jueves, 25 de enero de 2018

Robándose el show


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Es cierto que los New England Patriots y los Philadelphia Eagles se ganaron su derecho de estar en el Super Bowl LII debido a excelsos desempeños colectivos. En caso de los Pats, una gran ejecutoria más la capacidad de Bill Belichick y sus asistentes de saber ajustar a tiempo, fueron las claves para el triunfo ante los Jacksonville Jaguars, mientras que las Águilas reaccionaron a una tempranera anotación en contra y terminaron arrasando frente a los Minnesota Vikings, con una versátil ofensiva y una línea defensiva que dominó al punto de limitar las opciones de sus rivales.

Grandes equipos que tienen muchas habilidades, pero que también cuentan con jugadores que marcaron la diferencia cuando más contaba, como fue en los casos de Danny Amendola y de Nick Foles. Partamos por Amendola, quien emergió como la principal arma ofensiva de los Patriots en la remontada del cuarto período frente a los Jaguars. En los 15 minutos finales, Tom Brady lo buscó en siete ocasiones y Danny atrapó cinco de esos pases - en los tres cuartos anteriores, había atrapado solo dos. Anotó los dos touchdowns con los que New England terminó asegurando el partido y en la anotación ganadora, realizó una maniobra digna de una ovación, al mantener los dos pies dentro de la cancha al mismo tiempo en que mantenía el balón en sus manos, tras hacer un exigente salto.

El pase de Brady fue bueno, pero la habilidad de Amendola fue aún mejor. Y no hay que olvidar, que fue el mismo # 80 quien situó a su equipo a 30 yardas del endzone para comenzar esa serie, luego de haber corrido 20 yardas tras un despeje. Hizo de todo y en el momento de mayor tensión en el partido. Así como en jornadas anteriores aparecieron otros jugadores como Rob Gronkoswki o James White, esta vez fue Amendola la pieza clave del equipo de New England y fue uno de los artífices del triunfo que los pone en su octavo Super Bowl de este siglo. Van por el bicampeonato y el sexto título de su historia.

Se nota mucho la influencia de Doug Pederson y Frank Reich, quienes han hecho rendir a los Philadelphia Eagles pese a las considerables bajas que han sufrido por diversas lesiones. Había muchos cuestionamientos sobre Nick Foles, básicamente porque era suplente y por si iba a ser capaz de suplir a Carson Wentz, quien hasta su lesión sufrida a mediados de diciembre, estaba firmando una campaña de categoría MVP. La verdad es que Foles no solo ha respondido, sino que ha jugado con mucha soltura y dominio del esquema y en ello se pueden notar sus aptitudes, las cuales supo aplicar frente a los Vikings. Supo leer las coberturas, se movió bien dentro del pocket y tuvo paciencia para tomar buenas decisiones, como fue en aquel touchdown de 53 yardas con Alshon Jeffery, en el segundo cuarto.

En esa jugada, Foles se tomó el tiempo para buscar al mejor receptor disponible y vio como fallaban los Vikings en cobertura, dejando libre a Jeffery cerca del endzone. Apenas vio ese espacio, Nick soltó un pase largo y bien preciso, digno de un quarterback de postemporada. Eso es ejecución y eso también es talento del mariscal, quien supo mantenerse dentro del bolsillo protector, pese a la presión rival, y después identificar a su mejor receptor. Foles falló apenas siete pases el domingo pasado (26/33, 352 yardas, 3 touchdowns y 141.4 rating) y en los dos partidos jugados en playoffs, promedia 77.8% de pases completos y su rating es de 122.1. Le han preparado un esquema adecuado, pero él también ha puesto de su parte tomando muy buenas decisiones. Frente a los Vikings, no parecía ser el reserva.

Dadas las cualidades de ambos, no debiera sorprender que tanto Amendola como Foles sean protagonistas en sus respectivos equipos, en el partido del próximo 4 de febrero. Pero tomando en cuenta el nivel de jugadores tanto en los Patriots como los Eagles, bien podrían aparecer otros personajes que acaparen la atención, tal como lo hizo White el año pasado anotando tres veces frente a los Atlanta Falcons, o como podría hacerlo LeGarrette Blount, quien integró al equipo de New England el año pasado y en esta postemporada, ya ha anotado dos veces para Philadelphia y ambas anotaciones dentro de las últimas 20 yardas. No es casual que estos dos equipos hayan ingresado a los playoffs con las mejores marcas de sus conferencias y tampoco es casual que hayan sido capaces de llegar al próximo Super Bowl, pese a haber sufrido diversas bajas. A priori, el partido por el campeonato de la NFL podría ser un duelo de interesantes estrategias, pero también un partido en el que el talento de determinados jugadores podrían ser factor, como ya lo hicieron Amendola y Foles en las recientes finales de conferencia.

