lunes, 25 de marzo de 2019
El basket según Harden
por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike
Apariencia lenta, decisiones rápidas y con una versión propia del Euro Step que ya es inconfundible. El presente curso de la NBA está siendo testigo de la versión más imparable de James Harden, capaz de dominar la escena y anotar en cantidades inigualables, como lo ha hecho en gran parte de sus actuaciones con los Houston Rockets. En las tres campañas anteriores, había bordeado los 30 puntos de promedio, pero en esta ha superado notoriamente esa barrera y ya suma 27 partidos con 40+ puntos y de esa lista, ocho son desempeños superiores a los 50.
El pasado 23 de enero había logrado su récord personal, anotando 61 frente a los Knicks en el Madison Square Garden y la semana anterior volvió a tener esos registros escandalosos, primero con 57 en la casa de los Grizzlies y luego, igualando su marca de 61 frente a los Spurs, partido en el que Harden encestó 9/13 triples y convirtió 13 puntos consecutivos dentro de los cinco minutos finales. Resolvió en el clutch, lo hizo el viernes frente a un amenazante conjunto de San Antonio y como lo ha hecho en otras jornadas. Memorable aquel triple ganador frente a los Warriors, el 3 de enero, totalizando 44 unidades.
El barbón no solo anota porque sí. Cuando toca definir un partido, suele pedir la pelota y resolver con un ataque al aro o con un tiro lejano, precedido de su típico step back. Siempre le ha gustado jugar al Isolation, con el tiempo volvió ese recurso en uno más eficiente para su equipo y así es como Harden tiene a sus Rockets ya clasificados para los playoffs y todavía con opciones de adquirir el primer lugar dentro de su conferencia. Está viviendo su año más prolífico y se refleja en sus 36.4 puntos de media por partido. Un promedio histórico, comparable a los 37.1 que marcó Michael Jordan en 1987 o los 35.4 de Kobe Bryant en 2016, aunque bien lejanos de los 50.4 de Wilt Chamberlain en 1962.
Harden es el MVP vigente de la liga y con sus actuaciones podría revalidar tranquilamente ese premio, al finalizar esta temporada. Lo interesante del caso es que James parece ser consciente de aquello. El viernes, después del triunfo contra los Spurs declaró: “tengo la oportunidad de convertirme en uno de los mejores jugadores de la historia”. Desde sus tiempos como suplente en el Thunder, siempre se distinguió por tener siempre el balón, una faceta que explotó aún más en Houston, equipo al cual llegó en 2012 porque quería ser titular (además de un mejor salario).
En momentos críticos, su equipo descansa en él, lo cual puede ser bueno y malo a la vez. Harden ha demostrado que puede resolver partidos con sus habilidades en el uno contra uno, pero al tener mucho tiempo el balón, por momentos todos los Rockets se estancan y los partidos se vuelven una especie de Harden-against-everyone. Aunque para bien del # 13 y todos sus compañeros, esa fórmula les ha traído buenos resultados. De hecho, cuando Harden ha superado los 40 puntos, Houston ha ganado 20 de 27 partidos.
Y por lo visto, este será el camino que seguirán los Rockets en su búsqueda del título, el cual ha sido esquivo para Harden. En el mejor año de su carrera, buscará seguir batiendo récords anotadores. La prueba será en los playoffs, donde se verá si sus Isolations serán suficientes para vencer a los Warriors o cualquier rival que tengan. Por ahora, James produce y disfruta de sus mayores proezas tiradoras.
Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.
lunes, 18 de marzo de 2019
Ajustes varios
por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike
Los Golden State Warriors salieron victoriosos de sus recientes visitas a los Houston Rockets y al Oklahoma City Thunder. No solo triunfaron, sino que también los vigentes campeones de la NBA exhibieron la intensidad defensiva que parecían haber extraviado hace unas semanas. Contra los Rockets, la diferencia fue de apenas dos puntos pero en el juego se vio como los Warriors bajaron un poco el ritmo de juego, a efecto que los jugadores de Houston tuvieran que esforzarse más de lo común para encontrar sus tiros.
En ese partido, Klay Thompson fue fundamental anotando 30 puntos pero fue todavía más importante defendiendo a los perimetrales, cerrando espacios y siguiendo cortinas. DeMarcus Cousins tuvo su mejor desempeño desde que se integró a Golden State (27 puntos, 8 rebotes, 7 asistencias) mostrando versatilidad en ataque, ya sea para jugar su posición de pívot o como parte de la sucesión de pases que suelen hacer los Warriors, donde Cousins no desentona y le brinda a Steve Kerr una variable con la que no contaba antes.
En el juego de Oklahoma City, la ofensiva marcó el tenor del juego tomando una rápida ventaja en el primer cuarto. Stephen Curry fue la pieza principal con 33 puntos (5 triples), llevando el ritmo del partido a su antojo. La defensa sirvió de complemento, dejando al Thunder en 32% de eficacia al aro y Cousins volvió a ser factor, anotó solo 12 puntos pero su presencia en la llave condicionó muchos tiros incómodos de OKC.
