jueves, 7 de septiembre de 2017

The Quest for the Sixth


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Un nuevo año, un nuevo campeonato y la ambición es la misma para los New England Patriots. Un año más con Bill Belichick, un año más con Tom Brady -quien a sus 40 no muestra señal alguna de vejez- y un año más bajo un núcleo que inspira confianza y actitud ganadora. Como si fuera poco, vuelve Rob Gronkowski a la alineación, además de haber añadido nuevas piezas ofensivas mediante la agencia libre. Brandin Cooks, Dwayne Allen y Phillip Dorsett son buenos receptores quienes bajo la dirección de Belichick y Josh McDaniels podrían aumentar su potencial y así suplir la sensible baja de Julian Edelman, quien por un golpe en su rodilla derecha se perderá todo el torneo, que comienza con el enfrentamiento entre los Patriots y los Chiefs este jueves por la noche.

Lograron el quinto campeonato en un Super Bowl LI histórico, donde levantaron un déficit de 25 puntos en contra. El legado patriota está lejos de terminarse. Al contrario, la idea es ir por un título más. A priori, en este comienzo de temporada en la NFL, los Patriots lucen como el conjunto más sólido de toda la competición. Dentro de la Conferencia Americana hay buenos equipos, pero que se ven lejanos al nivel de los Pats. Están los Pittsburgh Steelers y los Oakland Raiders, equipos con extraordinarias ofensivas pero con cuestionables defensivas. Darán mucha pelea este año y pondrán el balón por los aires gracias al talento del veterano Ben Roethlisberger y el ascendente Derek Carr, pero queda la duda si podrán ser capaces de ganar partidos complicados en los que requieran de jugadas defensivas.

Por otra parte, se encuentran los Houston Texans y los Denver Broncos, que vendrían siendo lo opuesto de los dos equipos antes mencionados. Estos son conjuntos con defensivas bien armadas, dominantes, que presionan y golpean mucho, pero que carecen de ofensivas que les otorguen el balance necesario. Houston prescindió de Brock Osweiler, quien regresó a Denver, y por ahora presenta a Tom Savage como su quarterback titular, pero en el fondo todos anticipan que en algún momento sea el novato Deshaun Watson quien tome las riendas de esa unidad. El equipo de Denver mantiene a Trevor Siemian como su mariscal de campo titular. Está mejorando, pero se sabe que requiere de un buen juego terrestre para poder subsistir. Habría que mencionar también a los Kansas City Chiefs, un equipo con una defensa agresiva que pese a conceder muchas yardas, es capaz de robar muchos balones gracias a su talentoso grupo de esquineros y safeties. La duda recae en la ofensiva, donde Alex Smith no es más que un correcto pasador quien bajo presión y cuando se necesitan de pases largos, suele diluirse. Veremos si el otrora #1 del Draft mejora esa faceta.

¿Y qué tal en la Conferencia Nacional? los Atlanta Falcons mantienen intacto a casi todo el conjunto que estuvo a punto de coronarse hace siete meses. El proyecto de Dan Quinn ya tiene una forma definida y aún puede seguir creciendo. Hay un par de dudas previo a comenzar la temporada: la primera, cómo podría afectar la salida de Kyle Shanahan, quien era el coordinador de esta magnifica ofensiva, y la segunda, si habrá afectado en la psiquis del equipo el haber malogrado una ventaja de 25 puntos en el Super Bowl, en la manera de encarar esta nueva campaña. De lo que estamos seguros, es que con Matt Ryan, Julio Jones y Devonta Freeman, hay espectáculo garantizado.

Un equipo con muy buena pinta: Seattle Seahawks. En lo que jugó de pretemporada, Russell Wilson se vio muy preciso moviéndose dentro del pocket, una mejoría que ya se venía notando desde el año pasado. En defensa, siguen siendo una unidad temible manteniendo a sus principales figuras, como Richard Sherman, Kam Chancellor y Earl Thomas. Encima, suman mayor presencia en su línea con la reciente llegada de Sheldon Richardson, mediante un traspaso hecho con los New York Jets. Sheldon y Michael Bennett bien pudieran ser una fuerte pareja de tackles. La única duda está en el puesto de corredor: ni Thomas Rawls, ni C.J. Prosise, ni el fichado Eddie Lacy han mostrado lo suficiente como para llevar el peso de las jugadas por tierra. A ver cómo madura ese trío de running backs.

Mientras Aaron Rodgers siga siendo el quarterback de los Green Bay Packers, estos seguirán siendo un equipo de categoría Top 10 y hasta Top 5. El # 12 dice que siente mucho más saludable que cuando tenía 20 años y que se ve jugando tranquilamente hasta los 40. Rodgers viene de tener un año con más de 40 touchdowns, vuelven todos sus grandes receptores y a ellos se suma Martellus Bennett, un sólido y confiable ala cerrada que le puede dar una interesante alternativa en las jugadas de pase. La interrogante, como viene siendo en los últimos años, recae en la defensa. ¿Podrá dar el ancho en esta temporada? por lo menos buscaron secundarios en el Draft.

Las opciones de los Dallas Cowboys en este torneo pueden verse muy condicionadas por la suspensión de seis partidos que tendrá que cumplir Ezekiel Elliott, la cual hará efecto desde la segunda jornada. Zeke fue gestor de 1.653 yardas acarreadas y 15 touchdowns por la misma vía durante el 2016, causó un enorme impacto en su año de novato y fue una de las estrellas ofensivas del conjunto vaquero. Elliott no podrá jugar casi media temporada por indisciplina, algo que ha caracterizado a este equipo en los recientes años. Y por lo general, los equipos campeones no suelen contar con sujetos indisciplinados.

Como cada año, la National Football League presenta un puñado de equipos interesantes para seguir por diversas causas, a su vez en que hay escuadras que buscar mejorar deficiencias y mientras muchos equipos pretenden establecerse y consolidarse, los Patriots seguirán mejorando dentro de su propia metodología y creando nuevas alternativas que les permitan, una vez más, aspirar a lo más alto de la liga. Ahora, por un sexto trofeo Lombardi.

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es comentarista en el podcast de NFL Chile.

domingo, 18 de junio de 2017

El bicampeonato de los Penguins


por Claudio Jorquera
Twitter: @chonet

Y ya tenemos campeón de la final de la Stanley Cup 2017. Los Pittsburgh Penguins se convirtieron en el primer equipo de la NHL en el presente siglo que logra defender con éxito su título, luego de derrotar en seis partidos a los Nashville Predators. El equipo dirigido por Mike Sullivan logró hacer historia, duplicando su título por primera vez desde el bicampeonato de los Detroit Red Wings a finales de los años 90, equipo que ya reseñamos en la crónica previa a las finales.

La serie comenzó con dos partidos en Pittsburgh, que dejaron un contundente botín de 2-0 en el bolsillo de los campeones, pero que no fueron paseos en el campo. En el primer partido, un 5-3 muy mentiroso, ya que los Predators mostraron un juego muy sólido y contundente, limitando a los Penguins a lanzar apenas 12 tiros a puerta, ninguno en el segundo período. El comienzo del enfrentamiento estuvo lleno de polémica debido a un gol anulado por offside vía replay que pudo haber cambiado todo. Terminando el primer período, los Penguins se inspiraron y marcaron 3 goles en casi 4 minutos. El primero, un fierrazo en Powerplay de Geno Malkin, el segundo un pase de Chris Kunitz mirando a la tribuna que distrajo a Pekka Rinne, que permitió la anotación de Conor Sheary, quien estaba completamente solo. La tercera conquista, llegaría por un disparo de Nick Bonino que no iba dirigido al arco, pero se encontró con la rodilla del sueco Mattias Ekholm, quien venía patinando muy rápido luego de un cambio de líneas.