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

jueves, 18 de enero de 2018

¿Sólo basta con un buen mariscal?


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

No tan rápido...

Sí, siempre es necesario contar con un gran quarterback para ganar y llegar lejos en la NFL. Sobre todo, con las reglas actuales que favorecen a las ofensivas. Pero nunca hay que perder de vista que en la mayoría de los casos, un buen mariscal de campo es tan importante como tener una gran escuadra que funcione bien colectivamente. Los cuatro finalistas del presente torneo nos recuerdan lo valioso que es contar con un balance en cada una de las facetas que componen este juego.

Ya en la fase anterior, habíamos visto lo necesarios que son los corredores y las defensivas para ganar partidos difíciles. En la reciente ronda divisional, vimos lo fundamental que puede ser el hecho de contar con muchas opciones confiables para ejecutar estrategias o jugadas específicas. Así como los Vikings lograron un agónico triunfo con un mariscal que no había sido elegido en el draft y los Eagles ganaron jugando con un pasador que hace un mes estaba hundido en la banca, los Jaguars vencieron con una ofensiva tradicional (si es que cabe el término) y los Patriots emplearon sus estrategias defensivas a cabalidad con un puñado de jugadores que, en su mayoría, deben ser completos desconocidos para el común de la gente. Trabajo en equipo que bien merece ser reconocido.

Se ha vuelto rutinario ver a los New England Patriots llegando hasta lo profundo de la postemporada. Por séptimo año consecutivo, se sitúan dentro de los cuatro finalistas de la liga. Se lee fácil, pero no lo es. Cada año van renovando el plantel, cada año Bill Belichick debe hacer diferentes ajustes a sus esquemas de acuerdo a los jugadores con los que cuenta, cada año este equipo exhibe distintas formas de jugar y lograr victorias, cada año emergen nuevos protagonistas y cada año juega mejor Tom Brady.

Claro, el jugador que marca la diferencia es Brady, pero sí en un momento dado resulta mejor la opción de darle el balón a cualquiera de los corredores, bienvenido sea. Brady no solo luce bien físicamente a sus 40, sino que sigue tomando muy buenas decisiones dentro de la cancha, desenvolviéndose de forma magistral dentro del pocket. La defensa pasó apuros durante un cuarto contra los Titans, pero llegaron los ajustes y problema resuelto. Al poco rato, Marcus Mariota dejó de crear peligro y pasó a estar bajo continua presión. Do Your Job es el lema en Foxboro y lo cumplieron tal cual por una semana más. Un triunfo más y podrían tener la chance de jugar por un sexto trofeo Lombardi.

Típico que durante los playoffs, mucha gente que no sigue mucho el football durante el año empieza a ver los partidos. Este público suele dejarse llevar por nombres y prejuicios y le cuesta entender como un equipo como los Jacksonville Jaguars, quienes venían de campañas muy malas, logra meterse hasta el Final Four. De los cuatro equipos que siguen en competencia, este debe ser el que emplea más elementos del viejo fútbol americano. Formaciones con fullback, prioridad por los acarreos y hasta el mariscal juega bajo centro. A todo eso, hay que añadir una actitud agresiva, sin importar si juegan en su cancha o fuera de la misma. El domingo pasado, abrieron el marcador jugándosela en 4° y goal, con un ataque de Leonard Fournette. Nada de miedos, nada de jugar "a-la-segura". Arriesgando y con todo.

Como si fuera poco, la unidad defensiva marca presencia en la línea de golpeo, presionando mucho y hasta creando jugadas que cambian el curso de los partidos. Robaron dos balones en la primera mitad frente a los Pittsburgh Steelers y capitalizaron con 14 puntos. Este quizás no sea un equipo que luzca demasiado, pero tiene los fundamentos como para complicarle la vida a cualquiera. Corridas y ofensivas de larga duración + defensa dura y algo oportunista. Una fórmula que siempre será bien considerada en playoffs.