El conjunto de Golden State mantiene su esencia ofensiva, pero ha sido la defensa la que ha tambaleado en diferentes momentos. Estos duelos antes posibles rivales en playoffs les sirvieron para mostrar que siguen siendo el equipo a vencer en toda la liga. Será importante que siga levantando el nivel defensivo, cuestionado hasta hace unos días. Todo dependerá del enfoque que tengan en búsqueda de un eventual tricampeonato y particularmente, de cuanto pueda contribuir Cousins, por quien este equipo invirtió mucho para llevarlo.
Con su reciente victoria, los Philadelphia 76ers aseguraron su presencia en los playoffs. Juegan bien, mueven mucho el balón y son capaces de anotar a grandes cantidades, de hecho han superado los 120 puntos en 25 ocasiones esta temporada. En el juego del domingo ante los Milwaukee Bucks, nunca dejaron de mover la pelota. En principio, abriendo la cancha para buscar el triple o bien, llevando el balón adentro para buscar un tiro más cercano al aro. Su continuo movimiento hace que compartan orgánicamente el balón. Anotaron 47 canastas, de las cuales 26 surgieron mediante asistencias – prácticamente en su media de 27.1, la tercera mejor del torneo.
Otro ejemplo para entender el juego bien colectivo de los Sixers: los cinco titulares promedian al menos 15.0 puntos por partido, un hecho sin precedentes en la NBA. Joel Embiid es quien sobresale con 27.3 puntos + 13.6 rebotes. Dado su tamaño, impone su presencia en la llave pero también cuenta con versatilidad para convertir triples. Ben Simmons, en su segundo año en la liga, continúa creciendo (17.0 puntos, 9.1 rebotes, 7.8 asistencias) y agregando más recursos a su repertorio de jugadas. Mientras que Tobias Harris (19.3 puntos + 7.9 rebotes) ha encajado rápidamente dentro del equipo, a poco más de un mes de haberse integrado.
Queda por ver si los Sixers logran aferrarse al tercer lugar o quizás tener una mejor ubicación rumbo a la postemporada, la podrían necesitar para tener más partidos en casa frente a las potencias del Este, con quienes en general aún están en deuda: 1-1 vs Bucks, 1-3 vs Raptors, 0-3 vs Celtics. Y queda por ver también si pueden ser capaces de, al menos, neutralizar a las amenazas rivales. Pese al triunfo del domingo, permitieron 52 puntos de Giannis Antetokounmpo (récord personal del griego). No pasó nada esta vez, pero actuaciones así suelen ser decisivas en partidos de eliminación.
Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.
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lunes, 11 de marzo de 2019
Ascensos y (potenciales) fracasos
por Miguel Meléndez
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Sin necesidad de hacer tanking y avanzando paso a paso, los Brooklyn Nets sorprenden como uno de los equipos de más notorio progreso de este año en la NBA. Un conjunto entusiasta que ha crecido lentamente bajo la dirección de Kenny Atkinson, en este curso parece haber encontrado una fórmula definida o al menos suficiente para tener 35 triunfos en este tramo de la campaña, con los que estarían entrando a los playoffs. Una racha de seis triunfos en enero les ayudó a tomar confianza y con ello, escalar posiciones en la tabla. En el camino, han tenido triunfos resonantes contra los Rockets y los Sixers de visita y en casa contra los Celtics y los Lakers, con LeBron James en cancha. Después de un complicado febrero, los Nets retomaron la buena senda ganando cinco de sus últimos ocho partidos.
D’Angelo Russell es la cara del resurgir de esta franquicia, no ha faltado a ningún partido de este curso y es la estrella máxima, hasta el momento está logrando los mejores promedios de su corta carrera con 20.4 puntos y 6.8 asistencias por partido. Su primera nominación al reciente Partido de Estrellas fue un reconocimiento a su progreso. Joe Harris y Spencer Dinwiddie son un buen complemento a la producción de Russell. Harris promedia solo 13.6 puntos, pero los consigue con una alta eficiencia de 50.2% desde la cancha y 46.5% en cuanto a triples. Por su parte, Dinwiddie suele ser una de las primeras alternativas de la banca y cumple bastante bien su rol, con 17.3 puntos y 5.0 asistencias por partido.
Por ahora, los Nets estarían entrando a los playoffs, sus primeros desde 2015, pero igualmente miran de reojo al octavo lugar que ocupa el Miami Heat a tres juegos de distancia. Por delante, tienen una gira de dos semanas (siete partidos) en la que estarán visitando al Thunder, al Jazz, a los Clippers, a los Lakers, a los Kings, a los Blazers y a los Sixers. Una durísima prueba que bien pudiera marcar el camino a una eventual clasificación y sobre todo, para ver cuánto sigue creciendo este conjunto.
A un mes del cierre de la temporada regular, los L.A. Lakers no solo estarían fuera de los playoffs sino que figuran dentro de los diez peores registros de la competencia (30-36). ¿Lesiones? ¿Equipo inmaduro? ¿Desbalance ofensivo/defensivo? Hay un poco de todo dentro de ese desorden lagunero. Cuando LeBron James se lesionó en el triunfo navideño frente a los Warriors, la marca de los Lakers en ese momento era 20-14 y apuntaban a meterse dentro de los cinco primeros en el oeste. Desde entonces, James se ausentó 18 partidos y el equipo comenzó a caer al punto de acumular 22 derrotas en 32 partidos.
