Grandes jugadores sobresalieron como Warren Sapp, Simeon Rice, John Lynch y Ronde Barber, pero su verdadero líder se encontraba en el grupo de linebackers.

En el mismo centro de la defensiva, Derrick Brooks era quien comandaba el grupo con su carácter y su talento. Caía perfecto dentro del equipo, por su fuerza para tacklear corredores rivales, su lectura del juego para seguir la vista y los movimientos de los quarterbacks a los que debía enfrentar cada semana y su liderazgo que fue consolidando con los años, que lo llevó a ser capitán defensivo de los Bucs.

La temporada 2002 es recordada como la mejor de toda la historia de la franquicia del norte de Florida. Los Bucs lograron su primer triunfo de su historia como visitantes en playoffs, cuando derrotaron a los Philadelphia Eagles (27-10) en la final de la Conferencia Nacional, lo que les valió el acceso a su primer Super Bowl, el cual ganaron y de forma muy contundente frente a los Oakland Raiders (49-21), para así conquistar el primer y único trofeo Lombardi de su historia. La defensiva fue el gran pilar de ese magnífico torneo y Brooks fue una de las piezas fundamentales en ese exitoso año.

El jugador surgido de la Universidad de Florida State tuvo la mejor temporada de su carrera en ese año. Registró 117 tackleadas y cinco intercepciones, y además, estableció una marca, al ser el primer linebacker que anotaba cuatro touchdowns en una campaña (tres vía intercepción y uno desde un balón suelto). Motivos suficientes para ser premiado como el mejor jugador defensivo de esa campaña, la cual tuvo un broche dorado en la noche del 26 de enero de 2003, cuando Brooks interceptó un pase de Rich Gannon, en el último cuarto, y lo llevó hasta las diagonales para un touchdown de 44 yardas. Fue la última anotación del partido, con la que los Bucs liquidaban el Super Bowl XXXVII. Las lágrimas de Brooks fueron espontáneas, el football lo premiaba en su partido más importante.

Esa fue la coronación de la mejor temporada de su ilustre carrera que duró 14 temporadas, todas en Tampa Bay. Titular en 221 de los 224 partidos que jugó y con 1.715 tackles. Y así como en aquel Super Bowl tuvo su premio, al anotar un touchdown y tener el privilegio de celebrar el campeonato, este fin de semana volverá a tener un reconocimiento. Ahora, como nuevo miembro del Salón de la Fama. Derrick pasará a ser uno de los inmortales.

viernes, 25 de julio de 2014

Baseball Update

A esta altura del año, los equipos de la Major League Baseball ya han disputado alrededor de 90 partidos, lo que significa que ya ha pasado el punto medio de la campaña. El All Star Game fue ganado por la selección de la Liga Americana, así que quien resulte campeón de este sector, tendrá ventaja de localía en la próxima Serie Mundial. Los Oakland Athletics podrían ser unos posibles beneficiados. Con marca de 63-48, no solo son los mejores de la AL, sino que son los mejores de todas las Grandes Ligas. Han anotado 509 carreras, más que cualquier otro equipo e individualmente, destacan Brandon Moss y Josh Donaldson con 23 y 21 home runs, respectivamente.

Detroit Tigers (57-42) y Baltimore Orioles (56-45) son los otros dos líderes divisionales. Max Scherzer continúa siendo uno de los jugadores claves de los Tigres, encabezando la AL con 12 aperturas victoriosas, además de sumar la cuarta mayor cantidad de strikeouts, con 161. Mientras que los Orioles sobresalen por su ofensiva conjunta, siendo la quinta mejor en promedio de bateo (.261), cuarta mejor en hits (917) y empatada con Toronto Blue Jays como la mejor en home runs (123).

¿Y los Yankees? ¿y los Red Sox? vamos por partes: los neoyorquinos se encuentran a 2.5 juegos de distancia de los Orioles, pero estarían dentro de los puestos de comodín. Después de la curva irregular por la que habían pasado en los últimos dos meses, han ganado siete de ocho partidos después de la pausa del Juego de Estrellas. El equipo del Bronx repunta y sigue con chances muy vivas de jugar en octubre. En el año del retiro de Derek Jeter, el capitán merece una despedida a su altura.