La enorme ventaja de los locales fue finiquitada a mitad del último período, con dos goles en ventaja numérica, situación que se volvería a repetir en el partido tres. Fueron 3 goles bajo Powerplay en este partido, algo que no se repetiría jamás. Ryan Ellis anotaría el primer descuento con un disparo lejano facilitado por un pase del polémico P.K. Subban. El segundo descuento, también logrado en Powerplay y en pleno tercer período, llegó gracias a un lanzamiento a media distancia de Roman Josi que rebotó en la parte interna de la rodilla del excelente Colton Sissons. Tres minutos después, un trabajo enorme de Austin Watson batallando por el puck junto a la pared y contra dos defensores, lo dejó libre para dar un certero pase a Frederick Gaudreau, quién apareció como una exhalación desde atrás para anotar su primer gol en estos playoffs y así empatar el juego.

Los Predators, por juego y momentum, iban directo a la victoria, pero casi al final, el desaparecido novato (venía de 8 partidos seguidos sin anotar gol) Jake Guentzel marcó el gol clave con un disparo que se coló arriba de la portería de Pekka Rinne. Al final, se concretaría  la dupleta de Nick Bonino, con un gol en portería vacía.

Dos días después, en el mismo PPG Paints Arena, el segundo duelo. De seguro, no se repetiría una secuencia de tres goles rápidos para los locales. Pero para sorpresa de muchos, se volvió a dar. En el primer período, por fin Nashville pudo ponerse en ventaja, con un golazo de Pontus Aberg, quién en un esfuerzo solitario, venció la débil marca de Olli Maata y con un rápido movimiento derrotó a Matt Murray. El empate llegó luego de un pobre PP de los Penguins, gracias a un jugador que, ahora, estaba en estado de gracia, Jake Guentzel.

En el comienzo del tercer período, la avalancha pinguina. Luego del pitazo inicial, una rápida contra de los locales via Bryan Rust. El oriundo de Pontiac lanzó un potente disparo, y el rebote dejado por Rinne queda a merced del talentoso novato Guentzel, para poner el 2-1. Los otros dos goles, llegaron tres minutos después, y en un lapso de 15 (si, quince!!!!) segundos. El primero vendría de la mano de Scott Wilson, quién le dio un insignificante toque al puck  luego de un pase de un muy irrelevante Phil Kessel, que permitió el rebote en el patín de Fiddler. El disco entró por un espacio también insignificante, para decretar el 3-1. 

Al rato después, la velocidad impresionante de Malkin le permitió sacar una enorme ventaja a Roman Josi y sacó un bombazo que se metió arriba de la portería de Rinne. Un Pekka Rinne que recibió 9 goles en 37 tiros al arco, que lo condenó a salir por el resto del partido, para dar paso al finés Juuse Saros. El reserva salió invicto gracias a un gol anulado por el mismo mecanismo del partido anterior. Un offside visto en el replay. 2-0 en la serie y los Predators tenían que preparar la batalla de los partidos tres y cuatrp en un verdadero volcán en ebullición, el Bridgestone Arena. 

Y fueron muy contundentes. Un global de 9-2 se llevaron los Penguins de vuelta a casa. En el tercer partido, Pittsburgh se puso en ventaja, nuevamente de la mano de Guentzel, y terminó el primer período arriba en el marcador. Pero el segundo período fue la fiesta de Roman Josi. El fenomenal suizo anotó el empate con un balazo y luego dio asistencias a Gaudreau y James Neal, éste último aprovechando un rebote y pase de Viktor Arvidsson, para cerrar el período con un sólido 3-1. En el tercer período, los Penguins literalmente desaparecieron. Smith con un disparo frente a Miller y Ekholm, con un fuerte y angulado disparo cerraron la goleada 5-1. La sensación posterior era que unos Predators más disciplinados estarían tranquilamente en ventaja de 3-0.



La serie se empató 48 horas después. Los Penguins solo anotarían en el primer período, con el empate parcial de Sidney Crosby, luego de la oportuna acción de Calle Jarnkrok para abrir la cuenta. Luego del primer intermedio, Gaudreau anotaría su tercer gol de la serie para romper el empate, en una rápida movida detrás de la portería, que tuvo que ser confirmada luego de revisar el video. Los Penguins tuvieron grandes oportunidades para empatar, pero una gran tapada luego de un violento lanzamiento de Crosby y, tras cartón, otra salvada imperial de Rinne impidió el 2-2. En una contra, Arvidsson anotaría el casi definitivo 3-1, el cual fue confirmado con un Empty Net Goal de larga distancia, cortesía de Filip Forsberg. Sería el último gol de los playoffs para los Predators.

Como sucede habitualmente, el quinto partido sería clave. Podía dejar match point a los Predators, quienes podrían finiquitar su primer título en casa. Pero justo se les ocurrió jugar el peor partido de la serie. Y los Penguins, jugaron el mejor. En menos de 7 minutos ya los Penguins estaban 2-0, con sendos goles de Justin Schultz y Bryan Rust. En la agonía del período inicial, los locales se ponían 3-0 con una combinación extraordinaria de Phil Kessel y Evgeni Malkin. El primero, controlando con maestría el disco, esperando con paciencia la llegada del ruso, quien con un bombazo de primera, derrotó a Rinne. Nuevamente sería sacado del partido.

El segundo período también fue muy contundente. Connor Sheary le dio rápidamente la bienvenida a Juuse Saros, luego de un genial pase de Crosby. Luego, Kessel firmó su oportuna reaparición, con un disparo solo a media distancia. Al terminar el período, una esforzada salida desde propio campo del defensor Ron Hainsey le permitió llegar al gol luego de una nueva combinación de Kessel y Malkin. Se repetía la misma fórmula, pero en orden distinto, al 3-0 del primer tiempo. Partido más que finiquitado. El período final estuvo de más, aunque se destacó por sus 14 penalidades, 9 de ellas por peleas, mala conducta y actitud antideportiva. Aunque lo más violento había sucedido en el primer período, donde en una acción que pasará a la historia, un violento Sidney Crosby -quién ya sufrió conmociones cerebrales en el pasado - golpeó repetidamente contra el hielo la cabeza de P.K. Subban, situación lamentablemente ignorada por los jueces. Algo que no va a ayudar a la imagen de jugador sucio que tiene la superestrella de los Penguins.

El partido 6 suponía el regreso a la caldera de Nashville y la oportunidad de los locales de salvar el match point que tenían en contra, el primero de todos los playoffs. Hubo oportunidades para ambos equipos, generando un partido muy dinámico y muy entretenido. Rinne y Murray fueron figuras durante todo el encuentro.

Los errores arbitrales fueron muy comentados. En el segundo período, un disparo a quemarropa de Filip Forsberg es contenido de forma parcial por Matt Murray. Pero en un costoso error, el referee Kevin Pollock firmó su sentencia de muerte en el estado de Tennessee y pitó apresuradamente el fin de la jugada, pensando que el portero había detenido completamente el puck. Pero no fue así, el disco se deslizó por debajo de joven guardameta y quedó a merced de Colton Sissons, quien anotaría. Luego del replay, el equipo arbitral confirmó la anulación del gol. Error costoso que cambió en parte el destino de la serie.

Los Predators no pudieron concretar. Sissons, Arvidsson y Josi fallaron grandes oportunidades de gol. Contaron con 4 powerplays, incluyendo un 5 contra 3 por algunos segundos. Pero no llegó el gol de la ventaja. El tercer período se llenó de tensión y parecía que el que anotara, se llevaría la victoria. Y llegó a los 58 minutos de juego, con un gol que valió una copa. 