No ha sido solamente James. Lonzo Ball ha estado inactivo por casi dos meses, Brandon Ingram ha faltado a 14 juegos y Rajon Rondo se ha perdido la mitad de los partidos. Con esas condiciones, ha sido difícil para Luke Walton dar con una rotación definida, en un equipo que desde su origen ya era extraño. El último mes ha sido tormentoso, han perdido cinco partidos consecutivos y nueve de los últimos once. Lo peor del caso, es que en el proceso han permitido 120+ puntos en cuatro ocasiones. La última fue el sábado, cuando los Celtics les anotaron 120 a domicilio, en un partido en que vieron acción Moritz Wagner, quien fue titular, Alex Caruso y Johnathan Williams.
Los Lakers están a 7.5 partidos del último puesto clasificatorio, por lo que es casi utópica una posible entrada a los playoffs. Ahora, la interrogante que surge es: ¿terminar el año con dignidad o coleccionar derrotas para un mejor lugar en el draft? Curioso dilema. De lo que estoy seguro es que este no era el panorama que visualizaba LeBron cuando llegó a los Lakers el año pasado.
Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.
miércoles, 6 de febrero de 2019
Pragmatismo Patriota
por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike
El fútbol americano es, en esencia, un deporte de oposición. Hay que jugar con el balón, sumar yardas y anotar, pero también incluye un componente estratégico, el cual se percibe mucho más en las defensas, que deben impedir que las ofensivas avancen en la cancha. Quienes seguimos la NFL, sabemos que la era actual está definida por los ataques y los partidos de alta anotación. Sin ir más lejos, el Super Bowl del año pasado tuvo 74 puntos (Eagles 41, Patriots 33) y en la temporada que acaba de concluir, hubo un partido con más de 100 puntos (Chiefs 51, Rams 54). Con tantos pases, centenares de yardas y récords ofensivos, se nos fue olvidando que las defensas también existen. Y en el reciente Super Bowl LIII vimos la antítesis del football moderno.
En la definición por el título, estaban los New England Patriots y los L.A. Rams. Dos equipos que estuvieron dentro de los cinco mejores en anotaciones. Partido ofensivo, pensamos muchos. Con lo que nunca contamos, o tal vez lo que nunca tomamos en cuenta, fue la capacidad de los coordinadores defensivos de diseñar esquemas tan eficientes que terminaron anulando a los ataques por gran parte del juego. Football de estrategias, denso, muy de vieja escuela. Por una parte, Wade Phillips armó un plan para que los Rams pudieran confundir a Tom Brady, lo logró en cierta medida ayudando a que el equipo de Los Angeles se mantuviera en la contienda, a pesar de su inoperante ofensiva, que fue neutralizada por otro brillante plan defensivo, en este caso diseñado por Brian Flores y Bill Belichick.
Dentro de ese duelo estratégico, fueron los Patriots quienes resolvieron mejor las situaciones y sobre todo, quienes mostraron más variantes a lo largo del partido. El desempeño defensivo fue para coleccionar. Ante la escasa producción por tierra de los Rams (se notó mucho que Todd Gurley aún no estaba recuperado), estos se volvieron unidimensionales. Jared Goff tuvo que lanzar más el balón y en momentos críticos, como en varios 3° downs, los Patriots presionaron al punto de sacar de ritmo a la ofensiva carnera, que había promediado casi 33 puntos por partido en la temporada. Lo interesante fue ver las formaciones y cómo presionaban los Pats. En algunas secuencias, alineaban cuatro jugadores en la línea y luego del snap, aparecía algún linebacker entrando de forma diferida para apurar a Goff. Y en otras, iban safeties y/o linebackers directo por el quarterback. Un blitz absoluto.
Esa mezcla de jugadas defensivas hizo que Goff estuviera muy incómodo y así fue como nunca pudo entrar en ritmo. Fue capturado cuatro veces, golpeado en otras trece y además, tiró una intercepción cuando los Rams buscaban el empate en el último cuarto. La ejecución fue brillante. Además de tacklear y derribar a Goff, la labor de New England fue muy buena cubriendo pases. Borraron casi todas las rutas largas, obligando a que el # 16 de L.A. tuviera que tomarse más tiempo del debido para buscar receptores. Y además, hubo maniobras oportunas de los secundarios para evitar grandes avances. Un ejemplo, Jason McCourty salvando un posible touchdown de Brandin Cooks, en el tercer cuarto. Momentos así hubo varios más. Cuando costaba anotar, la defensa hizo su cometido para los Patriots.
La mejor ofensiva y a su vez, la mejor secuencia de Brady, llegó en el último cuarto. El # 12 de New England, quien hasta ese momento tenía un discreto desempeño, ligó cuatro pases consecutivos que llevaron el balón hasta la yarda 2. El último pase, una perfecta espiral de 29 yardas con Rob Gronkowski. Acto seguido, Sony Michel anotó en la única jugada en zona roja que hubo en todo el partido. Cuando había que liquidar el partido, los Patriots armaron sus jugadas y las realizaron. Por las condiciones del partido, bastó con jugar solo un poco mejor para hacer la diferencia. Y en la complejidad, estuvo Julian Edelman. Siempre aguerrido, siempre inteligente. Haciendo motions, quiebres, buscando su espacio y atrapando cada pase que le mandaba Brady. Al final, fueron 141 yardas mediante 10 recepciones, muchas útiles para darle aire a los Patriots cuando estaban asediados. Antes de las jugadas triunfales, el # 11 siempre estuvo presente. Por eso, su premio de MVP del partido es merecido.