Los Philadelphia Eagles están jugando la postemporada con un Plan B y por lo visto en su victoria frente a los Atlanta Falcons, esa alternativa fue bien urdida y mejor ejecutada en la cancha. Ante la baja de su estrella Carson Wentz y la reciente aparición de Nick Foles, la fórmula que han optado Doug Pederson y Frank Reich ha sido darle el ovoide a Jay Ajayi, dándole toda la confianza (aún si comete un fumble) y estableciendo bien el juego de carrera, para luego darle soltura a Foles quien cuando fue puesto a prueba, cumplió con pases certeros que ayudaron a extender las ofensivas de los Eagles. Le tomó tiempo pero parece que Foles está en ritmo (falló apenas siete pases y tuvo rating de 100.1), lo que es bueno tomando en cuenta que hace unas semanas tan solo veía los partidos desde la banca.

Mucha atención con la línea defensiva, sabe como colapsar el pocket y el sábado pasado, puso en aprietos varias veces a Matt Ryan, capturándolo tres veces. Igual, hay que tener en cuenta que en ese partido, cometieron varios errores y castigos que pudieron haberles costado caro. Es más, Atlanta estuvo en posición de ganar el partido con cuatro intentos dentro de las últimas diez yardas. A los Falcons se les fue el triunfo de las manos... literalmente, porque el balón pasó por en medio de las manos de Julio Jones en la jugada decisiva. La fortuna estuvo del lado de las águilas verdes.

Es probable que los Minnesota Vikings no tengan la mejor combinación de talentos individuales, pero por la forma en como se desempeñan en la cancha, parecen ser el mejor o uno de los equipos mejor armados en toda la liga. La estrategia, disciplina e intensidad con la que juegan defensiva es digna de admirar, obligan a que el mariscal contrario tenga que buscar opciones secundarias (le pasó mucho a Drew Brees el domingo pasado), tacklean con mucha fuerza y cuentan con un grupo de esquineros/profundos capaces de neutralizar hasta el más peligroso de los receptores, Xavier Rhodes merece mención aparte ahí.

La ofensiva ha evolucionado en el transcurso del año y el gran salto ocurrió en el epílogo del juego ante los New Orleans Saints. Perdiendo por un punto, con apenas 25 segundos por jugar y sin timeouts disponibles, Case Keenum movió el balón por toda la cancha, con la categoría de un mariscal de elite y realizó la jugada del triunfo, completando un pase muy preciso con Stefon Diggs, quien aprovechó un pésimo intento de ¿tackleo? de Marcus Williams y corrió toda la cancha para el touchdown ganador. "Buffalo right, 7 heaven" era el nombre de esa jugada. Heaven es lo mismo que decir Cielo en español y en ese momento, los Vikings parecían estar tocando el cielo, con una jugada brillante y bien planeada, tal como es toda la escuadra dirigida por Mike Zimmer. Un trabajo muy de equipo que distingue a Minnesota, al igual que a Philadelphia, a Jacksonville y a New England.

Realmente, tenemos a grandes conjuntos en el final de esta temporada.

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile

jueves, 11 de enero de 2018

Defender para ganar


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Cuando llegan los playoffs en la NFL, se revitalizan viejos axiomas que parecen estar desplazados en varios partidos de temporada regular. Correr con el balón y sobre todo, jugar buena defensa, se convierten en factores primordiales para llegar a lo profundo de la postemporada. El factor común que tuvieron los cuatro equipos vencedores en la primera ronda fue su capacidad de hacer jugadas defensivas que marcaron la pauta en sus respectivos encuentros.

Después de haber sido arrastrados en casi toda la primera mitad, los Tennessee Titans resurgieron de un 3-21 en contra para terminar dando la sorpresa en casa de los Kansas City Chiefs. Las habilidades de Marcus Mariota (¡ese autopase de touchdown!) y el poderío de Derrick Henry por tierra (156 yardas en 23 acarreos, con un touchdown) fueron importantes, pero también contribuyó la unidad defensiva, marcando mejor las opciones de pase y presionando a Alex Smith, quien jugó incomodo en la segunda parte, forzando algunos pases y siendo capturado en cuatro ocasiones. Los Titans tuvieron la capacidad de limitar la productividad de los Chiefs después del intermedio, ayudando a meter en el partido a la ofensiva que logró montar buenas marchas y con ello, terminar consiguiendo la primera victoria en playoffs para la franquicia en 14 años.

