lunes, 27 de marzo de 2017
El club de los 70
por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike
En la noche del pasado viernes, Devin Booker hizo historia. El joven base de los Phoenix Suns se convirtió en tan solo el sexto jugador que logra 70 puntos o más en un partido de la NBA (en su caso, fueron exactamente 70), siendo este el undécimo caso en toda la historia. Mucho más que una racha tiradora, mucho más que un gran partido. Booker, como lo supo hacer alguna vez Kobe o en muchas tantas Chamberlain, terminó apoderandose del espectáculo más allá del resultado. Sus compañeros lo buscaron, los defensores lo encaraban, el público del TD Garden acabó aplaudiendolo a él pese al triunfo de los Boston Celtics. Así de extraordinario fue todo, el ascendente jugador de 20 años de edad se metió a una pequeña pero muy selecta lista.
Historia de la NBA / Jugadores con 70+ puntos en un partido
100 Wilt Chamberlain (Philadelphia Warriors, 2/III/1962)
81 Kobe Bryant (Los Angeles Lakers, 22/I/2006)
78 Wilt Chamberlain (Philadelphia Warriors, 8/XII/1961)
73 Wilt Chamberlain (Philadelphia Warriors, 13/I/1962)
73 Wilt Chamberlain (San Francisco Warriors, 16/XI/1962)
73 David Thompson (Denver Nuggets, 9/IV/1978)
72 Wilt Chamberlain (San Francisco Warriors, 3/XI/1962)
71 Elgin Baylor (Los Angeles Lakers, 15/XI/1960)
71 David Robinson (San Antonio Spurs, 24/IV/1994)
70 Wilt Chamberlain (San Francisco Warriors, 10/III/1963)
70 Devin Booker (Phoenix Suns, 24/III/2017)
Booker es el más joven en llegar a 70 puntos en un juego y se suma una lista en la que figuran históricos como David Robinson, Kobe Bryant y que es dominada notoriamente por Wilt Chamberlain, quien encabezaba todas las anotaciones de la liga en buena parte de los años sesentas. El factor común que une a estos casos es que en todos ellos, los jugadores tomaron por lo menos 38 tiros a la canasta y lanzaron, al menos, 18 tiros libres.
El caso de Devin es así. Tras una primera parte normal, con 19 unidades, y donde los Suns ya perdían ampliamente en casa de los Celtics, explotó en la segunda a tal punto que todas las jugadas ofensivas de su equipo pasaban por sus manos durante el último cuarto de juego. Sus compañeros contribuyeron, cometiendo fouls a sus oponentes para frenar el tiempo y tener más posesiones y luego, entregándole el balón. Y Booker cumplía, encestando tiros de toda especie. Bandejas, a media distancia, de tres puntos y desde la línea de libres. Pese al dominio del equipo de Boston en el juego, era la joven estrella de Phoenix quien estaba llevándose toda la atención.
Poco a poco, Booker coleccionaba anotaciones y así fue llenando su ficha estadística hasta redondear los 70 puntos, a los que llegó mediante estos registros: 21/40 tiros al aro, 4/11 triples y 24/26 tiros libres en casi 45 minutos dentro de la pista. Impresionan esos 24 puntos en la línea de libres, de hecho completó sus 70 de esa forma e igualmente, sus 40 intentos a la canasta que representaron casi la mitad de los 86 de todos los Suns, algo muy similar a los anteriores casos de jugadores con 70 o más puntos. Sólo para tenerlos de referencia: Chamberlain llegó a 100 puntos con 63 tiros y Bryant requirió de 46 intentos para alcanzar sus 81 unidades.
Pese al extraño contexto, no hay que desvalorizar lo hecho por Devin. Es la figura dentro de un equipo que intenta armarse para el futuro y que no logra ganar muchos partidos, razón por la que el oriundo de Grand Rapids no suele aparecer mucho en resumenes televisivos o en debates de especialistas y/o fanáticos sobre los mejores jugadores de la liga. En la presente temporada había tenido un par de partidos con 39 puntos, que eran su mayor marca (esos dos partidos fueron jugados en Ciudad de México) y otro con 36, hace un par de semanas, donde liquidó el partido en la última jugada con un triple frente a los Dallas Mavericks.
Pero esto supera a todo lo que había cosechado en su naciente carrera que comenzó hace menos de dos años. Una carta de presentación maciza y bien especial. Setenta, una cifra precisa, redonda. Como si con eso nos estuviera sugiriendo la presencia de una futura gran estrella basquetbolística.
lunes, 13 de marzo de 2017
Lluvia de Rockets
Popularmente, los conceptos correr y lanzar triples están asociados exclusivamente con los Golden State Warriors. Hay mucha verdad en eso, pues el equipo de Oakland ha sobresalido en los últimos años por tener alineaciones relativamente chicas, con mucho juego rápido y triples por doquier. Esa fórmula los ha llevado al éxito, el cual varios equipos han intentado replicar. Y uno de esos conjuntos ha tomado esa forma de juego y la ha exagerado aún más, haciendo del triple su modus operandi.
En la presente temporada, los Houston Rockets se han engolosinado con los tiros largos a tal punto que encabezan la NBA con 40.6 intentos de triple por partido y con 14.7 triples convertidos por cada encuentro, además de ser el equipo con la mayor proporción de triples lanzados, con un 46.7% y de tener el mejor rating ofensivo, con 115.5 puntos por cada 100 posesiones. La llegada de Mike D'Antoni (quien se atrevió a correr el Small Ball durante la década pasada) ha influenciado en esta tendencia triplera. Los Rockets juegan muy rápido (99.0 posesiones por partido, el 4° mayor ritmo del torneo) y lanzan de igual manera, pero no se trata solo llegar y tirar al aro.
El cambio que le ha impreso D'Antoni pasa por haber establecido una serie de movimientos, cortinas altas y rotación precisa del balón, que les ha generado muchos tiros cómodos para cualquiera de sus lanzadores, ya sea Ryan Anderson, Ben Gordon, el recién llegado Louis Williams y por supuesto, su estrella James Harden, quien está viviendo su mejor temporada, en cuanto a calidad de juego y en cuanto a números. Si bien persiste con su costumbre de provocar a los contrarios para que le cometan fouls, el barbudo está moviendo el balón de forma mucho más ágil, involucra mucho más a sus compañeros en las jugadas y ha mejorado en su efectividad tiradora.