En tanto que los Red Sox, siendo campeones defensores, están en el sótano de su división (47-55). Ofensivamente han tenido toda clase de problemas, entre lesiones y rendimientos dispares. Están dentro de los doce peores equipos de todas las Mayores en hits, carreras y home runs. Igualmente, David Ortiz ha destacado para su causa, figurando dentro de los cinco mejores de la AL con 24 cuadrangulares.

Pasemos a la Liga Nacional. Milwaukee Brewers (58-45), San Francisco Giants (57-45) y Washington Nationals (55-44) son los líderes divisionales. Los Brewers cuentan con tres de los diez mejores bateadores de la NL, Jonathan Lucroy (.314), Carlos Gómez (.308) y Scooter Gennett (.305), además de Ryan Braun con 60 carreras impulsadas. Los Nats se han mantenido comandando el este, gracias a sus 12 triunfos en los últimos 17 partidos, mientras que los Giants tienen el sexto mejor promedio de carreras limpias permitidas en toda la MLB con 3.32. Crédito para su grupo de abridores, encabezado por Tim Hudson, Madison Bumgarner y Tim Lincecum.

Si la postemporada comenzara hoy, Los Angeles Dodgers y Pittsburgh Pirates entrarían en los puestos de wild card. Aunque están matemáticamente igualados con los Atlanta Braves y los St. Louis Cardinals están a medio juego de distancia de esos lugares. La lucha por los puestos de playoffs estará particularmente cerrada de aquí a un par de meses más, cuando finalice la etapa regular.

sábado, 12 de julio de 2014

CuLebron James


"Mi misión aquí trasciende el básquetbol. Tengo una responsabilidad de ser un líder, en varias maneras y lo tomo con mucha seriedad". Esta afirmación fue emitida por Lebron James en el comunicado publicado ayer en Sports Illustrated (la nota completa puedes revisarla acá), donde dio a conocer su decisión de terminar su etapa con el Miami Heat para regresar con los Cleveland Cavaliers. Una decisión respetable, sin dudas, pero cuyo proceso fue igual de circense al que protagonizó hace cuatro años, cuando montó un auténtico reality show para declarar que llevaría sus talentos a South Florida, tal como dijo en aquel momento televisado a nivel nacional, en Estados Unidos.

Acá, la critica no es sobre James como jugador. Está más que comprobada su evolución conceptual que experimentó en sus cuatro años en el Heat, llegando a cuatro finales de liga, de las cuales ganaron dos. La era Lebron-Wade-Bosh siempre tuvo aspecto de tener una larga proyección, idealmente para marcar una década completa. Incluso, cuando se presentó oficialmente el trío en 2010, Lebron hablaba de ganar "muchos campeonatos". El experimento estaba dando grandes resultados, el bicampeonato 2012-2013 hacía creer muy posible una dinastía en Miami, no solo porque el trío rendía frutos, sino que también por la conformación de una sólida plantilla. El mes pasado, el Heat fue vapuleado por los Spurs en las finales. Si bien Miami mantenía una buena estructura, se hacía evidente una renovación, que implicaba ajustes salariales y/o traspasos de jugadores.

Hace pocos días, se había confirmado la llegada de Josh McRoberts y Danny Granger a Miami. Dos jugadores que, teóricamente, calzaban muy bien dentro del formato Lebron-Wade-Bosh. Se rumoreaba que tal vez no podría continuar el trío, pero nunca se creyó realmente que el autodenominado "King" fuera a cortar abruptamente este ciclo, justo en el momento en que el proyecto necesitaba reparos. En la misma nota, Lebron se refiere a sus orígenes en Ohio y del amor por su tierra natal. Curioso, siendo que hace cuatro años, no parecía tener una pizca de vergüenza cuando dejó tirados a los Cavaliers, después de continuos descalabros en playoffs, con el propósito de aliarse con su socio Wade para ganar campeonatos.

