viernes, 10 de octubre de 2014
Los nuevos clásicos
A partir de este sábado, San Francisco Giants y St. Louis Cardinals comenzarán a disputar la Serie de Campeonato en la National League. No solo estarán repitiendo el duelo de hace un par de temporadas, sino que se están confirmando como dos de los grandes equipos de las Ligas Mayores de Béisbol en los últimos años. Desde 2010 en adelante, han sido los únicos representantes de la NL en la Serie Mundial.
Campeones de National League
2010: San Francisco Giants - vencieron a Texas Rangers (4-1) en la Serie Mundial.
2011: St. Louis Cardinals - vencieron a Texas Rangers (4-3) en la Serie Mundial.
2012: San Francisco Giants - vencieron a Detroit Tigers (4-0) en la Serie Mundial.
2013: St. Louis Cardinals - cayeron ante Boston Red Sox (2-4) en la Serie Mundial.
Estos son equipos que han mantenido una base a lo largo del tiempo, a pesar de algunos cambios sufridos en sus rosters, como en el caso de los Cardinals, quienes vieron partir a Albert Pujols después del título del 2011 y el retiro de Chris Carpenter, otrora ganador del premio Cy Young. Han sabido mantenerse en lo alto con jugadores como Yadier Molina, Matt Carpenter y Adam Wainwright, quien durante este año ganó en 20 de sus aperturas en temporada regular.
Los Giants, por su parte, conservan gran parte de su pitcheo que les ayudó a ganar los títulos de 2010 y 2012. Tim Lincecum y Madison Bumgarner continúan siendo sus abridores más confiables y fue el pitcheo una de las principales causas de su triunfo en la reciente Serie Divisional frente a Washington Nationals, donde lograron dos de sus tres victorias como visitantes. La segunda quedó en la historia, puesto que el encuentro no se decidió hasta el 18° inning y el juego se extendió por 6 horas y 23 minutos, el más largo de toda la historia de la postemporada.
El antecedente más reciente entre estos dos conjuntos en las eliminatorias se remonta a octubre de 2012. Los Cardinals tenían ventaja de 3-1 en la serie y con la chance de liquidar en su casa, pero los Giants fueron capaces de ganar tres partidos consecutivos (el sexto y el séptimo como locales) y cada uno de esos triunfos con diferencia de 5 o más carreras: 5-0 en el quinto, 6-1 en el sexto y 9-0 en el séptimo. Aquel fue el primer triunfo de los Giants en un Game 7, en toda su historia (habían perdido los cinco anteriores) y lo consiguieron anotando cinco carreras en el 3° inning, además de un excelente juego lanzado por Matt Cain y los relevistas que jugaron a partir del 5° episodio.
Ahora, serán los Cardinals quienes tengan la ventaja de localía, siendo locales en los juegos 1, 2, 6 y 7. A ver si en esta ocasión no dejan pasar una ventaja tan importante como la que tenían en aquella serie de 2012. Aparte que vienen logrando remontadas, como las que consiguieron en dos de sus tres victorias en la serie ante Los Angeles Dodgers. Los Giants, en tanto, querrán seguir dominando con sus lanzadores, ya sea en casa o en cancha ajena, como lo hicieron en Pittsburgh y en Washington, en los presentes playoffs.
lunes, 6 de octubre de 2014
Resumen: Cardinals 20, Broncos 41
El equipo de Denver le propinó la primera derrota de la temporada al conjunto de Arizona, que llegaba a este partido invicto después de sus primeros tres juegos. Con relativa tranquilidad, los Broncos lograron su tercer triunfo en el presente curso y como es habitual, Peyton Manning fue el principal protagonista. En su primera ofensiva, en la que recorrieron 80 yardas, Manning encontró a Julius Thomas para su primera anotación de la tarde. Aquel fue el primero de cuatro pases de touchdown de Manning y el 500° de su carrera, convirtiéndose en el segundo jugador que alcanza esa cifra en toda la historia de la NFL. Con seis más, podría apoderarse de la marca que le pertenece a Brett Favre (508).