Así es como Harden se ha convertido en un jugador mucho más decisivo para el bien de su conjunto, que actualmente se sitúa tercero dentro de su conferencia, y también para su causa. Con tan solo un mes por disputar en la temporada regular, el ex reserva del Oklahoma City Thunder está bordeando la triple decena: 29.1 puntos, 11.2 asistencias y 7.9 rebotes en 36.5 minutos en la pista. Esas once asistencias de media por partido son récord personal, superando por cuatro a sus promedios de las dos temporadas anteriores y como si fuera poco, ha registrado 16 triples decenas, la más reciente fue la que marcó en la noche del domingo contra los Cleveland Cavaliers, con 38 puntos, 10 rebotes y 11 asistencias. Hasta se dio el lujo de meterle un tapón a Kyrie Irving. Méritos propios de un posible MVP.
Aunque, hay que estar alerta con su debilidad: la defensiva. Así como son capaces de correr y anotar muchas canastas, también permiten muchas anotaciones a los oponentes, tal como son los equipos dirigidos por D'Antoni. Colectivamente, suelen ser muy lentos y pasivos en las rotaciones. Y si les mueven mucho el balón, pierden las marcas con relativa facilidad facilitando muchos tiros cómodos a los rivales. En este momento, Houston figura en la medianía de la tabla en cuanto a rating defensivo, permitiendo 108.6 puntos por cada cien posesiones, además de aceptar un 46% de tiros convertidos a los rivales, estando dentro de los 12 equipos que permiten ese porcentaje o peor que aquello.
Un sistema que, con los jugadores adecuados, está rindiendo frutos ofensivamente, brindando grandes exhibiciones, además de contar con un legitimo candidato al premio de Jugador Más Valioso de la temporada en la figura de Harden. Han demostrado ser capaces de transformar los partidos en auténticos "corre-corre" y así lograr imponer su método, aunque queda por ver que pasaría en unos eventuales playoffs, cuando las defensas cobran mayor relevancia. Por ahora, los Houston Rockets están llenando la vista de sus fanáticos a base de ataque y sobre todo, de una lluvia de disparos.
En la presente temporada, los Houston Rockets se han engolosinado con los tiros largos a tal punto que encabezan la NBA con 40.6 intentos de triple por partido y con 14.7 triples convertidos por cada encuentro, además de ser el equipo con la mayor proporción de triples lanzados, con un 46.7% y de tener el mejor rating ofensivo, con 115.5 puntos por cada 100 posesiones. La llegada de Mike D'Antoni (quien se atrevió a correr el Small Ball durante la década pasada) ha influenciado en esta tendencia triplera. Los Rockets juegan muy rápido (99.0 posesiones por partido, el 4° mayor ritmo del torneo) y lanzan de igual manera, pero no se trata solo llegar y tirar al aro.
El cambio que le ha impreso D'Antoni pasa por haber establecido una serie de movimientos, cortinas altas y rotación precisa del balón, que les ha generado muchos tiros cómodos para cualquiera de sus lanzadores, ya sea Ryan Anderson, Ben Gordon, el recién llegado Louis Williams y por supuesto, su estrella James Harden, quien está viviendo su mejor temporada, en cuanto a calidad de juego y en cuanto a números. Si bien persiste con su costumbre de provocar a los contrarios para que le cometan fouls, el barbudo está moviendo el balón de forma mucho más ágil, involucra mucho más a sus compañeros en las jugadas y ha mejorado en su efectividad tiradora.Así es como Harden se ha convertido en un jugador mucho más decisivo para el bien de su conjunto, que actualmente se sitúa tercero dentro de su conferencia, y también para su causa. Con tan solo un mes por disputar en la temporada regular, el ex reserva del Oklahoma City Thunder está bordeando la triple decena: 29.1 puntos, 11.2 asistencias y 7.9 rebotes en 36.5 minutos en la pista. Esas once asistencias de media por partido son récord personal, superando por cuatro a sus promedios de las dos temporadas anteriores y como si fuera poco, ha registrado 16 triples decenas, la más reciente fue la que marcó en la noche del domingo contra los Cleveland Cavaliers, con 38 puntos, 10 rebotes y 11 asistencias. Hasta se dio el lujo de meterle un tapón a Kyrie Irving. Méritos propios de un posible MVP.
Aunque, hay que estar alerta con su debilidad: la defensiva. Así como son capaces de correr y anotar muchas canastas, también permiten muchas anotaciones a los oponentes, tal como son los equipos dirigidos por D'Antoni. Colectivamente, suelen ser muy lentos y pasivos en las rotaciones. Y si les mueven mucho el balón, pierden las marcas con relativa facilidad facilitando muchos tiros cómodos a los rivales. En este momento, Houston figura en la medianía de la tabla en cuanto a rating defensivo, permitiendo 108.6 puntos por cada cien posesiones, además de aceptar un 46% de tiros convertidos a los rivales, estando dentro de los 12 equipos que permiten ese porcentaje o peor que aquello.
Un sistema que, con los jugadores adecuados, está rindiendo frutos ofensivamente, brindando grandes exhibiciones, además de contar con un legitimo candidato al premio de Jugador Más Valioso de la temporada en la figura de Harden. Han demostrado ser capaces de transformar los partidos en auténticos "corre-corre" y así lograr imponer su método, aunque queda por ver que pasaría en unos eventuales playoffs, cuando las defensas cobran mayor relevancia. Por ahora, los Houston Rockets están llenando la vista de sus fanáticos a base de ataque y sobre todo, de una lluvia de disparos.
lunes, 6 de marzo de 2017
Tantas lunas
Hace cuatro meses escribí por última vez algo relativo a la NBA. En esa nota, mencionaba la llegada de Kevin Durant a los Golden State Warriors con todos los pros y contras que eso conllevaba. Admito que tenía muchas dudas, pero me agrada ver como los Warriors mantienen su esencia colectiva, aún con la adición de otro anotador más. Los Warriors iban a paso galopante, liderando el oeste, encabezando los ratings ofensivos de la liga, hasta que Durant se lesionó la semana pasada. Nuevamente han tenido que ajustarse, Stephen Curry está volviendo o al menos tratando de volver a su original rol de ser la (absoluta) primera opción anotadora. Le fue bien el domingo en New York: convirtió 31 puntos y metió casi la mitad de sus triples, pero le tomó mucho tiempo entrar en ritmo. Es más, estuvo toda la semana anterior con problemas tiradores. La excelencia mal acostumbra a la gente, una pequeña racha negativa y ya habían comentaristas hablando de unos "vulnerables Warriors". Este es un largo camino y seguro que Golden State llegará en buena forma a la postemporada, la duda será ver en qué condiciones retornará Durant, quizás por ahí esté la clave de un posible campeonato.