Para New England, su histórico sexto campeonato no se explica solo en este juego, donde dejaron a los Rams en míseros 3 puntos. Se explica a través de un proceso, donde hubo complicaciones pero donde siempre tuvieron la certeza de llegar hasta el final, una vez más. Seis títulos, todos en el Siglo XXI y todos con Brady en la cancha y con Belichick en las laterales. Una dinastía que tiene valor, considerando el contexto actual regido por el tope salarial. Bajo esas reglas, los Patriots se mueven renovando su plantel cada año y donde se potencian las cualidades de cada jugador, con tal de rendir dentro de sus esquemas. Por metodología y antigüedad, ya se podría considerar a Belichick como el mejor entrenador de la historia. Por durabilidad y adaptación en el tiempo, bien se podría considerar a Brady como el mejor quarterback de toda la vida.
Esta vez no fue necesaria una remontada o un partido supremo de Brady. Solo bastaron 13 puntos y una soberbia actuación defensiva para un nuevo título de los Patriots. En perspectiva, resulta curioso ver que en un año en que hubo muchos partidos con equipos anotando sobre 40 puntos, en el final tuvimos el Super Bowl con menos puntos de la historia (16). ¿Accidente? ¿Casualidad? Se notó que los dos equipos se prepararon para reducir a las ofensivas y mucha atención para la próxima temporada, porque ya hay equipos que están llevando entrenadores con vocación defensiva.
¿Se estarán encontrando los antídotos para aniquilar el passing football? Lo sabremos más adelante. Pero hay que tener claro que sea cual sea la tendencia imperante de juego, los Patriots siempre estarán listos y siempre sabrán cómo enfrentar sus desafíos. Astucia, experiencia y como fue en este Super Bowl, una dosis de pragmatismo. Como buen equipo, siempre encontrarán una forma para ganar y es por eso que los Patriots son el equipo de este siglo en la NFL. Seis campeonatos… ¿más todos los que vengan? Seguro que esa será la consigna, mientras Belichick siga al mando y Brady siga prolongando su juventud.
Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.
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miércoles, 30 de enero de 2019
Objetivo Atlanta
por Miguel Meléndez
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Previo al comienzo de esta temporada en la NFL, muchos apuntaban a los New England Patriots y los L.A. Rams como genuinos aspirantes a disputar el título. Los Patriots, por la experiencia y por seguir contando con Tom Brady y Bill Belichick. Los Rams, por sus cualidades ofensivas y por todos los jugadores fichados en agencia libre. Ambos equipos fueron confirmando esos pergaminos durante el curso, ganaron muchos partidos, pasaron algunas dificultades en diciembre, pero en tiempo de playoffs elevaron su nivel - aún si tuvieron que jugar de visita en el Final Four, y así fue como acabaron llegando a la última semana de competición, donde estarán disputando el Super Bowl LIII, el próximo domingo en Atlanta. Tres meses después del enfrentamiento Red Sox – Dodgers en la Serie Mundial de béisbol, vuelve a darse una definición entre equipos de Boston y Los Angeles. En este caso, podría ser un sexto título para los Patriots o un segundo trofeo Lombardi para los Rams. Como mencionaba en mi anterior columna, podría ser un partido con muchos matices ofensivos, dada la forma en que juegan ambos y también, por la amplitud de talento que hay en estos equipos, podría ser un encuentro con muchos aspectos para tener en cuenta.
Los equipos. Por tercer año consecutivo y por novena vez en este siglo, los New England Patriots llegan al Super Bowl, aunque esta fue una temporada con algunas turbulencias en el camino. Como locales estuvieron sólidos, ganaron todos sus partidos (9-0). Pero de visita hubo muchos problemas. En temporada regular, perdieron cinco de ocho partidos de visita, quizás los dos más resonantes fueron los últimos – en Miami y en Pittsburgh, ambos en diciembre. Permitieron un touchdown mediante laterales a los Dolphins y Tom Brady lanzó una intercepción en zona roja ante los Steelers. Dos sucesos anormales en New England. Pero llegaron los playoffs y volvieron a afianzarse. Sony Michel se convirtió en pieza clave dentro de una ofensiva que está armada para correr y consumir tiempo, restándole carga a Brady quien sigue siendo capaz de superar las 4.000 yardas por temporada. En defensa, permiten yardas pero a cambio casi no permiten jugadas de largo avance, ni tampoco muchos puntos. Aunque en la final de conferencia, los Chiefs les anotaron 24 solo en el cuarto período.
A tres años desde su regreso a California, los Rams se instalan en el Super Bowl, producto de una renovación que comenzó el año pasado con Sean McVay y que repercutió en el desempeño de sus principales jugadores ofensivos. En la actual campaña, estuvieron invictos durante las primeras ocho jornadas y protagonizaron el partido con mayor puntaje de todo el año (54-51 vs Chiefs, 19 de noviembre), pero el bajón que tuvieron en diciembre les costó tener que jugar la final de conferencia como visitantes. En la postemporada, los Rams fueron capaces de ganar de muchas formas: corriendo, como ocurrió contra los Cowboys; lanzando, como fue ante los Saints; y haciendo buenas maniobras defensivas, tal como sucedió en diferentes pasajes de esos partidos. Superaron los 500 puntos y fueron el segundo mejor equipo anotador. En defensa, fueron muy vulnerables a los pases largos en temporada regular, pero en los playoffs han aparecido los jugadores más cotizados. Aqib Talib, Aaron Donald y Ndamukong Suh han sido factor.