En una inocente jugada cerca de la pared del lado de Nashville, el defensa Ryan Ellis hizo rebotar el puck contra el muro. El Center Calle Jarnkrok, algo perdido en terreno defensivo, no fue capaz de enviar lejos el disco. Chris Kunitz lo tomó en terreno contrario y buscó a Justin Schultz, quién intentó un fuerte disparo a la derecha del portero. Luego del rebote en la pared y la parte posterior del arco, apareció un desaparecido Patrik Hornqvist, quién en un rápido movimiento, se desplazó del frente del área celeste, se puso a la izquierda de Rinne, hizo rebotar el puck en el codo izquierdo del portero, quién desesperado, no pudo dar con el disco y le dio un golpe en la cara al que inició la jugada, Ryan Ellis.




Luego de la revisión por posible interferencia sobre el portero, se confirmó el gol, y en las postrimerías del partido, un gol con la portería vacía de Carl Hagelin sentenció la serie, la Copa y el bicampeonato para la franquicia de Pittsburgh. Quinto título en seis finales, y todas logradas fuera de casa. Los jugadores felicitaban con todo al joven Matt Murray, quien sacó dos blanqueadas en los partidos 5 y 6 de la serie. Mientras tanto en Pittsburgh, una multitud pagó 10 dólares para ver el partido en la pantalla del PPG Paints Arena. 19.000 fanáticos lloraron de alegría con el nuevo éxito de los Penguins.

Sidney Crosby se llevó por segundo año seguido el Conn Smythe Trophy, que premia al mejor jugador de todos los Playoffs. 27 jugadores (incluyendo tres lesionados, como el destacado defensa Kris Letang) y 26 entrenadores, administrativos y miembros del Front Office -incluyendo a la leyenda y dueño Mario Lemieux- se ganaron el derecho de ver sus nombres grabados en la legendaria Stanley Cup.

Los Penguins se convirtieron, junto a los Edmonton Oilers, en los equipos con más campeonatos de la Stanley Cup dentro de las franquicias que no formaron parte del Original Six, superando a un rival clásico, los New York Rangers, aunque aún quedaron muy lejos de los 24 títulos de Montreal Canadiens, los 13 de Toronto Maple Leafs y los 11 de Detroit Red Wings. Eso sí, han quedado apenas a un título de Boston Bruins y Chicago Blackhawks, por el cuarto lugar en el historial de campeones.

Para Nashville, queda el consuelo de llegar como underdog en todas la series en las que jugaron y sacar adelante unos playoffs extraordinarios, con un juego contundente, vistoso y contar con el apoyo de una fanaticada de lujo. Ahora tienen el desafío de dar profundidad a sus líneas de ataque, renovar varios agentes libres importantes y resolver el problema de la portería. Peter Laviolette ha logrado notables avances en estos tres años a cargo del equipo, clasificando a playoffs en todas las temporadas, aunque los puntajes en temporada regular han ido bajando.

Nos veremos en una próxima oportunidad.

Claudio Jorquera es columnista invitado en Gringo Sports. Es uno de los responsables de NFL Chile, siendo columnista y conductor del podcast de aquel sitio. Además, contribuye para Spanish Bowl.

miércoles, 14 de junio de 2017

Flow State Warriors


por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Traduciendo del inglés al español, el término 'flow' significa 'fluir' y en el lenguaje de las danzas urbanas, tener flow significa fluir con el ritmo de la música y con su propia forma de ser. Llevando todo eso al contexto actual de la NBA, habría que decir que los Golden State Warriors son un equipo lleno de flow. Actitud, forma física, variedad estratégica. Una precisa combinación de talento e inteligencia que funciona de forma armónica y vistosa. Steve Kerr diseña en su pizarra y en la pista, los jugadores aplican de forma tal que fluyen naturalmente, sin interponerse unos con otros.

Un equipo que ha dominado la liga durante las últimas tres temporadas, ganando el título en 2015 pero perdiendo en siete partidos las Finales de 2016. Esa caída llevó a corregir errores y mejorar el plantel. Un jugador fue el indicado: Kevin Durant. La ex estrella del Oklahoma City Thunder se sumó a Stephen Curry, Klay Thompson y Draymond Green para conformar una alineación sólida e imponente que comenzó a producir desde la primera semana de la temporada recién concluida. Durant no solo se supo adaptar al esquema, sino que logró convertirse en el máximo anotador de este conjunto, liderando al equipo en anotaciones, primero en la temporada regular y luego en las recientes Finales, promediando 35.2 puntos.

La llegada de Durant fue positiva en todo ámbito. Primero porque le entregó una nueva y poderosa opción anotadora a los Warriors y segundo, porque liberó un poco de presión a Curry y Thompson, quienes hasta hace un año siempre debían convertir al menos 25 puntos por juego para llevar a los Dubs a la victoria. Así como Kevin se adaptó casi sin problemas, Steph y Klay adoptaron espontáneamente sus nuevos roles. Curry sigue anotando y sigue lanzando desde cualquier lugar de la cancha, aunque hay momentos en que se vuelve un repartidor de jugadas y así es como ha estado evolucionando en su faceta de conductor. De hecho, en cuatro de los cinco partidos de estas Finales alcanzó las 10 asistencias.


Por su parte, Thompson destacó en la serie frente a los Cleveland Cavaliers por su rol defensivo, marcando muy bien en el perímetro, limitando la efectividad de los Cavs a larga distancia. Para bien suyo, pudo mejorar su puntería al aro con el transcurrir de la serie. En el juego del lunes pasado, convirtió un par de triples importantes para mantener la ventaja. Quien ha prevalecido con sus funciones originales ha sido Green. Defiende como pocos, corre toda la cancha, anticipa las jugadas rivales, siendo capaz de generar jugadas de contra ataque y con ello, canastas fáciles para los Warriors.

Estas Finales representaron un triunfo para el baloncesto de esta era, en el cual la versatilidad se ha vuelto fundamental para logar el éxito. Es obvio que Golden State tiene grandes jugadores pero no solo son buenos, sino que se desempeñan con mucha inteligencia, tal como ha manifestado en reiteradas ocasiones Steve Kerr, el coach y gestor de esta obra. Kerr acaba de cumplir su tercer año como director técnico de este conjunto, siendo esta su única experiencia como entrenador. Llegó a suceder a Mark Jackson y lo único que ha hecho es mejorar todo lo bueno que venía logrando este equipo en el ciclo anterior.

Los continuos movimientos, los sucesivos pick and rolls, los constantes ajustes, los interminables pases, los precisos lanzamientos. Así, una y otra vez a lo largo de los 48 minutos de juego y a través de toda una temporada. Ese es el método que ha causado un baloncesto ágil y vistoso, interpretado de forma impecable y orgánica por cada uno de los integrantes de los Warriors y que se ha tomado la liga, siendo este el modelo a seguir y que varios equipos ya intentan replicar.

Con todo esto, lograron a vencer a Cleveland y destronar al Rey. Pero no fue sencillo. LeBron James se negó a perder hasta el último momento, dio más que todo en cada partido de la serie, llegando a jugar casi todos los minutos y promediando una inédita triple decena, con 33.6 puntos, 12.0 rebotes y 10.0 asistencias en 42.4 minutos. LeBron ha perdido cinco de las ocho Finales que ha disputado con sus equipos, pero solo la alineación más colosal de la liga ha sido capaz de derribarlo en esta temporada. Como para valorar su titánico esfuerzo y para verlo en perspectiva.