En el Coliseo de Los Angeles, los Atlanta Falcons minimizaron el arsenal ofensivo de los Rams y lo hicieron aplicando una receta similar a la de Tennessee, copando los costados del bolsillo protector y con una fuerte cobertura sobre los receptores, complicando las opciones de pase de Jared Goff quien estuvo bajo constante presión y teniendo que forzar varias jugadas, más aún dada la poca productividad de Todd Gurley, sobre todo por aire donde apenas sumó 10 yardas en 10 ocasiones en las que fue localizado. Atlanta aún tiene la espina dolorosa de ese Super Bowl increíblemente perdido, pero igualmente tiene a favor toda la experiencia adquirida en los playoffs del año pasado. Eso se notó, al aplicar correctamente sus estrategias. La presión a Goff, quien apenas completó poco más de la mitad de sus envíos, más un sólido juego de carrera con Devonta Freeman y Tevin Coleman (139 yardas totales combinadas y un touchdown) fueron los pilares del triunfo obtenido por los Falcons.

El domingo a primera hora, hubo un partido de pocos puntos y muchos tackles. Buffalo Bills y Jacksonville Jaguars protagonizaron un duelo muy de vieja escuela, donde las defensas dictaron condiciones y mantuvieron el marcador en cero hasta bien entrado el segundo cuarto. Los Jaguars, tal como ha sucedido en todo el año, machacaron con su dominante línea defensiva, la cual ganó continuamente en las trincheras limitando la producción ofensiva de los Bills, dejando de manifiesto todas las limitaciones de Tyrod Taylor. Es tal el dominio, que muchas veces los Jaguars solo requieren de cuatro jugadores para presionar, de repente mandan alguna carga disfrazada pero el modus operandi consiste en tener solo a sus linieros presionando. De esa forma, lograron capturar en un par de ocasiones a Taylor además del aporte de los secundarios quienes interceptaron dos pases, el último dentro de los segundos finales para asegurar la reñida victoria.

En New Orleans, los Saints permitieron 413 yardas y 26 puntos a los Carolina Panthers, pero de todas maneras, la defensa pudo hacer jugadas en momentos específicos, suficientes como para inclinar la balanza en favor de los Saints. Lograron presionar a Cam Newton, capturándolo cuatro veces y golpeándolo varias veces más. Incluso, Newton tuvo que salir del partido por un momento en el último cuarto, a raíz de un golpe que le causó una lesión en una de sus rodillas. Una jugada que resume esa presión defensiva: en el último intento de los Panthers para ganar, Newton fue acorralado por un trío de Saints quienes terminaron derribándolo y con ello, el juego se resolvía a favor de los Saints. Se pueden conceder yardas, pero mientras no se permitan más puntos que los anotados a favor, será necesario para ganar. Una fórmula riesgosa pero no por ello menos valida.

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

jueves, 4 de enero de 2018

Playoffs renovados


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Una tendencia marcada en la NFL es ver cada año a equipos que, tras no haber llegado a los playoffs en el año previo, logran meterse dentro de los 12 finalistas. Incluso, puede ser común ver a equipos que en cuestión de un año pasan de ser sotaneros a campeones divisionales. Este año no es la excepción y tenemos a ocho clasificados que no estuvieron en los playoffs de la liga anterior. New England Patriots, Pittsburgh Steelers, Kansas City Chiefs y Atlanta Falcons son los únicos que se repiten del 2016.

Eso sí, es muy necesario considerar que varios de esos nuevos participantes en estos playoffs no son equipos que faltaron uno o dos años. Son franquicias que estaban en situación de crisis, algunas incluso con más de una década jugando solo 16 partidos al año. Para tener en cuenta lo novedosa y especial del camino al Super Bowl LII, conozcamos en detalle las sequías que se acaban de terminar.

Los Angeles Rams. 2004 había sido su último torneo con playoffs. Por entonces jugaban en St. Louis, el entrenador era Mike Martz y el quarterback era Marc Bulger (quien había tomado el lugar de Kurt Warner). Desde entonces, acumularon solo campañas perdedoras, con varias selecciones frustradas en el draft (Sam Bradford, uno de los más recordados) y una inestabilidad que causó que los propietarios de la franquicia decidieran llevar a los Rams de vuelta a LA, después del 2015. Este año fue un nuevo comienzo, todo de cero. Un nuevo ciclo que trajo una nueva forma de juego y con ello, resultados inmediatos. Los Rams pasaron de casi no anotar, a promediar casi 30 puntos por partido este año. Discutiblemente, el equipo más atractivo de esta temporada en la NFL.