Contraste generacional. Este partido presenta la mayor brecha de edad entre quarterbacks y entrenadores, en la historia de los Super Bowl’s. 33 años acaba de cumplir Sean McVay y su contraparte en las laterales, Bill Belichick, es 33 años mayor (66). McVay está completando su segundo año como director técnico y apenas tiene tres partidos de experiencia en postemporada. Belichick disputará el 12° Super Bowl de toda su carrera como entrenador, considerando también sus años como coordinador defensivo, y será su 42° partido en playoffs. Belichick tiene la experiencia y la astucia para enfrentar cada desafío, poniendo atención en cada detalle y exprimiendo todo el potencial de sus jugadores. McVay tiene la juventud y la valentía, que se refleja en los esquemas ofensivos de su conjunto, no teme a arriesgar en momentos complicados y confía en el instinto de sus jugadores. Recientemente se supo que intercambiaron muchos mensajes durante la temporada. McVay toma atención del nivel de excelencia de los Patriots y Belichick observa las innovaciones ofensivas que muestran los Rams. Tan lejanos y tan cercanos a la vez.
En cuanto a los mariscales de campo, 17 años separan a Tom Brady y Jared Goff. Brady (41) jugará este domingo su 9° Super Bowl y su 40° partido de playoffs. Si gana, será el primer jugador en lograr 6 Super Bowl’s y negó tajantemente cualquier opción de retiro. Ya dijo antes que quiere jugar hasta los 45. Goff (24), en su tercer año en la liga, jugará su primer Super Bowl y será tan solo su cuarto partido en postemporada. Es el mayor beneficiado del trabajo de McVay y su rendimiento ha subido notoriamente desde el año pasado. Brady es legendario, Goff es aún emergente. Pero ambos son igual de excelentes y ambos comparten una extraña situación, que radica en sus orígenes. Brady fue ignorado por casi todos los equipos y era catalogado como un jugador lento y sin mayores aptitudes. Goff fue elegido en primer lugar, pero en sus primeros partidos fue calificado como un jugador torpe e impreciso. Bajo entornos ideales y esquemas adecuados, ambos crecieron y se convirtieron en protagonistas. Uno sigue haciendo historia y otro está comenzando a escribirla.
Claves del partido. Los corredores pueden marcar el ritmo de este juego. Los Patriots abrieron sus dos partidos de playoffs corriendo mucho y dominando en el tiempo de posesión. Sony Michel superó las 100 yardas en esos dos juegos y está llevando una carga importante dentro de la ofensiva de New England. Será interesante ver si la línea puede abrir espacios ante una línea defensiva de los Rams que ha neutralizado a Ezekiel Elliott y Alvin Kamara. Del otro lado, la interrogante con los Rams apunta a Todd Gurley y en qué condiciones llegará a este juego. Hasta la lesión sufrida en diciembre, Gurley tenía mucha influencia dentro de esa ofensiva, corriendo incesantemente y siendo una válida opción como ruta de escape para Goff. Para el conjunto de L.A., sería ideal tener en plenitud a Gurley y C.J. Anderson, sobre todo para golpear y cansar a la defensa de los Pats. Si pueden correr, se abre el espacio para el play action, que tan bien suelen ejecutar los Rams.
En un partido que, a priori, estaría marcado por las ofensivas, podrían ser las acciones defensivas las que inclinen la balanza. Los Patriots cuentan con jugadores importantes como Trey Flowers, Kyle Van Noy y Stephon Gilmore, pero a la larga es el uso de estrategias adecuadas la clave para New England. Supieron cubrir toda la cancha para quitarle los pases largos a los Chiefs, minimizaron los acarreos de los Chargers, y ahora ¿cuál será la prioridad para defender contra los Rams? Contener a Gurley parece ser una opción prioritaria y sobre todo, obligar a Goff a lanzar y tener que desplazarse para hacerlo. De parte de los Rams, la clave sería presionar a Brady. El desafío para Aaron Donald, Ndamukong Suh y Dante Fowler es empujar y colapsar el bolsillo protector y dejar al # 12 de los Pats sin tiempo para buscar receptores. Brady no ha sido capturado en los playoffs, pero bien se sabe de la habilidad de Donald para romper bloqueos, aún si es doble marcado. Y mucho ojo con Suh, que mejoró sustancialmente en las últimas semanas
El antecedente. Super Bowl XXXVI, 3 de febrero 2002 – Rams 17, Patriots 20. Los Rams, que por entonces jugaban en St. Louis, llegaban como favoritos por casi 15 puntos según las apuestas y habían arrasado con toda su oposición. Los Patriots eran catalogados como sorpresa, a pesar de haber tenido el segundo mejor récord de su conferencia. La defensiva era el pilar de esos Pats y en aquella definición, le interceptaron dos pases a Kurt Warner – uno de ellos, devuelto a touchdown por Ty Law. Brady, en su primer año como titular, lanzó un touchdown a David Patten y cuando quedaban 1:30 por jugar, dirigió una marcha con cinco pases completos que derivaron en el gol de campo ganador de Adam Vinatieri, cuando el tiempo expiraba. Los Patriots lograban su primer campeonato y volverán a jugar contra los Rams en un Super Bowl, este domingo. Y será el 3 de febrero, al igual que hace 17 años.