Ahora, después de perder escandalosamente en las finales, decide volver a Cleveland, justo en una etapa en que los Cavs están en formación de un equipo competitivo, con Kyrie Irving, Dion Waiters, Andrew Wiggins, entre otros. En esa nota, James hablaba de querer ser un mentor de esas jóvenes promesas (lo cual puede ser bastante cierto). Pero la forma y el momento en que se dio todo esto, deja espacio para creer que esta fue otra movida oportunista de Lebron, quien dejó el equipo al que se sumó para ser leyenda y ahora, vuelve al lugar que abandonó hace cuatro años. Si la comparación con Michael Jordan ya era inútil a esta altura, con esto, no hace más que invalidar todo intento de semejanza con MJ.

Cleveland vuelve a figurar en el mapa competitivo de la NBA con el regreso de James. Podría tomarles tiempo para cuajar como equipo, pero les favorece el panorama relativamente pobre de la Conferencia Este, donde no son más de cinco los conjuntos realmente fuertes. El Heat, por su parte, ya renovó a Bosh y aún asegurando a Wade, han quedado en muy mala posición para enfrentar la próxima temporada, ya que deberán comenzar -de manera forzada- una reconstrucción. Y todo, por otra jugarreta de Lebron.

domingo, 6 de julio de 2014

El 'brasilero' que juega hockey

En un deporte como el hockey sobre hielo, siempre asociado con los climas gélidos y los orígenes ajenos a América Latina, cuesta creer que puedan existir jugadores que tengan ancestros relacionados con esta parte del mundo. Y por insólito que parezca, en la NHL hay jugadores que han nacido en esta parte del mundo, como es el caso de Robyn Regehr. Sus padres son canadienses y él es canadiense, pero nació en Recife, Brasil, en abril de 1980. No vivió mucho tiempo allí, puesto que sus padres se fueron con él a Indonesia antes que cumpliera un año de vida y él mismo ha declarado que no conoce el idioma portugués. Pero, igualmente, confiesa que a pesar de no recordar nada de su lugar de origen, siente que lleva una parte de Brasil consigo.

Tal vez, esa parte brasilera que dice tener haya influido en sus características como jugador de hockey. Aguerrido, sacrificado y muy físico. De hecho, a lo largo de sus 15 años de trayectoria en la NHL ha tenido cierta fama de peleador, además de haber pasado por un complicado período de adaptación y superación en sus primeras temporadas con los Calgary Flames, donde tuvo su mejor momento en el curso 2003/2004, siendo nombrado como uno de los capitanes alternativos del equipo. En esa campaña, anotó cuatro goles y totalizó 18 puntos, siendo esa una marca personal por entonces, y acabó siendo pieza clave en el camino de los Flames rumbo a las finales de la Stanley Cup, donde perdieron en siete juegos frente al Tampa Bay Lightning.

Regehr permaneció en Calgary hasta la temporada 2010/2011, llegando a disputar 840 partidos oficiales con el equipo, convirtiéndose así en el defensor con más presencias en la historia de la franquicia. Después de 11 años en el oeste de Canadá, Robyn cambió de aires. Estuvo dos años con los Buffalo Sabres, donde siguió repartiendo leña. Pero después del segundo año, el equipo de Buffalo decidió no renovar su contrato y fue así como este nativo del norte brasilero pasó a ser integrante de Los Angeles Kings, donde iba a conseguir su premio mayor.

El pasado 1 de febrero, Robyn logró la impresionante marca de 1.000 partidos jugados en su carrera y ya se encontraba establecido dentro de la alineación de los Kings, quienes clasificaron a los playoffs del Oeste. En la primera serie, los Kings revirtieron un 0-3 para ganar cuatro partidos consecutivos y así, eliminar a los San José Sharks. Pero para desgracia de Regehr, no pudo seguir disputando la postemporada debido a una lesión en la rodilla, por lo que no pudo estar en la pista en los triunfos frente a Anaheim Ducks, Chicago Blackhawks y en la definición por la Copa, frente a New York Rangers.