Es muy buena la evolución orgánica que viven los Boston Celtics. El actual plantel se ha ido construyendo paulatinamente con varias selecciones del draft más oportunos traspasos y/o fichajes de agencia libre, como ocurrió en su momento con Isaiah Thomas. Poco a poco se ha construido el equipo, se definió una línea de juego, se fortaleció la defensa y también ha visto como Thomas pasó de ser un decente anotador a una estrella de la liga. Ofensivamente el equipo se ha transformado y de forma sorpresiva siguió el actual patrón de juego en la competencia y así es como los Celtics promedian 12 triples convertidos por partido (3° en la liga) además de tener la séptima mejor eficiencia ofensiva (111.4 puntos por cada cien posesiones, 7° en la liga). Aún están en pleno ascenso, aún tienen matices que trabajar y deficiencias que corregir (¡cómo le cuesta anotar a los reservas!), pero ya están ganando muchos partidos y ya son capaces de darle pelea a los grandes, como ocurrió en el partido del miércoles pasado frente a los Cleveland Cavaliers. Un palo-a-palo que supo resolver Boston, aplicando mucho criterio en las jugadas ejecutadas en los últimos dos minutos.
Se suponía que Lebron James iba a jugar menos este año, que iba a reservar energías para el tramo más importante. Pero resulta que Lebron está jugando 37.6 minutos por partido, dos más de los que jugaba el año pasado y ya se ha ausentado de algunos encuentros, para poder descansar. Lo bueno, para causa suya y de los Cavs, es que James está bordeando la triple decena en cuanto a sus promedios: 25.9 puntos, 8.1 rebotes y 8.9 asistencias. Lebron sigue siendo el jugador más determinante de Cleveland, pero se sabe que necesita más compañía de la que ya tiene. Las adiciones de Kyle Korver, Derrick Williams y el recién llegado Deron Williams indican una mayor variedad en cuanto a cualidades de juego y mayor amplitud para el plantel. Ahora, los Cavaliers quedaron prácticamente con dos jugadores por cada posición. A ver si con eso no sobrecargan de trabajo a James, quien por mucho que sea el MVP de las últimas Finales, en algún momento podría desgastarse.
Anthony Davis, un gran jugador en un equipo pobre. Para desgracia suya, los New Orleans Pelicans figuran antepenúltimos en su conferencia, aunque igualmente están a solo cuatro juegos de distancia respecto del último puesto clasificatorio. Una pena que así sea, pues el uniceja mete la mitad de sus tiros, promedia una doble decena (28.3 puntos, 11.8 rebotes), y aún así su equipo apenas ha ganado un poco más de un tercio de sus partidos. Dos causas para comprender porqué a los Pellies les va mal pese al desempeño de Davis: el equipo tiene la cuarta peor eficiencia ofensiva de la liga (103.8 puntos por cada cien posesiones) y convierten tan solo el 44.4% de sus tiros al aro, el noveno peor porcentaje del torneo. Encima, hace un par de semanas llevaron a Demarcus Cousins, un alero/pívot con muchas condiciones pero muy dado a la indisciplina dentro de la cancha. Un ejemplo: tres faltas cometidas en menos de tres minutos, el viernes pasado frente a los San Antonio Spurs. Así es muy difícil para Davis y su conjunto.
Es muy buena la evolución orgánica que viven los Boston Celtics. El actual plantel se ha ido construyendo paulatinamente con varias selecciones del draft más oportunos traspasos y/o fichajes de agencia libre, como ocurrió en su momento con Isaiah Thomas. Poco a poco se ha construido el equipo, se definió una línea de juego, se fortaleció la defensa y también ha visto como Thomas pasó de ser un decente anotador a una estrella de la liga. Ofensivamente el equipo se ha transformado y de forma sorpresiva siguió el actual patrón de juego en la competencia y así es como los Celtics promedian 12 triples convertidos por partido (3° en la liga) además de tener la séptima mejor eficiencia ofensiva (111.4 puntos por cada cien posesiones, 7° en la liga). Aún están en pleno ascenso, aún tienen matices que trabajar y deficiencias que corregir (¡cómo le cuesta anotar a los reservas!), pero ya están ganando muchos partidos y ya son capaces de darle pelea a los grandes, como ocurrió en el partido del miércoles pasado frente a los Cleveland Cavaliers. Un palo-a-palo que supo resolver Boston, aplicando mucho criterio en las jugadas ejecutadas en los últimos dos minutos.
Se suponía que Lebron James iba a jugar menos este año, que iba a reservar energías para el tramo más importante. Pero resulta que Lebron está jugando 37.6 minutos por partido, dos más de los que jugaba el año pasado y ya se ha ausentado de algunos encuentros, para poder descansar. Lo bueno, para causa suya y de los Cavs, es que James está bordeando la triple decena en cuanto a sus promedios: 25.9 puntos, 8.1 rebotes y 8.9 asistencias. Lebron sigue siendo el jugador más determinante de Cleveland, pero se sabe que necesita más compañía de la que ya tiene. Las adiciones de Kyle Korver, Derrick Williams y el recién llegado Deron Williams indican una mayor variedad en cuanto a cualidades de juego y mayor amplitud para el plantel. Ahora, los Cavaliers quedaron prácticamente con dos jugadores por cada posición. A ver si con eso no sobrecargan de trabajo a James, quien por mucho que sea el MVP de las últimas Finales, en algún momento podría desgastarse.