Miguel Meléndez es creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.
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miércoles, 23 de enero de 2019
Paciencia
por Miguel Meléndez
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Las recientes finales de conferencia en la NFL trajeron emoción, drama e incertidumbre. Dos partidos definidos en tiempo adicional (un hecho inédito en una ronda de Final Four), controversias arbitrales, buenas actuaciones individuales y jugadas de alto riesgo, pero a la larga nos dejaron dos vencedores que pese a todo, siempre se mantuvieron fieles a sus principios y siempre se las ingeniaron para resolver bajo presión. Justamente, las claves que distinguen a los grandes equipos y que en este caso, marcaron a los L.A. Rams y a los New England Patriots en su camino al próximo Super Bowl.
Los Rams parecían estar destinados al fracaso en el comienzo del juego ante los New Orleans Saints. Le interceptaron un pase a Jared Goff en la tercera jugada y luego, los Saints abrieron un margen de 13 puntos en el primer cuarto. Dentro de la catástrofe, algo no tan terrible: dos de esas tres anotaciones de New Orleans fueron goles de campo, por lo que la diferencia no era tan abismal. A esta altura ya es de conocimiento público que el truco de Johnny Hekker metió a los Rams en el partido. Y desde entonces, el equipo de Los Angeles jugó con más aplomo. Todd Gurley, pese a haber anotado, estuvo limitado (¿aún bajo efectos de la lesión?) y apenas tuvo cinco toques de balón. C.J. Anderson pasó gran parte del juego en la cancha, pero nunca fue factor.
Ante la ineficiencia de los acarreos, fue Jared Goff quien tomó la responsabilidad de conducir a los Rams. Y lo hizo, de a poco. Sumando primeros downs, completando pases con presión encima y lo más interesante, fue ver a Goff buscando una segunda o tercera opción de pase. Hasta hace poco, Goff era criticado por no saber descifrar bien las defensivas rivales. Pero en este partido, supo leer relativamente bien los distintos esquemas de presión y/o cobertura. En ocasiones los Saints mandaban hasta siete jugadores a la carga y en otras, colocaban más jugadores para cubrir los pases largos. Goff supo distribuir el balón de acuerdo a cada situación e incluso, completó tres pases muy importantes en tercer down. Posiblemente, el mejor haya sido un 3° y 3 que, en movimiento, completó con Gerald Everett, avanzando 39 yardas. Saliendo del pocket e identificando la opción ideal, elementos que eran poco comunes en Goff y que supo emplear en este desafío.
Así como la ofensiva fue trabajando lentamente la remontada, la defensiva cumplió en cierta medida con su parte. Después del 0-13 de entrada, permitieron solo 10 puntos más desde el segundo cuarto y además, limitaron casi todos los pases largos de los Saints. No fue casualidad que Drew Brees terminara con solo 249 yardas y que Michael Thomas fuera reducido a 36 yardas en apenas 4 recepciones. Aqib Talib fue responsable, en parte, de cubrir a Thomas, mientras que la eficiencia de Brees fue cayendo debido a la presión que llegaba de los linieros defensivos de los Rams. Lo capturaron solo una vez, pero lo golpearon varias veces como fue en su último pase, que por efecto de un golpe, fue muy bombeado y terminó en manos de John Johnson. La defensiva, que siempre fue muy cuestionada, ha respondido en los playoffs y en particular, los jugadores que llegaron para esta temporada. Ndamukong Suh es otro caso, jugó un partidazo frente a los Saints (1.5 capturas) y creó muchos problemas en la línea junto con Aaron Donald.
No fue precisamente el mismo plan de juego de la ronda anterior, pero algo muy bueno que tuvieron los Rams fueron las alternativas que encontraron para resolver distintas situaciones y sin precipitarse. Nunca parecieron forzar las jugadas ni tampoco buscaron ganar el partido en una sola jugada. Lentamente fueron inclinando el partido a su favor y si bien hubo un fallo referil que les benefició (grosera infracción no marcada de Nickell Robey-Coleman), lo cierto es que los Rams acabaron jugando mucho mejor y todo gracias a una buena planificación. Crédito para Sean McVay, quien en su segundo año al frente de este conjunto tiene a los Rams a un triunfo de ser campeones de la NFL.
Los New England Patriots tuvieron un comienzo arrollador. Anotaron temprano y se tomaron todo el tiempo posible en sus ofensivas para marcar diferencias frente a los Kansas City Chiefs. De hecho, al finalizar la primera parte, los Pats ganaban 14-0 y habían pasado dos tercios del tiempo con el balón. A pesar de una intercepción lanzada por Tom Brady, se mantuvieron dominando el juego. La defensa hizo una primera mitad fenomenal. Los backs defensivos cubrían todo el ancho del terreno para neutralizar a Tyreek Hill (apenas 1 recepción en toda la noche) y Travis Kelce, mientras que al frente ponían presión para confundir y sacar de ritmo a Patrick Mahomes. Un partido redondo de los Pats, hasta que Mahomes pudo desplazarse y completar pases.