Pero igualmente, su presencia y su aporte fue valorado por su equipo. Una vez que el trofeo fue entregado a los Kings, el capitán Dustin Brown decidió entregarlo a Regehr, reconociendo su trayectoria en la NHL. Su vínculo con Brasil y América Latina es pequeño, pero suficiente como para considerar que un oriundo de tierras latinas formó parte de los recientes campeones de la Stanley Cup.


viernes, 20 de junio de 2014

Eternal Spurs


Como si fuera un guión escrito a la perfección. A 15 años de la obtención de su primer título, los San Antonio Spurs cerraron el curso 2013/2014 de la NBA en lo más alto, festejando su quinto campeonato. Este, tiene un sabor muy especial. Ciertamente, no es igual al primero (1999), al segundo (2003), al tercero (2005) o al cuarto (2007), en el que la franquicia alcanzaba un nivel de excelencia en su método y ejecución del mismo. Este quinto título representa la consagración definitiva de un proyecto, en el que todas las piezas importan y todas reman en la misma dirección. Es el triunfo de un gran equipo. Así, puramente tal. Equipo, grupo, colectivo. En los titulares queda el trío Tim Duncan-Manu Ginobili-Tony Parker, pero en la práctica los trece integrantes del equipo aportan. Todos aportan, todos se mueven, todos juegan, todos pasan la pelota, todos lanzan, todos anotan. Al final del ciclo, todos ganan y todos sonríen. Porque así lo practican y así lo sienten, el talento individual al servicio de un objetivo común.

El sabor especial de este triunfo también queda demostrado en como y contra quién se consiguió. El último obstáculo era el Miami Heat. Bicampeones defensores, con los que habían caído dramáticamente en las Finales pasadas, una serie en la que San Antonio tuvo contra las cuerdas a Lebron James y compañía, hasta
que un triple salvador de Ray Allen y los eventuales triunfos del Heat en el sexto y séptimo juego aseguraron el trofeo para Miami. Ellos eran los monarcas, el modelo a seguir en la liga, el que mejor aplicaba defensiva y ofensiva. Pero los Spurs estaban decididos a tener su revancha. Y no solo la tuvieron, la aprovecharon y la jugaron con un nivel técnico casi inaudito para una serie por el título. Cortinas, sucesión de pases, movidas con y sin la pelota, ofensivas al poste, rotación a las esquinas, tiros cercanos al aro y lanzamientos de tres puntos. La actual versión de los Spurs alcanzó la cúspide y ocurrió en el momento ideal. No solo ganaron la serie en cinco encuentros, acabaron pulverizando a un adversario que era visualizado por la liga como un monstruo indestructible. La sinfónica del maestro Gregg Popovich dio una cátedra, una revolución sin serla necesariamente. Su modo de juego parece inusual para los estándares de la NBA, pero en verdad, no es más que baloncesto clásico expresado de forma sublime por las 'Espuelas'.

Hablar de los Spurs es hablar de los fundamentos de Duncan, así como de las filtraciones de Parker y las jugadas de alto impacto de Manu. Y también lo es hablar del carácter de Kawhi Leonard (MVP de las Finales con 22 años de edad, oficialmente nació una estrella), la versatilidad de Boris Diaw, el crecimiento de Tiago Splitter, la eficiencia de Danny Green, la sutileza de Marco Belinelli y la superación (a sí mismo) de Patty Mills. Todas esas variables, tan distintas y tan ideales para conformar una fuerza colectiva armónica y admirable. Cuando un grupo logra conjuntarse y adquirir una coreografía natural y genuina, su puesta en escena es una auténtica delicia para quien lo ejecuta como quien lo observa. Y si no basta con su apreciación en la pista, en pleno juego, los números no hacen más que confirmarlo. A continuación, la producción ofensiva de los Spurs a lo largo de la serie.

Juego 1 (victoria): 110 puntos, 40 canastas convertidas, 30 asistencias, 59% de conversiones, 52% de triples.
Juego 2 (derrota): 96 puntos, 37 canastas convertidas, 16 asistencias, 53% de conversiones, 42% de triples.
Juego 3 (victoria): 116 puntos, 38 canastas convertidas, 21 asistencias, 59% de conversiones, 45% de triples.
Juego 4 (victoria): 107 puntos, 40 canastas convertidas, 25 asistencias, 57% de conversiones, 43% de triples.
Juego 5 (victoria): 104 puntos, 37 canastas convertidas, 25 asistencias, 47% de conversiones, 46% de triples.