Para los demás equipos, el acertijo será encontrar un antídoto para neutralizar a estos Warriors. Y algo que impresiona de cara al futuro, es que el plantel de Golden State se encuentra en plenitud y a priori, no tendría problemas en cuanto a re-estructuración de salarios, cuando llegue el momento de hacerlo con Curry y Durant. Ellos mismos saben que lo más importante es mantener el núcleo y conservar el flow colectivo que ha convertido a estos Golden State Warriors no solo en el mejor equipo de la NBA, ganando dos campeonatos en los últimos tres años, sino que en un auténtico y adictivo espectáculo.


Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es comentarista en el podcast de NFL Chile.

domingo, 11 de junio de 2017

Warriors, a un paso

por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike

Transcurridos cuatro partidos en las Finales 2017 de la NBA, tenemos a los Golden State Warriors aventajando en la serie frente a los Cleveland Cavaliers por tres victorias a uno, con la oportunidad de asegurar el título este lunes en su casa. La diferencia ha estado en los resultados y también en el desarrollo de los partidos, especialmente en los dos primeros donde los Warriors lograron dominar esos partidos jugando a su ritmo, encestando disparos a una altísima efectividad y teniendo una impecable producción de casi toda la escuadra, tanto en sus titulares como en sus reservas.

La velocidad que imprimen los jugadores de Golden State Warriors en sus desplazamientos impresionan de forma casi hipnótica. En jugadas de media cancha, nunca paran de moverse, poner cortinas y crear situaciones favorables para lanzar al aro, a la vez en que casi siempre están pasándose mucho el balón, salvo en algunas situaciones en que Kevin Durant, Stephen Curry o incluso Draymond Green deciden resolver de forma individual. En los dos primeros encuentros, los Dubs lograron en promedio una diferencia de 20 puntos sobre los Cavs y lo hicieron jugando un baloncesto demoledor en los terceros cuartos, generando el margen suficiente para liquidar esos duelos (juego 1: parcial de 33-20, juego 2: parcial de 35-24). Cabe destacar que desde el primer partido, Durant ha sido el líder anotador del equipo auriazul, promediando 34.3 puntos en esta serie, mientras que Curry sigue anotando de gran forma, aunque también se ha dedicado más a repartir el balón, como bien lo hizo en los dos primeros juegos, dando 10 y 11 asistencias, respectivamente.

Luego, con la serie instalada en Cleveland, los Cavaliers mejoraron su efectividad llegando a imponer su forma de juego en el 3° y 4° partido. En el tercero, estuvieron al frente en el marcador por gran parte de la segunda mitad pero en el final, una racha de 11-0  de los Warriors (triple matador de Durant mediante) además de una serie de malas decisiones ofensivas de los Cavs dejaron la serie 3-0 y con los Cavs al borde de ser barridos en su estadio. Para bien de ellos, pudieron evitar la barrida. La clave en el cuarto partido estuvo en una apoteósica primera mitad, en la que convirtieron 86 puntos (récord de puntos en una mitad en la historia de las Finales), con una tremenda efectividad de LeBron James y Kyrie Irving, quienes se apoderan de la mitad de los tiros del equipo y con algo de aporte de los reservas, quienes casi no habían aportado en los tres partidos anteriores.

Para situarnos en contexto y entender el nivel de esfuerzo que se requiere para vencer a Golden State: en la noche del viernes, el equipo de Cleveland encestó casi el 53% de sus intentos totales al aro, además de una marca histórica en Finales con 24 triples convertidos sobre 45 lanzados. Irving marcó 40 puntos y LeBron se apuntó con su novena triple decena en finales de liga (en este caso: 31 puntos, 10 rebotes y 11 asistencias). Aún con esto, no fue hasta dentro de los últimos cinco minutos cuando finalmente los Cavs pudieron liquidar el partido. En un par de ocasiones durante la segunda mitad, los Warriors llegaron a ponerse a casi 10 puntos de distancia, en ambos casos Tyronn Lue pidió timeout el cual sirvió para enfriar la racha adversidad y para re-enfocar a los suyos. Y para peor, un tercer cuarto extenso con faltas fuertes y situaciones controversiales, como la doble falta técnica a Green que al final quedó solo en una y una acalorada discusión entre James y Durant, después de una infracción, ensuciaron un juego que Cleveland dominaba claramente.

Todo ese esfuerzo y todas esas dificultades tuvieron que pasar los Cavaliers para nada más que sacar una victoria frente a los Warriors. Es evidente que la tropa de Steve Kerr impuso desde el comienzo su ritmo en esta serie y han tenido que ser los Cavs los que han hecho cambios en su estrategia. De hecho, en el último juego hubo algo más de rotación de balón en comparación a los dos primeros partidos, donde James e Irving habían lanzado varias veces sin un pase previo. Los Dubs pasaron por varias complejidades en los últimos dos partidos. En el tercero, lograron remontar en el final gracias a una precisa selección de tiros además de tener a los jugadores adecuados en ese tramo (Andre Iguodala sigue aportando en distintas facetas saliendo de la banca), pero en el cuarto nunca pudieron levantar la enorme diferencia que sacó Cleveland al comienzo. Peor aún, nunca pudieron mejorar su efectividad. Un ejemplo: Curry convirtió 14 puntos el viernes, su peor marca en esta postemporada.

Es difícil que Curry vuelva a tener un partido así, como también resulta difícil creer que los Cavs vuelvan a tener tres partidos más con el nivel de eficiencia exhibida en el juego más reciente. Es verdad que hace un año lograron remontar un 1-3, pero como sabiamente dijo Kerr: "en esta ocasión, Green no está suspendido para el siguiente juego". Los Warriors no pudieron tener una postemporada invicta, pero tienen la posibilidad de coronar una impecable campaña en su estadio, en la noche de este lunes. Durant llegó a este equipo con el objetivo de ser campeón y en esta serie ha jugado como si lo fuera, Curry es el segundo anotador pero sigue siendo igual de determinante y el equipo de Golden State fluye como lo ha hecho prácticamente todo el año. LeBron tiene otra misión casi imposible, y no es seguir jugando al máximo casi sin descanso, sino que ahora debe levantar con su conjunto un 0-3 en contra, algo que nadie ha hecho en la historia de la liga.

¿Segundo título en tres años para la bahía californiana o una epopeya de tres episodios más?
Muy pronto lo sabremos.

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es comentarista en el podcast de NFL Chile.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Dubs-Cavs / Episodio III

por Miguel Meléndez
Twitter: @journalistmike


En 2015, una brillante campaña más un sorpresivo aporte desde la banca por parte de Andre Iguodala derivaron en el campeonato ganado por los Golden State Warriors. Primer título para la franquicia en cuatro décadas, el primero para Stephen Curry y el primero para Steve Kerr en su debut como director técnico. En 2016, un 3-1 en contra se convirtió en un 3-4 final para una histórica remontada y consagración de los Cleveland Cavaliers, quienes ganaron el primer título en la historia del equipo. El tapón de LeBron James sobre Iguodala y el triple de Kyrie Irving en el minuto final fueron las dos grandes postales que dejaron el séptimo juego. Ahora en 2017, los Warriors y los Cavaliers vuelven a encontrarse en junio. Los últimos dos campeones de la liga, los equipos de mejor rendimiento en la NBA en las últimas tres temporadas se enfrentarán en las Finales por tercer año consecutivo, un hecho sin precedentes en la historia de la asociación.

El desarrollo de los playoffs fue una crónica anunciada, ambos equipos pasaron sus respectivos obstáculos y llegarán a disputar el primer partido con una semana de descanso/preparación. Así de predecible acabaron siendo las finales de conferencia. A través de la postemporada han demostrado ser los equipos más completos. Cleveland perdió un solo partido (el tercero de la serie con los Boston Celtics), mientras que Golden State barrió con sus rivales de conferencia (Portland Trail Blazers, Utah Jazz y San Antonio Spurs). Juegan muy bien, imponen sus ofensivas, dominan con sus defensivas y ganan de buena forma sus partidos. Así ha quedado de manifiesto durante sus series y así lo reflejan las estadísticas, las cuales lideran en varios rubros.