Jacksonville Jaguars. Desde 2007 que no jugaban playoffs. Peor aún, desde entonces que no registraban una sola campaña con balance positivo, a tal punto que habían perdido respaldo de su propia ciudad. Luego de un torneo de tres victorias y un cambio de entrenador, en el primer año completo con Doug Marrone al mando, los Jaguars alcanzaron las 10 victorias y el título divisional, algo que la franquicia no vivía desde 1999, cuando era parte de la vieja división central. En aquel año llegaron a la final de conferencia.

Tennessee Titans. Esta es su primera aparición desde 2008, cuando Jeff Fisher todavía era el entrenador, Chris Johnson era el máximo pilar ofensivo y Kerry Collins era el quarterback titular. Ahora, es Marcus Mariota quien juega de mariscal y en su tercer año, hará su debut en postemporada. Aunque tiene mucho que demostrar, luego de haber finalizado la temporada regular con más intercepciones que touchdowns (15/13). No convencen, pero ganan. Quizás, el más gris de los 12 finalistas.

Buffalo Bills. El caso más impactante de todos. Su última clasificación a la postemporada había sido en 1999. Sí, estos serán sus primeros playoffs en este siglo, terminando con la mayor sequía de años consecutivos sin jugar playoffs en cualquiera de los principales deportes norteamericanos. Como suele ocurrir en Orchard Park, este año ha sido turbulento, pero con una defensa respetable y un sólido LeSean McCoy, los Bills lograron la cantidad de victorias suficientes para meterse a los playoffs... ah, y también una bendita cooperación de los Cincinatti Bengals, obra y gracia de Andy Dalton. Aquel agónico touchdown fue quizás el más celebrado en Buffalo en muchos años.

El hecho de tener varios equipos nuevos en estos playoffs, significa tener varios quarterbacks debutantes en este contexto. De los ocho que verán acción en la primera ronda, solo la mitad son pasadores con experiencia en postemporada: Drew Brees (6-5, campeón SB XLIV), Cam Newton (3-3, perdió SB 50), Matt Ryan (3-5, perdió SB LI) y Alex Smith (2-4). De hecho, el duelo entre Jaguars y Bills tendrá a dos mariscales primerizos en rondas finales, como son Blake Bortles y Tyrod Taylor. Quizás eso no sea gran factor en la ronda de wildcard, pero sí podría serlo más adelante cuando entren en competencia los Patriots, que cuentan con un 5 veces campeón como Tom Brady, y los Steelers que tienen a Ben Roethlisberger quien ha ganado 2 veces el trofeo Lombardi.

Dadas las características que tienen estos nuevos participantes en los playoffs, equipos que están en pleno crecimiento, con varios jugadores de poca experiencia en la liga y entrenadores que están afianzándose en sus conjuntos, bien podríamos estar presenciando una nueva etapa con equipos que resurgen y apuntan a convertirse en protagonistas por los próximos años. El caso de los Rams es llamativo, en poco tiempo se volvieron en el mejor equipo de su división y varias de sus victorias fueron convincentes, además de salir bien parados en casi todos sus desafíos de mayor complejidad. Ya vimos a estos conjuntos sorprender en la temporada regular. Ahora, llegó el momento de ver madurar a estos equipos. La postemporada es el escenario propicio para dar ese salto.

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Un buen síntoma


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

En Navidad, pude observar tres partidos seguidos de NBA: Sixers-Knicks, Cavaliers-Warriors y Wizards-Celtics. Más allá de ese especial maratón de partidos, pude ver básquetbol de gran nivel. Competitivo, bien jugado y con un alto ritmo. Me detengo en esto último. El ritmo, o como bien se dice en inglés: game pace. Esos tres partidos navideños fueron buenos porque tuvieron un ritmo sostenido, lo cual derivó en algo entretenido para ver.

Nada de eso es casual y nada de eso es novedoso a esta altura. Cualquiera que siga la NBA con relativa frecuencia, sabe que el flujo de los partidos ha cambiado en los últimos años y con ello, han subido los promedios anotadores. Para tener en cuenta: en la temporada 2013/2014, hubo 17 equipos que promediaron 100 ó más puntos a través de todo ese año, mientras que en el actual curso 26 de los 30 equipos están promediando al menos 100 unidades por partido. Claro y preciso, el juego se volvió más ofensivo y con ello, los partidos son mucho más ágiles y atractivos que hace algunos años.