Anthony Davis, un gran jugador en un equipo pobre. Para desgracia suya, los New Orleans Pelicans figuran antepenúltimos en su conferencia, aunque igualmente están a solo cuatro juegos de distancia respecto del último puesto clasificatorio. Una pena que así sea, pues el uniceja mete la mitad de sus tiros, promedia una doble decena (28.3 puntos, 11.8 rebotes), y aún así su equipo apenas ha ganado un poco más de un tercio de sus partidos. Dos causas para comprender porqué a los Pellies les va mal pese al desempeño de Davis: el equipo tiene la cuarta peor eficiencia ofensiva de la liga (103.8 puntos por cada cien posesiones) y convierten tan solo el 44.4% de sus tiros al aro, el noveno peor porcentaje del torneo. Encima, hace un par de semanas llevaron a Demarcus Cousins, un alero/pívot con muchas condiciones pero muy dado a la indisciplina dentro de la cancha. Un ejemplo: tres faltas cometidas en menos de tres minutos, el viernes pasado frente a los San Antonio Spurs. Así es muy difícil para Davis y su conjunto.
jueves, 9 de febrero de 2017
El Imperio Patriota
por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike
Habían transcurrido apenas cinco minutos del tercer cuarto y los Atlanta Falcons aventajaban a los New England Patriots por 28-3. Los Halcones no solo ganaban: dominaban, asfixiaban, aplastaban a su oponente. El título del Super Bowl LI parecía inminente para el equipo rojo. Jugaban a placer, ejecutando magistralmente, mezclando sus jugadas ofensivas, los defensivos se lanzaban como saetas sobre el primer Patriota que veían para tumbarlo al suelo. Era un recital del equipo inexperto frente a unos Pats que lucían confundidos, descoordinados y hasta cabizbajos.
Cualquiera que haya visto el partido creyó que el asunto estaba resuelto. El desarrollo del juego invitaba a creer ciegamente en ello, aparte que a los Patriots no les resultaba nada. Ninguna cosa. Tom Brady erraba pases y regaló un pick six (algo que nunca ocurre), los receptores soltaban balones como malos de la cabeza, los defensivos se comían casi todas las fintas que les metía Matt Ryan y compañía. Los jugadores de New England parecían inmutables, seguían jugando pero al mismo ritmo con el que habían estado en todo el partido. Movían el balón con dificultades y avanzando pocas yardas, mientras el tiempo corría. Anotaron casi al final del tercer cuarto pero fallaron el punto extra. Hasta eso les salía mal.
Pero en ese momento y casi sin que nadie se diera cuenta, comenzaba a gestarse la remontada más grande en la historia del Super Bowl. El muerto revivía, comenzaba a hilvanar jugadas. Poco a poco, paso a paso. Aún se veía lejana la diferencia en el marcador, pero Brady estaba apareciendo en modo legendario, como en tantas otras noches. Y también estaba apareciendo la defensiva. De ser burlados, pasaron a ser ellos quienes empezaban a presionar a los Falcons. Comenzaron a tacklear mejor, empezaron a presionar a Ryan. Capturas en 3° downs, forzando despejes y hasta un balón. La epopeya parecía aún imposible, pero la inercia estaba cambiando de forma casi inconciente.
New England entró en ritmo, los jugadores comenzaron a asentarse en la cancha, estaban en su universo. Y del otro lado, un impecable equipo de Atlanta comenzaba a desdibujarse. Penalidades que signifcaron primeros downs automáticos para los Pats, algunos pases malos y algunas decisiones tácticas cuestionables, sobre todo en su última ofensiva (¿cuánto tuvo que ver Kyle Shanahan en todo eso?). A los Falcons se les estaban cortando sus alas y los Patriots revivían, siempre apegados a su método, aplicando sus jugadas. Otra vez anotaban y la remontada era cada vez más probable. Y así como tienen una fórmula ganadora, también cuentan con unas agallas tremendas. Porque para jugarse una Statue of Liberty Fake en una conversión de dos puntos hay que ser muy arriesgado y creer mucho en sus propias cualidades. Y como si fuera poco, minutos más tarde Julian Edelman completó una recepción casi imposible en medio de tres Falcons y luego de dos rebotes. Todo el ímpetu era de ellos.
De 3-28 a 28-28. Lo improbable se volvía real. El tiempo reglamentario había finalizado en empate y los Patriots debían completar su remontada en la prórroga, la primera prórroga en Super Bowl's. Más coincidente e histórico ya no podía ser. Al igual que en sus triunfos anteriores, los Patriots requirieron de un excelso Brady, pero también tuvieron a un héroe inesperado. El indicado en esta ocasión fue James White. Desconocido para muchos, pero no para Tom. Siempre lo buscó, en todo el partido. Mientras los demás receptores sufrían para atrapar un mísero pase, White rendía en cada toque de balón. Cada jugada suya generaba algo importante, ya cuando los Pats habían igualado el marcador en el último minuto, su actuación era estelar, digna de MVP (en mi opinión, White tenía tantos méritos como Brady para haber sido premiado como el Jugador Más Valioso del partido). Los trofeos son ganados por grandes jugadores y James se convirtió en uno de esos en el partido más difícil de todos. Talento y actitud, como bien lo destacó el #12 después del partido.
Y fue White quien cerró la histórica gesta, recibiendo el balón, llevándolo a su derecha y entre medio de un trío de Falcons logró cruzar la línea de touchdown. Apenas, de forma estrecha como acabó siendo la diferencia de seis puntos al final del juego. Se completaba la remontada, la más grande en Super Bowl's. Los Patriots obtenían el quinto, el legado se hacía aún más grande. Si habían dudas sobre Brady y Belichick, estas ya tienen que haberse disipado totalmente con este milagroso triunfo. Nunca bajaron los brazos, nunca perdieron la calma, nunca dejaron de jugar. Un equipo grande con todas sus letras, el equipo de este siglo en el fútbol americano.
Muchos no pudimos ver la dinastía de los 49ers de los ochentas con Joe Montana y Bill Walsh, tampoco el reinado de los Steelers en los setentas con Chuck Noll, Terry Bradshaw y toda la cortina de acero, ni mucho menos a los Packers de los sesentas dirigidos por Vince Lombardi, cuyo nombre honra al trofeo del Super Bowl. Pero sí hemos tenido el lujo de ver 15 años de triunfos Patriotas. Han pasado jugadores por montones, pero siempre se mantuvieron Brady y Belichick. Siempre arriba y siempre peleando por ser los mejores. Brady es el quarterback con más títulos y Belichick es el entrenador con más títulos. Bien se les puede denominar como la dupla QB/Coach más gloriosa en la historia de la NFL.
Por todo el carrusel de emociones que tuvo este partido, puede ser considerado como un auténtico clásico. Y también es clásico, a esta altura, ver a los Patriots en el Super Bowl. Y si están ahí, también es clásico ver finales llenos de drama. Como en todas las ediciones que disputaron en este siglo, pero en este lo fue mucho más. A quince años de su sorpresivo primer título y a dos de su cuarto, llegó el quinto. Este triunfo fue especial, sufrido, histórico, dulce... o mejor dicho: "el más dulce de todos", como exclamó el dueño del equipo Robert Kraft, en la presentación del trofeo.