A lo largo del juego, Manning (31/47, 479 yardas, 4 touchdowns, 2 intercepciones) pudo establecer su ofensiva no huddle, en principio con pases rápidos y posteriormente, con envíos largos como en la conexión de 86 yardas que hizo con Demariyus Thomas, en el segundo cuarto. El valor de esa jugada estuvo en la precisión del pase que cayó directo en las manos de Thomas, quien era perseguido paso a paso por Patrick Peterson, el cual fue varias veces quemado por Peyton, a pesar de su buena ubicación en las coberturas. Eso sí, hubo tramos del juego en que Manning pasó problemas, como en sus dos intercepciones. Ambas, surgieron simplemente por malos pases suyos, enviados a contrapie y de forma precipitada. De hecho, la segunda intercepción derivó en siete puntos para los Cardinals.
Si bien Denver cuenta con la mejor o una de las mejores ofensivas aéreas de toda la liga, es necesario consignar que este equipo no involucra mucho a sus corredores, a diferencia del año pasado cuando tenían a Knoshown Moreno (ahora en Miami). Monte Ball pasó a ser titular y no solo es un jugador de contextura más pesada, sino que no parece tener la confianza de Manning quien no suele buscarlo en rutas cortas o de escape. Encima, Ball no parece encajar dentro del esquema ya que aparte de ser pesado es un corredor más lento. En apariencia, la dirección técnica de los Broncos se está percatando de ese aspecto: en la segunda mitad, le dieron más snaps a Ronnie Hillman, quien a priori se ajusta más al ritmo de juego que establecen los Broncos.
Los Cardinals tienen un equipo bien armado, con un plan de juego que consiste principalmente en formaciones con doble ala cerrada para brindar más protección al pasador o bien, para abrir espacios a su corredor titular Andre Ellington, quien mantuvo al equipo dentro del partido con el touchdown de 81 yardas que convirtió en el tercer cuarto, tras el pase del debutante Logan Thomas, quien debió ingresar en lugar de Drew Stanton, el cual salió del juego por una conmoción. Ese pase fue el único que completó Thomas en el cuarto y medio que estuvo en la cancha.
Debido a la temprana desventaja en el marcador, los Cards tuvieron que lanzar mucho más. Stanton completó apenas 11 de 26 pases, pero muchos de esos tiros incompletos se les deben achacar a sus receptores (Larry Fitzgerald, Michael Floyd y Ted Ginn Jr) quienes dejaron caer varios de ellos. Peor aún, varios de esos drops ocurrieron en jugadas de tercer down. Entre esas oportunidades perdidas y el cansancio de sus jugadores defensivos (posesión - Denver 35:17, Arizona 24:43), los pájaros rojos de Arizona terminaron rezagándose, a pesar de llegar a ponerse a cuatro puntos de margen en el tercer cuarto. Aparte, necesitan tener de regreso a su mariscal titular, Carson Palmer, dada la complejidad de su división, en la que compiten con Seattle y San Francisco.
En la siguiente semana, los Broncos (3-1) visitarán a los New York Jets, quienes han perdido cuatro juegos consecutivos y en la jornada de ayer mandaron a la banca a su mariscal titular, Geno Smith, mientras que los Cardinals (3-1) volverán a su casa para recibir a los Washington Redskins, quienes a falta de su juego de esta noche, intentan armar su esquema ahora con Kirk Cousins en los controles.
lunes, 29 de septiembre de 2014
Estirando la cancha
Los receptores siempre han cobrado un rol especial y espectacular en el desarrollo de un partido de fútbol americano. Más en la actual NFL, donde muchos han pasado a tener un perfil estelar, gracias al incremento de las jugadas de pase. Ya sea con velocidad, con ubicación, con tamaño, con ajustes y por supuesto, manos seguras, los wide receivers pueden ser factor en los partidos, como ocurrió en algunos de los desafíos de la cuarta semana.
En el duelo entre Green Bay Packers y Chicago Bears se pudo ver a tres tipos de receptores y cada uno de ellos rindiendo de manera muy distinta y muy eficiente, a la vez. De parte de los Bears, Martellus Bennett (9 recepciones, 134 yardas) fue el principal blanco de su mariscal Jay Cutler, gracias a sus casi dos metros de estatura y 120 kilos de peso, sacando provecho de sus cualidades físicas para vencer en cada enfrentamiento con el esquinero de turno (Sam Shields o Davon House) que colocaba Green Bay. Bennett no sólo se impone con su tamaño, el cual combina llamativamente con elusividad y mucha seguridad para atrapar cada pase. Bennett representa una nueva especie de tight ends, en la que sobresalen Jimmy Graham y Rob Gronkowski, con movimiento, elasticidad y fuerza. Todo en el mismo envase.