Playoffs 2017            Golden State    Cleveland   
Puntos por partido          118.3               116.7
Puntos permitidos          102.0               103.1
Tiros al aro                    50.2%              50.7%
Triples                          38.9%              43.5%
Eficiencia ofensiva         118.0               122.7
Eficiencia defensiva       101.7               108.4
*La eficiencia ofensiva/defensiva consiste en un promedio estimado de puntos por cada 100 posesiones jugadas.

Warriors y Cavaliers figuran dentro de los tres mejores equipos en la postemporada, en cuanto a eficiencia ofensiva y defensiva. No debiera sorprender dado el nivel técnico y de ejecutoria de ambos conjuntos. Lo que sí podría llamar la atención, en especial al publico no tan conocedor, es ver a los Warriors encabezando la tabla de eficiencia defensiva. Frente a aquel suceso, bien vale una acotación: parte fundamental del éxito en Golden State radica en la defensa, comenzando por proteger el tablero para asegurar los rebotes y también por presionar mucho al jugador rival que lleve el balón. Esas dos claves generan más posesiones y en especial, muchas oportunidades de contra ataque, generando varias canastas fáciles para los Dubs. De hecho, en temporada regular bordearon los 20 puntos por partido en jugadas de fastbreak.

La eficiencia defensiva es algo que ha estado mejorando Cleveland a través de los playoffs, llegando a neutralizar a los Toronto Raptors y los Boston Celtics. Esto, luego de haber tenido problemas en el tramo final de la temporada regular y el comienzo de los playoffs, donde pasaron algunos apuros en su primera serie frente a los Indiana Pacers. De hecho, los cuatro partidos de aquella eliminatoria se definieron por un margen de seis puntos o menos. Aunque la historia fue muy distinta frente a los Celtics, donde Cleveland sacó margenes desde los 13 y hasta los 44 puntos a través de esa serie. Claramente, ha habido un cambio.

Por otra parte, es llamativo ver a los Cavs con un mejor promedio de triple que los Warriors y eso se explica porque LeBron y compañía suelen llevar posesiones más extendidas con mucha rotación de balón, a raíz de eso es porque Cleveland ha intentado casi 70 triples más que Golden State (437-373) durante los playoffs. Este último concepto también se ve reflejado en la cantidad de posesiones que juegan ambos equipos, los Warriors tienen 100.3 posesiones por partido contra 95.2 de los Cavaliers. Evidentemente, el equipo de California juega más rápido mientras que los representantes del Este juegan un poco más pausado, un tipo de estrategia que puede ser recomendable para emplear frente a los Guerreros. Otro aspecto que marca la diferencia en el ritmo de juego de estos equipos se ve en cuantos segundos toma cada uno para sacar un disparo. En los playoffs, Golden State ha jugado posesiones de +15 segundos en tan solo 28% de los casos, mientras que Cleveland lo ha hecho en un 47%.


El resultado de las Finales de 2016 generó un brusco cambio en Golden State. Si el equipo que ganó el título hace un par de años y que estuvo a un triunfo de repetir en el pasado ya era bueno, el conjunto actual es igualmente bueno o incluso mejor. La llegada de Kevin Durant trajo otra potente opción anotadora a los Warriors, al punto que fue el líder en anotaciones durante la temporada regular, siendo el salvavidas en varios momentos en los que Stephen Curry y/o Klay Thompson estuvieron acomplejados ya fuera por buenas defensas rivales o por malas rachas tiradoras. De todas formas, en los playoffs ha sido Curry quien ha vuelto a encabezar las anotaciones de este equipo (28.6 puntos por partido), presentando un interesante y poco usual porcentaje tirador: 50.2% en tiros de cancha, 43.1% en triples y 90.7% en tiros libres.

Durant ha continuado su faena en la postemporada, con 25.2 puntos y 7.8 rebotes por partido, dada su corpulencia y cualidades para resolver en el uno-a-uno es por la que KD puede generar situaciones favorables en momentos complicados, aunque los Isolations que está jugando Kevin son mucho menores en comparación a los que jugaba con el Oklahoma City Thunder. Draymond Green se ha consolidado como el All Around Player que tienen los Warriors y que todo gran equipo requiere para ser campeón. Hace de todo y encima, le pone el toque agresivo para imponer presencia frente a sus adversarios. El #23 literalmente llena la ficha: 13.9 puntos, 8.7 rebotes, 7.2 asistencias, 1.9 robos y 2.1 tapas en casi 35 minutos de media por cada partido en estos playoffs. Conduce, asiste, anota, rebotea, juega defensa y hasta se da tiempo de palabrear a uno que otro rival.

¿Y Klay Thompson? ha sido la decepción anotadora de los Warriors. Apenas promedia 14.4 puntos por partido en los playoffs con un discreto 34.4% de tiros al aro. Ha tratado una y otra vez, sus compañeros continúan involucrandolo en las jugadas de ataque, pero Klay simplemente no ha podido entrar en ritmo en el último mes y medio. La impecable producción de Curry y Durant lo salvan, pero no deja de ser preocupante que un tirador por excelencia como Thompson esté metido en un fuerte bache. Y hablamos de alguien que ha sido capaz de convertir hasta 60 puntos en un partido, como lo hizo temprano en la actual temporada.


Del otro lado, los Cavaliers han sabido mantener las bases que los llevaron a conquistar el título en la temporada pasada. Hay una sólida estructura, eso sí muy dependiente de sus tres jugadores principales. LeBron James, a sus 32 años de edad, está jugando por sobre los 40 minutos en cada partido. Tienen suerte los Cavs de tener a una estrella físicamente fuerte y que no sufre grandes molestias, pese a la enorme carga que debe llevar en cada partido. Ni siquiera está dentro de los tres candidatos al premio de MVP de esta temporada, pero eso no parece importarle. En estos playoffs, promedia 32.5 puntos, 8.0, rebotes, 7.0 asistencias y 2.2 robos, además de registrar un impresionante 56.6% en tiros al aro. Un LeBron típico, completo, ganador, ya de nivel legendario a esta altura de su carrera.

Aunque él no juega solo. Tiene en Kyrie Irving a un excelente socio, capaz de romper partidos con sus fulminantes ataques al aro o bien con tiros matadores de larga distancia. En la postemporada promedia 24.5 puntos y 5.6 asistencias por partido, y es por lejos el mejor lanzador en la línea de libres, convirtiendo un 90.6% de sus tiros. Por su parte, Kevin Love está firmando unos respetables playoffs siendo un jugador muy confiable en el poste, colaborando incluso en facetas defensivas. Es el único jugador de Cleveland que promedia una doble decena (17.2 puntos, 10.4 rebotes) y presenta una consistente serie tiradora: 45.7% tiros al aro, 47.5% en triples y 85.5% en tiros libres. Bastante bien para alguien que en algún momento fue calificado hasta de intrascendente.

¿Qué pasa con el resto? los demás rinden, a una escala mucho menor que las tres estrellas, pero lo suficiente como para asegurar los triunfos para el equipo de Ohio. Tristan Thompson cumple en su función de pívot, con 9.3 rebotes por partido e imponiendo su presencia frente a otros aleros y/o pívots en la zona pintada. Otros elementos como J.R. Smith, Iman Shumpert, Kyle Korver y Deron Williams contribuyen conjuntamente para un 44% de efectividad al aro. Aporte menor, pero no por eso menos importante.