A título personal, debo decir que siempre me cargó el baloncesto que imperaba en buena parte de la década pasada. Eficiente defensiva + ofensivas lentas que rara vez pasaban los 100 puntos. En la parte defensiva, todo bien. No hay que ser erudito para saber que en este deporte es primordial la defensa, pero eso más ataques de media cancha que agotaban todo el reloj de tiro en cada posesión era a la larga una fórmula tediosa y hasta aborrecible. Mientras escribo esto, me acuerdo mucho de los Pacers de Rick Carlisle, quienes practicaban esa metodología y hasta anduvieron cerca de unas finales. Los Pistons campeones del 2004 también tenían esos matices, pero con una ofensiva algo más dinámica gracias a sujetos como Chauncey Billups y Richard Hamilton.

Por suerte, el deporte es cíclico y son iguales de cíclicas las formas de jugar. En esos mismos años, estaban los Suns de Steve Nash y Amare Stoudemire, con el señor Pringles en la dirección técnica (a.k.a. Mike D'Antoni). Nunca llegaron a las finales pese a haber tenido varias campañas prolíficas pero dejaron un gran aporte para la posteridad: movimientos continuos, muchos pases y más lanzamientos. Jugadores ágiles, sueltos, en un esquema fresco, ideal para imponer velocidad e intentar romper defensas rígidas. Esos Suns eran espectaculares y tenían varios conceptos que ahora son cotidianos en la NBA actual.

Una diferencia puede estar en los roles de los jugadores, aquel equipo de Phoenix jugaba con posiciones definidas en la pista. Nash era el armador y jugaba de armador, Amare era ala-pívot y jugaba de ala pívot, y así sucesivamente. En el basket de estos días, las posiciones son muy relativas. Draymond Green es un ejemplo de versatilidad. Nominalmente es alero, pero en la práctica juega de alero, armador y hasta de escolta, atacando y defendiendo todo el partido. No es raro que sus registros sean de triple decena -como supo hacerlo el lunes pasado- o cercanos a esa marca, dadas sus cualidades que encajan perfectamente en el sistema de los Golden State Warriors. Esas cualidades lo llevan a ser un buen tirador como también un respetable pasador.

Esta aceleración del juego e inclinación por los triples ha hecho cambiar también a los pívots. Estos también deben ser versátiles (algo aparte: cómo criticaban a D'Antoni en su momento, cuando ponía a Pau Gasol a tirar triples). Qué espectacular es Joel Embiid, puede dominar cerca del aro como también puede meter triples con total naturaleza. Encima, es garantía en los rebotes y hasta con algunas tapas. Embiid, con poco más de un año de la liga, ya se convirtió en una pieza fundamental de los Philadelphia 76ers. Un equipo que, después de tankear descaradamente por varios años, ha integrado esta forma "moderna" de jugar. Rotaciones, pases, muchas cortinas, muchos tiros. Todo muy fluido, cuando sale bien. Aún están en proceso, aún cometen fallos, pero estos Sixers ya tienen su forma de juego y con integrantes idóneos. Hasta ya encontraron su armador con Ben Simmons, un candidatazo al premio de mejor rookie de este año.

En la actual NBA de muchos tiros y de muchos puntos, hay una técnica distinta, hay más pases (un buen signo de mayor juego colectivo) y sobre todo, hay más velocidad. Los Warriors, los Rockets y hasta los Sixers parecen volar a veces, por la forma en como mueven la pelota, pero los Wizards muestran otro sentido de velocidad, reflejado en sus dos bases. Cuando John Wall y Bradley Beal se lanzan en carrera, parecen imparables. Vuelan libremente por la pista, al ritmo de un buen contra ataque. Muy frenético, muy atrapante. Pueden hacer daño metiendo pases fulminantes, tomando tiros difíciles y hasta terminando jugadas con espectaculares volcadas. Un juego más individual tal vez, pero igualmente atractivo y que encaja muy bien en el basket actual.

A los más noventeros no les gusta mucho esto. Dicen que no hay defensas (quizás tengan algo de razón), dicen que los Warriors ganan fácil (que yo sepa, los gloriosos Bulls también tenían muchos partidos sencillos en temporada regular) y dicen que esto no es básquetbol. La verdad, es que esto sí es básquetbol. Más fresco, más acorde a este tiempo y hasta más mejorado incluso. Quienes tuvimos que aguantar a equipos que jugaban a desinflar el balón (¡tremendo concepto! el crédito va para el coach Carlos Morales), celebramos el basket de esta década. En las pistas de la NBA, nunca se corrió tanto como ahora y los partidos nunca fueron tan ágiles como ahora. Qué bueno que sea así, porque estamos viendo un buen espectáculo. Y tomando como base esta forma de juego, no suenan descabelladas las recientes palabras de Kareem Abdul-Jabbar, cuando dijo que la NBA será la liga del futuro en Norteamérica. Este basket invita a creer en aquello.