Del otro lado, los Packers cuentan con Randall Cobb y Jordy Nelson (ayer: 221 yardas combinadas y 4 touchdowns), quienes pueden desarrollar toda clase de rutas, aplicando cortes para lograr el espacio para ganar la posición y sumar yardas por doquier. Cobb, al ser más joven, tiene mucha velocidad y Aaron Rodgers suele buscarlo en rutas largas, más aún cuando queda en cobertura uno a uno. Por su parte, Nelson (¿el receptor más infravalorado de la liga?) se encuentra en un tramo de su carrera en el que combina su rapidez con inteligencia, la cual aplica para hacer ajustes sobre la marcha y para improvisar, en jugadas rotas. El factor común de ambos es que son muy confiables en jugadas cruciales y también, en las 20 yardas finales, donde ambos suelen convertir en cada balón que les envían.
Así como Cobb, los receptores con menos de cinco años de experiencia suelen sobresalir por velocidad, tal como ocurre con Antonio Brown en Pittsburgh Steelers (ayer: 131 yardas en 7 recepciones, 2 touchdowns) y Keenan Allen en San Diego Chargers (ayer: 135 yardas en 10 recepciones). Ambos poseen cualidades similares: apariencia física ligera, muy veloces para recorrer la cancha y con capacidad para ejecutar rutas y cierta clase de quiebres que les permiten conseguir jugadas de alto yardaje. Como ejemplo, su promedio de yardas por atrapada en sus juegos de ayer: Brown promedió 18.7 y Allen 13.5. Sus respectivos quarterbacks, Ben Roethlisberger y Philip Rivers, siempre los buscan cuando pretenden lanzar pases largos y estos receptores suelen no defraudar cuando van por esas jugadas que encabezan los highlights televisivos.
En el otro extremo, están los receptores con más de una década de trayectoria, quienes en algún momento fueron muy rápidos pero que debido a su edad, hasta cierto punto, han perdido algo de velocidad, pero que pueden compensar con su ubicación en la cancha para asegurar 1°s downs. Reggie Wayne en Indianapolis Colts (ayer: 119 yardas en 7 recepciones, un touchdown) y Steve Smith en Baltimore Ravens (ayer: 139 yardas en 7 recepciones, dos touchdowns) son fieles representantes de aquella especie.
Wayne no solo sigue siendo el receptor más seguro de los Colts, sino que es un auténtico referente dentro de un equipo en plena etapa de construcción. El joven Andrew Luck siempre lo busca en situaciones de presión y Wayne entiende que debe contribuir para la causa colectiva. Aún sigue ganando en duelos mano a mano, pero se ha vuelto extraordinario aplicando los detalles sutiles que marcan a los grandes receptores, haciendo ajustes y siempre colocando muy bien su cuerpo antes de asegurar la recepción. Smith en tanto, aún puede correr rutas profundas, aunque ya en su última etapa con Carolina Panthers venía perfilándose más como un receptor de posesión, asegurando el primer down y luego, ver si conseguir más yardas. Dado su tamaño (1.75 metros, 84 kg.), aún es capaz de correr largos trayectos como en su primer touchdown del juego de ayer, en la que tomó el balón (tras desvío de su compañero Owen Daniels) y lo llevó a lo largo de 61 yardas hasta las diagonales. A sus 35 años, Smith todavía tiene reserva en el tanque.
Diferentes contexturas y diferentes cualidades para un mismo rol dentro de una ofensiva. Atrapar el balón, mover las cadenas o bien, llevarlo a toda máquina hasta llegar a la zona de anotación. Los receptores siempre serán una especie muy talentosa en este juego y si vemos la aparición, relativamente reciente, de jugadores tipo Gronkowski o Graham, entonces el abanico se amplía y así vemos como sigue evolucionando esta posición.