Estamos viviendo la época dorada de los New England Patriots y somos todos testigos.
jueves, 2 de febrero de 2017
Misión Houston (V)
Cómo llegan: los New England Patriots llevan nueve triunfos consecutivos y en sus últimos cinco partidos dominaron a sus rivales por al menos 13 puntos de diferencia. En los playoffs, casi no tuvieron complicaciones para eliminar a los Houston Texans (34-16) y los Pittsburgh Steelers (36-17). Por su parte, los Atlanta Falcons ganaron sus últimos seis partidos y en cinco de ellos, el margen fue de +16 puntos. En los playoffs, barrieron con los Seattle Seahawks (36-20) y los Green Bay Packers (44-21).El experto y el debutante: Tom Brady jugará su séptimo Super Bowl (ganó cuatro de seis) mientras que Matt Ryan llega por primera vez a este encuentro (su récord en playoffs es 3-4). Brady tuvo una extraordinaria temporada regular, pese a perderse el primer mes. Luego, en la postemporada, pasó algunos aprietos con los Texans, pero estuvo implacable contra los Steelers. Su balance en esos dos juegos: 62.5% de pases completos, 671 yardas, 5 touchdowns y 2 intercepciones. Ryan, por su parte, está jugando la mejor temporada de su carrera. En la fase regular, tuvo el mejor rating con 117.1 además de haber lanzado 38 touchdowns, mientras que los playoffs han sido aún mejores: 70.7% de pases completos, 730 yardas, 7 touchdowns y 0 intercepciones.
Los entrenadores: Bill Belichick estará en el décimo Super Bowl de su carrera como entrenador, considerando los tres que estuvo como coordinador defensivo. En total, ha ganado seis - cuatro de ellos como el jefe de New England y sus dos primeros al mando de la defensa de los New York Giants. En tanto que Dan Quinn llega a la gran final en su segundo año como entrenador en jefe, aunque ya tuvo experiencia como coordinador en los dos tazones consecutivos a los que fue con los Seattle Seahawks. De hecho, Quinn dirigía a esa defensa que enfrentó a los Pats hace un par de años. No son los mismos jugadores, pero hay matices defensivos de esos Seahawks que se ven en estos Falcons.
Mejor ofensiva vs mejor defensiva: por sexta vez en la historia, el Super Bowl enfrentará al equipo con más puntos anotados con el conjunto con menos puntos permitidos. En este caso, son los Falcons quienes han explotado la liga con su ataque, el cual promedió 33.8 puntos por partido en la etapa regular y en los playoffs, ese promedio subió a 40.0. Los Patriots encabezaron la liga con 15.6 puntos permitidos en la etapa regular, una media que apenas cambió a 16.5 en las eliminatorias. De las cinco veces anteriores que se dio este particular duelo, cuatro fueron ganados por el equipo con mejor defensiva. Los últimos fueron los Seattle Seahawks en la edición XLVIII, hace tres años.
Jugador a seguir de New England: Legarrette Blount. El corredor puede ser una importante clave para los Patriots, en caso que el partido esté igualado en la parte final. Su tamaño (1.85 metros, 111 kilogramos) puede causar problemas a la defensa de los Falcons, si logra atacar los espacios que intente abrir su línea ofensiva. Blount marcó un récord personal en temporada regular con 18 touchdowns, aunque en los playoffs no ha sido tan fundamental, igual anotó ante los Steelers.Jugador a seguir de Atlanta: Julio Jones. Para muchos, el mejor receptor de la liga. Talentoso y muy sobrio, como alguna vez se mencionó en este espacio, tuvo un juego de 300 yardas el pasado 2 de octubre y en ocho ocasiones, superó las 100 yardas. Capaz de correr toda clase de rutas, puede hacer jugadas decisivas. Será importante ver, primero, qué tipo de marcación le pondrán los Pats (¿personal o doble?) y si puede desarrollar rutas largas. Si logra superar a su adversario, que posiblemente sea Malcolm Butler, podría causar enormes estragos.
Clave colectiva (I): ¿Cuáles Patriots veremos en el comienzo? ¿Soltarán el brazo de Brady de entrada o intentarán dominar el tiempo de posesión con acarreos? Mucho ojo si Brady logra conectar pases rápidos, pueden ayudar a que New England marque el ritmo de juego y de paso, mantenga en la banca a su contraparte. También será interesante ver si presentan alguna formación distinta o algún cambio en el mismo huddle, como supieron hacerlo en la final de conferencia.
Clave colectiva (II): los Falcons necesitan involucrar a sus corredores desde el comienzo, ya sea acarreando el ovoide y también como opciones de pase, ya que en principio toda la atención estará con Jones y en menor medida, con Mohamed Sanu. Devonta Freeman y Tevin Coleman pueden ser decisivos, en la medida que sumen yardas para su escuadra. Atlanta suele hacer ofensivas largas, pero en un partido como este, requieren dar más variedad a las jugadas.
Clave colectiva (III): ¿Veremos más jugadas de blitz o le darán importancia a neutralizar receptores? ambas defensivas pueden presionar, pero no suelen usar muchos esquemas de cinco o más jugadores para llegar al mariscal de campo. Brady puede pasar problemas si es que sus linieros colapsan con la presión, Ryan siempre fue un pasador de pocket pero este año ha empezado a desplazarse más para lanzar.
¿Sabías Qué?
- Tom Brady tiene los récords históricos del Super Bowl en cuanto a pases completos (164), yardas (1.605) y touchdowns (13). Además, será el quartberback de segunda mayor edad en jugar este partido, con 39 años y 186 días.
- Matt Ryan lleva 7 touchdowns y 0 intercepciones en estos playoffs, Podría ser el séptimo quarterback que gane un campeonato sin lanzar una intercepción a través de toda una postemporada. El último: Joe Flacco, en 2012 con los Baltimore Ravens (11 TDs, 0 INTs).
- Los New England Patriots nunca anotaron en primeros cuartos de los seis Super Bowl's jugados con Brady/Belichick. Eso sí, este año convirtieron 130 puntos en primeros cuartos de la temporada regular, solo los Falcons anotaron más que ellos (139) en los 15' iniciales.