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

jueves, 14 de diciembre de 2017

De todo un poco


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Qué impreciso estuvo Matt Ryan frente a los Saints. Lanzó tres intercepciones, de las cuales dos fueron responsabilidad suya, rifando el balón sin darle ventaja alguna a sus receptores. Eso sí, hay que mencionar que el retorno de Devonta Freeman a la alineación de los Falcons fue importante para la victoria, gracias a su velocidad y lectura para atacar espacios, ayudo a mover las cadenas y así prolongar el tiempo de posesión en favor de su equipo. Otro detalle, fue su mejoría en terceras oportunidades. Pasaron del nefasto 1/10 frente a los Vikings a un muy respetable 7/12 en este desafío. Como bien se sabe, las conversiones en 3° down suelen marcar el camino de un equipo.

El duelo entre los Seahawks y los Jaguars dejó varios conceptos interesantes. Para el equipo de Jacksonville fue muy valiosa esta victoria, no solo por la carrera rumbo a los playoffs, en la que disputa el título divisional con los Titans, sino que por la complejidad del desafío frente a un equipo experimentado y muy difícil de doblegar. Así como en New Orleans está Alvin Kamara, en Jacksonville figura Leonard Fournette. Su explosividad impacta y causa grandes efectos en la producción de los Jaguars. El domingo, sumó 101 yardas en 24 acarreos con un touchdown y fue el quinto partido del año en el que obtiene la centena de yardas terrestres. El éxito en las corridas es el soporte para que Blake Bortles juegue con más comodidad. Por cierto, excelente el toque de Bortles en sus dos pases anotadores.

Como se anticipó previo al partido, la defensa de los Jaguars presionó toda la tarde a Russell Wilson. El resultado: tres intercepciones, dos capturas y varios golpes más. Hay que destacar que dos de esas intercepciones, fueron en pases donde Wilson estaba presionado y se vio forzado a lanzar a lugares donde habían más defensivos de los Jags que ofensivos de los Hawks. De aquí, se desprende esta conclusión: el # 3 de Seattle está jugando solo, realmente solo. Casi sin protección y con escaso apoyo de sus corredores, Wilson está corriendo por su vida en cada partido. Como bien comentaba mi compañero Christopher Holmes en el podcast de NFL Chile, eso se ve muy bien para los highlights pero a la larga resulta contraproducente.

Tienen suerte los Eagles de tener como mariscal reserva a Nick Foles, quien tiene algunos años de experiencia como titular de la NFL con las mismas Águilas, además de haber disputado un partido de playoffs. La lesión de Carson Wentz (quien estaba firmando una temporada con categoría de MVP) alteró todo el flujo del equipo de Philadelphia, el cual marchaba de manera impecable en buena parte gracias a la evolución de su joven estrella y en el que apunta a tener al menos un partido de postemporada en su estadio. Habrá que ver como será el plan que tenga Doug Pederson, ahora sin Wentz en su alineación. ¿Seguir jugando el mismo sistema aún con Foles o darle mayor énfasis a los acarreos? una seria interrogante que será resuelta en los próximos partidos.

En cuatro de sus últimos cinco partidos, los Steelers vencieron por diferencia de tres puntos o menos. El duelo del domingo pasado frente a sus archirrivales Ravens estuvo muy al limite. Comenzaron 14-0 en el cuarto inicial, luego en el tercero se fueron abajo por 20-31 y eventualmente, lograron remontar para terminar imponiéndose por 39-38. Se puede interpretar de distintas formas. Por un lado, estamos viendo a un equipo de Pittsburgh que encuentra maneras de ganar y sobreponerse a complejidades en partidos de alta intensidad. Por otro, esas remontadas se han dado por comienzos lentos o bajones muy pronunciados como los que evidenciaron ante Baltimore. La defensa es permeable y ante eso, tienen que aparecer los Killer B's para llevar todo el peso productivo.