En el duelo entre Green Bay Packers y Chicago Bears se pudo ver a tres tipos de receptores y cada uno de ellos rindiendo de manera muy distinta y muy eficiente, a la vez. De parte de los Bears, Martellus Bennett (9 recepciones, 134 yardas) fue el principal blanco de su mariscal Jay Cutler, gracias a sus casi dos metros de estatura y 120 kilos de peso, sacando provecho de sus cualidades físicas para vencer en cada enfrentamiento con el esquinero de turno (Sam Shields o Davon House) que colocaba Green Bay. Bennett no sólo se impone con su tamaño, el cual combina llamativamente con elusividad y mucha seguridad para atrapar cada pase. Bennett representa una nueva especie de tight ends, en la que sobresalen Jimmy Graham y Rob Gronkowski, con movimiento, elasticidad y fuerza. Todo en el mismo envase.
Del otro lado, los Packers cuentan con Randall Cobb y Jordy Nelson (ayer: 221 yardas combinadas y 4 touchdowns), quienes pueden desarrollar toda clase de rutas, aplicando cortes para lograr el espacio para ganar la posición y sumar yardas por doquier. Cobb, al ser más joven, tiene mucha velocidad y Aaron Rodgers suele buscarlo en rutas largas, más aún cuando queda en cobertura uno a uno. Por su parte, Nelson (¿el receptor más infravalorado de la liga?) se encuentra en un tramo de su carrera en el que combina su rapidez con inteligencia, la cual aplica para hacer ajustes sobre la marcha y para improvisar, en jugadas rotas. El factor común de ambos es que son muy confiables en jugadas cruciales y también, en las 20 yardas finales, donde ambos suelen convertir en cada balón que les envían.Así como Cobb, los receptores con menos de cinco años de experiencia suelen sobresalir por velocidad, tal como ocurre con Antonio Brown en Pittsburgh Steelers (ayer: 131 yardas en 7 recepciones, 2 touchdowns) y Keenan Allen en San Diego Chargers (ayer: 135 yardas en 10 recepciones). Ambos poseen cualidades similares: apariencia física ligera, muy veloces para recorrer la cancha y con capacidad para ejecutar rutas y cierta clase de quiebres que les permiten conseguir jugadas de alto yardaje. Como ejemplo, su promedio de yardas por atrapada en sus juegos de ayer: Brown promedió 18.7 y Allen 13.5. Sus respectivos quarterbacks, Ben Roethlisberger y Philip Rivers, siempre los buscan cuando pretenden lanzar pases largos y estos receptores suelen no defraudar cuando van por esas jugadas que encabezan los highlights televisivos.
En el otro extremo, están los receptores con más de una década de trayectoria, quienes en algún momento fueron muy rápidos pero que debido a su edad, hasta cierto punto, han perdido algo de velocidad, pero que pueden compensar con su ubicación en la cancha para asegurar 1°s downs. Reggie Wayne en Indianapolis Colts (ayer: 119 yardas en 7 recepciones, un touchdown) y Steve Smith en Baltimore Ravens (ayer: 139 yardas en 7 recepciones, dos touchdowns) son fieles representantes de aquella especie.Wayne no solo sigue siendo el receptor más seguro de los Colts, sino que es un auténtico referente dentro de un equipo en plena etapa de construcción. El joven Andrew Luck siempre lo busca en situaciones de presión y Wayne entiende que debe contribuir para la causa colectiva. Aún sigue ganando en duelos mano a mano, pero se ha vuelto extraordinario aplicando los detalles sutiles que marcan a los grandes receptores, haciendo ajustes y siempre colocando muy bien su cuerpo antes de asegurar la recepción. Smith en tanto, aún puede correr rutas profundas, aunque ya en su última etapa con Carolina Panthers venía perfilándose más como un receptor de posesión, asegurando el primer down y luego, ver si conseguir más yardas. Dado su tamaño (1.75 metros, 84 kg.), aún es capaz de correr largos trayectos como en su primer touchdown del juego de ayer, en la que tomó el balón (tras desvío de su compañero Owen Daniels) y lo llevó a lo largo de 61 yardas hasta las diagonales. A sus 35 años, Smith todavía tiene reserva en el tanque.