- Los Atlanta Falcons suman ocho partidos consecutivos anotando un touchdown en su primera ofensiva. En los últimos 15 años, ningún otro equipo logró hilvanar más de cinco.
jueves, 26 de enero de 2017
Misión Houston (IV)
Los grandes equipos de la NFL pasan por una etapa evolutiva, en la cual los jugadores crecen, el colectivo se consolida y con ello, empiezan a gestarse victorias que los llevan a enfrentar desafíos mayores, los cuales conducen a la posibilidad de pelear por el campeonato. Todo eso viven actualmente los integrantes de los Atlanta Falcons quienes, a pesar de relativa inexperiencia, lograron sortear de forma brillante sus partidos de playoffs, sacando provecho de su ventaja de localía y ganándose el derecho de representar a su conferencia en el Super Bowl LI.Desde su llegada a los Falcons en la temporada pasada, el entrenador en jefe Dan Quinn se ha encargado de fortalecer el carácter de este conjunto que solía ser talentoso pero frágil y por lo mismo, estaban lejos de los primeros lugares. Ese cambio de carácter se ve reflejado en Matt Ryan, quien hasta hace algún tiempo era solo un correcto pasador. Esos tiempos ya pasaron y ahora, Ryan se está convirtiendo en un quarterback con todas sus letras. Dirige a su tropa, se maneja dentro del pocket, pasa el balón con rapidez y precisión, se desplaza cuando es presionado y hasta se atreve a correr con el ovoide, siendo que antes nunca salía del pocket. Una prueba de esto último fue el acarreo de 14 yardas que terminó en touchdown, en el juego del domingo pasado frente a los Green Bay Packers. Una vez conseguida la anotación, Matt celebró efusivamente. Un carácter distinto.
El equipo de Atlanta llegará a la disputa del Trofeo Lombardi con la mejor ofensiva del torneo (Puntos por partido: 33.8 en temporada regular, 40.0 en playoffs), pero su defensiva ha sido igual de valiosa en las últimas semanas. El ímpetu de sus jugadores se ha potenciado con disciplina para aplicar sus jugadas. Crean espacios y colapsan la línea, para que entre Vic Beasley o cualquier otro linebacker a ejercer presión, mientras los esquineros y safeties cuidan cualquier ruta de largo trayecto de la ofensiva rival. Así fue como lograron maniatar a Russell Wilson y a Aaron Rodgers, dos mariscales con experiencia, que saben desplazarse y saben completar jugadas en momentos claves. Ambos fueron limitados, debido a la velocidad y ejecución de los Falcons. Una referencia: siete de los once titulares defensivos tienen menos de dos años de trayectoria en la liga. Están progresando y a paso firme.
En algún momento de su vida, Vince Lombardi profesaba este dicho: "ganar es un hábito". Aquella sentencia calzaba perfectamente con sus Packers, quienes ganaron cinco campeonatos durante la década de los 60s, y también aplica cabalmente con los New England Patriots, quienes bajo el mando de Bill Belichick (2000 a la fecha) jugarán su séptimo Super Bowl e irán por su quinto título. Ningún equipo ha ganado tantos partidos ni tantos trofeos como los Pats en el Siglo XXI y eso se debe al liderazgo de Belichick, quien forma y prepara a sus jugadores para competir en el más alto nivel y siempre con el propósito de llegar lo más alto posible.
Pasan los años, cambian casi todos los jugadores, pero el método y las técnicas persisten. Inteligencia para ejecutar correctamente el rol asignado, para seguir al pie de la letra la estrategia diseñada para el partido y para crear grandes jugadas en momentos precisos. Un factor común de los Patriots en la era Belichick es que su defensiva permite yardas y hasta algunos puntos, pero siempre logran jugadas que cambian el destino de un partido. Un ejemplo: el domingo pasado, en el último minuto de la primera mitad del duelo ante los Pittsburgh Steelers, esta unidad logró frenar tres veces a los Steelers dentro de las últimas cinco yardas de la cancha, previnieron un touchdown que hubiese acercado a Pittsburgh en el marcador y a cambio, los limitaron a solo tres puntos. Ahí, la diferencia era de ocho. Acabó siendo de 19.En este conjunto hay un jugador que aplica todos los conceptos mencionados, pero dado su talento, los lleva a un nivel mayor. A sus 39 años de edad, Tom Brady se mantiene vigente y está marcando uno de sus mejores años en la liga, gracias a su actitud y su disposición de hacer siempre todo lo mejor por el bien de su equipo. No tiene problemas en repartir el balón a sus corredores, como pasó en varios partidos de esta temporada, si esa es la estrategia adecuada según Belichick y si el juego pasa por sus lanzamientos, mejor aún. El domingo pasado despedazó a los Steelers, quienes intentaron jugar defensa zonal. Brady manejó el ritmo del juego, cambió de formaciones a su antojo y acabó completando 384 yardas (récord personal en playoffs) con tres touchdowns, dos con Chris Hogan y uno con Julian Edelman, quienes atraparon toda clase de pases y en diversos puntos de la cancha. Hasta hubo espacio para un flea flicker.
En definitiva, serán los Patriots y los Falcons quienes definan al nuevo campeón de la NFL en la 51° edición del Super Bowl. Para Brady, Belichick y varios de los jugadores de New England es una final más para sumar otro título más a sus legados. Para Ryan, Julio Jones y la gran mayoría de los miembros de Atlanta es la oportunidad de cumplir un sueño. Por las cualidades de ambos equipos y por el momento que pasan, están todas las condiciones dadas para tener un gran partido el próximo 5 de febrero en Houston y más vale que sea así, puesto que en los 10 juegos disputados en estos playoffs, siete de ellos se definieron por 15+ puntos. Hay que remontarse al 2002 para encontrar un caso idéntico.
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jueves, 19 de enero de 2017
Misión Houston (III)
Los playoffs de la NFL, un terreno en el que se ganan las batallas, se forjan los campeones y se consagran las leyendas. Este último termino puede ser perfectamente asociable con Aaron Rodgers, quien está marcando una serie legendaria. Si en el juego de Wild Card fue capaz de completar un pase de Ave María, en el reciente partido divisional de sus Green Bay Packers contra los Dallas Cowboys hizo todo lo humanamente posible para conducir a su equipo rumbo a la victoria.
Rodgers es capaz de manejar el ritmo del partido, con su liderazgo, sus decisiones en la cancha, sus pases y su astucia, con la que saca de quicio a los rivales, provocando offsides u otras infracciones que generan avances automáticos para Green Bay. Es tal su capacidad que no tiene vergüenza en señalizar a sus compañeros que aceleren el paso, si encuentra a la defensiva rival con 12 jugadores en la cancha.