En cuanto a los coaches también hay factores considerables. Los Warriors llevan jugando casi todos los playoffs con Mike Brown como director técnico interino, debido a que Steve Kerr se encuentra con serias molestias en su espalda que le han impedido seguir ejerciendo su trabajo. De todas formas, Kerr continúa participando haciendo ajustes en los intermedios. Hasta acá, no ha habido diferencia alguna con Brown en la banca, aunque bien se sabe que su estilo está más volcado a la defensa y a los ataques más convencionales (como lo hizo en sus años como DT de los Cavs), algo completamente opuesto a la ofensiva altamente fluida y de muchas cortinas que implementa Kerr. Veremos si es que en algún momento de la serie, Mike Brown realiza algún ajuste de su sello que pueda generar algún impacto.

Por el lado de los Cavaliers, Tyronn Lue está terminando su primer año completo como director técnico del equipo, luego de haber asumido a mediados del año pasado en reemplazo de David Blatt. Existe un estigma sobre Lue, el cual indica que es un coach que en verdad no lo parece. Pero hasta el momento, ha pasado cada una de sus pruebas realizando ajustes en la rotación de jugadores y delegando funciones a James e Irving en los momentos cruciales. Habrá que comprobar como anda haciendo ajustes estratégicos, en caso que Golden State logre imponer su ritmo y sacar ventaja de doble dígito en el marcador.

Llegó el duelo esperado. Los mejores equipos de la liga y las mejores estrellas sobre la pista, en el escenario más grande que puede ofrecer la NBA. Muchas cosas en juego: un segundo título en tres años para los Warriors o un bicampeonato para los Cavaliers. Un segundo trofeo para Curry o un cuarto para James, o bien un primero para Durant. Un largo camino de ocho meses en donde estas dos franquicias demostraron ser las mejores. Sólo queda esperar, observar y disfrutar de esta serie de batallas que definirán al monarca de este año en el deporte del balón naranja.

Frente a nosotros, un nuevo capítulo de esta saga basquetbolística.

Miguel Meléndez es el creador y responsable de Gringo Sports. Desde 2011 escribe artículos sobre los principales deportes norteamericanos. Además, es comentarista en el podcast de NFL Chile.

lunes, 29 de mayo de 2017

Rumbo a la Stanley Cup 2017


por Claudio Jorquera
Twitter: @chonet

Este lunes 29, a las 20 horas de Chile, comienza la disputa de uno de los torneos más antiguos que tenga el deporte de Norteamérica, la Copa Stanley. La final de la liga de hockey sobre hielo, la NHL, comenzó a disputarse en Canadá en la última década del siglo XIX, gracias al ímpetu del Gobernador de Canadá en ese entonces, Frederick Stanley. El objetivo, entregar el trofeo al mejor equipo amateur de Canadá, el cual debía grabar su nombre en la Copa, la cual nunca es propiedad del ganador, sino que debe ser entregada año a año al nuevo monarca. En la Copa se van registrando los jugadores y técnicos campeones, por lo que el trofeo ha ido aumentando su tamaño con el paso del tiempo. Pero eso no podía continuar. Actualmente, cada piso de la Copa permite ingresar 13 campeones. Para mantener el tamaño, el agregado de un nuevo piso obliga a eliminar el más antiguo. Esos pisos desechados por el paso del tiempo, son almacenados en el Salón de la Fama del Hockey.

Stanley nunca pudo entregar la Copa, ya que debió regresar a Inglaterra debido al final de su mandato en América. Año a año, un equipo debía desafiar al campeón. Si bien la copa está plenamente relacionada con la NHL en la actualidad, durante sus primeros años fue repartida entre diferentes ligas amateurs y semiprofesionales de Canada. En 1917 fue fundada la NHL, que reemplazó a la suspendida NHA y comenzó a disputar el campeonato del mejor del mundo contra la Pacific Coast Hockey Association, la cual ya estaba incorporando equipos de Estados Unidos, como Portland y Seattle.

Incluso, en 1922 el torneo se disputó entre 3 ligas, dada la incorporación de la WCHL (Western Canada Hockey League). En 1924 desapareció la PCHA y en 1926, la rebautizada WHL sufrió la misma suerte, por lo que en 1927 la Stanley Cup pasó a disputarse entre los equipos de la NHL, que en ese momento contaba con 10 conjuntos, cuatro de Canadá, siendo los Ottawa Senators los primeros campeones en este formato. Unos Senators que son una franquicia diferente a la actual.

La NHL contó con un máximo de 10 equipos hasta 1942, donde se redujo a seis, los cuales eran conocidos como The Original Six. Los seis originales eran los Detroit Red Wings, Toronto Maple Leafs, Boston Bruins, Montreal Canadiens, Chicago Blackhawks y los New York Rangers, quienes se repartieron los títulos de la Stanley Cup hasta la temporada 1967-68, cuando se produjo la primera oleada de expansión, subiendo de 6 a 12 equipos.

Ahora la NHL cuenta con 31 franquicias (sumando la participación de Las Vegas Golden Knights, que debutarán en la próxima temporada) y son los Montreal Canadiens los máximos ganadores, con 24 títulos (22 como miembro de la NHL), secundado por los Toronto Maple Leafs con 13 y los Detroit Red Wings, con 11 conquistas.


En 2017, la final contará con un debutante absoluto en esta instancia, los Nashville Predators. Y como sorpresa absoluta. El equipo del estado de Tennessee fue el último clasificado a Playoffs, representando a la Conferencia Oeste con 94 puntos, a quince de los primeros sembrados, Chicago Blackhawks. Y el equipo de la ciudad del viento fue el primero en sufrir los embates del conjunto sureño en la postemporada, inclinándose rápidamente por un resultado final de 0-4. Una barrida que empezó con dos partidos con el arco en cero. Chicago demoró 141 minutos en anotar el primer gol a los Predators, en el segundo período del tercer partido, que terminaría perdiendo en overtime. En el cuarto partido, los Hawks fueron barridos en el tercer período, perdiendo finalmente por 4-1. 10 goles de ventaja obtuvo Nashville en la serie, con un global de 13-3.

En la segunda ronda, Nashville debía enfrentar a los St. Louis Blues, quienes habían obtenido el tercer lugar en la División Central. Una serie muy cerrada en los marcadores (cuatro de los seis partidos se definieron por un gol), pero que siempre tuvo el control de Nashville, que iba aumentando su confianza, gracias a la gran eficiencia del portero finés Pekka Rinne y su contundente primera línea ofensiva, conformada por Filip Forsberg, Ryan Johansen y Viktor Arvidsson, quienes acumulan 13 goles y 25 asistencias en los Playoffs. 4-2 fue el resultado final de la serie a favor del equipo amarillo y blanco.

En la final de conferencia, los rivales fueron los campeones de la División Pacífico, Anaheim Ducks, permanentes animadores de los playoffs en esta década. Estos equipos ya tenían un historial previo en 2016, donde los Predators se quedaron con la serie de primera ronda. Difícil enfrentamiento en el papel, ya que los Ducks tenían la mejor defensa de la conferencia, aunque no se había visto tan bien en la postemporada. Los Ducks, al igual que los Predators, barrieron a sus rivales en primera ronda (los Calgary Flames), pero llegaron al máximo de siete partidos frente a los Edmonton Oilers, uno de los cuales remontó de forma épica, con tres goles en 181 segundos en el último período para forzar el overtime y ganarlo. La serie Predators - Ducks fue golpe a golpe hasta el cuarto partido. En el quinto juego vino el quiebre, perdían 0-1 a la mitad del tercer período, pero tres goles seguidos les permitieron quedarse con el partido. La serie se acabó en el Bridgestone Arena, Luego de un 2-0 en el primer período, los Ducks batallaron para ponerse 3-3 casi en la mitad del último período. Colton Sissons casi finiquitó el partido con el 4-3, a seis minutos del final. La necesidad obligó a los Ducks a dejar su portería vacía para intentar remontar, pero dos goles postreros cerraron una goleada de 6-3 para los locales, que celebraban su primer viaje a la Stanley Cup.