Diferentes contexturas y diferentes cualidades para un mismo rol dentro de una ofensiva. Atrapar el balón, mover las cadenas o bien, llevarlo a toda máquina hasta llegar a la zona de anotación. Los receptores siempre serán una especie muy talentosa en este juego y si vemos la aparición, relativamente reciente, de jugadores tipo Gronkowski o Graham, entonces el abanico se amplía y así vemos como sigue evolucionando esta posición.
viernes, 26 de septiembre de 2014
Nostalgia Yankee
Ya en esos años, Jeter destacaba por ser un jugador muy constante en sus turnos al bat, así como en sus funciones defensivas. Durante esa época dorada en New York, Derek comenzaba a forjar parte importante de su legado, gracias a grandes actuaciones en partidos de postemporada. En el 2000, los Yankees derrotaron a sus vecinos Mets en la Serie Mundial y Jeter fue galardonado como el MVP de la serie. En el último juego, conectó un home run que niveló el marcador, que finalmente terminarían remontando los Yankees para liquidar el partido. Así, Jeter redondeó una final impecable: promedió .409 en bateo, sacó la pelota del parque en dos ocasiones y extendió su particular racha de 14 partidos consecutivos de World Series bateando al menos un hit.
Al año siguiente, Jeter volvería a sobresalir en la serie por el título. Pese a que los neoyorquinos perdieran esa serie con los Arizona Diamondbacks, el '2' de los Yankees se ganó el seudónimo de Mr. November. La razón fue muy sencilla: el cuarto partido de la serie acabó pasada la medianoche y en los primeros minutos del 1 de noviembre, Derek le dio la victoria a New York en el 10° inning con un cuadrangular, completando una remontada que había impulsado Martínez en el noveno episodio. El shortstop hacía historia en el primer partido oficial de Major League Baseball que concluía en un día de noviembre.
De esos Yankees, Jeter era el único sobreviviente hasta ahora. Y dentro de un par de días, el oriundo de New Jersey dejará las canchas, cumpliendo con su retiro anunciado en febrero de este año. En la noche del jueves, tuvo su última aparición en el Bronx y en la despedida oficial de toda su afición, le dio el triunfo a los Yankees con un hit que impulsó la carrera ganadora en el último inning. Si bien, no jugarán los playoffs, esta despedida no deja de tener un significado muy especial y emotivo. Derek Jeter es uno de los símbolos del último gran ciclo de los Yankees y como pasa con muy pocas figuras del deporte, se retira siendo un ídolo respetado por todos, incluso por sus rivales más acérrimos.
Es muy posible que su número 2 sea retirado en la eventualidad, así como también en algún momento podría llegar a Cooperstown, hogar del Salón de la Fama del béisbol profesional. Para el recuerdo, sus grandes jornadas que brindó a través de 20 brillantes temporadas. Grandes, como aquellas noches históricas que protagonizó a principios de la década anterior.
lunes, 22 de septiembre de 2014
Optimismo Bengalí
En los últimos tres años, los Cincinnati Bengals han logrado meterse en la postemporada, pero una vez adentro, no han pasado la primera ronda, perdiendo tres veces consecutivas en la ronda de wild card. Dentro de la organización, saben que necesitan mejorar lo que venían haciendo bien y particularmente, su mariscal Andy Dalton debe dar un salto como líder ofensivo. Después de tres partidos jugados en el presente curso, los Bengals no solo están invictos (junto con los Philadelphia Eagles y los Arizona Cardinals), sino que han ganado sus tres encuentros aplicando interesantes estrategias defensivas y también, exhibiendo innovadoras movidas ofensivas.
A pesar de la partida de Mike Zimmer, quien ahora está como entrenador en jefe de los Minnesota Vikings, se mantienen muchos conceptos establecidos bajo Zimmer en la unidad defensiva de Cincinnati. El frente 4-3 juega con intensidad y sobre todo, mucha disciplina para cerrar los espacios en la línea y para ejecutar cada tackleo. En ello, es importante lo que hacen Domata Peko, Geno Atkins y Ray Maualuga, quienes imponen su presencia y no conceden muchas yardas a los corredores rivales. Hasta acá, quien más les ha corrido es Justin Forsett de los Baltimore Ravens, quien apenas alcanzó las 70 yardas en el duelo de la primera semana.