El domingo, Ben Roethlisberger terminó con 506 yardas de pase (lleva tres partidos con +500 yardas, récord de NFL) en ¡66 intentos de pase! Sí, 66 pases lanzados en un partido. Muy llamativa será esa cantidad de intentos, pero nunca es muy recomendable irse solo por los pases. Pueden salvar algunos partidos, pero al final del camino siempre se requiere de una mayor producción global. Por aspectos así, cuesta todavía creer en los Steelers como genuinos contendientes al Super Bowl.

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Incoherencias


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

A lo largo de esta década en la NFL, los directivos de la liga encabezados por el comisionado Roger Goodell han enfatizado una y otra vez en el cuidado de los jugadores, especialmente en la prevención a los golpes en la cabeza, ajustando detalles en el reglamento e incrementando los personal fouls, a raíz de esos mismos golpes o bien de impactos que lucen muy violentos o contra jugadores que quedan indefensos ante una arremetida de un adversario. Eso se ha visto en muchos partidos, donde se cobran muchos golpes casco-a-casco, respetando en gran parte esos ajustes reglamentarios. Pero hay un aspecto considerable que va relacionado con los mismos golpes y que llega al terreno de las suspensiones. Curiosamente, la liga no reacciona de la misma forma cuando tiene que sancionar a jugadores por golpes intencionales.

Una prueba de ello ocurrió el domingo pasado. Durante el partido entre los New England Patriots y los Buffalo Bills, Rob Gronkowski le propinó un golpe tardío a Tre'Davious White, mientras este ya se encontraba en el suelo tras haber interceptado un pase. Con la jugada ya finalizada, Gronk se lanzó y lo golpeó por detrás. Fue penalizado por rudeza innecesaria pero no fue expulsado del partido. Eso sí, el lunes hubo una declaración del vicepresidente de la NFL, Jon Runyan, quien manifestaba: "sus actos no fueron incidentales, pudieron evitarse y pusieron al jugador rival en riesgo de sufrir una lesión seria". Hasta ahí, nada mal en el discurso. Pero la sanción de apenas un partido -que cumplirá el próximo lunes- dejó cuestionando a muchos alrededor de la liga sobre la forma en como se imparten sanciones ante acciones que supuestamente pretenden erradicar.

Un partido de castigo parece muy poco para una acción violenta y donde hubo intención de lastimar a otro jugador. Lo peor del caso es que ya han habido antecedentes similares y con igual sanción en la liga. Sin ir más lejos, el pasado 28 de septiembre, durante el juego entre los Chicago Bears y los Green Bay Packers, Danny Trevathan golpeó intencionalmente en la cabeza de Davante Adams, mientras este último intentaba atrapar un pase. Trevathan nunca disputó el balón, tan solo fue a golpear y hasta tomó distancia para lastimar a Adams, quien debió salir de ese partido por una conmoción cerebral causada por ese golpe. La liga sancionó en esa ocasión a Trevathan con dos partidos, pero el jugador de los Bears apeló a la causa (!) y su castigo fue reducido a solo un partido.

Muy irrisorio. Se vuelve hasta burlesco tomando en cuenta el insistente énfasis que ha hecho la liga en la prevención de esos golpes y con estas modestas sanciones, parece no actuar en coherencia con el discurso que se ha instaurado en los últimos años. Otro caso con igual sanción fue la pelea de Aqib Talib y Michael Crabtree, el pasado 26 de noviembre en el partido Denver Broncos-Oakland Raiders. Ambos fueron expulsados de la cancha por haberse agarrado a golpes en pleno partido, en un incidente que tuvo involucrados a más jugadores de los dos equipos. Tomando en cuenta este hecho y el episodio de la temporada pasada, cuando Talib le arrancó la cadena a Crabtree, la liga decidió suspenderlos con dos partidos cada uno, pero la sanción fue rebajada a uno después de una apelación.

Cuesta entender estas sanciones que parecen ser mínimas frente a situaciones antideportivas. El discurso de reducir los golpes a la cabeza y evitar las malas conductas es muy bueno y hasta aplaudible, pero la forma en como la NFL resuelve varios de estos casos no condice precisamente con ese discurso. Es extraño ver como hay sanciones peores por otros sucesos, pero por estos golpes mal intencionados y peleas casi gangsteriles, apenas se otorgan un par de semanas de suspensión. A veces, la liga se cae en algunos detalles. Y en este caso, está fallando groseramente. Con estos (mini) castigos, difícilmente se podrán reducir los malos comportamientos en la cancha.

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es conductor y comentarista en el podcast de NFL Chile.