Incluso en su única derrota de la serie, por apenas dos puntos de margen, los Spurs sostuvieron un alto índice de asistencias, que derivaron en una altísima efectividad en sus lanzamientos. Nada es casual, todo fue producto de su método. Curiosamente, los mejores pasajes los vivieron en el tercer y cuarto partido, ambos disputados en Miami, donde los Spurs lograron una diferencia de 20 puntos en ambas victorias. Esa expresiva diferencia se manifestó porque su rotación de balón alcanzó un grado en el que los jugadores se pasaban la pelota de memoria. Recibir y pasar al instante. Entrenamiento, repetición, ejecución, conversión. Eso puede lograr una idea que es ejecutada con convencimiento, en el que su nivel de excelencia puede volverse algo endemoniado. Un ejemplo: la primera mitad del tercer juego. En esos 24 minutos, San Antonio encestó 25 de 33 intentos a la canasta y 6 de 9 triples con 71 puntos en total. Esa ejecución parece propia de un videojuego, lograda con una práctica adictiva. Los Spurs lo hicieron en el básquetbol real y en un juego de Finales. Tan surreales son esas cifras que claramente indicaban que estabamos en presencia de un eventual campeón.

La grandeza, la verdadera grandeza, no sabe de modas, épocas específicas o fechas de vencimiento. En los últimos 15 años, los Spurs han ganado el 70% de sus partidos oficiales, más que ningún otro equipo en la NBA durante ese lapso, y de seis finales disputadas han ganado cinco. Eso es una dinastía, que ha sabido mantenerse en el tiempo, madurar, evolucionar y alcanzar un punto en que es inevitable su reconocimiento. Nunca los Spurs habían tenido suficiente crédito. Tal vez por ser de una ciudad 'chica' como San Antonio, por su estilo más asociado con la FIBA que la misma NBA, porque Duncan debe ser posiblemente la estrella con menos marketing, por la apariencia apática y cuadrada de Popovich. Claro, la apariencia. En verdad, esta franquicia ha flexibilizado y renovado sus recursos, por decisión de 'Pop' y en beneficio del equipo. La consagración de un proyecto que, a corto plazo, no parece tener fin. No solo fuimos testigos de la versión 2013/2014 de los Spurs, en la que reflejaron su mejor cara y expresión en toda su historia, sino que también asistimos a una brillante clínica de básquetbol.

sábado, 31 de mayo de 2014

La garantía de Messier

En la noche del 25 de mayo de 1994, los New York Rangers visitaban a los New Jersey Devils por el sexto juego de las finales del este de la NHL, serie que iba liderando New Jersey por 3 a 2. Los Rangers debían ganar en pista ajena para forzar un eventual séptimo encuentro y ante tal escenario, el capitán neoyorquino, Mark Messier, se atrevió a decir esto: "We'll win tonight" (Ganaremos esta noche). Palabras llenas de osadía que fueron portada en la prensa nacional de Estados Unidos y difundidas igualmente por televisión.

Esas palabras de Messier parecían irse a la basura en ese partido. Los Devils llegaban al tercer período en ventaja de 2-0 y todo se hacía más dificil para New York, pero Messier estaba decidido a cumplir su promesa y fue él mismo quien lideró la remontada de los Rangers. Primero, dio la asistencia para el primer gol, convertido por Alexei Kovalev. Y luego, fue todo del # 11, quien niveló el marcador, puso arriba a su equipo y finalmente, aseguró el triunfo con su tercer gol de la noche. Mark cumplía con su palabra, mantenía a los Rangers con vida y enfrente, un séptimo partido en el Madison Square Garden, en cuestión de 48 horas.

Si ese sexto encuentro fue sufrido, el séptimo lo iba a ser mucho más. Los Rangers se aferraban a una ventaja de 1-0 en los minutos finales del partido, parecían estar aguantando lo suficiente, pero a siete segundos de finalizar el tiempo reglamentario, Valeri Zelepukin se encargó de silenciar a todo el Garden. 1-1 y a la prórroga. Crecían los nervios, el duelo seguía igualado después de los primeros 20 minutos de muerte súbita, hasta que en el segundo overtime, Stephane Matteau -quien había liquidado el tercer juego en prórroga- anotó el gol que metía a los Rangers en la serie por la Stanley Cup.