Esa aplicación para contener los acarreos logra forzar a que los rivales tengan que lanzar mucho más y ante eso, el esquema zonal que ocupan los Bengals les está brindando enormes resultados, gracias a la coordinación que ha encontrado el grupo de secundarios, conformado por sus titulares Terrence Newman, Reggie Nelson, George Iloka y Leon Hall, quienes siempre parecen entender muy bien sus asignaciones y sus respectivas ayudas en esas coberturas de pase. En lo que va de esta temporada, han permitido un rating promedio de 56.9 a los quarterbacks que han enfrentado. Eso explica mucho del método que emplea Cincy y de sus óptimos resultados.
A la ofensiva, los Bengals están intentando volcarse más a los pases y en especial, a las jugadas más creativas. Un ejemplo de aquello fue la jugada de truco aplicada en el partido de ayer frente a los Tennessee Titans, en la que Andy Dalton recibió el balón en formación shotgun, se la entrega a Mohamed Sanu, quien estaba alineado como corredor y se movió lateralmente a su derecha, cargando todo el flujo de la jugada. Sanu se frenó y tiró el balón al lado contrario, donde Dalton se había lanzado a correr como receptor. Dalton atrapó el pase, que estuvo muy cerca de ser interceptado, y lo llevó hasta las diagonales. Una jugada de alto riesgo y de excelente ejecución diseñada por su nuevo coordinador Hue Jackson.
Según Dalton, la jugada no la habían corrido anteriormente, pero sabía que Jackson había visto algo en esa defensiva que le dio confianza necesaria para ejecutarla en el partido. Y sobre la influencia de Hue, el mariscal bengalí comentó: "Estamos jugando con mucha confianza. Cuando ordena una jugada, realmente creemos que resultará". Tal vez, Andy y la ofensiva de Cincinnati necesitaba esa nueva inyección anímica. Y no hay que olvidar, que cuentan con grandes armas como A.J. Green, quien ya ha superado las 100 yardas aéreas en los dos partidos que ha disputado, y Giovani Bernard, quien en su segundo año en la liga apunta a consolidarse como un corredor de confianza.
Los Bengals no volverán a jugar hasta el próximo 5 de octubre, cuando tengan que visitar a los New England Patriots, en horario estelar. Luego, tendrán cuatro de cinco partidos en casa (la única visita entre medio será a los Indianapolis Colts). Y durante la segunda parte de la presente liga, tendrán sus dos encuentros con los Pittsburgh Steelers, una visita a los New Orleans Saints y tendrán el honor de recibir a Peyton Manning y el resto de los Denver Broncos, en el último Monday Night Football de este año. Interesantes pruebas en las que se podrá ver qué tanto puede seguir creciendo e innovando este equipo, que no gana en playoffs desde 1990, cuando era parte de la vieja división central.
martes, 16 de septiembre de 2014
El imperio de Coach K
Al finalizar el Campeonato Mundial de Básquetbol, no solo hemos visto la revalidación del título que había ganado Estados Unidos hace cuatro años, sino que también presenciamos lo mejor del talento estadounidense trasladado al contexto FIBA. Todo esto es particularmente destacable si consideramos el hecho que se presentaron a jugar en España sin Kevin Durant, quien se bajó semanas antes del Mundial, y con un equipo cuyo promedio de edad no superaba los 24 años.
La presión asfixiante, el poderío físico en la pintura y las continuas ayudas defensivas. Eso es parte del sello distintivo del Team USA y eso se lo deben a su líder Mike Kryzewski, cuyo rendimiento como director técnico de la selección estadounidense es 63-1, quien enfatiza en todos esos detalles que facilitan las opciones ofensivas. Encabezaron a todos los equipos del torneo en anotaciones con una media de 104.6 por juego, pero lo que impresiona aún más es su media de 127.3 puntos por cada 100 posesiones. A lo largo del certamen, encestaron 52.3% de sus tiros y 40.1% de triples. Su rápida transición originaba buenas opciones de lanzamiento, adentro con Anthony Davis y Kenneth Faried y a larga distancia con Stephen Curry, James Harden y del MVP del torneo, Kyrie Irving.
Durante sus nueve partidos disputados, siempre marcaron rachas anotadoras que inclinaban el juego a su favor, con brillantes secuencias de tiros o bien, de contra ataque. En la final frente a Serbia, el Team USA regaló su mejor versión de todo el Mundial, con un parcial de 29-8 (cinco triples consecutivos) después de haber iniciado el juego abajo por 5-12. Al finalizar el primer cuarto, ya sacaban ventaja de 14, al llegar al intermedio ese margen era de 26 y al final, acabó siendo de 37 (129-92).