Su precisión quirúrgica se refleja en los pases de más de 20 yardas, lanzados directamente a las manos de sus receptores, sin importar si el balón pasa rozando alguna mano adversaria. Es como si Aaron tuviera cada movimiento calculado, el suyo para tirar el balón y el de sus receptores en cuanto a sus rutas. Dentro del pocket es implacable y fuera de él lo es todavía más. Cuando se desplaza, nunca pierde de vista las trayectorias de sus compañeros, quienes lo ayudan recorriendo sus rutas o bien, improvisando sobre la marcha cuando la jugada parece romperse.
El ejemplo más claro de eso último se dio en aquel pase a Jared Cook en la última ofensiva del domingo pasado, cuando Rodgers se movió a su izquierda y mientras tomaba espacio vio en todo momento como Cook lograba separarse de los defensores. Así fue como el pase fue lanzado a un punto en que solo el receptor lo podía atrapar. De hecho, en una toma se vio como Rodgers le indicaba a Cook como debía colocar sus pies para completar la jugada.
Solo para tener una idea del nivel en el que se encuentra el #12 de los Packers, en estos playoffs tiene una precisión de 84% en pases lanzados fuera del pocket (14 de 17) con 220 yardas, un abuso comparado con el resto de los quarterbacks combinados quienes apenas completan 40% con 200 yardas entre todos. Y como si fuera poco, en los últimos dos años Rodgers ha completado ocho pases de +30 yardas en el último minuto de cada mitad. Calificarlo de excelente, en este momento, sería algo mezquino. Es mucho más que eso.
Rodgers es el jugador más valioso del equipo empacador, pero no juega solo. Así como sus receptores completan atrapadas que parecen imposibles, también está Mason Crosby quien demostró lo confiable que es y lo hizo en un momento de máxima presión, conectando dos goles de campo de +50 yardas en los dos minutos finales. El primero, de 56 yardas y el segundo, de 51 yardas, en la última jugada del partido, coronando el esfuerzo que había hecho Aaron y compañía en los segundos finales del enfrentamiento. Ocho victorias consecutivas, sacaron a los Cowboys quienes habían entrado en primer lugar a los playoffs y se nota que están con la confianza por las nubes. El conjunto de Green Bay llega en su mejor momento a la final de conferencia.
El resto de la jornada
No hay secretos con los Atlanta Falcons. Son un equipo pasador y así es como juegan sus partidos, de principio a final. Un pasador como Matt Ryan (¿MVP de esta temporada?) que explota cualquier espacio que le concedan los rivales, receptores como Julio Jones y Mohamed Sanu que se esparcen por toda la cancha, acumulando yardas y touchdowns por doquier, y corredores como Devonta Freeman y Tevin Coleman que complementan de forma precisa en el esquema. Como si nada, les metieron 36 puntos a los Seattle Seahawks, cuya defensiva no tuvo forma de parar este circo aéreo que tendrá una última función en su Domo, el próximo fin de semana.
Fue extraño el partido entre los Houston Texans y los New England Patriots. Extraño, porque los Pats rindieron por debajo de sus estándares habituales, con muchos pasajes imprecisos y hasta perdiendo el balón en un par de ocasiones. Extraño, porque la estrella ofensiva fue Dion Lewis quien anotó de tres formas distintas: mediante un acarreo, devolviendo un kickoff (98 yardas) y atrapando un pase de Tom Brady. Lo que no tuvo nada de extraño fue el rendimiento ofensivo de los Texans, quienes tuvieron problemas para mover el balón, desaprovecharon oportunidades y su mariscal Brock Osweiler tiró dos intercepciones que acabaron decidiendo el juego. New England jugará la final de conferencia por sexta vez consecutiva.
En la crónica anterior, indicaba que los Pittsburgh Steelers podrían seguir requiriendo de una alta y eficiente dosis terrestre, si deseaban seguir avanzando en los playoffs. Dicho y hecho: Leveon Bell corrió 30 veces y acumuló 170 yardas, las que ayudaron notoriamente a que el conjunto acerero dominara en el tiempo de posesión y con ello, aseguraron el triunfo en casa de los Kansas City Chiefs, pese a no haber convertido touchdowns. Todos los puntos fueron logrados por su pateador Chris Boswell quien marcó seis goles de campo, los cuales son una nueva marca en partidos de playoffs. Pittsburgh volverá a jugar de visita, pero tiene las armas necesarias como para llegar al Super Bowl LI.
Finales de Conferencia
Campeonato NFC: Green Bay Packers / Atlanta Falcons, en Georgia Dome.
Se enfrentaron el 30 de octubre en ese mismo escenario. Fue un partido rápido y muy dinámico, donde el marcador se movió constantemente y al final, terminó ganando el equipo de Atlanta por la mínima diferencia (33-32), gracias a una conexión de último minuto entre Ryan y Sanu. Ambos equipos son definidos por sus ofensivas, vienen de superar las 400 yardas totales en la ronda divisional y ambos llegan en muy buena forma a este duelo. Un antecedente de postemporada: 15 de enero de 2011, los Packers siendo sextos clasificados borraron a los Falcons tras anotarles 48 puntos. Rodgers anotó por aire y por tierra, en tanto que Ryan regaló un pick six. Green Bay acabó ganando el Super Bowl XLV.
Campeonato AFC: Pittsburgh Steelers / New England Patriots, en Gillette Stadium.
En temporada regular, los Patriots ganaron tranquilamente el enfrentamiento del pasado 23 de octubre (27-16), pero con un detalle muy considerable: Landry Jones era el quarterback titular de los Steelers, debido a una lesión de Ben Roethlisberger. New England llega a este domingo con ocho triunfos consecutivos y Pittsburgh con nueve, y por increíble que parezca, será tan solo la segunda ocasión que Brady y Roethlisberger coincidan en un juego de playoffs. La vez anterior fue el 23 de enero de 2005, los Pats ganaron a domicilio y eventualmente se adjudicaron el Super Bowl XXXIX. Tom estaba invicto en playoffs (9-0 por entonces), mientras Ben estaba terminando su primer año en la liga. Otros tiempos.