Después de perder el primer partido de la serie frente a los Vancouver Canucks, los Rangers ganaron tres juegos consecutivos -dos de visita- para colocarse a un triunfo de quedarse con la copa. Pero las complicaciones volverían a invadir en las filas neoyorquinas, luego que el campeón del oeste, lograra ganar los partidos 5 y 6, para así forzar el séptimo, el cual se jugaría en el Garden. Bajo un electrizante ambiente, los Rangers lograron adelantarse en el marcador y fue Messier quien anotó el gol que les daba ventaja de 3-1, en el segundo período. Vancouver amenazó en el tercero, con un gol de Trevor Linden, pero los locales resistieron hasta que el tiempo de juego llegó a 0:00 y con ello, se desató la fiesta en todo New York.

Messier, quien anteriormente había sido campeón en cinco oportunidades con los Edmonton Oilers, brincaba como si la hubiera ganado por primera vez. Y fue él, en su condición de capitán, quien recibió la Stanley Cup, la segunda que ganaban los Rangers en su historia, terminando con 54 años de espera. Al parecer, la espera había sido tanta que un aficionado levantó un cartel gigante que decía claramente: "Now I Can Die in Peace" (Ahora puedo morir en paz). Los Rangers festejaron en grande en junio del '94 y comandados por Messier, un capitán que cumplió con su palabra.

Ahora, 20 años más tarde, los Rangers vuelven a las finales. Ya no está Messier y no han habido garantías de triunfo, pero la ambición de ganar seguramente debe ser tan grande como la que tenían los integrantes del equipo que ganó el trofeo de Lord Stanley, aquel glorioso 14 de junio del '94.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Dudas y certezas

La versión 2014 del Miami Heat no parece ser tan sólida como su antecesora, durante estos playoffs no han parecido rendir en todo su potencial y aún así, están muy por delante del resto de la conferencia del este y es por eso, que están a un triunfo de llegar a sus cuartas finales de la NBA consecutivas. La intensidad defensiva, el saber aprovechar los errores rivales para convertirlos en canastas fáciles y particularmente, la aplicación de distintos conceptos ofensivos, que han ido evolucionando cada vez más en el ciclo del Big Three, han hecho de este equipo en uno muy completo. Su calidad ofensiva se percibe en distintas facetas: la conducción de Lebron James, la fluida rotación del balón entre todos los jugadores que ha derivado en partidos muy efectivos, en cuanto a lanzamientos. Pero no solo en los tiros se puede medir su calidad, el buen manejo de balón y las asistencias también lo influyen, tal como ha ocurrido en los cuatro primeros partidos frente a los Indiana Pacers.

Juego 1: 96 puntos, 40/78 conversiones (51.3%), 23 asistencias.
Juego 2: 87 puntos, 34/67 conversiones (50.7%), 19 asistencias.
Juego 3: 99 puntos, 37/68 conversiones (54.4%), 17 asistencias.
Juego 4: 102 puntos, 32/69 conversiones (46.4%), 16 asistencias.

Un alcance respecto al cuarto partido: Miami ganó ese duelo cometiendo apenas cinco pérdidas de balón. Es decir, una pérdida cada 9.6 minutos. Eso es realmente asombroso y difícil de lograr en playoffs, más cuando enfrente está un equipo con fama de tener buena defensiva, a la que además, le han encestado por sobre 45% en cada partido de esta serie. Evidentemente, el Heat está en control de la situación.