Por el lado de la Conferencia Este, los campeones vigentes, Pittsburgh Penguins, buscan lograr una hazaña que no se consigue desde 1998, cuando el gran coach Scotty Bowman (quien también logró una Stanley para los Penguins en 1992) logró un bicampeonato para los Detroit Red Wings, aquel fabuloso equipo con el Russian Five, compuesto por los atacantes Igor Larionov, Vyacheslav Kozlov y Sergei Fedorov. mientras que en defensa, las estrellas eran Vladimir Konstantinov and Viacheslav Fetisov, cerrando la formación de ese dominante equipo, que también tenía en su plantel a otras grandes estrellas como el fantástico defensor sueco Nicklas Lidstrom y el eficiente portero canadiense Chris Osgood.

Los Penguins cuentan con el mejor jugador de la liga, el canadiense Sidney Crosby y un plantel lleno de estrellas que han formado gracias a la agencia libre, pero fundamentalmente a la buena gestión de sus prospectos en sus equipos de divisiones menores, en particular a los que han jugado en su filial de AHL, los Wilkes-Barre/Scranton Penguins, un equipo de una pequeña ciudad del estado de Pennsylvania. Evidentemente, son los grandes favoritos para alzarse con la Copa.

Pero el camino no ha sido fácil para Pittsburgh. Hace 18 meses el equipo estaba viviendo una fuerte crisis deportiva. Un equipo fuera de zona de playoffs, con refuerzos que no funcionaban, terminaron con la salida del coach Mike Johnston, quién fue reemplazado por Mike Sullivan, un ex jugador de la NHL que solo tenía dos años de experiencia como entrenador en jefe, con los Boston Bruins hace 10 años. El cambio fue un bálsamo de alivio para la franquicia. Una racha impresionante de partidos, un cambio de arquero clave y el rescate de las grandes estrellas le permitió quedarse con la Copa Stanley de 2016. Es curiosa la historia de los Penguins en playoffs. tres de sus cuatro títulos vinieron luego de cambios de entrenador durante la temporada y las cuatro copas conseguidas, fueron ganadas en partidos fuera de casa.

En esta temporada, los Penguins obtuvieron el segundo mejor récord de la liga con 111 puntos, siete menos que los campeones del Este en temporada regular, los Washington Capitals. En primera ronda, se enfrentaron a los Columbus Blue Jackets, un complicado equipo que sólo quedó a tres puntos de los Pens. A pesar lo contundente que se ve un 3-0 en la serie, los partidos fueron bastante parejos en el trámite. El renacido portero Marc-André Fleury fue la gran figura, acumulando 103 salvadas de gol en esos tres primeros duelos. A pesar de la derrota en Columbus, el equipo de Pittsburgh cerró la serie en casa con un triunfo de 5-2, con el delantero Bryan Rust como gran figura, anotando dos goles. Fleury estuvo nuevamente soberbio, salvando 49 de los 50 tiros al arco que recibió en ese partido.

En semifinales, un viejo conocido. Un equipo ávido por ganar la Copa, los Washington Capitals, comandados por su gran figura Alexander Ovechkin, drafteado en 2004 (un año antes que Sidney Crosby). Los Penguins se impusieron de forma muy clara en los dos primeros duelos en condición de visitante y parecía que la serie se acabaría muy rápidamente. Pero el punto de inflexión se produjo en el tercer partido. El referente Crosby saldría por lesión durante el desarrollo del primer período, partido que terminarían perdiendo en overtime, luego de un notable esfuerzo de Malkin y Schultz en los últimos dos minutos del tercer período. Crosby se ausentó en el cuarto partido, pero eso no impidió que la serie se pusiera 3-1 para los Pens. Sería el último partido de gran nivel para este equipo hasta la serie final. El retorno de Crosby no fue fácil y Washington igualó la serie 3-3. En el séptimo duelo, un partido perfecto de Fleury permitió la blanqueada por 2-0.

En la final de conferencia, un equipo de perfil totalmente diferente, los Ottawa Senators. El equipo de la capital de Canadá se destaca por un juego defensivo, muchas veces criticado por lo aburrido. Pero allí estaba, luego de despachar por 4-2 a sus rivales previos, Boston Bruins y New York Rangers. Y los Penguins, que ya venían en baja, lograron apenas ganar uno de los tres primeros partidos de la serie, marcando apenas tres goles en total y siendo totalmente vapuleados en el tercer duelo. El 0-4 de Ottawa en los primeros 13 minutos del primer período significó la otra vuelta de tuerca de Mike Sullivan, con la salida de Marc-André Fleury por el muy joven Matt Murray. El talentoso portero cerró el arco al rival y fue muy importante para el éxito final en la serie. Después de la catástrofe, el juego cuatro fue totalmente opuesto. Un 3-0 inicial para los Penguins fue maquillado por dos goles finales de los Senators. El quinto, una verdadera paliza. Un 7-0 para los Penguins que hizo delirar al a veces muy frío PPG Paints Arena y que parecía hundir definitivamente al equipo canadiense. Pero luego de un 0-1 inicial, Ottawa se quedó con el sexto duelo, que forzaba a un todo o nada en Pittsburgh.

El séptimo juego fue dramático. Los Penguins esutvieron arriba en todo momento, por juego y marcador. Pero los Senators se las arreglaban para empatar. El partido tuvo que extenderse hasta un segundo overtime, gracias a la actuación colosal del portero Craig Anderson, el mismo que fue vapuleado 7-0 en el día de su cumpleaños, pero que en el partido decisivo salvó un verdadero bombardeo de los locales. Finalmente, la gloriosa defensa de Ottawa cayó con un formidable tiro a media distancia de Chris Kunitz, a pase de Crosby. 85 minutos se necesitaron para cerrar la serie.

Pittsburgh vs Nashville. Han pasado casi 19 años, la NHL ha visto pasar 17 temporadas (debemos recordar que la temporada 2004-05 no tuvo campeón debido a una huelga de jugadores) y no hemos tenido campeones seguidos. 11 de los 30 equipos de la liga se han repartido los campeonatos en ese lapso, siendo Chicago el máximo ganador con tres Copas Stanley, obtenidas en 2010, 2013 y 2015. ¿Logrará Pittsburgh un bicampeonato histórico para este siglo? ¿Tendremos una nueva cenicienta en los deportes?

Lo sabremos en el mes de junio.

Claudio Jorquera es columnista invitado en Gringo Sports. Es uno de los responsables de NFL Chile, siendo columnista y conductor del podcast de aquel sitio. Además, contribuye para Spanish Bowl.

domingo, 28 de mayo de 2017

La encrucijada de Celtics y Danny Ainge


por Stefano Prieto
Twitter: @Stefano_USA

Primeros de su conferencia en temporada regular, finalistas en el Este habiéndoles arrebatado un partido a los Cavaliers de LeBron (jugando sin su principal estrella) y en posesión del pick uno del draft que se celebrará el 22 de junio. Si nos centramos única y exclusivamente en estos hechos, podemos afirmar que los Boston Celtics están ante una posición inigualable para ser uno de los dominadores de la liga durante mucho tiempo.