"Fuimos tan perfectos como un entrenador pudiese desear", esas fueron las palabras de Coach K tras el partido. Una afirmación tan certera que muestra como Estados Unidos ha vuelto a consolidarse en la cúspide del baloncesto internacional, tras una frustrante etapa vivida durante una parte de la década anterior. No solo han ganado los últimos dos Mundiales, sino que también han ganado los últimos dos torneos Olímpicos, lo que hace pensar si es que se ha vuelto a abrir la brecha entre los norteamericanos y las demás potencias basquetbolísticas del planeta. 33 puntos fue el margen promedio de cada victoria en este campeonato. Y todo, sin algunas de las máximas estrellas de la NBA y en especial, muy en conjunto. Al estilo de Kryzewski.
lunes, 15 de septiembre de 2014
Controlando el ovoide
Dentro de los sistemas tradicionales del fútbol americano, se encuentra el Smashmouth, que consiste en ofensivas basadas en jugadas terrestres, en donde los corredores tienen una alta proporción de toques de balón. El propósito es correr, sumar yardas y anotar, pero también, se trata de consumir el mayor tiempo posible en cada posesión y de golpear a los defensivos en cada jugada hasta cansarlos. En la NFL moderna, son muy pocos los partidos en los que un equipo domina aplicando todos esos elementos, aunque algo que perdura hasta el día de hoy es el control del balón, para manejarlo y anotar, y a su vez, para tener en la banca al contrario. Así fue como Dallas Cowboys, Buffalo Bills y San Diego Chargers ganaron sus partidos de la segunda jornada.
En el caso de los Cowboys y los Bills, nos encontramos con que ambos tuvieron predilección por los acarreos para comenzar sus ofensivas, aunque los primeros lo aplicaron como su modus operandi mientras que los segundos lo hacían para complementar con los pases. Considerando las jugadas de primer down, los Cowboys corrieron 28 veces y en solo dos de ellas, perdieron yardas. Tomando en cuenta los 1st downs, Dallas promedió 5.7 yardas por acarreo, con Demarco Murray como pieza clave, llevando el balón por el centro o entre los tackles. Los linieros ofensivos abren buenos espacios y así lo entendió el entrenador Jason Garrett, quien apenas ordenó siete jugadas de pase en primera oportunidad. Al final, los Cowboys tuvieron el balón por 41:11, sumaron 220 yardas terrestres (167 de Murray con un touchdown) y así, lograron su primer triunfo de la temporada.
Los Bills acabaron su partido con un relativo balance en su selección de jugadas (33 acarreos, 26 pases) y tuvieron el balón en 28:43, pero en situaciones de primera oportunidad, también tuvieron una marcada tendencia a correr, aprovechando la mezcla de fuerza y velocidad que proponen Fred Jackson y C.J. Spiller. De las 22 jugadas que tuvieron en 1° down, en 16 de ellas corrieron, promediando 5.8 por acarreo y en ninguna de esas 16 corridas, tuvieron yardaje negativo. El impacto que tuvieron esas corridas estuvo en la posterior comodidas y efectividad de su mariscal E.J. Manuel para lanzar el balón, en particular al novato Sammy Watkins, a quien encontró en 11 ocasiones, de las cuales en ocho Watkins pudo atrapar el balón, incluyendo uno de touchdown en el final del tercer cuarto. Los acarreos abrieron el camino para el segundo triunfo consecutivo del equipo de Buffalo.
El caso de los Chargers es muy distinto. Son un equipo mucho más pasador que los dos mencionados anteriormente, aunque la semejanza se encuentra en el control de balón que sostuvieron a partir de sus prolongadas marchas, que combinaron adecuadamente los pases con los acarreos (al final del juego: 37 pases y 37 acarreos). Tomando en cuenta sus jugadas de primera oportunidad, el conjunto de San Diego corrió 14 veces y pasó en 12, aunque con el detalle que esos 12 pases en 1° down fueron durante la primera mitad, mientras que en la segunda decidieron correr más, puesto que necesitaban mantener la ventaja que acabó siendo definitiva frente a los Seattle Seahawks. Terminaron promediando 5.0 yardas por jugada en primeros downs y en general, sumaron 377 yardas y tres touchdowns (los tres de Antonio Gates) a través de 42:15 con el balón en su poder. Control y dominio absoluto a partir de su ofensiva y claves fueron sus jugadas en primera oportunidad.