Rodgers es capaz de manejar el ritmo del partido, con su liderazgo, sus decisiones en la cancha, sus pases y su astucia, con la que saca de quicio a los rivales, provocando offsides u otras infracciones que generan avances automáticos para Green Bay. Es tal su capacidad que no tiene vergüenza en señalizar a sus compañeros que aceleren el paso, si encuentra a la defensiva rival con 12 jugadores en la cancha.
Su precisión quirúrgica se refleja en los pases de más de 20 yardas, lanzados directamente a las manos de sus receptores, sin importar si el balón pasa rozando alguna mano adversaria. Es como si Aaron tuviera cada movimiento calculado, el suyo para tirar el balón y el de sus receptores en cuanto a sus rutas. Dentro del pocket es implacable y fuera de él lo es todavía más. Cuando se desplaza, nunca pierde de vista las trayectorias de sus compañeros, quienes lo ayudan recorriendo sus rutas o bien, improvisando sobre la marcha cuando la jugada parece romperse.
El ejemplo más claro de eso último se dio en aquel pase a Jared Cook en la última ofensiva del domingo pasado, cuando Rodgers se movió a su izquierda y mientras tomaba espacio vio en todo momento como Cook lograba separarse de los defensores. Así fue como el pase fue lanzado a un punto en que solo el receptor lo podía atrapar. De hecho, en una toma se vio como Rodgers le indicaba a Cook como debía colocar sus pies para completar la jugada.
Solo para tener una idea del nivel en el que se encuentra el #12 de los Packers, en estos playoffs tiene una precisión de 84% en pases lanzados fuera del pocket (14 de 17) con 220 yardas, un abuso comparado con el resto de los quarterbacks combinados quienes apenas completan 40% con 200 yardas entre todos. Y como si fuera poco, en los últimos dos años Rodgers ha completado ocho pases de +30 yardas en el último minuto de cada mitad. Calificarlo de excelente, en este momento, sería algo mezquino. Es mucho más que eso.
Rodgers es el jugador más valioso del equipo empacador, pero no juega solo. Así como sus receptores completan atrapadas que parecen imposibles, también está Mason Crosby quien demostró lo confiable que es y lo hizo en un momento de máxima presión, conectando dos goles de campo de +50 yardas en los dos minutos finales. El primero, de 56 yardas y el segundo, de 51 yardas, en la última jugada del partido, coronando el esfuerzo que había hecho Aaron y compañía en los segundos finales del enfrentamiento. Ocho victorias consecutivas, sacaron a los Cowboys quienes habían entrado en primer lugar a los playoffs y se nota que están con la confianza por las nubes. El conjunto de Green Bay llega en su mejor momento a la final de conferencia.
El resto de la jornada
No hay secretos con los Atlanta Falcons. Son un equipo pasador y así es como juegan sus partidos, de principio a final. Un pasador como Matt Ryan (¿MVP de esta temporada?) que explota cualquier espacio que le concedan los rivales, receptores como Julio Jones y Mohamed Sanu que se esparcen por toda la cancha, acumulando yardas y touchdowns por doquier, y corredores como Devonta Freeman y Tevin Coleman que complementan de forma precisa en el esquema. Como si nada, les metieron 36 puntos a los Seattle Seahawks, cuya defensiva no tuvo forma de parar este circo aéreo que tendrá una última función en su Domo, el próximo fin de semana.
Fue extraño el partido entre los Houston Texans y los New England Patriots. Extraño, porque los Pats rindieron por debajo de sus estándares habituales, con muchos pasajes imprecisos y hasta perdiendo el balón en un par de ocasiones. Extraño, porque la estrella ofensiva fue Dion Lewis quien anotó de tres formas distintas: mediante un acarreo, devolviendo un kickoff (98 yardas) y atrapando un pase de Tom Brady. Lo que no tuvo nada de extraño fue el rendimiento ofensivo de los Texans, quienes tuvieron problemas para mover el balón, desaprovecharon oportunidades y su mariscal Brock Osweiler tiró dos intercepciones que acabaron decidiendo el juego. New England jugará la final de conferencia por sexta vez consecutiva.En la crónica anterior, indicaba que los Pittsburgh Steelers podrían seguir requiriendo de una alta y eficiente dosis terrestre, si deseaban seguir avanzando en los playoffs. Dicho y hecho: Leveon Bell corrió 30 veces y acumuló 170 yardas, las que ayudaron notoriamente a que el conjunto acerero dominara en el tiempo de posesión y con ello, aseguraron el triunfo en casa de los Kansas City Chiefs, pese a no haber convertido touchdowns. Todos los puntos fueron logrados por su pateador Chris Boswell quien marcó seis goles de campo, los cuales son una nueva marca en partidos de playoffs. Pittsburgh volverá a jugar de visita, pero tiene las armas necesarias como para llegar al Super Bowl LI.
Finales de Conferencia
Campeonato NFC: Green Bay Packers / Atlanta Falcons, en Georgia Dome.
Se enfrentaron el 30 de octubre en ese mismo escenario. Fue un partido rápido y muy dinámico, donde el marcador se movió constantemente y al final, terminó ganando el equipo de Atlanta por la mínima diferencia (33-32), gracias a una conexión de último minuto entre Ryan y Sanu. Ambos equipos son definidos por sus ofensivas, vienen de superar las 400 yardas totales en la ronda divisional y ambos llegan en muy buena forma a este duelo. Un antecedente de postemporada: 15 de enero de 2011, los Packers siendo sextos clasificados borraron a los Falcons tras anotarles 48 puntos. Rodgers anotó por aire y por tierra, en tanto que Ryan regaló un pick six. Green Bay acabó ganando el Super Bowl XLV.
Campeonato AFC: Pittsburgh Steelers / New England Patriots, en Gillette Stadium.
En temporada regular, los Patriots ganaron tranquilamente el enfrentamiento del pasado 23 de octubre (27-16), pero con un detalle muy considerable: Landry Jones era el quarterback titular de los Steelers, debido a una lesión de Ben Roethlisberger. New England llega a este domingo con ocho triunfos consecutivos y Pittsburgh con nueve, y por increíble que parezca, será tan solo la segunda ocasión que Brady y Roethlisberger coincidan en un juego de playoffs. La vez anterior fue el 23 de enero de 2005, los Pats ganaron a domicilio y eventualmente se adjudicaron el Super Bowl XXXIX. Tom estaba invicto en playoffs (9-0 por entonces), mientras Ben estaba terminando su primer año en la liga. Otros tiempos.
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