Ahora bien, hay que poner todo esto en contexto y ser conscientes de que la offseason que se plantea por delante a la franquicia más laureada de la NBA marcará completamente el devenir de sus próximos años. Un verano boreal que se presenta apasionante, con opciones casi infinitas y en el que todo el peso de cada decisión que se tome recaerá sobre un hombre, Danny Ainge.

Ainge está ante una oportunidad envidiable de formar una plantilla que sea perenne aspirante al anillo. Cualquier general manager sueña con una ocasión así, pero como todo gran poder, conlleva una gran responsabilidad. Todos y cada uno de los movimientos que realice serán analizados con lupa, pero lo cierto es que nadie, ni tan siquiera él mismo, sabrá si está haciendo lo correcto. Será el tiempo quien dicte sentencia.

Lo primero y más importante que debe hacer es posicionarse en lo relativo a lo que la figura de Isaiah Thomas significa para el equipo. Todos hemos presenciado de lo que es capaz Thomas. Esta ha sido su temporada de explosión, la cual le ha permitido ganarse la etiqueta de estrella. Ha sido uno de los cinco mejores jugadores del año, una auténtica máquina anotadora que además regala su mejor versión en los momentos de mayor tensión, “The King of the Fourth”. Hemos sido testigos de cómo un pequeñín de 1.75 cm se ha sublevado en un mundo de gigantes, siendo una delicia ver las diabluras que hace en pista a rivales muchos más grandes y fuertes que él. Me quito el sombrero ante Isaiah. 

Dicho todo esto y habiendo dejada clara mi admiración ante Thomas, he de reconocer que soy de la idea de que el base, a día de hoy y jugando como ha venido jugando, le hace mal a su equipo. Y aunque suene ventajista, el mayor ejemplo lo hemos tenido en la serie ante Cavs. Respecto a su defensa poco se puede decir. Su físico le impide ser tan siquiera un ligero estorbo a cualquier adversario de cierta entidad. El staff técnico lo trata de esconder emparejándole con el jugador rival de menor calado ofensivo, pero aun así una debilidad tan notoria es inevitable que termine siendo relevante. Todos hemos podido ver como Boston ha crecido en la eliminatoria ante Cleveland a partir de la defensa en el momento que Isaiah dejó de ser de la partida por lesión.

Respecto al ataque, una pregunta: ¿alguien recuerda a los Celtics de 2016? Seguro que durante las actuaciones de Thomas en temporada regular pocos eran los que echaban en falta la exquisita circulación de pelota que sí hemos visto en estos últimos partidos. La búsqueda de espacios y tiros abiertos que faciliten una anotación sostenida, y la involucración de otros jugadores como factores importantes y generadores de juego. Con el actual IT4 todo eso se pierde y su excesivo amasamiento de la bola, incentivando más lo individual  que lo colectivo, limita las capacidades de Stevens de hacer jugar bien al equipo. 

Stevens ha demostrado de sobra ser un entrenador como la copa de un pino, y no quiero achacarle el juego unidimensional que han mostrado los de Massachusetts esta campaña. Es obvio que se ha dejado llevar ante la burbuja y la vorágine de todo el fenómeno Thomas, pero ello ha limitado su inteligencia táctica, ese juego de pizarra en el que es un auténtico genio.


Por todo esto, hay una pregunta que está sobrevolando la actualidad de la franquicia y que puede llegar a considerarse como lícita: ¿son los Celtics un mejor conjunto sin Thomas? Para mí rotundamente no, por el simple hecho de que es mejor tener a un gran jugador como Isaiah en tu roster que no tenerlo.  Este es un argumento muy simplista pero totalmente válido. No obstante, estoy convencido de que podrían ser aún mejores con una versión del base diferente, una en el que su rol se adapte a las necesidades de los suyos, sacrificando estadísticas individuales por el bien común. La versión 2017 de Boston tiene un techo que ya han alcanzado y que si quieren romper deben o bien traspasar a Thomas o bien hacerlo participe de un juego que se aproxime al de hace un año.

Para más inri, hay un factor que hace que tanta disyuntiva alrededor de Isaiah sea aún menos baladí si cabe. El número uno del draft va a ser un base, ya sea Markelle Fultz o Lonzo Ball (casi seguro el primero), lo cual chocaría directamente con la confección actual de la plantilla. Además, sea quien sea el elegido, la sensación es que ambos están listos para aportar desde el primer día y llevar las riendas de un equipo NBA desde la posición de uno. ¿Pueden jugar juntos Fultz/Ball y Thomas? Cosas más difíciles se han visto y Stevens tiene la capacidad suficiente para hacerlos funcionar, pero a simple vista me parecería más un matrimonio de conveniencia que una unión legítima y feliz.

Se ha hablado hasta la saciedad de la posibilidad de realizar un traspaso con este pick y optar a estrellas ya consagradas en la liga como Paul George o Jimmy Butler, pero a día de hoy la alternativa que el cambio sea por Isaiah y no por la elección del draft está más latente que nunca. Sinceramente, no sé cuál es la mejor opción, pero lo que tengo clarísimo es que si se quedan con Thomas, lo cual significaría una renovación por el máximo (termina contrato en 2018), tanto Ainge como Stevens deben refrescar la cara de la franquicia y hacerle ver al base que puede ser un gran segunda espada detrás de ese jugón que hipotéticamente traerían, todo ello obviamente con una aproximación a la versión de los Celtics que mostraron la temporada pasada.

En cualquiera de los casos, lo que Boston no puede permitirse una vez más es quedarse con los brazos cruzados, y con Boston me refiero a Ainge. No deben dejar pasar esta oportunidad que tienen ante sus narices, están a un paso de poder plantarle cara de tú a tú al equipo de LeBron en el Este. No compro la premisa de que a día de hoy no tienen nada que hacer, que tanto Cavs como Warriors son infinitamente superiores y por este motivo están enfocando todo a cinco años vista.

Dentro de un lustro nadie sabe lo que puede suceder. Puede que los Warriors sigan aplastando récords con mano de hierro, que el Wallismo haya crecido tanto que el de Washington sea el nuevo mesías del Este, que los nuevos unicornios se hayan apoderado tiranamente de la liga, o tan fácil como que tu estrella se haya lesionado o tus prospectos colegiales que parecían que serían jugadores de primer nivel nunca alcancen ese estatus.

El momento es ahora, hoy es cuando tienen la sartén por el mango y la capacidad de hacer y deshacer a su antojo. Ainge debe arriesgar, porque el que no arriesga no gana, y aunque es cierto que si no le sale bien aquello por lo que apueste le van a llover palos por todos lados, una actitud cobarde no es la mejor de las soluciones, nunca lo es. Debe decidir si quedarse con Thomas o con Fultz/Ball, y dar el resto por un jugador que pertenezca a la esfera de la máxima categoría, al que además se podría sumar Gordon Hayward, quien podría salir gratis de Utah para jugar bajo la orden de Stevens, quien fue su gran valedor en Butler.

La pelota está en el tejado de Danny Ainge. Por delante tiene la difícil pero bonita tarea de armar un equipo que podría ser de ensueño. Solo le pido que no nos deje con las ganas y que nos dé la oportunidad a los aficionados a la NBA de disfrutar de una vez por todas a un conjunto que tenga la entidad suficiente como para derrocar la hegemonía del Rey LeBron. ¿O es que no se os hace la boca agua solo de pensar en un quinteto formado por IT4(Fultz) / Bradley / Hayward / George / Horford dirigido desde la banda por Stevens? A mí se me cae la baba solo de imaginármelo.

Stefano Prieto es columnista invitado en Gringo Sports. Colabora en NFL Chile, escribiendo columnas y comentando en el podcast de aquel sitio.