La remontada de los Chiefs parecía realizarse, de hecho pasaron arriba dos veces durante el cuarto período, pero los Patriots siempre respondían y siempre anotaban. Siempre. En los momentos más tensos, el plan de juego de Bill Belichick y Josh McDaniels se mantenía intacto. Siguieron corriendo, Sony Michel volvió a superar la centena de yardas. Y cuando el asunto se complicaba en serio, el balón era del mejor. Brady cometió errores, pero ejecutó magistralmente en terceros downs y siempre buscó a los más confiables. Julian Edelman hizo recepciones increíbles, mientras que Rob Gronkowski sacó provecho de cualquier 1-on-1 favorable que tuviera. Brady identificaba el duelo conveniente y movía las cadenas.
La ejecución de Brady en la ofensiva jugada en tiempo extra fue para coleccionarla. 3° y 10, pase por el centro a Edelman – avance de 20 yardas. Luego, otro 3° y 10: otro tiro al centro para Edelman – 15 yardas y el balón seguía siendo patriota. Después, otro 3° y 10: envío a la izquierda para Gronkowski – 15 yardas y dentro de la zona roja. Tres jugadas después, Rex Burkhead atacaba por el centro de la línea ofensiva y anotaba el touchdown ganador para New England, que buscará su sexto trofeo Lombardi. Una impecable marcha de 75 yardas en casi cinco minutos. Ganaron la primera posesión de la prórroga y no devolvieron el balón. Los Patriots tienen experiencia y la demostraron, que fue lo más importante. Por la dificultad y el contexto, esta tiene que haber sido una de las grandes victorias de los Pats en todo el ciclo Brady/Belichick. Desde 2006 que no ganaban como visitantes en playoffs (sin contar los Super Bowl's, que son en cancha neutral).
Cierto, en el partido hubo decisiones arbitrales que beneficiaron a los Patriots (¡qué susto tenía Clete Blakeman!), pero la tropa de Foxboro terminó ganando el juego por méritos propios y aparte, hay que destacar otra cosa: los jueces no tuvieron la culpa de la incapacidad defensiva de los Chiefs. Nunca pudieron atrapar a Brady y cuando tenían resuelto el partido, un offside de Dee Ford les dio otra chance a los visitantes. Patriots y Rams triunfaron como visitantes, en entornos complicados y pasando por situaciones adversas. Ambos equipos salieron adelante y siempre encontraron las jugadas indicadas para resolver sus partidos. Poco a poco, yarda por yarda. Así jugaron estos equipos y así llegarán al último día de la temporada. Todavía falta más de una semana para el Super Bowl LIII, pero por las características de ambos conjuntos, bien podría ser un partido con muchos matices ofensivos, pero por sobre todo, podría ser un duelo muy metódico, tal como ha sido el transitar de estas dos franquicias rumbo a Atlanta.
Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.
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miércoles, 16 de enero de 2019
Correr y ganar
por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike
Demás está comentar, a esta altura, sobre la tendencia ultra-ofensiva de la NFL actual. De hecho, los cuatro finalistas son también son los cuatro mejores equipos anotadores. Pero dentro de esas nuevas costumbres, hay otras antiguas costumbres que no pasan de moda. En tiempo de playoffs, hay viejos conceptos que toman mucha fuerza y que sirven como un arma valiosa para avanzar rondas. Ese fue el caso de los cuatro vencedores de las semifinales de conferencia, cuyos planes ofensivos consistieron en entregar el balón a los corredores y dominar en el tiempo de juego. Los resultados llegaron, en buena medida, por consecuencia de esa estrategia.
Los Kansas City Chiefs no requirieron de un partido excelso de Patrick Mahomes, pero sí tuvieron a Damien Williams quien se destacó desde el comienzo y fue pieza clave para el equipo rojo, al correr con decisión e interpretar los espacios que abrían sus linieros. Williams, por sí mismo, corrió en total 129 yardas a través de 25 acarreos y anotó el primer touchdown del partido, en una genial maniobra donde Williams esquivó a dos defensivos de los Indianapolis Colts, antes de meterse a las diagonales. Los Chiefs dominaron en la línea y eso dio pie para correr con insistencia por todo el partido. Es más, los cuatro touchdowns fueron por tierra (el mejor fue el end around corrido por Tyreek Hill) y como equipo sumaron 180 yardas acarreadas, ayudando a los 39:49 de posesión que tuvieron los Chiefs.
Dos tercios del juego fueron de Kansas City y donde supieron capitalizar, sobre todo en la primera parte. La producción de Williams fue importante y podría serlo también en su próximo partido. Lo destacable fue que le dio una alternativa que no habían tenido los Chiefs, desde que Kareem Hunt fue dado de baja hace más de un mes. El juego de pase es muy bueno, Mahomes hace malabres con el balón. Pero el balance era algo que habían perdido en las últimas semanas y lo pudieron recuperar en su primer partido de los playoffs. Ese control del juego y del tiempo les tendría que servir para el próximo domingo, cuando reciban a los New England Patriots. Un reto mucho mayor.