Con una adecuada selección de jugadas y de personal para ejecutar las ofensivas, se pueden conseguir actuaciones muy prolíficas, arrasando en yardas, puntos y tiempo de juego. Viejas recetas que nunca se deben ignorar, así lo entendieron y aplicaron ayer los Cowboys, los Bills y los Chargers. En caso de estos últimos es particularmente llamativo, puesto que derrotaron a los actuales campeones, haciéndolos ver como un equipo vulnerable (¿Habrá influido el calor también?). A tal nivel, que Richard Sherman fue quemado en cinco oportunidades.
En el caso de los Cowboys y los Bills, nos encontramos con que ambos tuvieron predilección por los acarreos para comenzar sus ofensivas, aunque los primeros lo aplicaron como su modus operandi mientras que los segundos lo hacían para complementar con los pases. Considerando las jugadas de primer down, los Cowboys corrieron 28 veces y en solo dos de ellas, perdieron yardas. Tomando en cuenta los 1st downs, Dallas promedió 5.7 yardas por acarreo, con Demarco Murray como pieza clave, llevando el balón por el centro o entre los tackles. Los linieros ofensivos abren buenos espacios y así lo entendió el entrenador Jason Garrett, quien apenas ordenó siete jugadas de pase en primera oportunidad. Al final, los Cowboys tuvieron el balón por 41:11, sumaron 220 yardas terrestres (167 de Murray con un touchdown) y así, lograron su primer triunfo de la temporada.
Los Bills acabaron su partido con un relativo balance en su selección de jugadas (33 acarreos, 26 pases) y tuvieron el balón en 28:43, pero en situaciones de primera oportunidad, también tuvieron una marcada tendencia a correr, aprovechando la mezcla de fuerza y velocidad que proponen Fred Jackson y C.J. Spiller. De las 22 jugadas que tuvieron en 1° down, en 16 de ellas corrieron, promediando 5.8 por acarreo y en ninguna de esas 16 corridas, tuvieron yardaje negativo. El impacto que tuvieron esas corridas estuvo en la posterior comodidas y efectividad de su mariscal E.J. Manuel para lanzar el balón, en particular al novato Sammy Watkins, a quien encontró en 11 ocasiones, de las cuales en ocho Watkins pudo atrapar el balón, incluyendo uno de touchdown en el final del tercer cuarto. Los acarreos abrieron el camino para el segundo triunfo consecutivo del equipo de Buffalo.
El caso de los Chargers es muy distinto. Son un equipo mucho más pasador que los dos mencionados anteriormente, aunque la semejanza se encuentra en el control de balón que sostuvieron a partir de sus prolongadas marchas, que combinaron adecuadamente los pases con los acarreos (al final del juego: 37 pases y 37 acarreos). Tomando en cuenta sus jugadas de primera oportunidad, el conjunto de San Diego corrió 14 veces y pasó en 12, aunque con el detalle que esos 12 pases en 1° down fueron durante la primera mitad, mientras que en la segunda decidieron correr más, puesto que necesitaban mantener la ventaja que acabó siendo definitiva frente a los Seattle Seahawks. Terminaron promediando 5.0 yardas por jugada en primeros downs y en general, sumaron 377 yardas y tres touchdowns (los tres de Antonio Gates) a través de 42:15 con el balón en su poder. Control y dominio absoluto a partir de su ofensiva y claves fueron sus jugadas en primera oportunidad.
Con una adecuada selección de jugadas y de personal para ejecutar las ofensivas, se pueden conseguir actuaciones muy prolíficas, arrasando en yardas, puntos y tiempo de juego. Viejas recetas que nunca se deben ignorar, así lo entendieron y aplicaron ayer los Cowboys, los Bills y los Chargers. En caso de estos últimos es particularmente llamativo, puesto que derrotaron a los actuales campeones, haciéndolos ver como un equipo vulnerable (¿Habrá influido el calor también?). A tal nivel, que Richard Sherman fue quemado en cinco oportunidades.
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