Los Pacers abrieron esta serie con una victoria, en la que posiblemente fue su mejor actuación colectiva en toda la postemporada. Pero la bipolaridad con la que carga este conjunto es más fuerte y su proceso de autodestrucción se ha evidenciado por varios pasajes de esta serie. Uno en particular: el tercer partido, en el cual llegaron a tener ventaja de hasta 15 puntos en la primera mitad, antes que Miami arrasara con ellos. La pobre técnica pasadora de varios de sus jugadores, la absoluta dependencia de sus cinco titulares y los enredos de Frank Vogel en la rotación de titulares con reservas les han pasado la cuenta. Aún podrían llegar a las finales si ganan tres partidos consecutivos, pero su lenguaje corporal expresado en la cancha habla más de un equipo con la cabeza en cualquier otra parte menos en pelear por el campeonato.

La lectura simple de los hechos indica que San Antonio Spurs y Oklahoma City Thunder han ganado sus respectivos partidos de local, para así llegar al quinto juego de las finales del oeste igualados a dos triunfos por bando. La misma lectura simple invitaría a pensar que se está dando la lógica, debido a que se han dado sólo victorias locales. En parte, es cierto. Pero al adentrarnos en los detalles de esta eliminatoria, nos encontramos con aspectos muy interesantes que permiten entender el desarrollo de la misma. San Antonio ganó los dos primeros partidos y lo hizo con una admirable selección de tiros y también, explotando la llave que había quedado debilitada, por la ausencia de Serge Ibaka. La sucesión de cortinas y pases que aplican los Spurs es digna de ser incluida en un manual de cómo aprender a jugar al baloncesto.


Ibaka, quien supuestamente no estaba disponible para el resto de los playoffs por su lesión en la pantorrilla izquierda, reapareció en el tercer partido y fue un factor fundamental para el triunfo del Thunder. Su impacto era algo que realmente necesitaba OKC, que parecía estar al borde de ser noqueado. El congoleño influye notoriamente en la defensiva, cubriendo el aro, colocando tapas o simplemente, haciendo más difíciles los ataques rivales en la llave. A continuación, la producción ofensiva de los Spurs a través de la serie, considerando que Serge no estuvo en los dos primeros encuentros.

Juego 1: 122 puntos, 66 en la llave, 50/87 conversiones (57.5%), 28 asistencias.
Juego 2: 112 puntos, 54 en la llave, 41/82 conversiones (50%), 27 asistencias.
Juego 3: 97 puntos, 40 en la llave, 36/91 conversiones (39.6%), 22 asistencias.
Juego 4: 92 puntos, 36 en la llave, 33/83 conversiones (39.8%), 17 asistencias.

De explotar la pintura en los juegos 1 y 2, los Spurs tuvieron problemas de toda especie para anotar cerca del aro en los partidos 3 y 4, con Ibaka en cancha. ¿Otra referencia? Con el ala-pívot en la pista, San Antonio promedia 93.2 puntos por cada 100 posesiones, y sin él, ese promedio sube a 107.1 puntos por cada 100 posesiones.

Se ha destacado mucho el retorno de Ibaka a la acción, pero tal vez no se ha destacado igualmente lo siguiente: para el tercer partido, Scott Brooks hizo un cambio en la formación titular del Thunder, alineando a Reggie Jackson en lugar de Thabo Sefolosha, quien ha sido relegado a lo profundo de la banca sin jugar un solo minuto en los partidos 3 y 4. El efecto que ha traído en la ofensiva de Oklahoma City ha sido positivo, siendo mucho más ágil y veloz, acorde a las cualidades de sus principales jugadores, algo que se notó claramente en el tercer partido, donde Jackson; Westbrook; Durant e Ibaka fueron responsables de 81 de los 106 puntos convertidos por el Thunder. Y desde luego, una mención especial para Westbrook quien registró 40 puntos, 10 asistencias, 5 rebotes y 5 tapas en el cuarto partido, siendo el segundo jugador en toda la historia en tener tales números en un juego de playoffs. El único que lo había logrado era Michael Jordan, el 3 de mayo de 1989.

A esta serie le quedan, al menos, dos partidos más (tres, en caso de haber Game 7). Algún ajuste especial debe estar preparando Gregg Popovich para que los Spurs levanten su nivel que cayó drásticamente en su visita a Oklahoma, así como el Thunder buscará mantener el ímpetu del juego a su favor. En el desenlace de esta serie veremos si prevalece el simple hecho de jugar en casa o de ajustar y aplicar correctamente esos ajustes.