Mientras Todd Gurley se recuperaba de su lesión, los L.A. Rams ficharon de emergencia a C.J. Anderson y en su corta estancia en el equipo carnero, Anderson ha aprovechado sus chances ganándose rápidamente un espacio dentro de la ofensiva. Para el juego ante los Dallas Cowboys, ambos corredores estaban disponibles y Sean McVay no tuvo mejor ocurrencia que darle el ovoide a los dos y que fueran ellos los que movieran a toda la ofensiva. No solo se repartieron las jugadas, también fueron triturando lentamente a una defensiva que era dominante y que acabó siendo pulverizada por el (evidente) peso de Anderson, quien totalizó 123 yardas en 23 corridas con 2 touchdowns, y Gurley, quien registró 115 yardas en 16 acarreos y una anotación.
Los bloqueos fueron muy claves, ya que además de dominar en el scrimmage, también se ocuparon de Leighton Vander Esch y Jaylon Smith, grandes jugadores deteniendo corridas, pero que en este partido fueron opacados por la buena labor de la línea ofensiva de los Rams. Los pases solo fueron un complemento, Jared Goff apenas llegó a 186 yardas pero liquidó el partido con una escapada suya en 3° y 7, donde se quedó con el balón y corrió 11 yardas sin que nadie pudiera tocarlo. Hasta el quarterback corrió y de forma productiva. En otros partidos, los Rams dejaban de correr cuando estaban en apuros. Pero acá, McVay entendió que había que agotar a los Cowboys y lo hizo mediante 273 yardas totales por tierra y posesión de 36:13. Seguro que querrán repetir la fórmula, cuando tengan que visitar a los New Orleans Saints en un entorno mucho menos amigable que California.
Los corredores son fundamentales dentro de los New England Patriots. Son el complemento a la habitual eficiencia de Tom Brady, quien a sus 41 años sigue ganando en postemporada. Su reciente victoria ante los L.A. Chargers tuvo una alta dosis terrestre, la cual sirvió para atacar, anotar y desgastar a sus rivales en cuestión de dos cuartos. Sony Michel fue importante en muchos partidos de este torneo y lo fue también en este juego, donde sumó 129 yardas en 24 corridas con 3 touchdowns – todos en la primera mitad. Corriendo detrás del fullback o siguiendo bloqueos asignados, Michel explota espacios y mueve el balón, tal como indica la estrategia del coordinador Josh McDaniels. Y mientras Sony conducía el ovoide por tierra, James White también producía, pero por aire. Curiosamente, White no corrió nunca pero sí atrapó 15 pases y sumó 97 yardas. Los corredores avanzaban y conseguían primeros downs, las anotaciones cayeron solas.
En el intermedio, la diferencia era de 35-7 y los Patriots habían anotado en cinco de sus seis ofensivas. Al final del juego, tuvieron el balón por 38:20 y los 21 puntos conseguidos por los Chargers fueron cuando ya quedaba muy poco tiempo. New England desarrolla un plan de ataque ideal, tomando en cuenta las aptitudes de sus jugadores y sobre todo para no desgastar innecesariamente a Brady, y que lance cuando de verdad tenga que hacerlo. Sumar yardas, quemar tiempo y anotar touchdowns. Así mataron el juego en dos cuartos y bien pudieran emplear la misma fórmula cuando tengan que visitar a los Kansas City Chiefs. Serviría para aletargar al público local y también, para tener en la banca a Patrick Mahomes. Seguro que lo deben tener muy en cuenta Josh McDaniels y Bill Belichick.
Los New Orleans Saints no tuvieron una producción muy exuberante por tierra (137 yardas totales), pero la insistencia en correr les ayudó a mantenerse en pie en un momento en que parecían perderse completamente, después que los Philadelphia Eagles tomaran ventaja de 14-0 en el primer cuarto. Sean Payton nunca se desesperó y se mantuvo con su plan de mezclar pases de Drew Brees con jugadas para Alvin Kamara y Mark Ingram. La selección de jugadas sirvió para montar ofensivas de larga duración, como aquella que consumió casi todo el tercer cuarto y acabó en un touchdown de Michael Thomas, y así imponerse en el tiempo de juego con una posesión de 37:50. Por tierra, Kamara tuvo 71 yardas e Ingram sumó 50. Nada espectacular, pero lo suficientemente útil para estirar las ofensivas y con ello, se abrieron las chances para que New Orleans anotara y pudiera remontar el resultado.
A lo largo del año, los Saints siempre han dado mucha utilidad a sus dos corredores. Ingram es un corredor puro, mientras que Kamara es opción para correr y atrapar el balón. De hecho, suele ser un jugador que abre la cancha cuando sale en movimiento. Será muy importante su productividad en el duelo ante los Rams, cuya línea defensiva viene de dejar en 47 yardas corridas a Ezekiel Elliott. Y será importante también que puedan hacer series largas, dado que su defensa es proclive a recibir pases largos. Los Saints, como los otros tres finalistas, son equipos que lanzan y muy bien, pero también necesitan los acarreos para balancear debidamente sus ofensivas. Correr y correr, eso los caracterizó en la reciente etapa y por las características que podría tener el Final Four, ahí también estaría una clave que defina a los participantes del próximo Super Bowl.
Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.
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